Que se investigue hasta el final – Kostka Fernández

¿Por qué el Estado tiene que hacer frente a los desmanes de entidades de crédito privadas que no han sabido gestionar el patrimonio que los depositantes les confiaron? Seguramente porque es el mal menor, aunque sea muy malo.

¿Por qué se privatizan los beneficios y se socializan las pérdidas? Quizás para evitar que los depositantes, que nada tuvieron que ver con la gestión, no salgan perjudicados de una nefasta gestión y, presuntamente delectiva, de quienes las dirigieron, con el amparo y el beneplácito de los partidos políticos, los sindicatos y el Banco de España.

¿Por qué no interviene el Fiscal del Estado y se depuran responsabilidades civiles y penales, si las hay? Seguramente por miedo a que se descubra que no sólo los gestores fueron los responsables, sino también los que los nombraron y legitimaron sus actuaciones.

Los ex directivos de la cajas de ahorro, los que ya se fueron, cobraron en A, sin contar el B, sin contar las comisiones ilícitas por créditos concedidos y sin contar los autocréditos para especular que se otorgaban, unos 93 millones de euros aproximadamente, que en la antigua moneda son 15.474 millones de pesetas.  Pero ahí no termina la cosa, puesto que una buena parte de esos directivos todavía tienen cantidades pendientes de abonar en conceptos como pensiones o pagos adeudados. Por ejemplo, el que fuera director general de Caixa Penedés, que hoy  forma parte de Banco Mare Nostrum, reclama por vía judicial 3,7 millones de euros que dice que aún le adeuda su antigua entidad por su salida de la Caja. O, por ejemplo, los 14 millones de euros que ahora reclama el directivo de Bancaja Aurelio Izquierdo, o los 10 millones de euros que pacto a su salida el ex director general de Catalunya Caixa, Josep María Loza. Por no hablar de los macro escándalos de Caixa Galicia y de Caixanova.

Bankia, que ha protagonizado el mayor rescate de la historia de España, con cerca de 23.500 millones de euros, está ahora en manos de José Ignacio Goirigolzarri, ex consejero delegado del BBVA hasta octubre de 2009, cuando abandonó la entidad tras recibir una liquidación de 52 millones de euros, que ponía fin a los enfrentamientos con el presidente del banco, Francisco González.

Al antiguo presidente de Bankia, Rodrigo Rato, que presentó su dimisión el 7 de mayo, le corresponde un plan de pensiones de 1,2 millones de euros, que está previsto que perciba en acciones. No menos escandalosas fueron las indemnizaciones, sueldos y pensiones que se autoimpusieron Narcís Serra, su número dos y su número tres poco antes de quebrar Caixa Catalunya.

En todos lados cuecen habas a «caldeiradas», quizás por eso no quieran los políticos que se investigue. Pero la fiscalía está obligada, por mucho daño que se haga a la credibilidad financiera internacional de España, sino cometerá prevaricación y tendremos que ser los ciudadanos los que denunciemos a todos.

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Recomendaciones específicas para España 2012-2013 – Comisión Europea

Implementar la estrategia fiscal como está planeado, presentar medidas multianuales concretas y detalladas para apuntalar los objetivos presupuestarios para 2013 y los años siguientes y garantizar la consecución de los objetivos de déficit, en todos los niveles de la Administración. Esto incluye la adopción de medidas adicionales en las comunidades autónomas en línea con los planes de ajuste aprobados y aplicando estrictamente las nuevas provisiones de la Ley de Estabilidad en cuanto a transparencia y control del Presupuesto. A partir de 2013, asegurar una estructura del ajuste adecuada para asegurar que se hacen los progresos suficientes para lograr los objetivos de déficit a medio plazo, incluido el cumplimiento del techo de gasto. Establecer una institución fiscal independiente que proporcione análisis, asesoramiento y control de la política fiscal. También deberá estimar el impacto presupuestario de la legislación propuesta. Todas las recomendaciones específicas a los países serán revisadas en función de si se concede un año adicional para corregir el déficit excesivo.

Acelerar el aumento de la edad de jubilación e introducir los factores de sostenibilidad previstos en la reciente reforma de las pensiones y apuntalar la Estrategia de Empleo Global para los trabajadores mayores con medidas concretas para desarollar una formación que se dilate en el tiempo y mejorar las condiciones de trabajo y fomentar la reincorporacíon de este colectivo al mercado laboral.
 

Poner en marcha un sistema tributario consecuente con los esfuerzos de consolidación fiscal y que impulse más el crecimiento, incluyendo un desvío de los impuestos al trabajo hacia los gravámenes al consumo y sobre el medio ambiente. En concreto, dirigir el escaso ratio de ingresos del IVA ampliando sus bases imponibles. Asegurarse de que disminuye la desviación de los impuestos que favorece a las familias endeudadas y propietarias de una casa (por oposición a los inquilinos).
 

