Carta Abierta al Ministro de Justicia – José Ignacio González Faus

José Ignacio González Faus

Mi  querido Sr. Ministro:

Acabo de oír por radio sus declaraciones a propósito de los sucesos en el supermercado de Écija. Reconoce Ud. que hay mucha gente que lo está pasando mal, pero arguye con el clásico axioma moral: el fin no justifica los medios.

Como el ideario de su partido apela a “los principios del humanismo cristiano”, me permito recordarle que según esos principios no hubo en aquella acción ningún uso de medios moralmente ilegítimos (en su legalidad no entro ahora).

Los principios del humanismo cristiano proclaman que “en casos de extrema necesidad todas las cosas son comunes” (in extrema necessitate omnia sunt communia). Porque “la distribución y apropiación de las cosas que procede del derecho humano no puede impedir que estas cosas remedien las necesidades de los hombres. Por eso todo lo que uno tiene de más lo debe a los pobres para su sustento. Y si la necesidad de alguien es tan grave y tan urgente que hay que remediarla con lo primero que se tenga a mano…, entonces cualquiera puede remediar su necesidad con los bienes de los demás, tanto si los quita de modo público como secreto; y esta acción no reviste carácter de robo ni de hurto”.

Estas palabras no son del alcalde de Marinaleda ni del innombrable Carlos Marx. Son de Santo Tomás de Aquino, uno de los pilares de ese humanismo cristiano al que Uds. dicen seguir. Y puede verlas en la Summa Theologica (2ª 2ªe, cuestión 76).

A ellas añadirá el cardenal Cayetano, gran comentador de Tomás, que un juez puede distribuir entre los necesitados el dinero sobrante de los ricos. Me pregunto, pues, si no están Uds. en el atolladero de aplicar la ley contra unos principios que dicen regular el ideario de su partido, quedando como embusteros ante la ciudadanía.

Entiendo además que si Ud. esgrime ese principio de que el fin no justifica los medios, se volverá inmediatamente contra toda la política de este gobierno: para un fin de suyo legítimo y necesario como es rebajar nuestra deuda, ha recurrido el gobierno a medios inmorales (temo que quizás también anticonstitucionales) como son privar a mucha gente de derechos constitucionales, de los ingresos mínimos indispensables, abocarlos al hambre, a la desesperación, a la falta de asistencia médica indispensable, a tener que recurrir a unas Caritas ya desbordadas y a quedarse sin vivienda después de un enorme esfuerzo y encima con una deuda impagable para la que ni siquiera vale el principio lógico de la dación por pago.  

La mayoría de los medios que han aplicado Uds. para saldar la deuda española son inmorales y no se justifican por ese fin tan legítimo.

Hace poco habló el presidente del Gobierno de posibles nuevos recortes en esa misma dirección, para reunir 65.000 millones de euros imprescindibles. Su gobierno debe saber que, en España, hay 16 personas que poseen ellas solitas unas fortunas cercanas a los 60.000 millones. Sólo 16 personas entre más de cuarenta millones de españoles. No creo pues que, a la luz del humanismo cristiano, pueda caber duda de cuáles hubieran sido los medios legítimos. Porque, por otro lado, se repite ahora que todo el dinero que nos va a prestar draconianamente la UE es “para tapar los agujeros de los Bancos”. 

Ya habíamos oído mil veces que el problema de nuestra deuda era sobre todo de carácter privado y no público; y ahora lo vemos confirmado al saber dónde van a ir esos primeros 30.000 millones que esperamos recibir el mes que viene. Los Bancos y sus agujeros han sido efectivamente los primeros causantes de nuestro desastre actual (sin negar ahora otros factores exteriores a España).

Y lo fueron porque, para un fin de legitimidad muy discutible (como era el enriquecerse más y más) pusieron en juego medios absolutamente ilegítimos, otorgando préstamos que sabían que no podían ser devueltos pero de los que esperaban resarcirse con expropiaciones forzosas mucho más pingües de lo que se expropió en el supermercado de Écija. 

¿Sabe Ud. cuántas viviendas inútiles son hoy propiedad de los Bancos? Un ministro del interior debe conocer ese detalle. Como sabrá también que a bastantes gentes ancianas y no muy letradas que tenían en Bankia unos ahorros de seis mil o diez mil euros que constituían toda su fortuna, se las engañó haciéndoles firmar un papel que “iba a ser su solución”, y se les convirtieron los depósitos en acciones, robusteciendo al Banco y debilitándolas a ellas al impedirles disponer de su dinero ahora que lo necesitan.

