EL PARAISO QUE OFRECEN CASADO Y SUS AMOS ULTRA-LIBERALES EN EL DÍA DE LOS ABUELOS.  Antonio Campos Romay*

Los Casado boys… fotocopia de los Chicago boys que bajo el manto,-oh casualidad-, del fascista Pinochet, lacayo incondicional de la ultraderecha norteamericana, intentan por todos los medios desbaratar en España, y a donde no llegan manda recado travestidos de “holandeses” como estos días hicieron en Europa, el estado social cegando soluciones colectivas en pro de la insolidaridad social.

En estos días es noticia Chile, conejillo de indias del más salvaje experimento de recetas neo-liberales bajo el auspicio de Pinochet y prolongado en el tiempo, en el que el sistema de pensiones fue un programa estrella. Da la administración Piñera una última vuelta de tuerca de este sistema fallido ante la crisis económica de la pandemia al aprobar “como medida solidaria” la autorización a retirar el 10 % de los fondos de previsión pensiones para hacer frente a las complicaciones económicas que está causado la pandemia. Con el dramático efecto de que  los que están cerca de su jubilación, ya que no tendrán tiempo de recuperar sus fondos con los años en activo que les quedan.

Es un sistema basado en el ahorro individual obligatorio controlado por dministradoras de Fondos de Pensiones, cuyo efecto ha sido que en el 80% de los casos no superan el salario mínimo, apenas 220 euros, obligando en muchos casos a seguir  trabajando después de jubilarse.  Un modelo nacido de la ortodoxia ideológica ultra-liberal que implica la constitución de una cuenta individual de capitalización para la protección de las contingencias de jubilación, incapacidad permanente y supervivencia por parte del trabajador que se nutre de dos tipos de recursos. Sus aportaciones,  un 10% de su salario,  sin ninguna aportación de las empresas, y los rendimientos que genera la inversión de los fondos acumulados, principalmente en bancos. Por cierto el trabajador soportará las onerosas  comisiones de gestión de  un modelo diseñado para  ‘favorecer’ el ahorro y el desarrollo de un gran mercado de capitales con fondos acumulados.

En este esté espejo quebrado tras más de 35 años “funcionando” entre las loas a las  bondades sobrenaturales de la reducción del papel del Estado y a la taumaturgia del mercado enarbolando como dogma de fe que la concurrencia de la iniciativa privada es la fórmula salvífica del  sistema en su conjunto, es donde se pretende se contemplen España y Europa.

Los pésimos resultados chilenos residen en la imposibilidad de consolidar fondos acumulados por los trabajadores, que en la gran mayoría de los casos apenas llegan a generar pensiones mensuales de 145 euros, dentro de un sistema incapaz de garantizar un mínimo de suficiencia. Asimismo las presuntas virtudes de la competencia no se han traducido en una rebaja en los costes de gestión de los fondos; más bien al contrario, pues siguen creciendo paulatinamente desde la puesta en marcha del sistema. (Algo de lo que aquí tenemos ejemplos claros en con la “competencia” de las empresas privatizadas).

Cuando la pandemia ultra-liberal de la mano del neo-fascismo intenta hacer jirones el estado de bienestar y su logros alcanzados tras la II Guerra Mundial conviene evidenciar el dramático fracaso del modelo de capitalización individual chileno.

Los profetas del capitalismo en su estado más salvaje e insolidario hacen sonar sus clarines por Europa y por España con el activismo extremo de casados, cayetanas y abascales, clamando por recortar cuando no dinamitar los sistemas públicos de pensiones de reparto. Frente a ello es obligado recordar que, más allá del formidable negocio que la privatización, aunque solo sea parcial de las pensiones generará para los eternos paniaguados, la experiencia chilena pone de manifiesto, tras de ello solo hay para la inmensa mayoría de los pensionistas, pobreza, miseria, desigualdad y degradación brutal de la cohesión social. Que genera una indigencia que condena a muchos presuntos jubilados a convertir la edad de la misma en absurdamente elevada. Mientras el deterioro del mercado laboral e incremento de la economía informal expulsarían del sistema a una dramática cantidad de ciudadanas y ciudadanos disparando brutalmente la desigualdad…

Pero eso claro, carece de interés alguno en la mesa de trabajo de los casado boys y del amanecer planificado por un ultra-liberalismo despiadado en su sueño de una España y una Europa de mercaderes con la ciudadanía reducida a mano de obra barata, desechable y carente de capacidad reivindicativa

 

*Antonio Campos Romay ha sido diputado en el Parlamento de Galicia .

 

 

 

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