Poner en marcha la reforma del sector financiero, en particular identificando y afrontando la situación de las instittuciones que aún son débiles, impulsar una estrategia completa para tratar efectivamente con los activos en los balances de las entidades. También habrá que definir una postura en la financiación y uso de las ayudas a la banca.
 

Poner en marcha las reformas del mercado de trabajo y tomar medidas adicionales para aumentar la efectividad de las políticas laborales aumentando sus objetivos, impulsando la formación y los servicios de asesoría en los empleos; fortaleciendo sus vínculos con las políticas pasivas e impulsando la coordinación entre los servicios de empleo nacional y los de las comunidades autónomas, incluido la información compartida sobre las ofertas de empleo.
 

Implementar el Plan de Acción Juvenil, en contreto en lo que se refiere a la calidad del mercado laboral y la relevancia de la formación vocacional y la educación, e impulsar los esfuerzos para reducir el fracaso escolar y aumentar la participación en la educación vocacional y formación a través de la prevención, intervención y medidas de compensación.

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¿Recortes o reformas en la Universidad? – Francisco J. Bastida

Francisco J. Bastida

Creerse en posesión de la verdad es malo. Apoyarla en una mayoría absoluta aún es peor. El resultado es gobernar por decreto-ley, despreciando el diálogo. ¿Para qué transaccionar con los que están equivocados? En su arrogancia, el ministro Wert aún debe de estar pensando el porqué del plantón que le dieron los rectores universitarios, enfadados por su ordeno y mando. Las formas pueden descalificar a una persona, y más a un político. Ahora bien, no tienen por qué descalificar sin más el contenido de sus decisiones.

La Universidad española lleva tiempo necesitada de una profunda reforma. El problema es que, sin crisis económica, el Gobierno no ve razón para soportar el coste político del cambio, y el mal se perpetúa. Con crisis económica, cualquier reforma que se introduzca siempre podrá criticarse como tijeretazo por necesidades presupuestarias. Al final, por unas u otras razones no se toca lo esencial y todo queda en lo más fácil, una reducción del gasto en personal y un aumento de las tasas académicas.

Lo cierto es que el análisis que hace Wert de la Universidad española es en muchas cosas razonable. La cuestión de fondo no está en qué medidas adoptar para resolver el problema, sino en ponerse de acuerdo en cuál es el problema. En las últimas décadas ha habido una deriva constante hacia un modelo de Universidad popular, intensificado por la descentralización autonómica. El resultado es el libre o fácil acceso a una Universidad de proximidad, incluso con titulaciones duplicadas para satisfacer intereses locales, y con unas tasas académicas ridículas; el importe de dos mensualidades en un colegio privado de Secundaria es más alto que muchas matrículas anuales universitarias.

No es sostenible el número de universidades que hay en España, ni el número de titulaciones que muchas de ellas ofrecen. Tampoco lo es la función que está cumpliendo la Universidad, una fábrica de parados y de encubrimiento del paro, con gente ociosa que pasa más tiempo en la cafetería que en el aula. El mayor error es pretender que toda la población tenga estudios universitarios. Como consecuencia, el nivel de exigencia de conocimientos para el acceso es mínimo y cada vez se amplía más el número de oficios que entran en la lista de titulaciones universitarias.

El desconocimiento del sentido del numerus clausus lleva a decisiones irracionales, como restringir de manera exagerada el acceso a los estudios de Medicina o de Fisioterapia y, en cambio, no poner filtro alguno para matricularse en el grado de Derecho. La Universidad no puede ser una cuestión de cantidad, sino de calidad para la investigación y para la mejor formación de cara al mercado laboral. La oposición al numerus clausus es una demagogia intolerable. Aunque haya suficientes profesores y aulas, sólo deben entrar en la Universidad aquellos que demuestren méritos académicos. Es una gran frustración comprobar cómo más de la mitad de los estudiantes que se matriculan en titulaciones sin numerus clausus muestran desde el inicio un desinterés por el estudio que los convierte en alumnos I+D (ignorancia+desidia). Esto lastra la enseñanza y la calidad de la Universidad; perjudica a todos, incluidos los que pierden sus mejores años vagueando por los campus.

Habrá que mejorar y mucho el sistema de becas, para que nadie con talento deje de matricularse en la Universidad por motivos económicos y en esto no se puede ser exigente pidiendo más nota a un becario que a uno que no tiene beca; incluso se debe admitir algún número de suspensos, porque normalmente el que accede a una beca es por unas circunstancias familiares y de entorno social que dificultan el éxito del estudio en relación con el que dispone de sobrados medios para estar en una Universidad pública o privada. El Ministro se equivoca cuando se muestra tan inflexible en materia de becas y nada dice del numerus clausus, pero es cierto que el precio de la matrícula universitaria es una beca general para todos los estudiantes.

