INOCENTES… ENTRE EL CENTENO.

“Si realmente les interesa lo que voy a contarles, probablemente, lo primero que querrán saber es dónde nací, y lo asquerosa que fue mi infancia…”, decía Holden Caulfield en la primera página…

En la cama del hospital, en el que estaba convaleciente de un fallido intento de suicidio, aquel libro era su mejor ansiolítico y , posiblemente, su salvavidas. Tenía veinte años de vida y quince de insultos y desaprobación… desamparo y lágrimas. Ella era la niña voluminosa, antiestética y desastre del colegio, del instituto…y de su familia. Un grupo de ricos y bellos abuelos, padres y hermanos, todos perfectos, excepto ella, cuyo rostro era el paradigma picassiano de un óleo imposible. Tenía un cuerpo enorme, adjetivado por todos de gordo y mal proporcionado, y se lo recordaban todas las horas de todos los días de su maldita vida. No había conocido a nadie que al verla no agrandase los ojos y arquease las cejas para, a continuación, dirigir la mirada hacia otro lado. Algunos, los más crueles, reprimían las carcajadas que pugnaban por salir hasta de sus orejas. El único ser humano que la encontraba atractiva era Botero, y, desgraciadamente, había pasado a peor vida . Así que era una gorda sin lienzo, sin forma ni color… y sin autor.

El mundo era un escaparate lleno de maniquíes que consideraban un delito no ser perfecto física y monetariamente. Un mundo que basaba su existencia en alcanzar el éxito. Y este comenzaba por tener un físico deslumbrante y continuaba por hacer uso de él, para conseguir aceptación social y poder económico. Cualquier ser bello podía lograr triunfar, aunque tuviese que engañar o robar… todo valía. En menor medida se valoraba el intelecto y su desarrollo, el esfuerzo… y la benevolencia. Cuando ella despertó en la cama de aquel hospital, comprendió que tenía una segunda oportunidad para encontrar la paz y la felicidad que siempre le habían sido negadas. Y, tras leer aquel libro, descubrió su propósito vital: ayudar a los niños y niñas que sufrían en la infancia, para que en la adolescencia fuesen libres, fuertes y felices, para que se alejasen de la maldad y la violencia de aquella sociedad enferma. Había relegado su aspecto físico, el que todos tildaban de “ grotesco”, a un último puesto. Solo tenía una preocupación: evitar que los niños y niñas pasasen por el infierno en el que ella había transitado. No podría acabar con las injusticias y la sordidez… pero sí podía gritarla, sí podía hacerla visible, documentarla y darla a conocer a todo el mundo. Y… así fue como su nueva vida, lejos de gordofobias, la convirtió en corresponsal y fotógrafa… de la maldad. Ella sería la voz, el grito, de los niños y niñas víctimas de la crueldad humana. Y… viajó por todo el mundo. Y… guardó en su cámara y su teclado todas las barbaries, todas las espeluznantes vejaciones de que eran objeto los pequeños. Y… tenía la esperanza de que el mundo, al conocerlo, pusiese fin a todo ello… 

Más de un millón de menores de diecisiete años… trabajaban como esclavos en yacimientos de todo el mundo, la gran mayoría  en las minas de coltán, cobalto y cobre. Aquel trabajo de opresión servía para fabricar teléfonos móviles, tablets y ordenadores… y enriquecer a los explotadores. La mayoría de aquellos niños no iban a la escuela y con su miseria laboral ayudaban al sustento de sus familias que vivían en la más absoluta indigencia. Otros muchos niños, en cantidades escandalosas, eran utilizados en la confección de prendas de ropa y calzado. Los hacinaban en “ talleres” clandestinos sin ventilación, sin las mínimas condiciones de salubridad, y les pagaban, en cantidades escandalosas, con avaricia y ruindad. El maltrato laboral de aquellos niños era… escandalosamente gigantesco, y proporcional a las ganancias de los empresarios millonarios, que carecían de ningún sentimiento de culpabilidad. Pero… la peor forma de maltrato infantil era la trata de niños, en cuya cima de abominación estaba la explotación de niñas, que, entre ocho y catorce años, eran ofrecidas a hombres, con gran capacidad económica, para ser víctimas de sus abusos sexuales. Otras niñas eran obligadas a contraer matrimonio con hombres muy ancianos, y otras utilizadas en la mendicidad y adopciones ilegales. Los niños eran presa de los “ empresarios”  de fabricación y venta de sustancias tóxicas, o eran reclutados y enrolados en ejércitos de terroristas y sicarios, guerreritos diminutos entrenados para delinquir y asesinar. Muchos de aquellos niños y niñas, cuando ya no “ servían” para el “ trabajo” que les tenían asignado, por el desgaste físico y emocional,o por consumo de alcohol y drogas, cuando no podían más… eran carne para el tráfico de órganos. Así de horrible era el campo en el que corrían los niños pobres.

