Cuba, oscuro objeto de deseo – Antonio Campos Romay

48a4e-imagesCUBA, OSCURO OBJETO DE DESEO

Lo que dio en llamarse “el desastre del 98”, no fue sino situar ante un espejo un país obsoleto, plagado de corruptelas y carente del menor relieve en las relaciones internacionales. Es el umbral de un reinado, el de Alfonso XIII, que firmaría el ocaso del sistema de componendas y caciquismo, que presidió la Restauración.

La independencia de Cuba, derivada del desastre militar de 1898, nace hipotecada. Subordinada a  EEUU, que le mutila a su territorio, Guantánamo (sobre 160 km²). Y con la humillante Enmienda Platt a la Constitución de la nueva República, que le permite tutelar el país y legítima la intervención en sus asuntos, “manu militari”. Un español, testigo en el terreno, el comandante Gómez Núñez, tras el Tratado de Paris, manifestaba “ahora empieza el calvario de los cubanos” Por la misma época el general argentino Roberto Mansilla vaticinaba, “la guerra convertirá a los norteamericanos en gran potencia naval; nada podremos hacer en nuestra casa sin permiso de ellos. No solo nosotros tendremos que sufrir ese protectorado; Europa que asiste inmóvil e impotente a esa intervención tan contraria al derecho de gentes, también sufrirá las consecuencias”.

En 1973, en una rueda de prensa, en un ambiente distendido, el periodista británico Brian Davis le pregunta al Comandante, “¿cuándo cree usted que se podrán restablecer las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, dos países tan lejanos a pesar de la cercanía geográfica?” Castro con toda la ironía de sus genes gallegos le contesta…”Estados Unidos vendrá a dialogar con nosotros cuando tenga un presidente negro y haya en el mundo un Papa latinoamericano”…En esos días el presidente Nixon iniciaba su segundo mandato.

Contra todo pronóstico, tal como afirmó una singular Ministra de Sanidad española respeto a un hecho distinto, la conjunción planetaria y el hecho histórico se dieron cita en La Habana, ciudad en la que con similar desahogo y naturalidad se recibe a un Papa de Roma, al Patriarca de la Iglesia Ortodoxa rusa, o al Presidente negro de la Casablanca… Una vez más el viejo comandante ve cumplida en vida una de sus profecías, pese a los reiterados anuncios de su óbito, por aquellos que confundían, en su impaciencia, deseos con realidades.

La visita del Sr. Obama a la Cuba tiene una poderosa carga simbólica. En el ocaso de su mandato desea labrar un hecho por el que ser recordado. El deshielo de una situación que tanto perturbó el alma yanqui. “Vine aquí para dejar atrás los últimos vestigios de la guerra fría en las Américas. Vine aquí extendiendo la mano de amistad al pueblo cubano”, afirma en un discurso medido para evitar suspicacias. Y con ello, ser el primer presidente norteamericano que vista Cuba en 90 años… Desde Calvin Coolidge, los tiempos son distintos en todos los planos, y lo plasma en sus palabras: “la última visita presidencial tardó tres días en barco en llegar. Yo llegue en tres horas”.

El viejo líder “emérito”, el clarividente Fidel, en un artículo publicado en su querido “Granma”  (28/3/16), expresa a la par desazón y nostalgia… Se supone que cada uno de nosotros corría el riesgo de un infarto al escuchar estas palabras del Presidente de Estados Unidos. Tras un bloqueo despiadado que ha durado ya casi 60 años, ¿y los que han muerto en los ataques mercenarios a barcos y puertos cubanos, un avión de línea repleto de pasajeros hecho estallar en pleno vuelo, invasiones mercenarias, múltiples actos de violencia y de fuerza? Nadie se haga la ilusión de que el pueblo de este noble y abnegado país renunciará a la gloria y los derechos, y a la riqueza espiritual que ha ganado con el desarrollo de la educación, la ciencia y la cultura. Advierto además que somos capaces de producir los alimentos y las riquezas materiales que necesitamos con el esfuerzo y la inteligencia de nuestro pueblo. No necesitamos que el imperio nos regale nada. Nuestros esfuerzos serán legales y pacíficos, porque es nuestro compromiso con la paz y la fraternidad de todos los seres humanos que vivimos en este planeta.”

