Paixón fugaz na crise permanente – Xosé A. Gaciño

 Xosé A. Gaciño

Prefiro que as paixóns nacionalistas se diriman nos campos de fútbol e non nos campos de batalla, aínda que ás veces tamén os campos de fútbol se tinxan de sangue pola exacerbación dos sentimentos polas cores, nacionais ou de clubs. Pero, á fin e ao cabo, no fútbol o sangue derramado é unha excepción. Na guerra, matar ao inimigo é o normal.

Certo que preferiría que se expresase a mesma euforia cando os triunfos se producen noutros deportes menos masificados e comercializados ou, mellor –utópico soñador!–, cando os recoñecementos internacionais a un ou a varios españois se deben a unha actividade artística, social ou científica. Pero nisto, como en tantas outras cousas, rexe a lei da oferta e da demanda, que marca implacabelmente os niveis de desigualdade ate nas causas das euforias colectivas. Bastante é que unha gran maioría de españois poida compartir unha alegría máis ou menos fugaz como para aplicarlle un minucioso espírito crítico ao fenómeno.

Nesta mesma liña de relativismo comprensivo, e paixóns nacionalistas á parte (que merecen outra reflexión), non comparto os receos dos que cren que esta euforia pode ser facilmente manipulada para distraer a preocupación cidadá pola situación económica. Nas numerosas testemuñas de seareiros máis ou menos entusiastas coas que os medios audiovisuais cubriron os tempos mortos de retransmisión en retransmisión, abundaban as referencias á necesidade de ter unha alegría no medio das preocupacións abafantes, pero sen mostrar intención de esquecer as preocupacións máis alá do partido e da inmediata celebración do triunfo (a propia referencia demostrábao).

Nin sequera a coincidencia coa primeira rolda de vacacións estivais parece que vaia converter a vitoria futbolística –por moito que insistan os medios de comunicación de masas, agora máis nas mans do goberno que nunca– na variña máxica coa que facer crer que a cabaza dos abusos financeiros se ten transformado na carruaxe do crédito fluído e accesíbel ou que os ratos especuladores se ten convertido en xestores eficaces da economía produtiva. A gravidade da situación é tan evidente que dificilmente pode ser obviada por moitas eurocopas que se lle boten por enriba.

Os gobernantes pensan, de todos xeitos, que algo poden “pescar” coa súa presenza nestes acontecementos e mesmo chegan a xustificar esa presenza como unha obrigación dos seus cargos, unha máis entre tantas outras obrigacións e “leas europeas”, como di Rajoy. A falta de solucións tanxíbeis nos ámbitos das súas competencias, polo menos, como os planetas e os satélites, aproveitan o rebote por proximidade do resplandor emitido polas estrelas.

En calquera caso, estes gobernantes tan celosos da orde pública noutras manifestacións cidadás (como nas mobilizacións de mineiros, estudantes e indignados en xeral) deberían ter o mesmo nivel de resposta ante os excesos dalgúns dos máis eufóricos e fanáticos futboleiros con ou sen paixón nacionalista (esta vez, houbo excesos en Barcelona e en Sevilla). E se, loxicamente, non culpan a toda a afección futbolística española das falcatruadas duns grupos concretos, pola mesma lóxica non deberían restrinxir indiscriminadamente dereitos fundamentais de expresión e manifestación pola simple sospeita de que alguén vai cometer un acto de vandalismo nin esixir que os organizadores dun acto de protesta asuman o control absoluto da orde pública, que só é competencia das forzas de seguridade do Estado.

Polo demais, non estaría mal que a mostra de talento, traballo e superación deste grupo de mozos deportistas, baixo a dirección dun veterano sensato e prudente, servise para algo máis que para dar botes na rúa con paixón patriótica. Que a súa actitude servise de exemplo a gobernantes e gobernados, a empresarios e traballadores, e mesmo a tanto irresponsábel banqueiro que contribuíu de xeito especial a meter a economía española neste burato negro no que resulta tan difícil orientarse.