La Universidad tiene que ser necesariamente elitista, no en el sentido social o económico, pero sí en el científico e intelectual, y esto es incompatible tanto con una Universidad popular, que poco valora el mérito y la capacidad, como con un sistema de becas escaso e injusto. Pero somos incapaces de corregir el rumbo y eso que si alguna institución pública necesita de una profunda reconversión esa es la Universidad. Sus males son tantos que habría que demoler sus estructuras para crear una nueva, organizada en torno a proyectos de docencia de investigación. El Ministro es consciente de esto, pero a la hora de la verdad lo acaba fiando todo a una comisión de expertos y, mientras tanto, aplica la cirugía de hierro a los más débiles y no a los más ineptos. Igual que los rectores, entretenidos en recortar en cosas menores sin reformar lo esencial, quizá porque ello les costaría el cargo.

Se afirma sin pestañear que estamos ante la generación mejor preparada y quizá hay que ponerlo en duda, porque con la misma rotundidad se dice que los estudiantes de Secundaria salen cada vez peor preparados. Salvo que se considere que estamos ante una Universidad milagrosa, ese cambio de lo muy malo a lo muy bueno hay que justificarlo. Al menos en mi experiencia, siempre ha habido alumnos excelentes y, si hoy salen mejor preparados, es porque disponen de más medios y los saben aprovechar. Pero los alumnos malos son más y peores que los de hace unos años, porque su indolencia y apatía intelectual es mayor, sin importarles la mayor atención docente que proporciona el «plan Bolonia» o los medios informáticos por los que acceder más fácilmente al conocimiento. Habrá que preguntarse si los recortes no deben empezar por prescindir de estas personas en los estudios universitarios y con ello se comienza de una vez a hacer reformas en serio en la Universidad, aunque ello suponga recaudar menos, cambiar la política educativa e incluso suprimir algunas universidades.

Francisco J. Bastida es Catedrático de Derecho Constitucional

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Por fin capital – José María Aznar Botella

José María Aznar Botella

Parece que la ministra Salgado y el gobernador del Banco de España no tenían razón. Los 15.000 millones en los que cifraban las pérdidas no provisionadas del sistema financiero español, no daban ni para Bankia. A la espera de que el gobernador nos ilustre sobre la situación en su próxima comparecencia parlamentaria, no parece que los 19.000 millones que necesita BFA-Bankia impliquen nada bueno para el resto de la banca española.

La mala noticia es que las necesidades de capital de la banca española parecen ser enormes. La buena es que próximamente entrarán 19.000 millones de euros de nuevo capital en el sistema. Esta era la importante pata que faltaba a las sucesivas reformas financieras de los últimos meses. Es muy loable el ejercicio de transparencia por el que el Gobierno fuerza a la banca a reconocer 80.000 millones  en nuevas pérdidas, pero el ejercicio era algo inútil de no entrar nuevo capital, algo que cambia desde ahora.

Esto es exactamente lo que se necesita para restaurar el crédito en España, nuevo capital. Las provisiones están bien pero lo esencial es el capital, y el problema ahora es si el Tesoro español se puede hacer cargo de esta factura que no es pequeña. Podía sin duda en 2009 y 2010, cuando nos financiábamos de forma barata y casi ilimitada, pero esto ya no es así, y las noticias que llegan de Europa no son alentadoras.

Las últimas cumbres de los líderes europeos han sido totalmente decepcionantes. Nos estamos paseando por el precipicio y nos vamos a acabar cayendo sin que nadie haga nada. Como decía el presidente Rajoy el problema de la zona euro es uno que se arregla en 24 horas pero a la canciller alemana no le da la gana. Supongo que se reaccionará, de fracasar el proyecto del euro nos espera un monumental drama económico y humano.

Artículo publicado en el diario La Razón el 26 Mayo de mayo de 2012.

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Bankia, un problema de Estado – José Luís Gómez

José Luís Gómez

Accionistas de Facebook demandaron á compañía e aos bancos colocadores por entender que estes esconderon información crave sobre as previsións dun crecemento débil de devandita rede social antes da saída a Bolsa. Xa que logo, unha minucia á beira dos argumentos que poden manexar os accionistas de Bankia nunha eventual demanda, tras recoñecer a entidade que o seu estado patrimonial non era o reflectido nos seus propios libros.

Os afectados pola colocación de Bankia son máis de 400.000, que desembolsaron 3.092 millóns de euros. Moitos deles forman parte, á súa vez, da súa clientela, titular de dez millóns de contas. Os accionistas están pendentes agora de se hai investigación parlamentaria pero tamén de posibles querelas por estafa e apropiación indebida, xa que se non volven pór diñeiro na ampliación de capital quedarán case sen participación, tras perder xa a metade do que investiron, créndose as contas de Bankia.