Si Ud. está decidido a no permitir que para fines en sí legítimos se usen medios ilegítimos, no dudo de que, antes que al alcalde de Marinaleda y su grupo, llevará Ud. a los tribunales a una serie de banqueros de cuyo nombre prefiero no acordarme para esperar a que los investigue la justicia.

O mejor: déjeme decirle que dudo mucho de que Ud. se atreva a hacer eso que sería tan justo: porque son esos Bancos quienes financian buena parte de sus campañas electorales que, tal como están, son otro medio ilegítimo que no queda justificado por el fin de ganar unas elecciones. Y, por supuesto, esto último no vale sólo para su partido sino también para otros del Estado.

Puedo equivocarme como todo ser humano. Pero siempre he tenido la impresión de que, en su partido, suelen argumentar apelando a grandes principios universales indiscutibles, pero que no se aplican al caso concreto que se discute. Y que además suelen exigir a los demás lo que no se exigen a Uds. mismos. Debo confesar que las declaraciones suyas que acabo de oír por radio, me confirman una vez más en esa impresión.

Gracias por haberme leído. Quedo de Ud. atentísimo. José Ignacio González Faus.

*José Ignacio González Faus nace en Valencia en  1935). Teólogo. Jesuita (1950) y sacerdote (1963), desde 1968 es profesor en la facultad de teología de Barcelona. Conocedor de Latinoamérica, defiende la aspiración popular a la libertad y a la justicia. Entre sus obras, cabe mencionar La humanidad nueva. Ensayo de cristología (1974), Acceso a Jesús (1979), Clamor del Reino (1982) y El proyecto hermano (1989).

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Cómo contar la crisis española hablando de Ecuador – Bonifacio Cañibano

Bonifacio Cañibano

Rafael Correa en Sevilla: “Desde que dejamos al FMI y al Banco Mundial estamos mejor que nunca” Rafael Correa llegó a la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla en olor de multitudes. Venía a contar cómo salió Ecuador de la crisis de su deuda o cómo él dijo “de la larga noche neoliberal” en la que hundieron a su país en la década de los noventa: la acción conjunta de banqueros insaciables, políticos corruptos y gobiernos ciegamente obedientes a las recetas desreguladoras del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial. Parecía que estaba describiendo lo que está pasando en España y en el sur de Europa, porque la descripción del proceso seguido era casi una calcomanía, así que para no provocar conflictos diplomáticos advirtió desde el principio de la conferencia que “no venía a dar consejos al Gobierno español de cómo salir de la crisis sino a describir lo que había pasado en su país”.

La sala de la conferencia estaba abarrotada de estudiantes y otras tres aulas más en las que se seguía su intervención por videoconferencia. Aún así, el aforo estaba desbordado. Fuera, en el campus, un montón de estudiantes que se había quedado sin sitio, estuvieron gritando durante media conferencia: “¡Que salga Correa!”.


El presidente de Ecuador fechó el origen de los problemas económicos de su país en la década de los setenta, en pleno boom petrolero. En esos años Ecuador crecía a un ritmo del 10%, más rápidamente que China en la actualidad. Entonces, cuando había exceso de liquidez, empezaron a aparecer por Quito los burócratas del FMI, del BM y de la banca internacional predicando el endeudamiento agresivo. El país comenzó a comprar compulsivamente en el exterior, de todo, y por supuesto también, carísimos paquetes de armamento.


En el 82 Ecuador ya no pudo pagar su deuda y la situación explotó. Entonces, dijo, “entró en funcionamiento la lógica financiera del FMI que prioriza por encima de todo el pago de la deuda”. Los gobiernos ecuatorianos se vieron en la necesidad de endeudarse una y otra vez para poder pagar los intereses, cada vez más altos, de una deuda que seguía creciendo. “El objetivo de la economía pasó a ser el pago de las deudas del propio estado y de los bancos, mientras la población se iba empobreciendo” añadió, mientras los estudiantes empezaban a aplaudir con fervor. “El círculo infernal en el que están ahora Grecia y Portugal”, sostuvo Correa, que no mencionó en esta ocasión a España, por educación con el país anfitrión.
En Ecuador, subrayó el Presidente, “la deuda privada interna (la de los bancos) se pagó a base de préstamos externos, pero a costa de endeudarse el Estado”. Tampoco en esta ocasión habló de España, pero recordó que hace dos años en una visita a Portugal ya advirtió al gobierno luso del riesgo de que eso mismo ocurriera en el país vecino. Vaticinio cumplido.


