CONOCÍ A GIOVANNI- Dalia Koira Cornide*

La vida de Giovanni puede ser una de esas historias de superación.

Una historia más de hombre y mujeres que después de pernoctar en la alongada  noche de la oscuridad, en un momento imprevisto,  se hace la luz. Sin verle, sin escuchar su voz, sin saber el color de su piel… le conocí o le amé platónicamente, como se ama un ideal… aun así, nadie lo conoce mejor que yo. Sé lo que piensa, se lo que siente…

Conocí a Giovanni en su mundo onírico.  No es escritor de historias fantásticas, ni un gran articulista, nunca publicó un libro… La vida resulta olvidadiza con determinadas obligaciones. La ociosidad es la madre de todas las ideas, unas veces más acertadas que otras. Resignada a mi aislamiento, abrí la única ventana que me permitía ver más allá de doscientos metros, aunque esa ventana fuese la diminuta pantalla de mi ordenador.

En el tour cibernético circulé por la red y de página en página y de enlace en enlace… descubrí un mundo por explorar.  Fue así —de manera fortuita— o el destino que, siempre es imprevisible, hizo que topase con Giovanni. En aquel primer momento Giovanni era un impertérrito Blog con fondo gris y letras negras como la noche, enterrado en lo más recóndito de la red.  Una página con manifiesto desinterés, poco diseño en su arquitectura y escaso conocimiento en su programación.  Su lacónico encabezado rezaba: “El Blog de Giovanni”.

Era una caótica recopilación de citas, fragmentos de destacados economistas, reflexiones de  Mises, Rothbart, Keynes, Friedman,  Lomborg…y  referencias a “La Escuela Austríaca”, escuela de pensamiento económico, algo totalmente desconocido e ininteligible para mí.  También  citas de escritores del momento, fabricantes de best-sellers. Y comentarios propios entre el elenco de los célebres.

Era Giovanni —y no era impresión mía— muy suficiente, prepotente y arrogante, y su caprichosa manera de expresarse le aventuraba en áreas tan delicadas y controvertidas como la deuda pública,  la globalización, las deliberaciones del grupo Bilderberg, los “Lobbies”…, fue tal mi imprudencia que me llevó a maltratar mis retinas en visualizar todo aquel compendio de información tan nueva e incomprensible para mí… y tan gris como el fondo de su página.

Y así comencé a conocer a Giovanni: mi imaginación creó a un joven universitario  en una carrera de elitistas alumnos… las supuestamente “muy valoradas y con brillante porvenir…” frente a otras, sin encanto alguno, como la que yo había elegido, impuesta por mi limitado horizonte económico. Giovanni, sería hijo de adinerados padres, viviría en la zona residencial de una gran ciudad; estaría en una de esas universidades privadas, privilegios de unos pocos… Sería un alumno aventajado y un adelantado en cálculo, economía — ciencias exactas— y valiéndose de su notable intelecto y de su falta de escrúpulos… cumpliría  con las altas expectativas que se hubiera propuesto.

La grandilocuencia de Giovanni hablaba en mi cabeza través del cristal líquido de mi  ordenador… construía frases artificiosas con abundante empleo de extranjerismos y neologismos evidenciando su vanidosa superioridad intelectual. Ante eso, ¿qué podría ser mi mundo para Giovanni? Con toda probabilidad un paupérrimo elenco de vulgares figurillas de papel “mâché”, invisible a sus ojos de “escogido”. Para él todo era fácil,  previsible, viable… y su positivismo era tan necio que rayaba con la ignorancia pueril  del que nace teniéndolo todo. Su óptica de la vida era como la escalera de los sueños que desde la tierra se pierde en las nubes —tálamos de algodón—donde, seguramente se ocultaba algo previsible: prestigio, poder, dinero, placer…

Pasa que,  las personas como Giovanni, han creído que la escalera es de un único sentido. No me resulta fácil imaginarlo en centros de finanzas nunca por mí soñados… conduciendo un Maserati o un Jaguar…y de copiloto una anoréxica joven —actriz o modelo—, retocándose el maquillaje.  La personalización de una “jet set” asquerosamente rica — tan pobre, que solo tiene dinero—y con una obsesión patológica por el éxito.

El Blog de Giovanni me hacía experimentar un extraño cóctel de sentimientos antagónicos. Lo imaginaba en ese lejano “otro lado”  sentado en una silla ergonómica con un coste superior a mi nómina mensual y en frente un Mac de sobremesa, el más potente y rápido de la Apple, cuyo coste no puedo ni imaginarlo…, pero sí me imagino deslizando las suaves yemas de sus dedos de pianista sobre el pulido teclado, expresando —o creando— teorías económicas que no afectarían a nadie que a él le importara.

Yo leía, una y mil veces sus ensayos sobre el capitalismo liberal, teorías para ser aplicadas en los países más oprimidos  y desprotegidos del mundo —en África, Asia, Latinoamérica—, la inagotable despensa de un Occidente hambriento de transacciones baratas. Mi sensación era de decepción, furia contenida ante una forma de pensar injusta y ofensiva… y para más infortunio, a la vez extendida.  Pese a ello, mi subconsciente me decía que Giovanni no era así… era el mundo donde nació el que le modelo a su manera. Cuando la curiosidad vence a la prudencia pasa lo inevitable, o se escucha lo no se desea. Mi osada actitud  le formuló una sola pregunta: ¿Se cree usted con la capacidad de opinar y decidir sobre las vidas de las personas?

La respuesta fue inmediata: Si tengo la posibilidad de ganar un millón de dólares… ¿cree usted que me importa que un millón de personas pasen hambre?