En los países del “ primer mundo”… los niños y niñas, desde la más tierna infancia, sufrían otro tipo de esclavitud: el consumo y la alineación. En cada película de animación les ofrecían el doble de minutos de publicidad que de contenido: muñecos, comestibles obesógenos, revistas, cromos, y todo tipo de compras para ser el héroe o la heroína de los films de moda … La meta era hacer de ellos consumidores compulsivos y seres maravillosamente perfectos, unos triunfadores, cuyo éxito radicaría en el físico y el puesto de trabajo y el dinero que obtuviesen para comprar, comprar… aunque para conseguirlo tuviesen que entregar su teléfono móvil al Diablo. Primero los engordaban con refrescos y comida basura, y después, a la salida de todo tinglado de comida veneno para niños, les instalaban un gimnasio, para que en la adolescencia perdieran peso y se pudiesen meter dentro de una talla 36 o 38 y no convertirse en un  “rarito obeso”… un fracasado.  Ni valores morales, ni ética, ni sociabilidad. Era el yo y yo, todo frivolidad y usura: una  enorme fábrica de ególatras narcisistas sin escrúpulos. Y todos los niños y niñas diferentes, por su estatus económico, por su físico, por su etnia o por sus ideales, eran señalados, acosados y destruidos. Los gallitos de patio de colegio e instituto, los subidores de vídeos y fotos a las redes sociales, los bullyingneros… hacían imposible su vida. Así de horrible era el campo en el que corrían los niños ricos.

Aquel libro que le salvó la vida… quizá pudiese salvar la infancia y adolescencia de todos aquellos niños y niñas que sufrían, en sus pequeños cuerpos y mentes, la mediocridad y la degeneración de los adultos. Ella sería la guardiana entre el centeno… y cuidaría de ellos.

Cuando el mundo se unió para acabar con el genocidio judío, perpetrado por Hitler y sus hordas nazis, habían muerto asesinados millones de judíos. ¿Cuántos millones de niños y niñas tienen que sufrir esclavitud, ser vejados… ser asesinados, para que el mundo reaccione e intervenga?… ¿Cuántos ?

“Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan en él. En cuanto empiecen a correr entre el centeno, sin mirar adonde van, yo salgo de este y los salvo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo” (El Guardian entre el centeno. J. D. Salinger). 

María Purificación Nogueira Domínguez.

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CANCIÓN TRISTE.

Antonio Campos Romay*

“A veces uno sabe de que lado estar simplemente viendo quienes están del otro lado” (Leonard Cohen)

Es triste escuchar las manifestaciones de aquellos a los que se les brindó lealtad y afecto en su aparición en la escena nacional tras la renovación del PSOE en Suresnes. Lo es para los militantes que con ilusión y entrega trabajaron desde principios de los setenta del pasado siglo por un país distinto, en pro del socialismo y la democracia, encumbrando para ello a una serie de ilustres desconocidos. Y para una ciudadanía, cautivada por la frescura de una joven generación política.

En general fue acierto depositar en ellos la confianza. Aunque tampoco faltase algún oportunista, excesos de soberbia, impudicia con olvido de los orígenes y precariedad ideológica. Algo que acecha a todo colectivo humano, donde siempre hay riesgo de que afloren personajes mezquinos. 