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BBVA y Santander, ‘pillados’ con más de 1.500 millones – Agustín Marco

Mientras la banca española respira gracias al acuerdo de Bruselas, los impagos de los créditos siguen arrinconando la credibilidad de sus balances. Santander y BBVA se enfrentan a un nuevo aplazamiento del pago de la deuda por parte de Cemex, la tercera cementera mundial que este lunes reúne a todos sus acreedores en Madrid.

El pasado viernes, la cementera mexicana presentó a sus acreedores la propuesta de refinanciación de sus deudas, que ascienden a 7.200 millones de euros. La gran mayoría de ese pasivo vencía en 2014, tras el acuerdo alcanzado con 75 bancos en 2009 para alargar el pago de los préstamos. Sin embargo, el grupo industrial ha vuelto a pedir más tiempo para hacer frente a sus obligaciones al observar que sus ingresos son insuficientes para abonar los intereses y el principal de los múltiples créditos.

Cemex, que el pasado año perdió más de 500 millones de dólares, propone el canje de deuda por nuevos créditos o bonos de colocación privada (USPP) con vencimiento en 2017, es decir, solicita tres años más para pagar lo que debe. También incluye en su plan la emisión de hasta 500 millones de dólares en bonos de alto rendimiento con una tasa de interés anual del 9,5% hasta junio de 2018, que podría amortizar anticipadamente en 2016.

Entre los bancos pillados en esta refinanciación, una de las más grandes a nivel mundial, están BBVA, a través de su filial mexicana Bancomer, y Santander. El primero tiene una exposición al riesgo de Cemex de casi 1.000 millones de dólares, mientras que el segundo le prestó en su día 530 millones de dólares. Ambas deudas son las llamadas comerciales, porque además los dos participan en otros créditos sindicados (otros 4.000 millones más), por lo que su posición acreedora es mucho mayor, según indican fuentes financieras.

Cemex no ha querido precisar la posición de cada banco español, pero sí reconoce que tanto BBVA como Santander forman parte de lo que denomina el G-8. O lo que es lo mismo, los ochos grupos bancarios que forman parte del núcleo acreedor y que agrupan cerca del 50% de la deuda. Además de los españoles,   están Bank of America Merrill Lynch, JP Morgan, Citigroup, Royal Bank of Scotland y Bancomext, entre otros.

Cemex ha asegurado que el G-8 ya ha dado su visto al aplazamiento del pago. A ello ha ayudado el ofrecimiento de un caramelo. «Los acreedores que participen en la oferta de intercambio recibirán una comisión (…) de 80 puntos básícos calculados sobre el volumen de su participación existente bajo el Acuerdo de Financiamiento Existente que intercambien nuevos créditos o nuevas notas USPP», propone la mexicana.

El plan incluye un pago anticipado de 1.000 millones de dólares antes de marzo del 2013, amortizaciones de 500 millones de dólares el 14 de febrero del 2014 y otros dos pagos de 250 millones en junio y diciembre del 2016. Cemex, con oficinas en la norteña ciudad de Monterrey, dijo que el pago de los 1.000 millones de dólares dentro de un año podría financiarlo con la venta de activos en Estados Unidos y Europa. En España, la mexicana ha llegado a tener cerca de 100 plantas, con casi 3.000 empleados, aunque desde 2009, con motivo de la anterior refinanciación, llevó a cabo varios planes de ajuste.

Lo de Cemex no es una excepción. La recesión mundial ha golpeado con dureza a la industria auxiliar de la construcción. Una de las afectadas es Cementos Portland Valderribas, la filial de FCC, que el pasado año perdió más de 300 millones de euros. La compañía se enfrenta también a una deuda de 600 millones que le vence a lo largo de este año y que ya ha admitido que no puede pagar.

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Entrevista a Paul Krugman – Alberto Ojeda

Paul Krugman

El Nobel de economía norteamericano visita España para presentar ¡’Acabad ya con esta crisis’!, un recetario de teorías keynesianas brindado a nuestro políticos para que nos saquen del atolladero de una vez.

