GONZALO TORRENTE BALLESTER: “LOS LIBROS PROCEDEN DE LOS LIBROS”.-Germán Castro (*)

Se acaban de cumplir 40 años del ingreso en la RAE de Gonzalo Torrente Ballester. Y lo hizo con  un discurso “acerca del novelista y su arte”, pieza que no tiene desperdicio.  Comenzaba haciendo un ejercicio de humildad de esta manera: “Comparece ante ustedes, con la palabra temblorosa y la conciencia tímida, un escritor maduro a quien la voluntad de este senado, más benévola en esta que en otras ocasiones, quiso contar entre los suyos”. No sorprende, por otro lado, que ya en la arrancada dejara constancia de su vocación de periodista, puesta de manifiesto en diversas ocasiones, de algunas de las cuales he sido testigo. Refiriéndose a sus predecesores en el sillón “E” citó, entre otros a “Don José Ortega Munilla, gran periodista, me enseñó mucho de este oficio que ha sido el mío y que lo es aún”.

Entró luego a desarrollar el tema central de su lección de ingreso con una serie de disquisiciones conceptuales sobre la novela y el arte de novelar, arropado en todo momento por el uso de su verbo fluido, plástico y didáctico. Distinguía el ilustre ferrolano de Serantes entre el género épico y el narrativo. “Es fácil ver que el poeta heroico canta con entusiasmo una materia en la que por unas razones u otras, creen él y el auditor, en tanto que el novelista se limita a contar, sin que su entusiasmo personal participe, un acontecimiento ficticio en el que no creen ni él ni el destinatario de su obra”. Reconoce GTB que la novela parte de la épica y que el fenómeno de la literatura está sometido inevitablemente a una concatenación de circunstancias: “Tenemos que advertir como verdad lo que ya es principio corriente de la crítica: los libros proceden de los libros. O más ampliamente, toda forma artística, aun la más audaz y de mayor novedad aparente, procede de otras formas artísticas”. Obviamente, un aviso a navegantes, es decir, a todos aquellos que creen descubrir la pólvora en el sugerente y proceloso universo de la literatura.

Nuestro neoacadémico dedica un importante y brillante capítulo al valor de la palabra. “Una novela no es, a primera vista, otra cosa que un conjunto de palabras organizadas, quiero decir, gramaticalmente coherentes”. Subraya que la función de la palabra es sustancial y no puede ser sustituida más que por otra palabra equivalente. Agrega “Un Quijote puesto en imágenes cinematográficas que siguieran lo más fielmente posible al original contaría la misma historia, pero sería, no otra novela, sino una obra de arte distinta”.

En otro momento GTB sostiene que una vez escrita la novela, es como una partitura sin ejecutante. “La novela la ejecuta el lector” y destaca que la interpretación guarda relación con los estados de ánimo emocionales o sentimentales del destinatario. “El Quijote me resulta descaradamente alegre o infinitamente triste según mi talante del momento”.

Del discurso de contestación pronunciado por Camilo José Cela sólo voy hacer referencia a dos aspectos: Las loanzas al paisano “es un hombre joven que se disfraza de maduro bajo sus gruesas y obscurecidas lentes para disimular su juventud ardorosa. Esto de escribir libros es algo que rejuvenece tanto como desasnar mozos bachilleres y a las ambas tareas se aplicó nuestro hombre durante toda su vida y con ahínco”.

Antes de entrar en sus propias reflexiones sobre la novela, coincidentes en buena parte con las de Torrente, se detuvo en una frívola, seguramente más frívola hoy que entonces,  comparación cuando dice que existe una analogía entre la aspiración del escritor de ingresar en la Academia y la del ciudadano que pretende ligar a la vecina. “Todos los escritores españoles, digamos lo que digamos, y salvo las dos o tres excepciones de todos conocidas, queremos sentarnos en la Academia, al igual que todos los españoles, escritores y no escritores, nos pongamos como nos pongamos, -y salvo los dos o tres píos ministros o ex ministros de los que también todos sabemos- aspiramos a acostarnos con una vecina”. Y concluye este original paréntesis: “Es más fácil conseguir lo segundo que lo primero, quizá porque en la Academia haya menos sillones que catres en el país”. Y ojo con la pincelada final “Felicito a Gonzalo Torrente Ballester por haber logrado lo difícil. Ahora y como sin darse cuenta, tendrá más tiempo para todo”.

(*) Germán Castro, periodista, director de las publicaciones “Contraposición. República de Ideas” y “Criterios”

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