Entrevista a Susan George – Presidenta de honor de ATTAC.

Susan George

Decir de Susan George que es una activista y pensadora es empequeñecer la figura de esta combativa estadounidense de 78 anos afincada en Paris. Ejerce como presidenta de honor de ATTAC, la Asociación para la Tasación de las Transacciones Financieras y la Ayuda a la Ciudadanía. Y su ensayo El Informe Lugano, en el que imagina un terrorífico escenario ecológico, económico, laboral y social hacia el que abocaba el capitalismo del siglo XXI constituye una Biblia para los movimientos sociales y el anticapitalismo. “La democracia esta en peligro ante el ataque de la clase de Davos: una clase transnacional desvinculada de la suerte del resto de la sociedad y compuesta por las altas finanzas, las empresas transnacionales y algunos gobiernos que consideran que la democracia es demasiado lenta”.

Usted denuncia el «austericidio» de Europa.

Es que la actual política de austeridad, en particular en Grecia y España, es inaceptable. Es inaceptable que la mitad de jóvenes españoles no tenga trabajo. ¿Para quien se gobierna? Porque esa es la gran cuestión en democracia. Las constituciones de Estados Unidos, Francia —y me imagino que también la de España— subrayan que el pueblo es soberano. Pero con este principio de austeridad aprobado por Europa, ¿se gobierna para la gente o para los mercados financieros?

Cree entonces que el pueblo ya no es soberano…

El pueblo esta deviniendo cada vez menos soberano. Y con el Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza de la UE se esta robando no solo el poder a los ciudadanos,
sino también a los representantes de los ciudadanos. Por tanto, ni tenemos democracia directa, ni democracia representativa.

Pero apenas reaccionamos…

Esta el frente de los indignados y algunos huelguistas. Pero la última huelga en España no ha tenido un éxito regular. Y pienso que es porque la gente tiene miedo de perder su trabajo. Yo comprendo ese miedo, porque el miedo es la disciplina de una sociedad capitalista, que usa el miedo individual para disciplinar y calmar la población con el objetivo de que acepte lo que le digan. De hecho, creo que los griegos y los españoles son como ratas de laboratorio para ver que nivel de castigo y sufrimiento puede ser aceptado por esta sociedad sin que la gente se rebele. Eso puede alentar al fascismo.

¿Considera que la extrema derecha saldrá reforzada?

Es el paradigma clásico que ya vimos en los anos 20 y 30: el poder de la extrema derecha. Pienso que es normal. ¿Hacia donde se volverán las personas sin formación? Miraran al vecino, al inmigrante que tienen al lado… Desgraciadamente, es una reacción que ya hemos visto y para la que hemos de estar preparados.

Con la crisis, la población española ha redoblado sus críticas contra los sueldos y privilegios de los políticos.

¿Eso es desviar la atención de lo importante?

!Pero si son los banqueros a los que deberían criticar! La actual crisis es la continuación de lo que ocurrió en 2007-2008 por culpa de los banqueros y, en España, de la burbuja inmobiliaria, que al final también era culpa de los bancos  por dar prestamos imprudentes y alimentar esta burbuja. Sin embargo, cuando estallo la burbuja, fue el Estado el que asumió la deuda privada. La deuda publica de España  era muy moderada cuando estallo la crisis. Sin déficit y con el 5% de deuda publica, cuando se permitía tener hasta el 60%   !Estabais perfectos, mejor que Alemania! Pero el Estado cargó con la deuda de los bancos. Y ha gastado muchísimo dinero para capitalizar y salvar los mismos bancos que habían causado el problema. Por eso la deuda publica aumento muy rápidamente. Es una respuesta muy larga a la pregunta, pero no es el coche oficial de los políticos lo importante, sino que el Estado gobierna para los mercados financieros y no para el pueblo. Se ha castigado a los inocentes y los culpables han sido recompensados.

¿Y, ante ello, qué pueden hacer los ciudadanos españoles?