Cuba, de siempre, fue oscuro objeto de deseo del yanqui. Tras la Revolución, la torpeza política de los norteños y la habilidad de los cubanos para utilizar la coyuntura internacional, se tradujo en hipotética debilidad en el patio trasero del primitivo gendarme de lo calificado con cierta frivolidad, mundo libre. Seductor concepto que sin salir del continente americano, con la bendición siempre diligente del Departamento de Estado, la CIA y el Pentágono, alineó personajes tan curiosos como paladines de la Libertad, como Strosner, Videla, Hugo Banzer, Pinochet, Noriega, los militares brasileños, los uruguayos, Papa Doc, Trujillo, los genocidas centroamericanos…

Las  condenas contra el modelo cubano y su dictadura, bajo la batuta del Tío Sam, al paso del tiempo crecieron en intensidad. Y captaron entusiastas conversos, como el Sr. Aznar y su digital Sr. Rajoy. En su afán servil de los intereses americanos, ignoran que en la Isla haya 230 empresas españolas y más de mil millones de euros en exportaciones. Y que España está tirando por la borda el esfuerzo de años, que los norteamericanos llegan ávidos de recoger. Tales apóstoles del suceso cubano evidencian su visión parcial sobre “el mundo libre”, a cuya  flexible interpretación del mismo, anteponen los intereses sobre la solidaridad, aupando visceralmente la defensa de los privilegios de minorías frente a las políticas sociales. Arabia Saudí presidiendo la Comisión de Derechos Humanos de la ONU y China como codiciado socio comercial, inspiran en su particular santoral, ejemplos edificantes.

Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio. Lo decía el Sr. Einstein, y por su sapiencia habrá de concedérsele. Los prejuicios, las fobias y las filias con el castrismo fueron rotundos desde el principio. Con el tiempo, la fuerza del destino terminó por confundir el galopar del caballo con los latidos del corazón del jinete. El espíritu de Goebelss voló sobre el nido fidelista y lo que comenzó en mentira machacona remató en tensa verdad. El experimento del Comandante fue agrietándose, aunque su agonía se prolongue. Para unos era modelo intolerable en un espacio que habría ser uniforme, o si fuere menester, uniformado. Otros, veían en la curiosidad caribeña, una  cabeza de puente ideológica, propagandística y operativa. Amén de regocijo morboso, ante la ulcera en el trasero del rival. Fidel fue tenaz  en la lucha  por seguir aflorando a la superficie de la historia como un corcho boyante, pero finalmente, con densidad de plomo, la ola que devastó los sistemas del Este europeo llevándose por delante a los inquilinos del Kremlin lo arrastra pesadamente a las penurias del “Periodo especial” tras el colapso de la URSS y el CAME…La barca de los sueños, nacida para surcar el océano de la injusticia social en búsqueda del paraíso en la tierra, amenaza irremisible zozobrar tras larga travesía, en el capitalismo embravecido. Que socava con osadía consciente las bases sociales, que bien que mal, configuran el intento de hacer habitable el país y en gran medida dan fe de la Revolución. Las hebras del tejido social se agostan en una maraña amorfa, de horizontes difusos y espejismos de incierto pronóstico.

El Comandante, timonel del navío desarbolado, de victoria pírrica en victoria pírica hasta la derrota final inevitable, ve encanecer su barba y su discurso alejado ya del puente de mando. Su sucesor Raúl, apenas gestor del epitafio, solo conserva una retórica estática, cada vez más mustia.

Cuba, estentóreo murmullo fuera de escena, en hora crucial, solo ella debiera ser artífice de su ventura. Sumando el pasado como enseñanza, el presente como realidad y el futuro como esperanza,

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Un Foro de Estudios Políticos (FEP) que aspira a centrar el debate sobre los diversos temas que afectan a la sociedad desde la transversalidad, la tolerancia, la libertad de expresión y opinión. Desvinculado de corrientes políticas o ideologías organizadas, pero abierto a todas en general, desde su vocación de Librepensamiento, solo fija como límite de expresión, el respeto a las personas y a la convivencia democrática. El FEP se siente vinculado a los valores republicanos, laicos y civilistas como base de una sociedad de librepensadores sólidamente enraizada en los principios de Libertad, Igualdad, Fraternidad.
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