El título del último libro de Paul Krugman es una orden: !Acabad ya con esta crisis! (Crítica). El Nobel de economía norteamericano, profesor en la Universidad de Princeton y columnista de The New York Times, la dirige a nuestros gobernantes. Él cree firmemente que la política todavía puede marcar a la economía el camino más beneficioso para el interés general. Y que en su mano está salir del atolladero. Keynesiano convencido («No dogmático», precisa), propone como receta un incremento del gasto público para dar impulso de nuevo al crecimiento. Eso para Estados Unidos. Para España, en cambio, plantea otra fórmula: un incremento de la inflación, no seguir bajando los salarios y una aplicación más suave y progresiva de los programas de austeridad. Y para la supervivencia del euro, invoca al Banco Central Europeo: «Debe comprar masivamente bonos de los estados con problemas». Si no lo hace así, el horizonte que dibuja es casi apocalíptico: colapso de la moneda única, fuga de capitales en países como España e imposición del corralito. Este funesto vaticinio lo pronuncia durante una entrevista con elcultural.es en la Fundación Rafael del Pino. Y da miedo, porque él es un experto en crisis financieras (el Nobel lo ganó por sus investigaciones en este terreno) y sus afirmaciones tienen una repercusión mediática brutal (el día que dijo que España caminaba hacia el corralito tuvo que salir al paso de sus declaraciones el mismísimo Cristobal Montoro, ministro de Hacienda). Aunque admite también que los acuerdos alcanzados en la última cumbre europea son un paso acertado. Eso sí, «hay que dar muchos más».

Pregunta.- El título de su libro es una orden. ¿A quién la dirige?
Respuesta.- Por supuesto, a los políticos, pero también a la sociedad entera, para que presione a la clase política y no deje de exigirle que solucione esta crisis de una vez, porque es una crisis que se puede solucionar con decisiones políticas.

P.- ¿Cree de verás que la política todavía puede controlar a la economía?
R.- Sin duda. De hecho, creo que los problemas económicos que padecemos tienen todos un trasfondo político, y que son decisiones políticas las que deben para adoptarse para salir del atolladero.

P.- «No es una crisis es una estafa». Es uno de los lemas clásicos del movimiento indignado. ¿En qué medida es cierto?
R.- Hay una gran parte de verdad en esa afirmación. Puedo llegar a hacerla mía. Hay una broma común entre los economistas cuando intentamos analizar las políticas económicas de los Estados: decimos si las ha diseñado un estúpido o un malvado. Y creo que en los últimos años ambas interpretaciones son ciertas. Se han desarrollado políticas equivocadas por ignorancia pero también para favorecer a grupos concretos con mucho poder.

P.- ¿Quiénes son los principales estafadores?
R.- Son fundamentalmente dos. Por un lado, los bancos, que, después de provocar esta recesión, ahora tienen que ser rescatados con dinero público, aun cuando siguen cometiendo los mismos errores de antes: es rara la semana en la que no tenemos conocimiento de un nuevo escándalo bancario. Y por otro, las políticas destinadas a desmantelar el estado del bienestar, justificando sus medidas en el exceso de endeudamiento público. Pero luego dicen que hay que adelgazar el peso del Estado, demostrando que no es ese presunto exceso de endeudamiento el que motiva su actuación. Su intención no es otra que acabar con el modelo de bienestar.

P.- Dice que le tenemos demasiado miedo a las agencias de calificación… ¿No son para tanto?
R.- Pues no. A Estados Unidos Standars and Poor’s le degradó la deuda hace unos meses. ¿Y qué ha pasado? Nada, absolutamente nada. Estas agencias saben lo que podemos saber todos, la información de que disponen es de dominio público. No contribuyen en nada a la economía. Es un disparate que los países desarrollen sus políticas fiscales con base en sus apreciaciones.

P.- Sabe usted que alzó una buena polvareda aquí cuando advirtió que España podía sufrir un corralito. ¿Lo sigue pensando?
R.- [Alza por primera la vista para mirar al entrevistador. Hasta ahora sólo miraba la mesa, reconcomido en sus respuestas] Bueno, realmente creo que hubo un malentendido. Yo dije que ese escenario era posible si fracasaba el euro, lo cual no es una hipótesis descabellada. Yo diría que hay un 40% de posibilidades de que algo así suceda.