El siguiente paso que dio Ecuador también es conocido en estos lares: “Fue el de las privatizaciones, las desregulaciones y los recortes sociales, predicados por el consenso de Washington, la biblia del neoliberalismo para América Latina”. (Algo similar a lo que ahora predica Berlín o Bruselas). “Nos impusieron leyes”, dijo el presidente, “que decían que impulsaban la competitividad y la flexibilidad en el trabajo, lo que es lo mismo que explotar a los trabajadores”, aclaró a unos estudiantes que seguían aumentando aplausos y entusiasmo. “Satanizaban el gasto público, cuando era para pagar a los maestros, pero no para comprar armas”, volvió a aclarar.


En esta coyuntura llegó Ecuador al año 2000 en el que quebraron 16 bancos. “Entonces los políticos, que no representaban a los ciudadanos, sino a los poderes económicos, hicieron todo lo posible para que la crisis la pagara el pueblo”, dijo cuidándose mucho de no mencionar a España, mientras las cuatro salas aplaudían a rabiar. Correa señaló que poco antes de la quiebra el gobierno de turno puso en marcha un Fondo de Garantía de Depósitos, lo que no hubiera sido una mala idea, si no hubiera tenido como objetivo cubrir las pérdidas de las entidades financieras que quebraron inmediatamente después. “Así se socializaron las pérdidas de la banca”. El presidente ecuatoriano se mantuvo firme en su línea de no hacer comparaciones con España.


El “corralito” ecuatoriano se llamó encautamiento de depósitos. Es decir, la prohibición del Gobierno de que los ciudadanos utilizasen el dinero que tenían en los bancos. Luego llegó la dolarización, los suicidios (“llegamos a conocer un nuevo fenómeno, el suicidio infantil”) y la emigración de millones de ecuatorianos. (Algunos de los cuales estaban presentes en la conferencia).


Correa criticó abiertamente la independencia del Banco Central Europeo “que no está haciendo lo necesario para que Europa salga de la crisis”. “La idea de que la economía no es política, dijo, no resiste un análisis serio y es una estupidez argumentar que los tecnócratas que la dirigen toman decisiones sin intereses políticos concretos, como si fueran seres celestiales que no están contaminados por la maldad terrenal”. A estas alturas el público estaba entregado. Luego se dirigió a los estudiantes y les espetó: “La burocracia financiera internacional cuando tomas decisiones no está pensando en solucionar vuestro paro, está pensando en el pago de la deuda”. Y lo dijo con la elegancia de poner cómo sujeto de esa acción a la burocracia internacional… no a los políticos locales.


Fue más directo al evocar una pancarta que había visto en Sevilla esta mañana y que decía: “Gente sin casas y casas sin gente”. “Si se sigue la lógica de los poderes financieros se va a llegar al peor de los mundos posibles, en el que las personas no tienen casas y los bancos casas que no necesitan”. Los desahucios son inhumanos, dijo, y “no tiene lógica que alguien que devuelva la casa, por no poder pagarla, permanezca endeudado de por vida”.  El presidente explicó que cuando llegó al Gobierno en el 2007 tomó varias medidas inmediatas: eliminó la hegemonía de su banco central, auditó y reestructuró la deuda, eliminando el tramo de “deuda ilegítima” y recomprando bonos a un 35% de su valor nominal. Después pagó el resto, “para librarse de la condicionalidad del FMI cómo hizo Brasil o Venezuela”. Correa terminó recordando que “expulsé de Quito a la misión del Banco Mundial y hace seis años que la burocracia financiera internacional no ha vuelto por mi país. Ahora estamos mejor que nunca”.

*Bonifacio Cañibano  colabora habitualmente en El Plural.com

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Hipotecas: el espíritu de la ley – José Luís Martín Palacín

José Luís Martín Palacín

Para la interpretación última de la letra de las leyes, siempre se echó mano del “el espíritu del legislador”: el objetivo de la ley. En el caso de la inaplazable revisión de la Ley hipotecaria, en lugar de establecer unas insalvables barricadas con la casuística del pasado, conviene simplificar al máximo los objetivos, y adaptar a éstos las normas a establecer.