En una España carcomida por la amarga resaca de una dictadura  militar con mucho de teocracia, el socialismo fue agente capital de la modernización y democratización del país. La Constitución fue la herramienta precisa. Y en ese proceso hubo nombres propios de gran relieve que volcaron eficacia y bien hacer apoyados por un consenso ciudadano mayoritario.

Fue un tiempo pleno de demandas urgentes, con graves dificultades y con el “rumor de sables” como recurrente banda sonora. La economía en crisis (difícil señalar cuando la crisis no acompaña nuestra economía) y graves problemas laborales e industriales. No parece excesivo afirmar que los gobiernos socialistas superaron su responsabilidad con nota alta, creando un escenario de políticas sociales, culturales, sanitarias, educativas con cotas poco o nada conocidas en nuestra sociedad. 

Hoy con un sustancial cambio de paradigma y un cuerpo social distinto, son otras las demandas. Como mínimo parece temerario anclarse en recetas obsoletas. No parece razonable que no lo entiendan así personas que protagonizaron un cambio de ciclo radical en Suresnes, desde la  convicción de que una oferta política modulada en la melancolía del exilio, era poco viable en una sociedad ajena a la dejada atrás, a principios de los años cuarenta.

Sorprende su incomprensión ante este cambios de ciclo por los protagonista de aquel, doloroso pero indispensable para la normalidad de España cuatro décadas atrás. También extraña, la animadversión descomedida contra los que hoy tratan de sacar el país adelante bajo criterios sociales y de convivencia territorial, con plena legitimidad orgánica y democrática. Soportando el acoso y las falacias de una derecha extrema y montaraz. Haciéndolo entre graves tensiones económicas, la pandemia, el sufrimiento de la pequeña y mediana empresa, una guerra en Europa,  Cataluña y desasosiegos no menores.

Se tiende a cultivar una severa miopía, que ignora la fatiga de materiales de una Constitución que mas allá de los magníficos servicios prestados, necesita remozar algunos de sus aspectos para continuar siendo la herramienta indispensable para la convivencia cuando alcanzamos el primer tercio del siglo XXI.

Muchas de las actitudes son escasamente pedagógicas al proceder de unos protagonistas  que menoscaban sus biografías, con las que debieran ser respetuosos, por su proyección histórica. Es una anomalía verles cerrar filas con lo más granado del activismo ultramontano para denostar un gobierno democrático acusándolo de propiciar la quiebra del Estado de Derecho y el quebrantamiento del orden constitucional y legal. Haciendo propias las muletillas de los sectores mas reaccionarios. Siendo incapaces de ver su deplorable papel sirviendo intereses, que en el pasado les persiguieron con similar saña que hoy se usa contra quien hace políticas de  progreso.

Puede que sean inconscientes de la inmensa decepción, incluso vergüenza ajena, que provocan en muchos de los que un día dieron la cara por ellos. Cientos de miles de hombres y mujeres anónimos, militantes entusiastas, leales con su dirigencia. Dieron lo mejor de si, sin exigir nada a cambio. Y que hoy se sienten vejados. Y con ello el asombro y desconcierto en una gran parte de la ciudadanía que con la mayor ilusión les confió el voto en aquellos momentos de transformar la sociedad. 

Gentes del común, trabajadores, clases medias, intelectuales, mujeres y hombres plenos de convicciones, que siguen creyendo con firmeza en el valor moral de la lealtad a unas siglas con casi ciento cincuenta años de historia, porque hoy como ayer, como siempre, siguen siendo eje de igualdad y justicia social.

* Antonio Campos Romay ha sido diputado en el Parlamento de Galicia.

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AS FUTBOLISTAS RACHAN O TEITO DE CRISTAL

Cando se enumeren, no futuro, aqueles acontecementos que contribuíron a desenvolver un maior clima de conciencia e compromiso a respecto da igualdade entre homes e mulleres no seo do corpo social, citaranse, sen dúbida, os feitos sucedidos a partir da vitoria da selección española de fútbol feminino no Campionato do Mundo e o comportamento machista protagonizado polo presidente da Real Federación Española de Fútbol (RFEF), Luis Rubiales.