Unirse. Unirse los estudiantes, los parados, los jubilados, los trabajadores, los sindicalistas, los agricultores…Todo el mundo ha de unirse contra esta realidad. Porque la clase de Davos, que es la que gobierna por ellos, esta muy unida.

En Pakistán, una niña que quería estudiar ha sido víctima de un atentado que casi le arranca la vida. ¿El mundo está loco?

No, el mundo no esta loco. El mundo musulmán de los talibanes es sexista, machista y tiene un miedo terrible a la mujer, a la sexualidad de la mujer y al poder de la mujer. Y cuando ellos tienen el poder, lo utilizan para oprimir a las mujeres. Puede llamársele locura, pero responde al interés de los hombres por coartar la sexualidad femenina.

Si Karl Marx resucitara y viera esta Europa, ¿qué pensaría?

El pensaría que la guerra de clases esta acabando y que los ricos la están ganando. De eso trata mi próximo libro, que publicara Planeta en España en febrero y que se titulara
El Informe Lugano 2. Como ganarla guerra de clases. El subtitulo procede de una frase de Warren Buffet, la tercera fortuna del mundo, que escribió: “Hay una guerra de clases, pero es mi clase, la de los ricos, la que esta haciendo la guerra, y la estamos ganando”..

Es cierto.

!Claro! Y por eso hay que unirse y no dejarse perder. Porque en juego esta la democracia y todo lo que hemos hecho desde el siglo XVIII. Todo aquello que los europeos hemos hecho desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Todo lo que los españoles han hecho desde el final del franquismo.

*Entrevista realizada por Paco Cerdá en el periódico LEVANTE de Valencia.

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Construir la Europa política o morir – Bernard-Henri Lévy

Bernard-Henri Lévy

Si Europa no se transforma en una entidad política, el euro desaparecerá. Esta desaparición puede cobrar muchas formas y dar diferentes rodeos. Puede ser una explosión, una implosión, una muerte lenta, una disolución, una división. Puede llevar dos, tres, cinco o 10 años, y venir precedida de numerosas remisiones que, cada vez, nos harán pensar que lo peor ha quedado atrás. El acontecimiento desencadenante podrá ser el derrumbamiento de una Grecia acogotada por unos planes de austeridad imposibles de cumplir e insoportables para el pueblo o un golpe de efecto como el del tribunal de Karlsruhe, que rechaza el riesgo ilimitado al que se vería expuesta Alemania en caso de impago por parte de un Estado miembro.

Pero desaparecerá. Si algo no cambia, desaparecerá antes o después. Ya no es una hipótesis, un vago temor, un capote rojo agitado ante los europeístas recalcitrantes. Es una certeza. Y esta certeza no se deduce solo de la lógica (del absurdo de esa quimera que sería, si todo siguiera como hasta ahora, una moneda única abstracta, como fluctuante, ya que no se apoya en economías, recursos ni fiscalidades comunes), sino de la historia (todas las situaciones de los dos últimos siglos que recuerdan a la crisis que estamos viviendo).


Pues el euro no es el primer experimento de moneda única que lleva a cabo Occidente. Ha habido al menos otros seis, y su crónica es rica en enseñanzas, por mucho que, como siempre, las situaciones no sean comparables. Dos de ellos fracasaron notoriamente, y fracasaron por culpa de los egoísmos nacionales combinados con las desigualdades de desarrollo entre unos países que, sin unirse, no podían hablar el mismo lenguaje monetario (en el primer caso, el episodio clave fue de hecho el impago de… ¡Grecia!). Me refiero a dos aventuras hoy olvidadas: la Unión Monetaria Latina (1865-1927) y la Unión Monetaria Escandinava (1873-1914). Otros dos triunfaron bastante rápida y claramente —y si lo hicieron fue, en ambos casos, porque el proceso de unificación monetaria vino acompañado por una unificación política. Me refiero, por una parte, al nacimiento del franco suizo, que, en 1848, fecha de la promulgación de la Constitución que dio origen a la Confederación Helvética, y tras medio siglo de palos de ciego ocasionados por la negativa a pagar el precio político de la unión económica, reemplazó a las diferentes monedas acuñadas hasta entonces por las ciudades, cantones y territorios. El otro fue la victoria de la lira, que, en el momento de la Unificación italiana, se impuso a una miríada de monedas indexadas unas veces a las de los Estados alemanes, otras al franco, otras a unas antiguas tradiciones ducales o republicanas (y aun así, ¡qué alto precio por este triunfo! En particular, en el sur, ¡cuántos dramas, cuántas antiguas estructuras pulverizadas, microsociedades disgregadas, pueblos enteros abocados a la emigración hacia el norte, cuando no hacia Francia o hacia América!).


