DE CENSURAS, MOCIONES Y OTRAS REPRESENTACIONES.-Jesús Penedo Pallas (*)

Parece que a estas alturas del drama, conocido el desenlace aritmético perfectamente previsible y visto el desarrollo de la función, pueden sacarse algunas conclusiones a primera vista.

En primer lugar, sobre la oportunidad de consumir munición pesada, para un resultado aritmético inevitable, no parece preocupar a los productores de la función, pués el objetivo aritmético no era de su interés en absoluto. Lo suyo, a juzgar por las confesiones desveladas, consistía en la representación en si misma, por la oportunidad que les brindaba de darse a conocer al gran público en un papel que ellos mismos rechazan y que el Presidente del gobierno se encargó de alejarles en su discurso, pintándolos como un peligro.

En este primer momento, todavía en la euforia emotiva de la post-representación, ambos actores principales se sentirán vencedores; pero una vez pasada la resaca de las respectivas celebraciones, habrá de imponerse la realidad y habrán de volverse al tedio cotidiano, o a promover el siguiente espectáculo que distraiga al personal o lo predisponga a favor de unos u otros actores.

Y ya que hablamos de actores, el neófito Iglesias Turrión, siempre bien pagado de si mismo, no pudo reprimir su admiración por el ínclito Mariano, al que el admira como maestro. Al fin y al cabo, ellos eran los actores principales, por mas que el papel de relatora, resultó ser muy relevante para una Irene Montero, que por cierto hay quién dice que abusó de la facundia.

Mariano por cierto, se empleó a fondo, no en responder a las gravísimas acusaciones de la señora Montero, sino en deslegitimar al candidato, evidenciando sus vicios y los peligros de plagas que se cernirían sobre España en el caso improbable de que la moción triunfara. La connivencia del partido del candidato (o sus confluencias) con los que quieren romper España, evidenciada en que justamente Bildu y ERC resultaron los únicos aliados, fué tal vez el golpe mas efectista.

Iglesias Turrión, en su intento de parecer un candidato creíble y capaz, creo que no resultó un actor de método y su lectura “excesiva”, evidenció que todavía está verde para el papel.

La obra tenía escasa emoción, pues el nudo y el desenlace eran conocidos de antemano; pero a Iglesias Turrión le duró muy poco su sobrerrepresentación de su papel institucional. En su réplica al primer secundario importante, Iglesias regresó a sus virtudes habituales. Autosuficiencia sobrada, soberbia a raudales, desprecio por su adversario y una pedantería que forma parte del personaje. Su manifiesto odio a Rivera, recíproco por cierto, en nada desmerece frente a los tan criticados partidos de la casta o de la trama, que ya no se muy bien como va esto de la terminología.

El segundo secundario importante, marcó una representación distinta, dedicándole el grueso de su intervención a la crítica rotunda y efectista de la acción del gobierno para a continuación contarle al aspirante, que las representaciones importantes, requieren meses de ensayo, de estudio y de contacto entre actores, para que resulten efectivamente creíbles.

Esa suerte de emplazamiento futuro que Abalos e Iglesias Turrión se intercambiarom, pudiera parecer un canto a la esperanza, pero me temo que o mucho han de cambiar las actitudes de los actores, o la obra no puede acabar bien. Y ello, porque ambos emplazamientos iban también acompañados de los habituales reproches y desconfianzas que lo ensombrecen todo.

No es posible una buena representación, cuando los actores deben conjugar su participación en la obra, con su lucha por el espacio en el escenario.

Me permito, sin que sirva de precedente, dar un consejo: Toda obra para ser brillante y aplaudida por todo el respetable, necesita ser intensamente estudiada, reiteradamente ensayada a puerta cerrada, pero sobre todo necesita de la profunda confianza entre los actores. De lo contrario, estará condenada al fracaso. Háganme caso.

(*) Jesús Penedo Pallas, Ingeniero Técnico Industrial, Licenciado en derecho, Secretario del Patronato de la Fundación Adcor y jubilado de la Función pública.

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