Tense dito, en moitas ocasións, que o fútbol é o asunto mais importante das cousas menos importantes. Tratase dunha actividade deportiva que concita amplas porcentaxes de seguimento social e que alimenta procesos de identificación simbólica nos eidos cultural e político. Simultaneamente, o desenvolvemento e organización das competicións nos ámbitos nacional e/ou internacional están dominadas por prácticas pouco democráticas e tendentes á corrupción clientelar. Non se pode descoñecer que, dende hai tempo, o fútbol ten unha abafante dimensión de negocio mercantil que move grandes cantidades de diñeiro e que resulta cada vez mais vulnerábel á presión de grupos cuxos intereses non se compadecen cos valores que invocan habitualmente as institucións e os organismos presentes nese mundo.

O chamado «caso Rubiales» foi un bo termómetro para medir a dimensión de dous fenómenos moi relevantes. Por unha banda, certificou a presenza insoportábel do machismo nas estruturas dirixentes do fútbol español e as dificultades existentes para mudar substancialmente os comportamentos consolidados durante as últimas décadas. Ao mesmo tempo, rexistrouse unha grande reacción social contra as agresións e presións recibidas polas xogadoras da selección. A dualidade da situación ficou reflectida de xeito contundente: mentres a RFEF demostraba vivir comodamente instalada nunha burbulla bunkerizada fronte a todo o que supoña integrar os valores da igualdade entre homes e mulleres; no seo do corpo social medraron expresións de inequívoco compromiso -baixo o lema «rematouse»- coas deportistas tanto tempo esquecidas e ninguneadas.

A combinación da valente resposta protagonizada polas xogadoras e o clima de opinión xerado en amplos sectores da sociedade a respecto de todo o sucedido, ten provocado a maior crise institucional no seo dunha Federación -a de fútbol- que leva moito tempo sen acadar os estándares mínimos de transparencia e decencia esixíbeis a calquera organización que actúe nun sistema democrático de calidade. Velaquí a última demostración concreta da capacidade transformadora que posúe o movemento de afirmación dos dereitos das mulleres neste momento histórico concreto.

Recoñecer os notábeis avances rexistrados na batalla pola igualdade entre mulleres e homes non significa ignorar os relevantes atrancos que aínda subsisten no corpo social e no universo institucional. A persistencia das elevadas cifras de violencia contra as mulleres aínda segue contando cun volume significativo de persoas que toleran ou desculpan semellantes agresións. O exemplo de Vox é, sen dúbida, a proba do nove da situación que padecemos: este partido ven de recibir, nas eleccións do pasado 23 de Xullo, o apoio de tres millóns de electores (a terceira formación política do Congreso en número de deputados e deputadas) e non cabe pensar que estes votantes descoñecían as posturas negacionistas da violencia de xénero e os postulados abertamente machistas que defenden Abascal e os seus acólitos.

Xesús Veiga

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SOBRE MEDIDAS DE GRACIA.DESDE EL PRUDENTE SOSIEGO

Desde que el exabrupto y la hipérbole se han convertido en el lenguaje común del debate público, resulta extremadamente difícil introducir una pizca de cordura que nos contenga, frente a la atolondrada carrera de ese caballo desbocado que amenaza con atropellarnos y confundirnos.

Las medidas de gracia, que en nuestra Constitución solo aparecen citadas como competencia del Jefe del Estado, no han sido desarrolladas ex novo en aplicación del texto constitucional, de modo que su aplicación sigue regulándose por la vieja Ley de 1870, con algunos retoques mas o menos actuales.

Estamos hablando del llamado indulto, que permite al poder ejecutivo, condonar total o parcialmente mediante remisión, las condenas a reos de determinados delitos. Sobre esta cuestión, la Constitución se limita a prohibir los indultos generales, es decir, aquellos aplicables a una pluralidad de personas que hayan cometido el mismo delito.

Nada dice sobre la amnistía y ello ha dado lugar a la proliferación de una extensa literatura mas o menos rigurosa sobre la constitucionalidad o no de una potencial “ley de amnistía”.

No es el propósito, entrar aquí en ese interesante debate, del que los medios de comunicación suelen dar apasionada cuenta de posiciones plurales sin que se aprecie ninguna voluntad de síntesis.

