DE GALICIA AL CIELO. SISTEMA SANITARIO CON GARANTÍA DE VIDA ETERNA (PARA ALGUNOS).-Jesús Penedo Pallas (*)

Recientemente fué noticia, el debate entre la oposición y el gobierno gallego, a cuenta de los 652000 euros, (Seiscientos cincuenta y dos mil) anuales que el Sistema sanitario público gallego, dedica a pagar curas que prestan “servicios sanitarios especializados” en los hospitales de dicho sistema.

Según parece, tal práctica que también es común en otros servicios sanitarios del Sistema nacional de salud, tiene su orígen en un Convenio con la Santa Sede, que provee de tales “servicios” a aquellos “pacientes” que lo deseen.

Además, los hospitales disponen de lugares destinados al culto católico, para que aquellos usuarios que lo deseen, puedan acudir a los piadosos oficios propios del ramo.

Cierto que siendo España un Estado constitucionalmente aconfesional, llama la atención que en instituciones públicas como el ejército o la Sanidad, sigan incrustados, campando con toda la naturalidad, los ministros católicos, a los que además ser retribuye con el dinero de los contribuyentes.

Con independencia de que en términos cuantitativos, los emolumentos para pagar clérigos no resulten excesivamente gravosos, conceptualmente no se sostiene que en un Estado aconfesional, se promocione de modo tan descarado como discriminatorio, una específica confesión religiosa.

Si los sacerdotes católicos, o los ministros de cualquier confesión, quieren ejercer su piadosa labor, debería regularse su derecho al ejercicio de tan caritativo trabajo; pero chirría bastante, el hecho de que un “servicio” piadoso, solo dirigido a una mínima parte de los pacientes, haya de ser sufragado con cargo al bolsillo de todos los contribuyentes.

Por otro lado, si lo que se busca es el bienestar “espiritual”, argumento este que parece el mas socorrido, existen profesionales al menos académicamente mejor preparados para tal tarea y menos sospechosos de parcialidad que los curas católicos, que lógicamente tratan de llevar al personal a sus cielos particulares.

Es cierto que en los últimos años, los cantos de sirena del abuso del sistema y su sostenibilidad, han tenido efectos traumáticos en las plantillas de personas sanitario, mientras el número de curas apenas se ha reducido y ello tiene perfecto sentido. Si tenemos dificultades para garantizar la salud, garanticemos a cambio la vida eterna, que nos sale bastante mas barato.

Pero también aquí, a este humilde mortal le surgen dudas razonables. ¿Si la vida eterna se incluye como una prestación del sistema público de salud, dicha prestación solo alcanza a los católicos? En épocas mas remotas, cuando o no existían Estados que pudiesen llamarse tales, eran los propios curas los que promovían hospitales, en los que se ayudaba con las técnicas médicas disponibles. No deja de ser curioso, que en pleno Siglo XXI, con técnicas médicas superdesarrolladas y con un servicio universal, los “modernos” curas se abran paso, como depredadores de almas en pena y además pagados con el dinero de los contribuyentes.

Perdonen que les diga, que no lo entiendo.

(*) Jesús Penedo Pallas, Ingeniero Técnico Industrial, Licenciado en derecho, Secretario del Patronato de la Fundación Adcor y jubilado de la Función pública.

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