Siempre hubo tres reglas básicas para el estudio de los préstamos hipotecarios: que la tasación sea fiable, que el monto del préstamo no supere el 80% del valor de tasación del bien hipotecado, y que el prestatario tenga medios suficientes para devolver en mensualidades el préstamo. Cualquier otra adherencia es un “tuneo” que se practica a los usos y costumbres, encaminado a “vestir el santo” para que cuele en la feria. El tuneo realizado por los especuladores que inventaron la burbuja inmobiliario-financiera.

Que nuestros legisladores se atengan a esas tres sencillas reglas para redactar la ley. Y que se olviden de los cantos de sirena de bancos y marrulleros: que si no se podrán dar hipotecas, que si se hundirá el sector inmobiliario (ya lo hundieron unos y otros haciendo lo contrario), y que si se genera una ruina con un “mal ejemplo” para las hipotecas existentes. Para la casuística hay una solución sencilla: ley clara, rotunda y escueta; y todas las disposiciones transitorias que sean precisas, siempre que tengan suficiente justificación.

Por tanto, una ley que penalice las tasaciones fraudulentas; que regule claramente que la cuantía del préstamo no supere el 80% del valor del bien; y que no permita acciones suplementarias que sustituyan la insolvencia mensual del tomador del préstamo. Y que, a la hora de que el banco establezca el plazo de devolución, se atenga obligatoriamente a no generar un insalvable desfase entre los plazos de devolución de sus pasivos y los de amortización de sus activos.

Así, cuando un cliente no pueda seguir devolviendo la hipoteca, le bastará con responder con el bien hipotecado; y eso sí, permitiendo un cálculo equilibrado del principal del préstamo que lleva devuelto y de los intereses que ha pagado. De modo que lo que se llama “dación en pago” puede resultar incluso excesivo, pues hay que intentar un resultado equitativo de la operación, evitando que se convierta en un usurero acto de expolio. Imaginemos alguien que al décimo año, sobre un plazo de quince, no puede seguir pagando: se supone que ha canceló los intereses proporcionales del total del préstamo referido a quince años, y que ha devuelto una parte del principal, y habrá que descontarla del monto del préstamo. Como, además, habrá pagado de entrada el 20% de su valor, la liquidación no tiene por qué dejarlo en la ruina total.

Si se introdujo un aval, se supone que no fue para responder del valor del bien, que ya ha de estar suficientemente avalado por el diferencial del 20% de la tasación: sino para garantizar que el prestatario va a poder devolver el préstamo. Llegado al extremo  de que –siempre por razones justificables- haya de devolver el bien hipotecado, tal devolución es lógico que redima el aval: de lo contrario es exigir que se pague dos veces una deuda.

Si la tasación es ley, y existe el margen del 20%, se evitan los trapicheos que se esconden en el proceso de las subastas, en las que siempre –mire usted por dónde, como en el juego- termina perdiendo el cliente frente a la banca.

Después vienen las transitorias. La adecuación de la realidad actual a la nueva ley, partiendo de revisar la tasación de los bienes hipotecados. Si hay tasación fraudulenta, habrá que exigir responsabilidades al tasador y al que, con más conocimiento de causa, haya inflado el valor del bien: en esa cadena de responsabilidades, el que ocupará siempre el último lugar será el comprador, ya que se supone que el ciudadano normal no domina las leyes de un mercado al que accede de manera puntual. En los primeros eslabones aparecerían el propio banco, el promotor inmobiliario, el registrador de la propiedad, y todos aquellos que están familiarizados en el manejo del mercado.

Esos criterios serán suficientes para analizar cada contrato, y para determinar cuáles han tenido el carácter de abusivos e incluso cuáles han sido fraudulentos. Porque ¿qué será de una sociedad en la que el que la ha hecho se vaya sin pagarla?

Recientemente, y refiriéndose a este asunto, un dirigente bancario se atrevió a decir que “las deudas son sagradas”. Y es cierto. Pero la primera deuda es la contraída por el engaño y el fraude en la manipulación del valor de un bien, en la exigencia de avales abusivos y en el establecimiento de unas condiciones leoninas, que lo que están logrando –para no arruinar a los bancos que hicieron el desaguisado– es arruinar económica, social y moralmente a toda una sociedad.