P.- !¿Tantas?¡ ¿Incluso después de la cumbre entre Rajoy, Monti, Hollande y Merkel en que ésta última dio su brazo a torcer?
R.- Bueno, antes de esta cumbre yo hablaba de un 50% de posibilidades. Lo acordado el otro día es muy positivo, sobre todo para España, que recibirá los préstamos a sus bancos de una forma más ventajosa de como estaba prevista en un principio. Pero esta es sólo una pequeña fracción de lo que habría que hacer para salvar el euro.

P.- ¿Qué más habría que hacer para bajar ese porcentaje entonces?
R.- Principalmente, dos cosas, que involucran ambas al Banco Central Europeo. La primera sería que se decidiera a comprar más bonos de los estados con problemas, a gran escala. Y la segunda, permitir a España elevar su inflación hasta un tres por ciento para hacerla más competitiva.

P.- Pero con los recortes salariales que estamos sufriendo en España es difícil que la inflación aquí pueda subir…
R.- Es que esas políticas de austeridad y recortes son un error que están agravando la recesión. Lo que habría que hacer, en realidad, no es bajar los salarios en España sino subirlos en Alemania, de ese modo la mano de obra de España volvería a ser más barata y las empresas empezarían a plantearse de nuevo instalarse aquí. Durante la burbuja inmobiliaria los precios y los salarios en España se dispararon mientras que en Alemania se mantenían estables o crecían muy poco. Esto ha provocado una asimetría que ahora debería arreglarse.

P.- En su opinión poner en marcha el crecimiento no es tan complicado y más barato de lo que parece. Dice, metafóricamente, que basta cambiar la batería del coche, no comprar otro coche nuevo. ¿Dónde está en la economía mundial esa batería que no funciona?
R.- Aquí hay que distinguir entre Estados Unidos y Europa. En Estados Unidos el problema es el excesivo endeudamiento del sector privado. Éste no puede ahora abordar grandes inversiones. En esta situación es el Estado el que debe suplir su falta de inversión. Esa es la manera de impulsar la economía y de que el sector privado vuelva a coger músculo. Europa lo tiene más complicado, por tener una moneda única pero con distintos gobiernos.

P.- En qué sectores habría que realizar esas inversiones que usted predica. Se lo pregunto porque en España se ensayó un plan [Plan E] de inversión pública masiva que sirvió para cebar de nuevo a la construcción y tuvo resultados pírricos. Pan para hoy y hambre para mañana.
R.- Yo no defiendo que se incremente el gasto público en España, lo que si pido es a que los países en recesión no se les aplique las políticas de austeridad de manera tan severa y brusca. Deberían aplicarse más progresivamente. Mi receta para Estados Unidos sí se basa en el gasto público. Las entidades regionales y los ayuntamientos deberían contratar más policías, más enfermeros, más limpiadores…, y el estado debería llevar a cabo algunas infraestructuras: carreteras, puentes…

P.- ¿Tiene usted un busto de Keynes en su casa que utiliza como oráculo y le hace preguntas por las noches antes de dormir?
R.- [Risas] Bueno, hay muchos compañeros más keynesianos que yo. Algunos dicen que yo ni siquiera soy un keynesiano auténtico. Lo cierto es que yo no comparto todas sus conclusiones, pero sí la mayor parte.

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Globalización mal repartida – Xosé A. Gaciño

 Xosé A. Gaciño

Pode que, a pesar do moito que o repetimos nestes tempos (ou quizais precisamente por iso), non haxa concepto máis ambiguo que o de globalización. Non todos o utilizamos coa mesma valoración e nin sequera co mesmo significado. De aí que moitos internacionalistas militen en plataformas antiglobalización e que patriotas dos de cierra España se aproveiten das vantaxes globalizadas para colocar os seus beneficios en paraísos fiscais a salvo da Facenda da súa querida patria.

