SUDOKUS SIEMPRE.-José María Barja Pérez (*)

La presencia habitual del sudoku en la prensa escrita hoy apenas nos llama la atención, aunque en algunos casos sea una buena disculpa para su adquisición. El término no sólo se ha incluido en DLE (Diccionario de la Academia de la Len­gua Española), sino que es empleado en metáforas en el lenguaje político y en el  común. Tal vez una representación de su importancia fue la «Fe de errores» que publicó el periódico de mayor difusión de nuestro país, exponiendo que «la solu­ción del Sudoku que se incluyó ayer en la página de Pasatiempos no correspon­día […] al publicado» [El País 28/julio/2017, página 12].

Pero este pasatiempo del siglo XXI tiene virtudes educativas y saludables que  son sistemáticamente reseñadas en múltiples ámbitos. A los que aseverán que se  trata de un ejercicio de matemáticas hay que explicarles que es un ejercicio de razonamiento y que los guarismos pueden ser sustituidos por letras u otra repre­sentación de los dígitos. Y que, dadas las alarmantes cifras de población que no sabe razonar, los buenos efectos de ese ejercicio mental y la necesidad del razoci­nio en los ámbitos jurídico y político, debería ser considerada una práctica casi obligatoria.

Es sorprendente como una frase condicional de una política, es transformada en una categórica afirmación por los periodistas. Y así, una herramienta funda­mental en la negociación y el acuerdo (como Shakespeare explicó en Como gustéis) no es entendida y genera ruido. Podría ello achacarse a la mala percepción semántica del “si” castellano (frente al “if” inglés), pero es más una deficiente educación en el razonamiento, básico en el debate jurídico (y científico). No es que la práctica de resolver sudokus vaya a subsanar ese defecto, pero si sirve para fomentar la búsqueda de posibilidades de llegar a una solución respetando unas reglas establecidas.

 

             Datos:

  • Publicado por primera vez en 1970 y popularizado en Japón en 1986, el sudoku, 数独, se empezó a conocer mundialmente cuando en 2005 algunos periódicos occidentales los publica­ron en su sección de pasatiempos. Hoy se encuentran facilmente páginas web que explican técnicas básicas de resolución de estos, algunas muy sistemáticas y también métodos más sofisticados, incluidos algoritmos progamados para resolverlos.
  • En 2011 María Dolores de Cospedal, entonces presidenta de Castilla-La Mancha y secretaria general del PP, aseguraba que «Hallé una región en bancarrota y he logrado cuadrar el sudo­ku.» También ese año, cuando Miguel Arias Cañete tomaba posesión como ministro de Agri­cultura, Alimentación y Medio Ambiente, resumían su futura tarea en: «A cuadrar el sudoku imposible del agua.» Pero se atribuyó a Pedro Solbes, ministro de Economía y Hacienda en el Gobierno de Zapatero, describir como un sudoku «el difícil encaje de intereses de las 17 comu­nidades autónomas cuando del reparto de dinero se trata». Claro que, refiriendose al ministro Montoro, se habla de sudoku de agravios.
  • El sudoku es un pasatiempo auto-definido; sólo algunos periódicos recuerdan, para los nue­vos practicantes, su regla: «una cifra debe aparecer sólo una vez en su fila, su columna y su cuadro». Se suele decir que es un pasatiempo de números, cuando los guarismos del 1 al 9 podrían ser sustituidas por letras o símbolos. Vamos que podríamos resolver un sudoku impreso en un periódico chino, árabe o bengalí, por recordar idiomas que usan figuras distin­tas a las que acostumbramos a usar para representar los dígitos. Olvidamos que un libro de Al-Jwārizmī, fue traducido al latín en el siglo XII por Adelardo de Bath como Algoritmi de numero Indorum (“el alguarismo [arte de contar, aritmética] de los números de los indios”). Por cierto, en la definición de ese término en el DLE (la cual remite a las de guarismo y de algoritmo), aparece tal vez su única referencia al matemático persa del siglo IX gracias al cual Occidente conoció el álgebra.
  • El número de sudokus diferentes, 6.670.903.752.021.072.936.960, es un número mayor que él número de segundos transcurridos desde el comienzo del universo. Fue determinado en 2005 por Bertran Felgenbauer (Universidad Técnica de Dresde) y Frazer Javis (Universidad de Sheffield). Ese mismo año Juan M. R. Parrondo escribía: «Cada sudoku tiene un nivel de difi­cultad– desde “muy fácil” hasta “diabólico”– que suele ser más alto cuanto menos números se presentan inicialmente (aunque no siempre es así)» [Finalmente sudoku Investigación y Ciencia diciembre/2005]
  • Un titular alarmante sobre un sudoku que producía convulsiones terminaba remitiendo a investigaciones neurológicas sobre la actividad cerebral. De hecho, una tesis doctoral de la Universidad de Murcia expone que pacientes de Parkinson «realizaron un programa de entre­namiento cognitivo basado en la tarea SUDOKU»; los resultados indican que tiene resultados beneficiosos para ellos. Vamos, que hay que darle la razón a Sheldon Cooper cuando asevera sobre una resonancia magnética funcional de cerebro: «Hice un sudoku antes de que la hicie­ran para estar en forma.» [The Birthday Synchronicity, temporada 10ª, episodio 11º]
  • Como en la distopía Erewhon, el país inventado por el escritor inglés Samuel Butler (1835-1902), parecería que la función de los profesores es asegurarse de que los alumnos “piensen tal y como nosotros pensamos o, al menos, como consideramos oportuno decir que pensamos.” Antes bien, la capacidad de razonar y argumentar correctamente es hoy más que nunca una competencia básica y necesaria para el futuro laboral inmediato.
  • Decía Shakespeare en As You Like It [Acto V, Esc. IV.102-108]: “He visto un caso en que siete jueces no pudieron arreglar cierta pendencia; pero cuando los contrarios estuvieron frente a frente, uno de ellos tuvo la idea de un «si», como, por ejemplo: «Si vos dijisteis eso, entonces yo dije eso otro», con lo cual se dieron la mano y juraron amistad fraternal. El «si» es el único arregla-contiendas. Hay una gran virtud en el «si»…“ [traducción de Luis Astrana Marín, William Shakespeare Obras Completas (1991) Aguilar, Tomo II  A vuestro gusto  115]
  • La potencia del razonamiento es muy bien explicada por Sherlock Holmes: «¿Cuántas veces tengo que decirle que cuando haya eliminado lo imposible, cualquier cosa que quede, aún improbable, debe ser la verdad?» {Sir Arthur Conan Doyle The Sign of Four (1890)] Pero el mismo Holmes aseveraba: «Me temo que no me hago ningún favor cuando me explico. Los resultados despojados de sus causas son mucho más impresionantes» [Arthur Conan Doyle Las memorias de Sherlock Holmes 2ª Ed (1984) Editorial Fontamara, Colección Rutas, p 51 (El empleado del agente de bolsa, 1894)].
  • (*) José María Barja Pérez, profesor, ex rector de la UDC

 

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