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A xestión da crise é como a do Prestige – José Luis Gómez

Agora que se celebra o xuízo polo Prestige, dez anos logo daquela tremenda catástrofe, un experimentado mariño mercante dixo que se lle poden dar moitas voltas ás cousas pero que cando a alguén se lle rompe unha botella de aceite na cociña non se vai con ela ao salón, senón que procura depositala inmediatamente no lavadoiro, para minimizar os danos. Do mesmo xeito, razoa que se levasen o Prestige a unha praia, esta resultaría moi danada pero non todas as costas de Galicia e doutras comunidades de España, e ata de Francia e Portugal. O seu razoamento non se detén aí, ao concluír coa impresión de que o país xestiónase agora igual que se xestionou a crise do Prestige, casualmente co mesmo protagonista á fronte: Mariano Rajoy. E cal sería a praia no caso da crise? Todo parece indicar que sería o rescate ou a saída do euro, xa que a solución alternativa -unha axuda alemá- parece pouco probable, aínda que talvez non haxa que descartala no último segundo. «É intentando o imposible -escribiu o novelista francés Henri Barbuse- como se realiza o posible».

Di un importante economista xermano, que coñece ben España, que nesta saída da crise tampouco hai que esquecer que o euro é a moeda de Alemaña e que esta, máis tarde ou máis cedo, ten que asumir a defensa da súa propia moeda, á que non pode deixar caer. Pero o problema, para España, é que unha saída polas alturas pode chegarlle xa tarde. A súa economía precisa diñeiro xa e tropeza con que Alemaña non acepta darlle á máquina dos billetes, como fai EE UU, porque Berlín non quere asumir a inflación resultante. O Goberno de Merkel, que a finais do ano que vén ten eleccións, nin sequera abandera políticas de crecemento na súa propia casa, de forma que puidese contribuír a tirar de países como España. Tan pouco marxe hai que a economía da zona euro entrou en recesión no terceiro trimestre de 2012, mentres que o conxunto dos Vinte e sete apenas crece. Pero algo ten que pasar. O mundo non se vai a afundir aos pés de España. E se se quere saír desta, pódese. Bastaría que os países triplo A (Alemaña, Finlandia, Holanda e Austria) asumisen que os que están ao bordo do precipicio financeiro (Italia, España, Portugal e Grecia) tamén son Europa, porque só os poderosos poden ser xenerosos.

A semana pasada o país foise á folga. Pouco importa se foi un pouco máis ou un pouco menos que outras veces. A xente saíu á rúa en busca de solucións. Hai desesperación. Moita. Cada vez máis. Segundo o Premio Nobel Paul Krugman, «os manifestantes teñen razón». Os cidadáns de Grecia e España protestan contra uns sacrificios que só pospón o inevitable. O tamén profesor de Princeton cre que impor máis austeridade «non vai servir de nada». E os primeiros datos aválanlle: a pesar dos recortes torpemente aplicados en sanidade, educación e infraestruturas, o déficit non descende. Estas protestas son só o principio, como tamén contei en La Región. Os sociólogos explican que o «silencio das vítimas» acabarase en breve. As sociedades poden resistir depreciacións internas sempre que vexan un horizonte de saída; pola contra, o balbordo está asegurado, prognostica o analista Claudi Pérez. E poida que non lle falte razón. Algo así pasou co Prestige por non arrastralo cara a unha praia.

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A saída para os desafiuzamentos é evitar os despedimentos – José Luis Gómez

José Luis Gómez

O problema social e económico dos desafiuzamentos está que arde. Decenas de persoas, entre elas o lehendakari, deron o seu último adeus á muller de Barakaldo que preferiu suicidarse antes de ser desafiuzada; os xuíces encabezaron a loita contra a lexislación hipotecaria e aliáronse para paliar os efectos da crise nos máis débiles, ata o punto de aplicar fórmulas extraordinarias para aliviar os abusos de bancos, e o Goberno decidiu, tras negociar co PSOE, que as familias pobres e con bebés poderán evitar o desafiuzamento durante dous anos, para o que aprobou un decreto lei de urxencia que fixa o limiar de renda para evitar o desaloxo en 19.200 euros, e inclúe outros colectivos vulnerables. Pero o Executivo descarta a dación en pago, establecer un límite para os intereses de demora e unha reforma da lei hipotecaria.