Cabe decir, que las medidas de gracia en si mismas, se discuten, como un modo de vulneración de la división de poderes, como un modo de ruptura del principio de igualdad ante la ley al alterar su aplicación en casos concretos, en tanto que se defienden, como una forma de corregir los excesos de rigor en la aplicación ciega de la ley a circunstancias particulares que merecen corrección.

Sea como fuere, la experiencia nos demuestra que si la aplicación regulada de los indultos particulares crea tensiones y no es pacífica, una potencial aplicación de una amnistía del tipo que fuere, que precisa de una Ley para su ejecución, finalizará con toda seguridad en el Tribunal Constitucional, que tendrá la oportunidad de sentar doctrina sobre la cuestión.

Por un lado, parece que un tema de la trascendencia de una amnistía, requeriría de un cierto sosiego, para su debate y aplicación; pero por otro lado, la amnistía no será nunca una circunstancia de aplicación periódica o cotidiana, sino excepcional y propia de una circunstancia histórica determinada, cuyos objetivos serían precisamente dar respuesta a los retos de esa circunstancia excepcional y singular.

Nuestro sistema electoral e institucional, han propiciado lamentablemente, que este debate nazca ligado al proceso parlamentario de elección de presidente del gobierno y por ello, el debate aparece mas trufado si cabe, por la mezcla entre la situación de excepcionalidad que se plantea y la ambición por alcanzar el gobierno, circunstancia sin duda indeseable.

La pregunta que deberemos hacernos, es sobre la utilidad pública de la medida, al margen de la ambición de gobierno.

Y aún a riesgo de simplificar demasiado, cabría decir que si su impulso colabora a la búsqueda de una mayor integración de la institucionalidad catalana en los objetivos del estado, merece la pena el coste y el esfuerzo que dicho impulso requiere.

Por lo hasta ahora verificado, las medidas políticas e incluso penales impulsadas por la derecha española, a veces acompañadas de sobreactuación patriótica, solo han conseguido incentivar el sentimiento nacionalista catalán, mientras que las propuestas rigurosas pero mas dialogantes y conciliadoras, han reducido considerablemente el fervor de los irredentos. Las últimas elecciones generales han sido buena prueba de ello.

Don José Montilla lo sintetizaba de un modo excelente. “Tendrán que decir, que no volverán a hacerlo”. Esa es la cuestión, solo merecerá la pena una medida excepcional, si va acompañada de compromisos que acaben con la excepcionalidad.

No es un asunto fácil, porque los esencialistas catalanes tendrán dificultades para venderlo. Tampoco un posible gobierno, lo tendrá fácil si no pueden hacerse explícitos compromisos recíprocos que justifiquen la amnistía y desde luego, no lo pondrá fácil una derecha cuyos intereses de mercado electoral fuera de Cataluña, sufrirán un duro revés si el “enemigo” se neutraliza.

Ni que decir tiene, que la pata mas extrema de la derecha, sacará toda la artillería patria y algo mas, invocando los múltiples apocalipsis que nos amenazan.

No es esto lo que me pide la casquería, pero creo que va siendo hora de pensar con serenidad y dejar que las tripas hagan lo suyo.

Sería extraordinariamente bueno, que los timidísimos intentos del Sr. Feijoo de racionalizar algunas cosas, (siempre corregido de urgencia por los esencialistas de su parroquia) fueran dando sus frutos y pudiera abrirse una ventana de esperanza a una derecha moderada y dialogante. A España le iría bien y creo que a la derecha también.

Mientras tanto, nos resignaremos a seguir asistiendo a diálogos de besugos en los que se confunden los mensajes a las parroquias y los escasos y pobres elementos de persuasión.

Jesús Penedo Pallas.

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OPORTUNIDADES E DIFICULTADES DA PROPOSTA DE URKULLU

O recente artigo de Iñigo Urkullu no diario «El País» reabriu o debate -polo demais, nunca concluído- sobre a estruturación territorial do Estado español. É certo que estamos ante unha opinión emitida nun formato xornalístico e que, por tanto, non se trata dun documento debidamente sistematizado e formalizado asumido polo actual presidente do goberno vasco. Non se lle poden pedir os niveis de precisión e concreción que serían esixíbeis a unha resolución aprobada polo PNV ou polo propio goberno de Euskadi (hipótese polo demais inviábel debido á presenza do PSE no propio executivo vasco).