Hai datos que dan calafríos: fai tres meses, o banco de Rodrigo Rato dicía que obtivera 305 millóns de beneficios en 2011, cando en realidade rexistrara perdas de 2.979 millóns, unha das razóns polas que agora pide ao Goberno do seu amigo Rajoy 19.000 millóns de euros que haberá que sumar aos 4.465 millóns xa inxectados a esta entidade resultante da fusión de sete caixas, entre elas Cajamadrid e Bancaja.

Detrás do escándalo de Bankia, xa convertido en todo un problema de Estado, sen precedentes na historia financeira de España, pode haber responsabilidades administrativas e penais, pero tamén as ten que haber políticas. Salvo que España renuncie ás formas propias dunha democracia e dun Estado de dereito.

Non é de estrañar que a nena que explica «por que os bancos enriquécense e nós non» sexa un fenómeno en YouTube.

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Crise sen rumbo pero con precisión antisocial – Xosé A. Gaciño

Xosé A. Gaciño

Ate o presidente dos Estados Unidos está máis preocupado pola recuperación do crecemento en Europa que a mesmísima chanceler alemá, que pasa por ser a líder de facto desta Unión Europea sometida á cura de austeridade máis rigorosa despois da Segunda Guerra Mundial. O novo presidente socialista da República Francesa atopa máis receptividade para as súas propostas de volver dinamizar a economía da eurozona noutro lado do Atlántico que nos cumios de Bruxelas, onde reina a capacidade intimidatoria de Merkel.

Todo elo mentres Grecia está ao bordo do abismo, pendente dunhas novas eleccións para caer pola súa conta ou caer aforcada pola corda dos rescates, e España espera vez de asfixia total despois de desvelarse a verdadeira situación dun banco presuntamente xestionado con irresponsabilidade e presuntamente supervisado con neglixencia (co efecto colateral de que as manobras previas de encubrimento levantan as sospeitas sobre todo o sector financeiro español). Obama necesita que Europa empece a recuperarse para que os seus efectos axuden a consolidar a aínda incipiente recuperación económica estadounidense (o que repercutiría, á súa vez, nas súas posibilidades de ser reelixido). A necesidade de Grecia e España (pero tamén Irlanda, Portugal e Italia, polo menos) é de pura supervivencia.

O enroque merkeliano ten atascada a situación nunha sorte de círculo vicioso. Entre propostas imposíbeis, negociacións interminábeis e dogmas inmutábeis (ultraliberais, por suposto), a crise vai galopando por Europa adiante, aparentemente sen rumbo, pero cunha curiosa precisión na consecución de obxectivos parciais que, un tras outro, van desmantelando o que algún día foi coñecido polo presuntuoso nome de Estado do benestar.

Probabelmente por iso a crise, primeiro estadounidense e despois internacional, vai concentrándose finalmente na Unión Europea, ate agora campioa dos dereitos sociais. As propostas socialdemócratas para que se flexibilice a austeridade e se arbitren medidas que incentiven o crecemento non pasan de ser un intento desesperado de salvar o que se poda ante esa operación de asalto e derruba contra as conquistas sociais. Pode que non sexa xa cuestión de chegar ou non a tempo de frear ou de inverter ese proceso, senón de pensar noutro proceso diferente.

Quizais habería que empezar por esquecerse da espiral do crecemento continuo, mito creado nos tempos en que se pensaba que os recursos do planeta eran inesgotábeis e se desprezaban os cálculos de Malthus sobre os desfases entre o aumento implacábel da poboación e o ritmo limitado da produción. Quizais habería que pensar en medidas de redistribución tanto do traballo como da riqueza, non para eliminar a desigualdade (que sería utópico) pero si para que non se dispare a niveis de clamorosa inxustiza.

O principio de non gastar o que non se ten (tan citado por Rajoy) ben podería aplicarse ao conxunto do planeta, incluíndo o de devolver o que non se tiña e que se arrebatou a outros, en tantas operacións irregulares ou directamente fraudulentas de enxeñeiros financeiros, especuladores varios e multinacionais neocolonialistas.

Algunhas son ideas tradicionais da esquerda, que apenas traspasaron o estatus de obxectivos a longo prazo e que apenas se debaten en medios de difusión masivos (pode que nin sequera no ámbito interno dos partidos), pero que ben poderían servir para artellar, polo menos, un certo discurso de resistencia crítica fronte a la gran ofensiva desreguladora na que cabalga o ultraliberalismo triunfante, sobre todo porque as novas potencias emerxentes parecen chegar coas mesmas ansias depredadoras que o hoxe decadente bloque occidental desenvolvido e coas mesmas tendencias ás desigualdades brutais coas que se foron abrindo camiño os especuladores da abundancia.

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