Pero agora que Mariano Rajoy quere paralizar e deixar en suspenso os desafiuzamentos ás familias máis vulnerables, para impedir que os bancos recuperen as garantías e o diñeiro prestado, non estaría mal recordar a verdadeira orixe do problema: os despedimentos e os eres. Xa que logo, a solución definitiva non é facer un decreto, senón evitar que moitas persoas perdan a súa casa porque alguén previamente despediunas e non teñen ingresos para afrontar o pago da súa hipoteca, xa que, loxicamente, primeiro está a necesidade para comer e logo a de pagar a hipoteca.

O asunto é certamente complexo e denota a debilidade do propio mercado hipotecario español, xa que na inmensa maioría dos casos de desafiuzamento, o propietario hipotecante non devolveu nin un 10% do que o banco lle prestara para comprar a casa, un claro síntoma da falta de recursos para afrontar operacións inmobiliarias de certo calado. Pero iso non debe impedir que, efectivamente, se póida superar por unha vía de urxencia o problemón dos desafiuzamentos. De feito, hai bancos que xa converten posibles desafiuzamentos en dación de pago e aluguer social para que as familias afectadas continúen nas súas vivendas, porque os bancos tampouco teñen moito interese en adquirir máis activos que logo terán que malvender. Pero o dito: o mellor camiño para suprimir os desafiuzamentos é evitar os despedimentos.

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A remolque dos acontecementos – Xosé A. Gaciño

Mal está que os cidadáns (supoño que non todos, pero si a gran maioría) non souberamos que aínda nos rexemos por unha lei hipotecaria de hai máis dun século, ou que nos decatásemos hai uns días, a raíz dun espantoso crime, de que a idade mínima para ter relacións sexuais consentidas está nos trece anos en España, ou que un dos máis importantes recintos de Madrid dedicados a espectáculos de masas non cumpre coas ordenanzas municipais de seguridade, pese a ser un edificio municipal (onde catro mozas atoparon a morte literalmente esmagadas nunha festa de Halloween). Mal está que a gran maioría dos cidadáns non esteamos ao tanto de detalles legais, ou da súa falta interesada de aplicación, que poden afectarnos directamente nun momento determinado.

O peor é que da a impresión de que os gobernantes están no mesmo nivel de ignorancia ou de indiferenza, por non entrar na acusación directa de neglixencia ou de prevaricación para o que xa se sabe que fan falta probas. Como fixo falta que se producisen varias mortes, con repercusión social e mediática, para que os gobernantes accedesen, polo menos, a prestar atención a problemas que estaban á vista de todos e que mesmo, en moitos casos, foran denunciados por cidadáns sensíbeis ou por técnicos responsábeis. Van a remolque dos acontecementos, por moi previsíbeis que resulten (algúns tan escandalosamente previsíbeis como a famosa burbulla inmobiliaria, por exemplo), e non arranxan (ou aparentan arranxar) unha estrada, un semáforo, un código penal ou unha lei hipotecaria se non hai mortos polo medio.


Non é cuestión de reivindicar o modelo de “salvador da patria”, que presume de ir diante do pobo, guiándoo, aparentemente para satisfacer os seus desexos colectivos, que, en realidade, son previamente manipulados para que coincidan cos intereses que realmente se pretenden salvar. Pero tampouco este modelo seguidista, que, nas grandes cuestións,  se dedica a garantir os grandes intereses financeiros, e, nas demais, consulta o xusto as sondaxes de opinión para ter unha idea das principais preocupacións cidadás e atendelas cando o sangue pode chegar ao río ou, nos casos de maior ineptitude, cando o río xa empeza a ensanguentarse (e quen di río, di mar, e petróleo en vez de sangue, que estamos estes días a someter a xuízo unha parte das irresponsabilidades do caso Prestixe).


Resulta curioso, neste sentido, analizar determinados comportamentos de gobernantes en función dos seus compromisos electorais. Camuflan ou atrasan medidas impopulares para non restarse votos, practicando unha dobre fraude: a de ocultar as súas verdadeiras intencións e a de aparentar que lles importa a opinión cidadá. No panorama europeo, ademais, o cruce de intereses electorais enfrontados entre os gobernantes dos países máis ricos e os dos países menos ricos ten como resultado o actual bloqueo na toma de decisións, porque ningún dos que aspiran a ser elixidos explican as súas verdadeiras propostas con claridade e franqueza.


Haberá que esperar mortos nas prazas públicas para que se abrande a ríxida disciplina da austeridade ou, polo menos, para que os recortes se distribúan cun mínimo de equilibrio?

Publicado en AUTORES, Xosé Antonio Gaciño | Deja un comentario