
Corría el año 2023…
NIETA: Abuela… ¿qué haces en este sarcófago polvoriento mal llamado desván?
ABUELA: Me hallo en la grata tarea de limpiar la caja de lágrimas de mi abuela, igual que hago cada año en el aniversario de su fallecimiento. Es una caja de galletas danesas que mi abuelo le regaló y en la que escondió todos sus miedos. Me pidió que nunca la quitase del desván y aquí está, perdurable como su recuerdo.
NIETA: Está llena de amarillentos papeles… ¡Madre del Santísimo Ancestro! Parecen papiros:
“ Me llamo Alicia y no vivo en el País de las Maravillas. Tengo catorce años y este es mi Diario… de tristezas.”
“ Arroz con leche
me quiero casar
con una mujer
que sepa leer
que sepa escribir
que sepa la tabla de dividir.”
NIETA: Es la letra de una canción infantil. Mi madre me la cantaba cuando era muy pequeña…¿Por qué la escribió tu abuela en su Diario?
ABUELA: Todas las mujeres de nuestra familia, generación tras generación, hemos cantado esta canción. Es un deseo, un grito desesperado por la igualdad y, me temo, una quimera… casi siempre. Mi abuela era diferente a todas las jovencitas de su época. Poseía una inteligencia muy superior a la media, además de ser muy curiosa y querer saberlo todo. Su padre era marino mercante y su madre y ella viajaron con él por todo el mundo. Y se empapó de todas las culturas, las costumbres y las lenguas de todos aquellos periplos marinos. Aunque el régimen político en España era una república, el intelecto de una gran mayoría de mujeres seguía relegado a un tercer puesto, después de ser esposas y madres. Pero mi abuela no tenía interés alguno en ser ni una cosa ni la otra. Ella quería que valorasen su capacidad intelectual y dejasen para un segundo y tercer puesto sus caderas y su útero. Ningún candidato a ser parte de su currículum amoroso reunía requisitos, ninguno. Todos estaban por debajo de su nivel y ella no los tomaba en serio. Ellos se sentían ridículos y salían corriendo. El único candidato con posibilidades era un ex seminarista muy culto e inteligente… pero cuando se encontraba con su mirada, agachaba la cabeza y se sonrojaba. Así que mi abuela llegó a la conclusión de que no era apto para un apareo corporal. Pese a sus negativas, el ex seminarista siguió intentándolo… hasta que mi abuela le envió una concluyente carta:
“ Estimado señor:
Es mi deseo hacerle saber que… no será usted el sacerdote que le dé la extremaunción a mi himen ni a mi libertad.”
NIETA: ¡Qué modales los de tu abuelita!
ABUELA: Solo buscaba al hombre adecuado… y pronto lo encontró. Cuando su padre volvió de un viaje a Dinamarca, se trajo a su ayudante con él. Era el hombre más inteligente, adorable y bello que jamás su imaginación de beldades masculinas le mostró. En una semana se enamoró locamente de aquel joven capitán… y en un mes se quedó embarazada. Se marcharon a vivir a Dinamarca y allí nació mi madre. Pero mi abuela echaba de menos a su familia y su terriña y regresaron a Galicia. Cuando mi madre tenía ocho años, un militar gallego, bajito, iracundo y psicótico dio un golpe de estado… Era la Guerra Civil Española:
“ Han empezado a repicar las primeras bombas. El Dictador está arrasando el país. Luchas de un hermano contra otro. Es una carnicería. Nos hemos refugiado en el sótano. Tememos que vengan a por nosotros. Mi padre está sumido en una profunda tristeza… lo han detenido por ser considerado enemigo del régimen”.
“ Mi padre ha sido ajusticiado… sin haber tenido un juicio. Y ni siquiera nos han entregado su cuerpo.”
“ Nos marchamos a Dinamarca. Hans ha conseguido pasaportes para nosotras. Mi madre se queda, se queda en “ O Fogar”. Esperará a que esta locura termine para buscar a mi padre y darle un entierro digno.”
“ Hace dos meses que mi madre ha sido asesinada. Esa perfecta desconocida llamada Muerte la ha tomado como hija adoptiva… a ella y a todos los “ rojos” que le tendían los brazos a la Libertad, los que la espada de la dictadura ha cortado”.