Pues el euro no es el primer experimento de moneda única que lleva a cabo Occidente. Ha habido al menos otros seis


Los dos últimos experimentos, marcados por la incertidumbre y los reculones, estuvieron a punto de fracasar, pero terminaron triunfando; después de mil crisis, retrocesos y derogaciones temporales, los dos dieron lugar a una moneda verdaderamente única, gracias a unos dirigentes valientes que comprendieron que una moneda solo existe si está respaldada por un presupuesto, una fiscalidad, un régimen de asignación de recursos, un derecho laboral, unas reglas del juego social, en resumen, unas políticas realmente mutualizadas. Es la historia del nuevo marco, que, casi 40 años después del Zollverein, se materializaba contra los florines, los táleros, los kronentállers y otros marcos de las ciudades hanseáticas. Y es también la historia del dólar, que, aunque tendemos a olvidarlo, tardó 120 años en imponerse y, de hecho, solo lo hizo cuando se consintió en federalizar la deuda de los Estados miembros de la Unión.


El teorema es inexorable. Sin federación, no hay moneda única. Sin unidad política, la moneda sobrevive algunas décadas y, luego, una guerra o una crisis se la lleva por delante. En otras palabras, sin el progreso de esa integración política cuya obligatoriedad recogen todos los tratados europeos pero que ningún responsable, ni en Francia ni en Alemania, parece querer tomarse en serio; sin una cesión de competencias por parte de los Estados nacionales y, por tanto, sin una clara derrota de esos “soberanistas” que, en realidad, empujan a los pueblos al retroceso y a la debacle, el euro se desintegrará como se habría desintegrado el dólar si los sudistas hubieran ganado la Guerra de Secesión.


Antaño, se decía: socialismo o barbarie. Hoy, hay que decir: unión política o barbarie. Mejor aún: federalismo o fragmentación y, después de la fragmentación, regresión social, precariedad, aumento del paro, miseria. Mejor aún: o Europa da un paso más, o avanza hacia esa integración política sin la cual ninguna moneda común ha conseguido durar nunca, o se hace a un lado de la historia y se hunde en el caos.Ya no tenemos elección: la unión política o la muerte.


Todo lo demás —ensalmos de los unos, pequeñas componendas de los otros, fondos de solidaridad por aquí, bancos de estabilización por allá— no hace sino retrasar lo inevitable y alimentar en el moribundo la ilusión de un aplazamiento de la condena.

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14-N Es la hora de la desobediencia – Juan A. Campos Malaxechevarria

Es la hora de la contestación ciudadana. El día 14 de noviembre es el momento de dar una bofetada en toda la boca a los poderes financieros y políticos de Europa y marcar ya de una vez la posición ciudadana contra toda esta horda de trileros y sinvergüenzas  instalados en las instituciones financieras y políticas de todo el continente.

A todas luces una jornada de huelga general se quedara corta y lo que la situación actual requiere sería  la declaración de una huelga general indefinida que paralice todo. ¿Qué insensatez verdad? Cuantos dineros perdidos por las empresas y empresarios… ¿Pero que tienen que perder los que nada tienen? A la gente que no le queda nada ya, salvo la dignidad y la rabia por luchar contra la injusticia a la  que esta siendo sometida, a estos “insensatos” no le suena tan descabellado una huelga general indefinida.

