
Podremos convenir sin discrepancia, que la actividad política, como ejercicio del poder legítimo emanado de la ciudadanía, debe tener sus límites para no convertir dicho ejercicio en una pantomima no democrática.
Dichos limites, deberán estar marcados por el cumplimiento escrupuloso de la ley; pero también por el rigor y la ejemplaridad en el ejercicio de las potestades que la propia ley atribuye a los políticos como instrumento para su ejercicio.
Es en el ejercicio de esas potestades y en recto sentido del deber, donde se instala una amplia discrecionalidad, en cuyo ejercicio se contrae la responsabilidad política, que es independiente y nada tiene que ver con la llamada responsabilidad penal.
Por eso, cuando deliberadamente pretenden confundirse ambas cuestiones, o se está desenfocando el problema, o se está tratando de lanzar bombas de humo para despistar al respetable.
Es muy posible que el Sr exministro de fomento y exsecretario de organización del PSOE, sea perfectamente honorable por no haber cometido un delito tipificado y penado en el código penal, pero que, sin embargo, no haya sido ejemplar en el ejercicio de sus potestades políticas, que, dicho sea de paso, las tuvo y seguramente de un mayor tamaño del que la prudencia aconseja.
Que el partido en el que desarrolló su vida política y que propició su elevadísima cuota de poder, le exija responsabilidades políticas, parece lo normal, si tenemos en cuenta, que el partido fue el vehículo que le sirvió para acumular tal poder.
La imagen del exministro, como nombrador y encumbrador de un individuo, que resultó un delincuente y en el que se observa una elevadísima familiaridad y confianza con su valedor, no sugiere precisamente una distancia prudente, sino mas bien un nivel de familiaridad que induce el riesgo de contagio de la ponzoña en la que se mueve.
Cuando el Sr. Exministro y exsecretario de organización, decide romper con el partido en el que se desempeñó durante cuarenta años, “para defender su honorabilidad” y comparece públicamente con un discurso que lo dibuja como agraviado y como víctima de la insolidaridad de sus compañeros, solo está dando munición a los que tomándolo como argumento, compararán al partido, como una organización delictiva y a sus líderes con apelativos que me da pena reproducir.
Si a eso unimos que el cinismo de las disculpas previas, concluye con un monólogo interesado ante los medios, sobre el que no caben preguntas, es fácil deducir cual era el objetivo. No se cuantas veces habrá esgrimido el mentado, los argumentos que ahora el partido aplica a su comportamiento, manteniendo el acta de diputado que obtuvo como miembro del PSOE, lo cual hace mas complejo todavía, el ejercicio de funambulismo que parece atraerle.
El tiempo nos dirá como acaba esta tragedia, pero de momento, el honorable Sr Abalos, nada ha dicho de su responsabilidad en la promoción de Koldo desde su condición de subalterno, a altísmas responsabilidades en órganos y comisiones de su ministerio, donde manejó potestades que le permitieron cometer delitos. Tampoco parece que pueda decir que lo desconocía, porque lo que ya es de público dominio, es el desparpajo y la “contundencia” con la que el tal Koldo se exhibía de modo incluso ostentoso.
El Sr Abalos no debería inspirar pena, porque no hay duda de la responsabilidad política contraída en el ejercicio de sus potestades; tal vez podría sugerir cierta rabia, por tener un comportamiento manifiestamente desleal con el partido que durante cuarenta años lo mantuvo en diversos niveles de responsabilidades políticas.
Se equivoca culpando a otros de su propia “desgracia” y miente al decir que se va al grupo mixto para “proteger” a su partido. A sus adversarios les facilita munición contra el partido y a su partido le hurta maliciosamente el único recurso que le quedaba, que era la exigencia de responsabilidad.
Se me antoja difícil transitar en busca del equilibrio, cuando el vendaval desatado será de virulencia imprevisible.
Duele en todo caso, que recurra al discurso de la sensiblería para incautos, porque cuarenta años de vida orgánica, pueden dejar de todo, menos ingenuidad.