LA CUADRATURA DEL CIRCULO CATALÁN.-Antonio Campos Romay (*)

Como un folletín por entregas, este tema devora  desde hace varios años amplias cotas de  interés de políticos y ciudadanos.  Nada extraño. El “tema catalán” es algo recurrente en nuestra historia común.

Alcanza ya características geométricas. Es una autentica cuadratura del círculo. Pero que no debiera hacer olvidar en un apriorismo indebido, que una cuadratura del círculo tiene dos visiones. La que recuerda que no existe un método geométrico que permita la solución, es decir, relacionar un círculo y un cuadrado de igual área, utilizando solo regla y compás. Un problema formalmente irresoluble que mantuvo en vilo a  matemáticos y geómetras desde Grecia a la actualidad. Una cuadratura imposible de resolver…a la manera griega. Cuando los problemas geométricos se resolvían  únicamente a base de una regla y un compás. La propia RAE  recoge que “la cuadratura del círculo se usa para indicar la imposibilidad de algo”.

La cuadratura del círculo es imposible si como únicas herramientas apelamos a la regla y al compás y nos ceñimos a las normas que se establecieron en la antigua Grecia. ¿Pero qué ocurre si obviamos esa restricción? ¿Qué pasa con esta construcción si abrimos la imaginación y  no somos cicateros? Pues… pudiera ser que la cuadratura del círculo fuese posible.

Claudi Alsina,  un divulgador de matemáticas, doctorado en la Universidad de Barcelona, y que está empeñado en demostrar, como hace el profesor D. José María Barja en este y otros medios, que  las matemáticas no son aburridas ecuaciones sin aplicación en la vida cotidiana, sino filtros perceptivos a fin de observar con mayor tino la realidad aplicando la cabeza en su gestión. El Sr- Alsina en sus “Vitaminas matemáticas”, amén de muchas otras curiosidades, muestra a través de abstrusas fórmulas para los profanos, que es posible solventar la cuadratura. Yendo más allá de la regla y el compás…sin trampas…avisando cual es la trampa.

Los “políticos”, ante el tema catalán de nuestros días, la mayoría de la “villa y corte”,  y no pocos de la villa que aspira a ser corte, se enrocan en visiones que en ocasión se enlazan al esperpento. La Sra. Cospedal es buena muestra, desempolvando lo más rancio y casposo del baúl terapéutico de la momia del Pardo. Tampoco van a la zaga algunos personajes que aspiran a ser “próceres”, émulos de los Padres de la Independencia americana. Más parece una obstinación en mundos paralelos…el de los políticos y el de la ciudadanía… El de los que nos condenan a su histrionismo huero y el de los que anhelan la presencia del sentido común

Como en el mundo de Alicia, hay un salón delante del espejo y otro detrás. En uno (la política) todo funciona al revés, la realidad se ha invertido. Así que no es extraña la alarma de la ciudadanía asistiendo estupefacta como se la llevan al mundo al revés, sin la menor mesura, arrastrada por políticos que parecen nacidos con un espejo en el cerebro, que es la proyección de su  yo en las cosas del común.  Estúpidos Narcisos cuya miopía no ve más allá, enamorados de sí mismos hasta el final…pero narcisos al fin, su estupidez no es final solitario, sino lesivo para el entorno.

La política desde que Aristóteles en el siglo V (a.C.) dio carta de naturaleza al término, se entiende  como una manera de ejercer el poder con la intención de resolver o minimizar el choque entre los intereses encontrados que se producen dentro de una sociedad. Es la Política. Con mayúsculas. La que prescindiendo del piñón fijo de la regla y el compás, es capaz de  ampliar horizontes, usando sentido común, inteligencia, decencia cívica. La  que tiene presente que no hay más patria que el bien común, que no hay más bandera que el interés colectivo, ni más himno que la sinfonía de la tolerancia, la convivencia y la solidaridad.

Seguramente es ingenuo exigir de la imbecilidad de “narcisos”, de fundamentalistas empeñados en “unidades de destino en los universal” o en tender divisorias alambradas de espino,  “barones” arraigados en el medievo, “politólogos” y demás especies que pululan el escenario  de una política estéril, renuncien a sus filias y fobias y a sus  intereses particulares en aras de atender a los del común. Tan ingenuo  como pedir se abdique de la testosterona mudándola por neuronas  asociadas al dialogo, el pensamiento y la seducción. De todas formas, -aún palabra en el vacío-, cabría reiterar la invitación a explorar los caminos que pueden llevar a la solución de la cuadratura… sabiendo desde la sapiencia machadiana, que el camino se hace al andar… Aunque que sea de lamentar que esto exija de tan honorable pléyade, estudio, trabajo, vocación, sensatez y coherencia.

Dos grandes pensadores formularon hace muchos siglos unas recomendaciones muy actuales y sensatas. Quizás por ello, se están siguiendo con indigno entusiasmo en dirección contraria… Platón en su obra “La República”, manifiesta, “la forma en la debe gobernarse un pueblo es a través de la observación de la realidad y la puesta a prueba de cambios y mejoras idealistas y que dicho trabajo debía estar a cargo de los seres más sabios de esa sociedad”… Aristóteles, que gustaba enfocar la política de forma científica, cultural, social, y poniendo siempre de relieve la ecuación causa efecto, hacia gran hincapié en “la necesidad de crear una clase media que atenuase la brecha existente entre los más ricos y los más pobres” Así lo expone en una de sus obras, que no ociosamente se titula también, “La República”.

Siguiendo tan nobles estelas Gramsci en la década de los 70 del siglo pasado señalaba como  razonable que exista un grupo que ejerza la hegemonía pero que esto no debe, “escaparse de las manos” a la ciudadanía. Al tiempo ponía énfasis en descartar la violencia como medio para conseguir objetivos.

Pareciera obvio subrayar que la actividad política sólo puede hacerse realidad mediante el establecimiento de normas jurídicas que establezcan límites y acoten derechos y su ejercicio.  Pero a renglón seguido es necesario poner énfasis, en que las normas, desde las de máximo rango a las mínimas están al servicio de la convivencia ciudadana y para facilitar esta. Y no la ciudadanía esclavizada de ellas. Y más patético resulta sacralizarlas de forma artificial y anómala, cuando no son ídolos, sino herramientas perfectibles y sustituibles cuando agotan su eficacia.

Eso ya aconteció en este país… Se llamaban Principios Fundamentales del Movimiento… inmutables y eternos…

(*)Antonio Campos Romay, ex diputado del Parlamento de Galicia

 

 

 

 

 

Acerca de Contraposición

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