Ya es hora de dejar los discursos academicistas, las explicaciones a la crisis y las disertaciones  sesudas de por que hemos llegado a este punto. La gente de la calle ya esta harta de tanta palabra vacía  que apenas merece ó que no tiene más recorrido que una lectura rápida en una web o un periódico. Es el momento de dar un paso y ser desobedientes con el sistema que nos ha hecho antisistemas… por que nos están dejando fuera de el… Es el momento de organizarse y dar una respuesta colectiva y desobediente a la injusticia con la que nos tratan. Por eso el día 14 de noviembre todos aquellos a los que el sistema golpea , debemos responder y devolver el golpe, salir de forma rotunda y unida y decirles a estos pseudo-gobernantes que ya esta bien, que el tiempo y la paciencia se terminan y que esto o cambia o lo cambiamos.

Para ilustrar un poco el sentimiento que recorre la calle me referiré a una canción publicada  en el año 2002 por un grupo musical español llamado SKA-P, “El vals del obrero”. Su letra que bien puede reflejar en sus estrofas la situación actual. Su audición  es un llamamiento claro para recordar que es el momento de Resistir y Desobedecer…

 

 

 

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Diez días clave: del 14-N al 25-N – Joan Coscubiela

Joan Coscubiela i Conesa

Hemos entrado en diez días clave para el futuro de Catalunya, España y Europa. Este miércoles está convocada la primera movilización europea, que en muchos países tendrá forma de huelga general. La simple convocatoria pone de manifiesto que el sindicalismo europeo, la CES, es muy consciente de la necesidad de afrontar la crisis a nivel global.

Cada vez es más evidente que entre las causas profundas de la crisis encontramos la gran desigualdad social generada en los últimos años. Una desigualdad que tiene su origen en el desequilibrio entre el poder económico global y una política y organizaciones sociales locales, con menos fuerza para ejercer de contrapoderes sociales y políticos en los mercados globales.

La gran batalla de la ciudadanía europea en los próximos años pasa por recuperar la soberanía frente a los mercados financieros globales. El pacto del Gobierno Zapatero con el PP para modificar el artículo 135 de la Constitución española de manera urgente, sin consulta ni debate, es la imagen gráfica de la sumisión de la política y las instituciones democráticas al poder de los mercados financieros. Una soberanía que ya no será como hace 150 años en el terreno exclusivo de los estados nación.

Una soberanía más compartida que exclusiva que requiere afianzar también la identidad de ciudadanía europea, sin negar otras identidades más cercanas y consolidadas. Se equivoca quien piense en un siglo XXI de identidades exclusivas y no compartidas. Y se equivoca o miente quien olvida que la batalla por la soberanía en el siglo XXI es la batalla de la ciudadanía contra los mercados.

La convocatoria de huelga general es también la evidencia de que, pese a las dificultades, el sindicalismo es todavía la organización social que más capacidad de resistencia está ofreciendo a las políticas de ajuste y austeridad salvaje y suicida. Lo destaca, en una reciente entrevista, el historiador Josep Fontana y también lo declara asiduamente el sociólogo Manuel Castells.

El 14-N es más que una huelga laboral. Ha sido convocada por la Cumbre Social, que agrupa más de 200 entidades sociales y volverá a ser el punto de encuentro del sindicalismo con plataformas y organizaciones diversas, agrupadas alrededor del 15-M. Algunas, como la Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH), que ha sido y es clave en la movilización contra los desahucios.

En estos dos años se han producido procesos de confluencia entre organizaciones y movimientos que hasta ahora tenían muchas reservas recíprocas. Y cada vez se hace más evidente la confluencia en objetivos comunes. Quizá los más destacados, sean la exigencia de un cambio radical en la orientación de las políticas económicas de los gobiernos y de la ‘troika’ (BCE, FMI y Comisión Europea) para salir del círculo vicioso de recortes, desigualdad, recesión, recortes.

Otro elemento de fuerza confluencia es la exigencia de un proceso constituyente que permita a las generaciones más jóvenes poder decidir el espacio y las formas de convivencia de las cuales se quieren dotar. Sobre la transición y el pacto constitucional hay varias opiniones, pero parece evidente el cansancio de materiales que hoy afectan al pacto constitucional de la transición y que la crisis ha agravado y acelerado. Un agotamiento que requiere cambios en los terrenos de la radicalidad democrática, de la democracia socioeconómica y del modelo de Estado.