En realidade, un certo grao de globalización sempre houbo. Por razóns de conquista ou por necesidades de subsistencia, a trasfega de colectividades humanas dun territorio a outro é unha constante histórica e mesmo prehistórica, así como as relacións de intercambios ou de enfrontamentos entre unhas colectividades e outras, entre iguais ou entre dominadores e dominados. As características específicas da globalización nestes tempos teñen máis que ver, en todo caso, cos avances tecnolóxicos e co nivel de saturación demográfica, que, entre outras cousas, fixeron máis evidente a limitación de recursos.

Característica específica destes tempos é tamén a conciencia de que hai cousas que só se poden arranxar a partir de propostas que involucren a todo o mundo. Pero esa conciencia non é aínda tan profunda nin está o suficientemente estendida como para vencer a forte resistencia de intereses nacionais ou sectoriais.

Sirve, si, para facer solemnes declaracións de principios, desde a Declaración Universal dos Dereitos Humanos ate os informes do Grupo Intergobernamental de Expertos sobre o Cambio Climático, por exemplo, pasando polo Protocolo de Kioto ou polos Obxectivos do Milenio, entre outros valiosos traballos no ámbito das Nacións Unidas. Pero, a pesar de que, en todos eses casos, se aquilataron as expresións e as propostas a todo tipo de receos e de prexuízos ideolóxicos, a realidade é que, á hora de aplicar as medidas concretas que se desprenden desas declaracións, saen a relucir os intereses concretos e conxunturais de países ou de grupos de presión, que aproveitan a falta de instrumentos coercitivos da limitada ONU para eludir calquera compromiso.

Desta maneira, as reunións de seguimento de declaracións, protocolos, acordos e suxestións convértense nunha sucesión de demoras e aprazamentos, con mínimos avances executivos e desesperantes argumentacións interpretativas de cuestións orixinalmente clarísimas. Vimos de comprobalo na recente Conferencia das Nacións Unidas para o Desenvolvemento Sostíbel, bautizada como Río+20, en conmemoración da primeira conferencia, celebrada hai vinte anos tamén en Río de Xaneiro, e que se saldou, a de agora, cunha declaración de circunstancias, na que se resume a falta de autoridade da Unión Europea para facer valer a súa maior sensibilidade medioambiental, a arrogancia negacionista de Estados Unidos (desbordadas as boas intencións iniciais de Obama polos intereses supremos das grandes corporacións) e a resistencia das potencias emerxentes a limitar as súas posibilidades de crecemento (reclamando o seu “dereito” a contaminar tanto como as súas predecesoras).

Podería aludirse ao típico conflito entre o urxente e o importante, se non fose porque tamén no urxente se practica a mesma estratexia, como o demostran moitas das reunións nas que se pretenden atopar a saída da crise interminábel, tanto as do G-20 como, sobre todo, os reiterados cumios e consellos da Unión Europea, bloqueada ante unha crise que está a descubrir a fraxilidade dunha unidade que, en moitos aspectos, é puramente retórica.

Como nese chiste de dereitas a propósito do reparto comunista (aquel que dicía que entre o que teño e o que me toque no reparto… ), parece que, ante a globalización, cadaquén aspira a recoller o máximo que pode e achegar o mínimo posíbel. Naturalmente, no panorama de desigualdades no que nos desenvolvemos, sabemos de sobra cómo se van repartir as recollidas e as achegas: rescates para os bancos e recortes para os traballadores, dito sexa con toda a carga demagóxica que se merece.

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Por qué el rescate no es bueno para España – Vicenç Navarro

