SI LABORDETA LEVANTASE LA CABEZA….Antonio Campos Romay*

José Antonio Labordeta, profesor de instituto, poeta, cantautor, político, fue un soplo de aire fresco y vitalidad en un Congreso de bustos parlante perfectamente previsibles, que acertadamente definió Pablo Castellano con lengua acerada, como  la  Mesa, la Masa y la Musa (el jefe de filas)… Castellanos calificaba en el momento de su deshago como musa a  Felipe Gonzales Márquez,  todo poderoso líder socialista.

En las postrimerías de su vida, la difunta Carme Chacón y Ángel Gabilondo en su desempeño de ministros de Defensa y Educación, reconocieron su  saber, sus convicciones apasionadas, y su entrega al servicio de la libertad y el pueblo, imponiéndole  en su domicilio la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio.  Una distinción que se uniría a muchas otras como la Medalla del Mérito en el Trabajo o la Medalla de Oro de su querido Aragón, concedida a título póstumo.

Van ya casi treinta años en que el entrañable cantautor se dirigía con rotundidad a la bancada  donde la derecha montaraz, apenas  salpicada de algunas voces más sesudas y templadas, cuando esta practicaba lo que mejor sabe hacer, patear e impedir la libre expresión de sus rivales y que su subconsciente tiende a considerar enemigos. “Váyanse a la mierda” era su escatológica pero merecida recomendación hacia una masa borreguil, despectiva y gritona que con decibelios pretendía  aplastar una voz libre.

 Faltan unos meses para que se cumplan los diez años de su ausencia y  de forma acusada  la degradación de los comportamiento parlamentarios y el imperio de la mediocridad que tanto le desquiciaba se enseñorean cada vez más de la sede parlamentaria. Una derecha convertida en tridente, que ante sus homologas europeas se muestra rancia, viejuna,  con un compromiso democrático muy epidérmico y a la que el concepto de la alternancia se le atraganta definitivamente.

El malestar de Labordeta palidecería absolutamente ante el escándalo que podría  experimentar D. José Ortega y Gasset  al ver instalada como practica parlamentaria el  griterío  y la incivilidad de forma abusiva. D. José en 1931, pocos meses después de proclamada la II República, en una sesión en la sede parlamentaria se dirigía a sus colegas legisladores advirtiéndoles, “es de plena evidencia que hay, sobre todo, tres cosas que no podemos venir a hacer aquí (el  Congreso): ni el payaso, ni el tenor, ni el jabalí”.

 El  recurso, (llamarlo discurso sería un exceso) de la demagogia,  el insulto, la mentira cuanto más disparatada mejor, la amenaza cada vez menos velada, son armas para socavar la estabilidad de un Gobierno y su Presidente, cuyo pecado original es que sus inicios se correspondan a una moción de censura triunfante.  Que puso en  evidencia  el lodazal corrupto en que sobrenadaba una administración que supervivía ahormada en la tenaza derechista. Aunque el daño colateral que de estas acciones se derive,  sean severos daños para la propia democracia sembrando  de forma artera dudas sibilinas en la confianza de la  ciudadanía. 

Es la estrategia aplicada por el trumpismo que tanto ha calado por estos lares. Se observa al ver como se banaliza en Cataluña una convocatoria electoral pretendiendo someterla al capricho de un gobierno en precario y su inseguridad. O la campaña desde sectores independentista que le son próximos atacando el voto por correo poniendo en duda la honorabilidad de Correos como muestra algún wasap que circula entusiasta: “Bon dia, Incomprensiblemente TV3 no para de fer propaganda del vot per correu!!  Si vols votar independentista, “No votis per correu si no vols que el teu vot acabi sent unionista.”Correos” no és neutral”  No hace mucho Trump esgrimía idéntico “argumento” en su paranoica campaña.   

Trumpismo es ver como  en una Comunidad Autónoma muy caracterizada, su presidenta insta a vulnerar medidas colectivas para proteger la salud ciudadana o  le pone toda clase de trabas, sosteniendo una cosa y la contraria al tiempo, convirtiendo la pandemia no en reto colectivo, sino ariete contra el gobierno. Trumpismo es, burlar de forma  sistemática las obligaciones constitucionales  bloqueando las instituciones, perpetuando un determinado  gobierno de los jueces con objeto de intentar servirse de la Justicia  sin importarle su degradación…

Seguramente Labordeta volvería a ponerse iracundamente escatológico y les rugiría… ¡Váyanse a la mierda!….  Por su parte,  desasosegados y descontentos,  muchas ciudadanas y ciudadanos dirán como en su momento el Sr. Ortega y Gasset: “¡No es esto, no es esto!”….

No es esto lo que España necesita en estas horas de asfixia, agotamiento y drama…

*Antonio Campos Romay ha ido diputado en el Parlamento de Galicia.

Acerca de Contraposición

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