Todo apunta a que la huelga general del 14-N tiene un elevado grado de comprensión y complicidad por parte de la ciudadanía, que el miércoles se visualizará en forma de huelga en los centros de trabajo, pero que tendrá también formas de expresión ciudadana varias calles de ciudades y pueblos.

En Catalunya las circunstancias han querido que la huelga general coincida en el tiempo con la celebración de las elecciones autonómicas del 25-N. Unas elecciones que Artur Mas ha querido convertir en un plebiscito personal, en el que pretende obtener mayoría absoluta que le sirva como cheque en blanco para continuar con sus políticas. Una política que en el terreno económico, fiscal y ambiental es la misma que practica Rajoy en España –por eso la ha votado mayoritariamente– y Merkel quiere imponer en toda Europa. Lo que Mas, Rajoy, CiU y PP –‘tanto monta, monta tanto’– pretenden conseguir es que las elecciones del 25-N giren solo alrededor de este plebiscito. Por eso trasladan a la ciudadanía la idea de votar ‘sí’ o ‘no’, en un espectacular fraude electoral. Mas y Rajoy también quieren que cuando los ciudadanos voten, lo hagan bajo la afectación de una pérdida total de memoria que les haga olvidar las políticas que han compartido CiU y PP en el Parlament y PP y CiU en el Congreso y el Senado.

Pero por encima de todo pretenden que la ciudadanía no relacione los objetivos de la huelga general del 14-N y las movilizaciones sociales de estos años con el ejercicio del voto democrático. Por eso, quizás, el silencio y la negación que los medios de comunicación cercanos a CiU y PP han impuesto sobre la huelga general. Un silencio que contrasta con la hiperactividad comunicativa que han tenido algunos medios, privados y también públicos, cuando se ha tratado de apoyar movilizaciones que interesaban a los intereses de CiU o PP.

Es muy importante, pues, que el 14-N la ciudadanía participe activamente en la huelga general y también muy importante que el día 25-N la ciudadanía de Catalunya lleve a las urnas la opinión que antes ha manifestado en las diferentes movilizaciones.

El 14-N y el 25-N están más relacionados de lo que el poder económico y político en Catalunya y España pretenden. Es importante que la ciudadanía lo tenga presente.

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El peligro chino – Carlos Rodríguez Braun

Carlos Rodríguez Braun

En numerosas páginas antiliberales, de derechas e izquierdas, se ha difundido un texto de Luciano Pires, columnista brasileño, que advierte que China va a dominar la economía mundial.

Se trata de una nueva pero siempre absurda versión del más antiguo miedo económico: el miedo a las mercancías baratas. Pires reúne todos los tópicos. Empieza hablando de la «esclavitud amarilla»: los trabajadores chinos trabajan incluso «horas extras a cambio de nada». Con esos salarios bajísimos, los chinos acabarán apoderándose del planeta, con la suicida complicidad de quienes les compran desde otros países, desmantelando sus fábricas y generando así «una brutal desocupación». Es verdad que ganan dinero, pero solo «en el corto plazo». En el largo plazo China fabricará todo, y entonces será cuando el dragón oriental subirá los precios, y no podremos hacer nada por evitarlo. Por lo tanto, hay que actuar ahora, antes de la catástrofe. ¿Qué hacer? Pues la recomendación es evidente: «Comience ya a comprar productos de fabricación nacional, fomentando el empleo en su país, por la supervivencia de su amigo, de su vecino, y hasta de usted mismo… y sus descendientes».


Supongamos por un momento que el fundamento de esta argumentación, los bajos salarios chinos, es correcto. Incluso aunque los salarios chinos fueran bajos, el razonamiento de Pires seguiría siendo falaz, porque comprar productos baratos no es malo para la economía y desde luego no genera paro, sino más bien al contrario: el paro se debe al intervencionismo que aumenta artificialmente los costes. Las mercancías baratas sólo dañan a quien las produce más caras, pero no al conjunto de la población.