Vicenç Navarro

La ayuda de los 100.000 millones de euros al sistema bancario español, realizada a través del Estado español, está encaminada a ayudar a los Bancos (sin que se resuelva el problema financiero que tiene España) a costa del Estado español (tanto central, como autonómico). Hasta hoy, y a pesar del elevado déficit público, el Estado español no tenía un problema de imposible solución. En contra de la opinión neoliberal que atribuía erróneamente la crisis a un excesivo gasto público, los datos mostraban claramente que ni el déficit ni la deuda pública tuvieron nada que ver con la crisis financiera. En realidad, cuando la crisis comenzó en 2007, el Estado español tenía superávit y la deuda pública era de las más bajas de la Eurozona. La explosión de la burbuja inmobiliaria –la causa real de la crisis económica y financiera- determinó un parón del crecimiento económico y un rápido ascenso del desempleo, lo cual (resultado de la excesiva dependencia de los ingresos al Estado español del gravamen de las rentas del trabajo) originó el crecimiento tan rápido del déficit público. A mayor desempleo, menos ingresos al Estado. No fue el déficit público, pues, el que creó la recesión, sino al revés, fue la recesión la que creó el elevado déficit público. Pero, a pesar de ello, y aunque la deuda pública aumentó, ésta era todavía menor que la existente en el promedio de los países de la Eurozona. Ahora bien, esta “supuesta” ayuda de 100.000 millones de euros incrementa la deuda pública nada menos que un 10% del PIB, poniéndola ya por encima de lo tolerable. Es el Estado el que deberá esta deuda, y es el Estado el que tendrá que pagar los intereses (un 3%) a los acreedores públicos, incrementando también el déficit público del Estado español. De ahí que tal “ayuda” ha empeorado la situación y los mercados financieros lo saben y piden intereses más y más altos para comprar bonos del Estado.

¿POR QUÉ ESTA AYUDA?

Esta carga innecesaria y perjudicial al Estado (y que explica el incremento de la prima de riesgo que la deuda pública española ha tenido desde que se anunció tal ayuda) es única y exclusivamente para ayudar a los acreedores de la Banca privada. El problema en España no es la deuda pública, sino la deuda privada, y son los Bancos los que, primordialmente a través de su comportamiento irresponsable y especulativo, crearon el enorme problema de la deuda privada y ahora son los beneficiarios de estas “ayudas” pagadas por el erario público, siendo los mismos que crearon el mayor problema financiero conocido en los últimos cuarenta años.

El ciudadano normal y corriente, que no ha tenido ninguna responsabilidad en la creación de la burbuja inmobiliaria, es el que tendrá que pagar el pato y la deuda. Es una situación profundamente injusta, pues es ahora el Estado el que garantizará que la deuda de tales Bancos se pague a sus acreedores. Es difícil diseñar un sistema más injusto. Lo justo hubiera sido que fueran los Bancos los que pagaran por sus errores y absorbieran las pérdidas. O al menos que se pactara entre el acreedor y el deudor la absorción de las pérdidas. En cambio, a partir de ahora, es el acreedor –nacional o extranjero- el que sale siempre ganando, y nunca perdiendo. Y si no se le puede pagar privadamente, que sea el ciudadano medio el que le pague a través del Estado. Esto es lo que se llama rescate al sistema financiero. Y como que parte de esta deuda privada la tiene la Banca extranjera (y de una manera muy marcada la Banca alemana) tal rescate financiero es, como ha ocurrido en Grecia, Portugal e Irlanda, un rescate a la Banca alemana (y en menor medida a la francesa). Y, de nuevo, si la Banca no paga la deuda privada que tiene, la pagará el Estado español. Es la socialización de las pérdidas, haciendo al Estado responsable de la deuda bancaria.

EL PROBLEMA FINANCIERO Y DE PRODUCCIÓN DE CRÉDITO NO SE RESOLVERÁ

Es también claro que la falta de crédito tampoco se resolverá, y ello se debe a que las causas del llamado problema bancario ni siquiera se tocarán. El problema de la Banca se basa en que el desplome de la burbuja inmobiliaria –la raíz del problema bancario- no se está resolviendo. La Banca es la primera propietaria de viviendas vacías (hay 3 millones de ellas según el Ministerio de Fomento). Y el hecho de que estén vacías es porque la población no puede comprarlas o alquilarlas. Y ello se debe a que los precios continúan siendo artificialmente elevados. Se calcula que los precios de la vivienda están casi un 40% por encima del precio al que deberían estar (según la capacidad adquisitiva de la población), y ello como resultado del excesivo poder monopolístico de la Banca que no quiere bajarlos. Sólo han bajado el precio un 15% en los últimos dos años.