Argumentaciones de la vida. Cuando conocía a Giovanni, empecé a odiarle. Cuando empecé a conocerle, le amé. Puedo argumentarlo mediante la razón; quizás no sea fácil de entender, pero sí verosímil: cuando empecé  a conocer a Giovanni, él también comenzó a conocerse a sí mismo.

Aquel fue un simple intercambio de opinión: la primera y la última. Yo seguí leyendo sus publicaciones, indignándome cada noche… maldiciendo su forma de pensar y a todos los que lo hacían como él.  Tampoco me sentía bien conmigo misma por no poder prescindir de leerle e interesarme por cuanto hacía: sus post, sus viajes a países exóticos, sus impresionantes reportajes y fotografías de paraísos por mí nunca soñados,  espectaculares cuevas… donde las entrañas de la tierra alberga los tesoros más bellos de la naturaleza.

En aras de mi salud mental comencé a espaciar las visitas a su blog y para mi sorpresa, sus escritos también se fueron espaciando, sus publicaciones mostraban temáticas diferentes. El comienzo, tal vez de una etapa nueva.  Su página se pobló de fotografía y arte de prestigiosos maestros de la pintura: Warhol, Mondrian, Valdés, Picasso, Munch, Klimt, Egon Schiele…

Lo que me sorprendió de Giovanni fue el inesperado giro hacia obras —carteles fotográficos— como instrumento de denuncia social. ¡Su grito de guerra contra con los abusos del poder económico! Iniciativas para paliar las necesidades prioritarias de una población desfavorecida, indigentes y desheredados  de la tierra… Todo ello tenía un importante significado para mí. Aquella revelación me condujo de nuevo a un seguimiento exhaustivo de los ‘pasos virtuales’ de Giovanni.

Admiraba sus páginas convertidas en galerías de arte. Sus textos se habían vuelto más esquemáticos y reivindicativos. Los referentes habían cambiado: de los insidiosos hábiles teóricos del capitalismo salvaje  pasó a los textos de George Orwell, de Jacque Fresco,  a los documentales de Michael Moore…

El nuevo Giovanni comenzó a tomar una forma diferente en mi mente. El magnate de las finanzas reescribe su pensamiento y un mundo nuevo se revela ante sus ojos; un nuevo producto nacido de un largo camino de descubrimientos. Me apené por él, sentí su dolor como mío, la duda existencial que desbarata todo un dogma. Lo imaginé en su escalera del éxito volviendo la mirada hacia atrás. Y allí abajo podría haber visto — nos podría haber visto— a los que la vida no nos había ofrecido la escalera.  No sé si nos miraría con pena…, al menos, sí, con desconcierto. Su burbuja se había pinchado y le había permitido ver lo oscuro e incierto de la vida, lo dificultad del camino, la injusticia en el mundo.

Ya todo había dejado de ser lógico, previsible, fácil… ¿Fue en ese momento cuando perdió la fe en las verdades absolutas? Posiblemente suceda cuando se es incapaz de despejar la compleja incógnita de la ecuación planteada por la existencia. Pasó de las Ciencias Exactas a la Filosofía, a la Sociología, a la Historia… tal vez hasta militaría en algún partido obrero y encabezaría manifestaciones contra la Globalización, contra la degradación del Medioambiente, por la defensa de la Naturaleza contra el Cambio Climático…

El cambio de Giovanni también hizo que algo cambiara en mí. Una especie de nueva fe resurgió en mí interior: creer en la bondad de la gente, en la regeneración de los valores,  fe en el cambio, en la fuerza de la unidad, en la capacidad de convivencia… fe en la razón, en el pensamiento, en la palabra, en la libertad, en el respeto, en la fraternidad…Sería el azar, el destino… fuera lo que fuese… Giovanni apareció aquella noche de tedio en mi vida y trajo una brizna de luz a mi oscura visión del mundo, tan negro como el cielo de aquella noche que me vio conocerle.

Seguí leyendo el Blog de Giovanni y viviendo su kafkiana metamorfosis… Conociéndole, admirándole, queriéndole…  Cada noche acudía a nuestra cita frente a la pantalla del ordenador esperando las nuevas huellas de Giovanni… amándole un poco más cada noche… mantenerlo en mi pensamiento… escuchar los susurros de sus palabras en mi oído…Seguí leyendo y seguí soñando con Giovani… Leerle era tocarnos, sentir las caricias de las yemas de sus dedos en cada rincón de mi alma… leerle era inhalar su aliento, beber su voz, sentir el calor de su carne… era compartir la vida.

Un día sin más, Giovanni se fue sin despedirse, escribiendo punto y final.  Seguí buscando su palabra en el Blog. Como respuesta el negro fondo a modo de siniestra mortaja.  Giovanni me condenó a su ausencia en el momento que yo más le amaba.

Mucho tiempo después aún susurro sus frases en la oscuridad de la noche, declamo sus versos en mis febriles sueños… pese a saber que nunca lo he tenido del todo… saber que ha muerto… o quizás nunca haya existido. Muerta su palabra, estaba muerto para mí.

En mi tiempo quedó la ilusión, la única lápida frente a la que cada noche deposito las celestes y virtuales, ‘nomeolvides’.


*Dalia Koira Cornide es Licenciada en Pedagogía

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Acerca de Contraposición

Un Foro de Estudios Políticos (FEP) que aspira a centrar el debate sobre los diversos temas que afectan a la sociedad desde la transversalidad, la tolerancia, la libertad de expresión y opinión. Desvinculado de corrientes políticas o ideologías organizadas, pero abierto a todas en general, desde su vocación de Librepensamiento, solo fija como límite de expresión, el respeto a las personas y a la convivencia democrática. El FEP se siente vinculado a los valores republicanos, laicos y civilistas como base de una sociedad de librepensadores sólidamente enraizada en los principios de Libertad, Igualdad, Fraternidad.
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