Aún más desatinada es la idea de que alguien puede producir todas las cosas. Si esto fuera así, por cierto, sería un paraíso, porque significaría que los demás tendríamos el dinero para comprarlas, porque no iban a ser producidas para no ser vendidas. Tampoco tiene sentido pensar que si un oferente llega a concentrar toda la oferta de algo, a continuación puede subir sus precios ilimitada e impunemente. Es obvio que cuando lo hiciera aparecerían oferentes competitivos que le irían quitando mercado.


Y por fin, la compra de productos nacionales es algo que las personas naturalmente hacen, siempre que las condiciones sean competitivas. Y si no, no. Y no es malo que no lo hagan, al contrario, favorece a los consumidores y en última instancia también a los empresarios, porque les va indicando qué actividades deben dejar de acometer porque no lo hacen bien. Comprar siempre productos locales, en todas las circunstancias y por mala que sea su relación calidad/precio, sólo conviene a corto plazo a sus ineficientes productores, pero perjudica a la mayoría de la población y eventualmente incluso a esos fabricantes no competitivos. La peor alternativa es la que Luciano Pires no pide explícitamente pero que está sugerida en su argumentación, a saber, que el Estado fuerce a los ciudadanos a comprar productos nacionales caros, lo deseen ellos o no.


Ahora reconsideremos el supuesto de partida: los chinos pobres y esclavos ganando sueldos de miseria, etc. Este supuesto dato a veces viene acompañado de una hipócrita preocupación por la pobreza en el mundo, y con argumentos del estilo: «Para favorecer a los trabajadores chinos… no les compremos los productos buenos y baratos que producen», como si semejante acción de alguna forma beneficiara a los pobres de la Tierra. Pero no es un dato, sino una falsedad, teórica y práctica. Si un país empieza a crecer y a ser competitivo y productivo, los salarios no podrán permanecer bajos durante mucho tiempo. Esto ha pasado en todas partes y también en China. Abordan el asunto cuatro economistas de ese país en un trabajo reciente: H. Li, L. Li, B. Wu y Y. Xiong, «The End of Cheap Chinese Labor», Journal of Economic Perspectives, otoño 2012. Los datos presentados por estos profesores son inequívocos: los salarios en China están creciendo claramente.


A ver si los antiliberales de todos los partidos se enteran: los países son competitivos en función de su productividad. Si todo dependiera de pagar salarios bajos, Haití exportaría más que Alemania.

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Camiño con difícil retorno – Antonio Campos Romay

O escenario político español é cuspido o dunha oligarquía parlamentaria e burocrática a soldo da plutocracia multinacional. A tal fin semella aplicado o sector maioritario do corpo político do pais. Efecto inmediato é o deterioro da política coa deserción dunha cidadanía frustrada diante da carencia de mecanismos para controlar eficazmente os comportamentos. Impotente ao ollar como a corrupción perpetúase nos seus territorios, sexan autonómicos ou locais. Algo grave acontece cos mecanismos democráticos cando a tolerancia ante a corrupción faise natural aceptando que afinidades ideolóxicas agochen ou minimicen a transgresión ou a arbitrariedade abocando a democracia a niveis terceiromundistas.

Os sectores conservadores, de seu insolidarios e ideolóxicamente fundamentalistas, tentan puír o seu ultraliberalismo recorrendo a un clericalismos como o que  nos anos 20 do século pasado era mecanismo doutrinario do social-catolicismo de Gil Robles…»recoñecemos o dereito de todos a vivir de acordo coa condición en que o Señor colocoulles. Consideramos ao rico como un irmán maior en Xesucristo e como tal o respectamos e amamos”. Unha groseira apoloxía do despotismo patriarcal do capital que esixe a submisión ao arbitrio do poderoso…” o irmán maior en Xesucristo”… En tanto ao ditado foráneo, con man allea, pero compartido polos intereses da oligarquía local, pódase sen pudor nin rubor o modelo social e económico.