Para contextualizar este texto, semella pertinente lembrar un acontecemento rexistrado no mes de Xullo de 1998. Nese momento naceu a coñecida como «Declaración de Barcelona», subscrita por PNV, CiU e BNG. Daquela, José María Aznar estaba na Moncloa, sen maioría absoluta e cun pacto de investidura acordado, en 1996, cos partidos que administraban o poder autonómico en Cataluña e no País Vasco. A «Declaración» sinalaba dous horizontes. A medio e longo prazo postulaba unha serie de cambios na arquitectura territorial que requirirían o cambio da normativa constitucional. A curto prazo, as tres forzas políticas nacionalistas reclamaban a necesidade dunha nova cultura política que permitise, mediante o diálogo e o acordo, realizar unha lectura do texto constitucional máis acorde coa realidade plurinacional e plurilingüística característica do Estado español.

O artigo de I. Urkullu é, parcialmente, fillo desa circunstancia histórica ocorrida hai agora 25 anos. É verdade que o mapa político mudou tanto no ámbito estatal como no interior das tres comunidades históricas concernidas. Existen novas formacións políticas (Sumar, Vox), desenvolvéronse novas dinámicas no seo do PP e do Partido Socialista (tendentes a un uniformismo centralizador no primeiro caso e máis proclives ao entendemento cos nacionalismos periféricos no que afecta á dirección encabezada por Pedro Sánchez) e modificouse a morfoloxía política en Euskadi (desaparición de ETA, refundación da esquerda abertzale e notábel crecemento electoral de Bildu) e en Cataluña (mutación do autonomismo de CiU no independentismo de Junts e reforzamento de ERC no escenario institucional). Na Galiza, a dimensión dos cambios foi moito máis reducida (o PP conserva o seu dominio hexemónico e o BNG segue ostentando a exclusiva da representación nacionalista aínda que perdeu a pluralidade interna que posuía na década dos 90 do pasado século).

O texto de Urkullu é susceptíbel de merecer análises e reflexións en dous planos diferenciados. No ámbito académico-doutrinal xa está a provocar opinións sobre o encaixe dalgunhas das medidas formuladas no actual ordenamento constitucional e puntos de vista contrapostos a respecto da metodoloxía proposta polo lehendakari para facer efectivos os cambios que propugna no seu escrito.

Hai outro territorio posíbel para o debate: a capacidade que poida ter a oferta de Urkullu para contribuír á construción dun novo consenso no universo da política arredor da estruturación territorial do Estado. A favor do eventual éxito da mesma actúan dous factores relevantes. Un: trátase dunha proposta que non está restrinxida ao marco territorial vasco senón que vai dirixida a

todas as formacións que, máis aló de onde operen, teñan a vontade de atopar un denominador común no tratamento das cuestións relativas ao autogoberno das Comunidades. E outro: quérese traballar no ámbito da propia legalidade constitucional, acometendo novas lecturas da mesma que resulten máis integradoras que as actuais.

Resultaría pouco realista descoñecer ou agachar as dificultades que ten enfronte a proposta debuxada no artigo xa citado. Enumeremos brevemente algunhas delas: as hipotecas que asumiu o PP no seu discurso territorial para gobernar con Vox en varias CC.AA.; as dificultades que exhibe o independentismo catalán para modificar a súa folla de ruta e buscar obxectivos políticos que non pasen pola consecución dunha Cataluña independente a curto prazo; a relativa debilidade do nacionalismo galego para aproveitar a oportunidade que lle ofrece a proposta de Urkullu (resulta moi significativo, neste sentido, o silencio que mantén a dirección do BNG dende que se coñeceu o escrito do lehendakari)

A diferenza do que ocorría en 1998, o PNV ten hoxe unha situación complicada nas súas relacións cos grupos nacionalistas de Cataluña e Galiza. Junts non lle proporciona a afinidade contrastada da vella Converxencia de Pujol (ou da Unió Democrática de Durán Lleida). Na Galiza carece dun interlocutor minimamente congruente coa súa filosofía: o BNG optou por unha relación preferente con Bildu e deixou ao centenario partido vasco na tesitura de buscar a cadratura do círculo co PPdG.