“ Hans ha fallecido. Su enfermedad pulmonar le ha llevado demasiado pronto. El próximo mes cumpliría cuarenta años. Mi hija y yo hemos decidido irnos a Francia, el clima es mejor y estaremos más cerca de casa.”
“ Ha estallado la Segunda Guerra Mundial. El psicópata nazi está aniquilando a todo ser humano que no encaje en sus delirios políticos y de pertenencia a una raza superior.”
“ En nuestra finca hemos encontrado herido a un soldado alemán. Ha desertado de la barbarie nazi y lo buscan para fusilarlo por traidor.”
“ Otto lleva seis meses escondido en el obrador de nuestra pastelería, tras sacos y sacos de harina. Mi hija y él se han enamorado… y van a tener un bebé.”
“ El acoso de los soldados nazis sobre nuestro pueblo se intensifica. Otto no está seguro. He conseguido documentación y un barco en el que mi hija y él puedan llegar a Argentina. Mi nieta solo tiene cuatro meses… se queda conmigo hasta que sus padres estén a salvo y nos podamos unir a ellos.”
“ Otto y mi hija, mi pequeña Alicia, han muerto en el naufragio del pesquero que los llevaba a Argentina. El océano les ha dado asilo. Lo único que me mantiene viva es mi nieta… a la que tengo que criar.”
NIETA: ¡Qué triste vida la de tu abuela!
ABUELA: Así es, miña ruliña, pero mi abuela no tenía tiempo para deprimirse. Nunca dejó de ver sus malas vivencias como circunstancias temporales. No se dejaba vencer. Fue una intelectual con dos carreras universitarias, hablaba cinco idiomas, tocaba el piano y el violín…y tenía una cultura tan nutrida que había muy poca gente que pudiese hacerle sombra. Y, sobre todo, era una gran emprendedora. Siempre vivió por sus propios medios, y quitó adelante a un marido, una hija y un yerno… y a mí. Nunca tuvimos apuros económicos. Mi abuela no reconocía más Dios que a Jesús… el panadero de la familia. Él le enseñó a hacer las deliciosas tartas de Santiago… que la hicieron vivir muy ricamente (nunca mejor dicho). Abrió un negocio de pastelería y trabajó en él hasta que, fallecido el Dictador, decidió que ya era hora de volver a casa, a “ O Fogar”, a la verde y bella Galicia. En el bajo de la casona de sus padres abrió una nueva pastelería, empezó sola y terminó teniendo cuatro empleadas. Ella supervisaba todo, por las mañanas controlaba la pastelería, por las tardes daba clases de Lengua y Literatura, Inglés, Francés y Alemán, y por las noches estudiaba… estudiaba todo cuanto le apetecía. Nunca consiguió encontrar a ese hombre que la aceptase con su amplitud intelectual, respetase su libertad y la amase como igual.
NIETA: ¡Qué gran mujer era!
ABUELA: No era grande… era enorme, grandiosa. Una fría mañana la encontré en su cama, abrazada a su caja de galletas, dormida para siempre. En su mesita de noche dejó una hoja de papel en el que escribió sus últimos deseos. Quería que su caja de galletas danesas fuese custodiada por la familia… para que nunca olvidáramos valorar La Libertad y La Paz. Que en su entierro, estrictamente familiar, se rezase… el Artículo 14 de la Constitución Española: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de sexo. Amén”. Que se cantase el Himno Gallego. Y que fuese el Océano Atlántico guardián de sus restos mortales.
Y… ahí afuera en lo más profundo de la Ría de Vigo, resguardadas del viento por los amorosos brazos rocosos de las Islas Cíes, duermen las cenizas de mi abuela… mi abuela miña nai.
NIETA: Tu abuela se merece el mayor de los homenajes. Y cuando tú ya no estés, abuela, seré yo la que limpie su caja de galletas en cada aniversario de su fallecimiento. Oremos por ella:
“Arroz con leche
me quiero casar
con una mujer…
ABUELA:
“que sepa leer
que sepa escribir
que sepa la tabla
de dividir”.
María Purificación Nogueira Domínguez.