Mentras anda niso e dereita, a socialdemocracia, esta orfá de discurso alternativo. Adicouse a implementar políticas neoliberais ás que, en orde ao seu compromiso ético e histórico suponse debía combater. Tampouco apostou por ser vangarda do federalismo dunha Europa social. Menos propiciou mudar as leis electorais para favorecer a participación cidadá. Simplemente acomodouse como dilixente testamentaria da xestión neoliberal nas institucións.

A sombra funesta de Blair e súa “Terceira Vía” aínda contamina algúnhas formacións  progresistas, impartindo a neurótica alineacion da socialdemocracia co liberalismo ata puntos de indefinible a fronteira. Unha deriva que pódese testar no esmorecemento da base social de centroesquerda e a desbandada dos seus votantes cara formacións con propostas  políticas diferentes. AGE en Galicia e a propia EU no Estado son exemplos que permiten aventurar a posibilidade dun severo troco na correlación na esquerda si non erran na súa estratexia. A socialdemocracia europea con moitos dos seus partidos inmersos nunha crise interna, non afronta axeitadamente a crise enfrascados en ollarse o embigo para atopar a súa identidade ideolóxica. Botase en falla unha  resposta en orde a un modelo social europeo que incorpore unha nova visión sobre o Estado do benestar e súa garantía de supervivencia. Froito diso son a crueza das cifras: dos 502 millóns de cidadáns da UE só 79 millóns están gobernados polos socialdemócratas.

O socialismo deuse conta de que os poderes económicos ao amparo da violencia da crise, apuran a oportunidade da eliminación das conquistas do mundo do traballo no seu devir histórico. No ameto mais próximo, o PSOE como partido, malia si mesmo, e parte integrante do mundo obreiro e de clases medias de cuxos votos nútrese. O perigo de aniquilación é unha ameaza real. Xa non abonda para supervivir ser lacaio fiel do capital e exercer unha labor letárxica das inquedanzas dos asalariados. A Internacional da especulación económico-financeira fíxolle saber que non continuará mantendo en nómina. Quinto Servilio expresouno  na coñecida frase, “Roma non paga traidores”. Pola contra, a actual conxuntura, permítelle  executar ao feudatario. Fronte da tétrica realidade a socialdemocracia tenta revoltarse como o reo que resístese a morrer. Invoca chamadas, xa case que esquecidas, a loita activa. A desgraza do PSOE como a dalguns dos seus  irmáns europeos, e que tras seus viraxes compulsivos mostra unha perigosa orfandade de vimbios e ideas que faille pouco dodado saír do seu autismo. Un estado catatónico pola perda do poder, habendo entendido este como fin e non como medio. O fito historico urxe claridade e veracidade no  que se quere facer e como. Os amagos de salón máis aló do estético, non mudan a falla de credibilidade.  En troques trasladase nitidamente a sociedade é que a perda de poder mais que concitar reflexións, esperta loitas fratricidas para apañar as migallas que aínda conservan.

A percepción da cidadanía froito da realidade cotiá é que a política converteuse nunha profesión. Que discorre por diferentes institucións, de representación e designación ate unha xubilación plácida. Algo que repugna especialmente cando os que ofrecen tal espectáculo fano desde  unha suposta posición de esquerda. Os cidadás confiaban que a socialdemocracia, o socialismo, o PSOE tivera códigos éticos distintos. E desde eles defendese o interese común que di representar. Mais fronte a unha dereita elitista, endogámica e raquítica de miras a oferta da socialdemocracia, semella  de xeito alarmante  moi parella.

Lonxe quedan unhas verbas dun mozo, secretario xeral socialista, González Márquez, (incluso para el mesmo), “O PSOE defensor sen concesións das reivindicacións da clase traballadora, cuxa total emancipación persegue, estase convertendo hoxe, como en 1931, en eixe da vida política e en boa medida en garantía da alternativa democrática”…

Os que si fican maís preto son os precarios percorridos do PSI, do PASOK,  ou do PSP….

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