En calquera caso, o debate está servido. A pesar de todas as dificultades e limitacións sempre é mellor iso que o silencio ou o retorno aos lugares comúns.

Xesús Veiga

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“TRISTE IMAGEN DE UN OCASO”

  Jesús Pedreira*

Con trayectorias distintas, Felipe González y Alfonso Guerra , el hijo del que fuera respetado Secretario de la UGT, Nicolás Redondo, Emiliano García-Page, o Lamban, todo ellos al parecer aun conservando su carnet del PSOE, muestran sin el menor rubor sentirse lejanos no ya de la disciplina socialista, sino expresando un evidente desprecio hacia una militancia que libremente y en un proceso de primarias eligieron a su Secretario General en un proceso que aún con las mejoras que puedan aplicarse, es mucho menos intervencionista y manipulable desde la cúpula, que con el modelo anterior. Y que sin duda sirve para poner en valor la decisión del militante.

Desde una mínima continencia Felipe González, debiera tener presente que un hombre muy querido en el partido, Txiqui Benegas, lo calificaba como el “one”, el “dios”, en una conversación que le grabaron ilegalmente en el coche, en la que vertía criticas muy duras sobre su gestión. Y no debiera dejar en olvido el cesarismo con que ejerció tanto como Secretario General y Presidente. 

Puestos a hacer memoria de vocación y talante democrático, cabe recordarle a Alfonso Guerra, que mantuvo la disciplina del Partido de forma férrea, sin el menor resquicio a la disidencia,  y que en su conocida frase “el que se mueve no sale en la foto” se retrata perfectamente. Algo que se convirtió en catecismo de sus acólitos.

Es bochornoso que Felipe González y Alfonso Guerra ignoren lo que es un cambio de ciclo y la necesidad de trabajar políticamente en el marco de un nuevo paradigma. Es ignorar lo que sucedió en Suresnes y presentar una enmienda a la totalidad a lo allí sucedido. 

Un partido que habiendo cubierto un periodo histórico y quedándose anclado en la realidad de los años treinta del siglo XX, hubo de dar un profundo cambio de rumbo con su protagonismo, que le permitió ser actor clave en la Transición y en la modernización de España incorporándola al espacio democrático europeo. 

Quizás no fuera absurdo visto desde la distancia, comparar a ambos con Llopis y su equipo en aquel momento y a Pedro Sánchez con el “Isidoro” de entonces. Y evocar que aquel cambio de rumbo fue severamente censurado por la “vieja guardia” socialista del momento, dando incluso lugar a una efímera escisión, carente de recorrido. 

Es sumamente triste y en cierta medida provoca vergüenza ajena, el comportamiento en su ocaso vital de personajes muy importantes hace varias décadas, mostrando un afán patético de protagonismo actuando como polichinelas de una derecha que los despreció y acosó inmisericorde. 

Una vergonzosa deslealtad con el Presidente del Gobierno a la vez Secretario General del PSOE de cuya nueva etapa fueron piezas claves. Y deslealtad también a millones compatriotas y  militantes que un día les siguieron con entusiasmo, envolviéndolos en su afecto y aupándolos a posiciones que quizás en su vida soñaran con alcanzar.

Pablo Iglesias Pose fundador del PSOE se revolvería en la tumba ante su comportamiento. De los Page, Redondo, Lamban y similares en catadura y rencor, no vale la pena comentar su comportamiento. La historia será el castigo de su mezquindad, convertidos en tontos útiles de la derecha más reaccionaria de la Democracia. El PPVOX.   

No es hora de patriotas de pandereta, es la hora de los que amando la Patria como espacio de hombres y mujeres libres y solidarios. Dispuestos a construir convivencia, democracia, equidad social, feminismo y sobre todo un futuro común en el que quepan todas y todos.  

* Jesús Pedreira ha sido Teniente de Alcalde en el Concello de Ordes.

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