Y no lo bajarán hasta que el Estado les obligue a ello. En Dinamarca, una casa no puede estar vacía más de 6 semanas. Aquí están años. Cuando se hizo la propuesta en el Parlament de Catalunya de no permitir o favorecer pisos vacíos, la gran mayoría del Parlamento se opuso, con lo cual dificultaron la resolución del tema inmobiliario, que está detrás del problema bancario. Y ahí está el origen del problema bancario. Los Bancos tienen demasiado poder. Los Bancos deberían bajar el precio de las viviendas absorbiendo las pérdidas, y cuando no pudieran, deberían dejarlos colapsar (el sector bancario es demasiado grande en España) o nacionalizarlos (no para privatizarlos más tarde), a fin de garantizar el crédito. La solución es fácil de ver desde el punto de vista técnico. La dificultad es la resistencia de los gobiernos para resolverlo.

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital SISTEMA, 22 de junio de 2012.

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Puede que haya Justicia – José Benito Fernández

Puede que haya Justicia. La Audiencia Nacional ha admitido a trámite la querella presentada por la Fiscalía Anticorrupción contra cinco antiguos directivos de Caixa Galicia y Caixanova, por mejorar presuntamente sus contratos sin comunicarlo al consejo de administración y al Banco de españa. Los ex directivos querellados son Julio Fernández Gayoso, José Luis Pego Alonso, Gregorio Gorriarán Laza, Óscar Rodríguez Estrada y Francisco Javier García de Paredes Moro.

La Fiscalía consideraba que las mejoras de sus contratos de alta dirección podrían ser constitutivos de un delito de administración desleal, que se recoge en el artículo 295 del Código Penal, o, alternativamente, de un delito de apropiación indebida, recogido en el artículo 252.

En la querella la cantidad mínima que se pide a los exdirectivos, al haberla cobrado indebidamente, son 7,87 millones de euros aportados por el Estado, ya que es el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) «el que sostiene económicamente desde 2010 a la entidad crediticia», primero a NovaCaixaGalicia y después a NCG Banco.

Los presuntos delincuentes cobraron en total entre todos, a excepción de Fernández Gayoso que no se detalla, 18,9 millones de euros, de los que deberían devolver los citados 7,87 millones.

El FROB es en la actualidad propietaria de  la entidad gallega en un 93 % del capital social después de dos inyecciones económicas, la primera del 11 de mayo de 2011 de 1.162 millones de euros, mediante la suscripción de participaciones preferentes, y la segunda, de 2.662 millones de capital, el 10 de octubre de 2011.

En la querella se recige que Pego, Rodríguez Estrada y Gorriarán Laza, entonces directivos de Caixanova, acordaron mejorar sus contratos ocultándoselo al consejo, para preparar su posible salida de la entidad tras el anuncio de su fusión con Caixa Galicia «en menoscabo del patrimonio de la entidad bancaria que administraban». La Fiscalía cree que  tuvieron que contar con la «necesaria cooperación» del entonces presidente de Caixanova, Gayoso. Según dice la querella, los citados directivos abusaron de las funciones de su cargo «en pleno conocimiento de la dificilísima situación por la que atravesaba la entidad crediticia» y dispusieron «fraudulentamente» de bienes de la misma ocultando al Consejo y al Banco de España el importe de sus prejubilaciones, a «una parte de las cuales no tenían derecho».

Según la Fiscalía en contratos firmados el 20 de octubre del 2010, «se altera el concepto de la renta vitalicia total» que iban a cobrar estos altos directivos a su salida de la entidad, que ahora incluiría como retribución fija la parte del salario variable denominada «retribución complementaria por resultados, parte fija».

En el consejo de administración de Novacaixagalicia, entidad resultado de la fusión, celebrado el 1 de diciembre del 2010, Gayoso se limita a comunicar la firma de los contratos con los tres directivos, sin informar sobre la modificación de su contenido y el Consejo acuerda ratificar y subrogar estas retribuciones, pensando que son las antiguas.

Leer la querella completa en PDF : Querella de Anticorrupción

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