PENSAR EN TIEMPOS DE ZOZOBRA.-Jesús Penedo Pallas*

Por fortuna, ni siquiera los viejos del lugar, recordamos tan aciaga conjunción de astros como la que nos angustia y nos acongoja desde hace ya casi nueve meses. Nueve meses, son apenas un instante, pero dan para mucho, si la dimensión de la tragedia los ocupa, como es el caso. La incertidumbre por el desconocimiento, el carácter errático con el que aparentemente se toman las decisiones, las dudas sobre la eficacia de las medidas y la indolencia egoísta con la que algunos manejan una situación tan sensible, causan cuando menos altísima preocupación a cualquier ciudadano.

Sorprende que, en tiempos de tanta zozobra, el maniqueísmo mas descarnado y estéril, se contagie con la misma progresión con la que se contagia el virus. Los unos tachando de fascistas a los otros y los otros tiznando a aquellos de peligrosos comunistas, dejan un aparente corto espacio para la sensatez y para la síntesis razonable.

Los evidentes riesgos de contagio derivados de la pandemia, solo tienen un remedio. Medidas de protección y distanciamiento social. Todo ello, mientras no exista medicamento que permita curar o prevenir frente al ataque del virus.

Las autoridades, con mejor o peor fortuna, toman no se si a veces erráticamente, aquellas medidas que presumen menos costosas en términos económicos y humanos, pero no parece que estén muy interesadas en colaborar entre ellas, en reconocerse mutuamente en sus competencias y responsabilidades. Prefieren echarse las culpas e instalarse en la gresca permanente, brindando el peor de los ejemplos que pueden ofrecerse a la ciudadanía.

No debería sorprendernos, por tanto, que la ciudadanía, tomando lamentable ejemplo de sus dirigentes, traslade la bronca a lo cotidiano y con la sensibilidad a flor de piel, llene las redes sociales que, a falta de tabernas, se convierten en foros propiciatorios, para verter toda la bilis que desborda.

La inmensa mayoría de los ciudadanos son rigurosos cumplidores de las normas, pero hay minorías que por desidia o por inconsciencia, representan una amenaza objetiva para la salud pública. Negacionistas conscientes, simples inconscientes, o los que por vulgar desidia son refractarios a cumplir las medidas, son ejemplo de polémicas cotidianas.

Si a eso añadimos que los segmentos de edad, suponen diversos niveles de riesgo, tenemos los ingredientes perfectos para múltiples polémicas tan desagradables, como estériles, pero que se prestan al desahogo de la feligresía.

Viejos que parecen representar un estorbo a los que confinamos en residencias, porque los hospitales están para otras cosas. Aislamiento preventivo, objeto de polémica a veces violenta con familiares, que ponen por encima de la seguridad sanitaria, el derecho a acompañar y visitar a su mayor.

Jóvenes que seguros de su imbatibilidad por el virus, se comportan despreciando los riesgos y las reglas de limitación del contacto social.

Defensores de tal o cual colectivo, que demonizan toda crítica que de comportamientos pueda sugerirse.

Las tan anheladas vacunas, que aparecen como maná caído del cielo, a meses de ser reales y a miles de muertos de poder ser administradas, aparecen como elemento de discordia, sobre su administración.

Ya solo nos queda que tengamos que pelearnos, por ver a quién se la administran primero, que todo se andará.

Los meses pasan y de modo imperceptible, aquellas primeras declaraciones gratuitas de que la pandemia nos habría hecho a todos buenos, están lejos de confirmarse. Tal vez acusamos la fatiga de meses de incertidumbre, tal vez esa percepción del mundo a través del escaparate mediático y de las redes, es como mirar a través de un cristal distorsionado, pero percibir la insolidaridad de quién hace culpables o apestados a los enfermos huyendo de su convivencia, no sugiere que vayamos por el buen camino.

Me gustaría creer que las situaciones difíciles no nos hacen peores personas, pero las ventanas que nos permiten asomarnos al mundo, por muy distorsionado que nos lo muestren; apenas dejan resquicio para la esperanza.

Y lo peor es que desconocemos lo que vendrá. Solo podemos intuir que la paciencia y la prudencia, seguramente seguirán siendo buenos aliados.

Es posible que vengan tiempos mejores, pero sería bueno que nos aliáramos para facilitarlo. Al menos es un deseo.

(*) Jesús Penedo Pallas, Ingeniero Técnico Industrial, Licenciado en derecho, Secretario del Patronato de la Fundación Adcor y jubilado de la Función pública.

 

 

Acerca de Contraposición

Un Foro de Estudios Políticos (FEP) que aspira a centrar el debate sobre los diversos temas que afectan a la sociedad desde la transversalidad, la tolerancia, la libertad de expresión y opinión. Desvinculado de corrientes políticas o ideologías organizadas, pero abierto a todas en general, desde su vocación de Librepensamiento, solo fija como límite de expresión, el respeto a las personas y a la convivencia democrática. El FEP se siente vinculado a los valores republicanos, laicos y civilistas como base de una sociedad de librepensadores sólidamente enraizada en los principios de Libertad, Igualdad, Fraternidad.
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