Sistemas Electorales 1 – Generalidades – Isidoro Gracia Plaza


Como en cualquier época electoral, tanto durante como posteriormente, en los análisis de los resultados, se produce debate sobre el impacto del sistema no sólo en quien debe gobernar, sino también en la representatividad obtenida. Evidentemente el sistema no es inocuo y quienes lo eligen, en España se hizo casi por unanimidad, se marcan unos objetivos prioritarios que potenciar, p/e la estabilidad.

El primer objetivo de cualquier sistema electoral es lograr  una representación política que mándate o delegue  en los electos las decisiones de gobierno,  que los semejantes sociológicos de los distintos estamentos y clases tengan garantizada su participación en esas  decisiones y que alguien asuma el ejercicio de la voluntad más general.

En las democracias modernas el pueblo designa a sus gobernantes tanto del Poder Legislativo como del Poder Ejecutivo, eso sí con muchos matices. En unos pocos sistemas el Poder Judicial también pasa por procedimientos de elección. Como en todos los temas de relaciones sociales y de defensa de intereses, los parlamentos y gobiernos democráticos operan sobre complejos y delicados equilibrios.

Todos y cada uno de los factores y variantes posibles impacta en los resultados finales y aporta ventajas e inconvenientes que van a satisfacer objetivos diferentes. Por ello es frecuente la introducción de correctores tanto del principio como del factor elegido en cada uno de los pasos, correctores que a su vez complican el resultado al favorecer unos objetivos y perjudicar a otros.

El principio con mayor aplicación actual es el de representación proporcional, normalmente con correctores que intentan primar la estabilidad; ya que este principio, en apariencia el más “justo”, si se aplica directamente, conduce a la fragmentación de los parlamentos y hace difícil conseguir mayorías de gobierno estables. Durante muchos años  Italia fue el ejemplo de esto. El sistema español es proporcional corregido, salvo excepciones, como la actual, obliga a acuerdos post-electorales que otorgan un gran peso a las minorías de bloqueo.

El principio mayoritario a una vuelta elimina prácticamente a las minorías y deviene casi inevitablemente en dos grandes partidos hegemónicos. USA es el ejemplo.

El mayoritario a dos vueltas obliga a acuerdos pre-electorales entre partidos ideológicamente afines y demanda como complemento unas circunscripciones unipersonales, es el caso del Reino Unido o Francia, tiende a disminuir el peso de las minorías.

A nadie se le oculta que la geografía de las circunscripciones es decisiva en el balance final de resultados una excesiva fragmentación prima  a las minorías y el agrupamiento territorial prima el peso del censo, además el diseño permite al legislador neutralizar o primar la ideología preponderante en determinadas zonas. La última reforma italiana tenía esa pretensión.

La forma y configuración de las candidaturas influye sobre todo en el grado de control de los partidos sobre los electos. Pero también produce efectos extraños, una lista abierta y bloqueada hace que estadísticamente resulten eliminados los más conocidos de la lista (se probó en las segundas elecciones sindicales españolas),  las listas cerradas favorecen la profesionalización, etc.

Los tipos de votación, en lista única o listas por partido impactan en el resultado, por ejemplo en la lista única el orden alfabético influye muy notablemente, es el caso del Senado español.

El método de asignación de escaños tampoco es inocuo cuando las circunscripciones  son plurinominales, el más extendido es el conocido como método D’Hont, que en los sistemas proporcionales prima a los mayoritarios, en especial si el listado no supera los 5 o 6 candidatos.

Los porcentajes mínimos filtran el acceso a las asambleas de las nuevas formaciones y de muchas minorías, etc.

Para todos los efectos indeseados es posible encontrar formulas correctoras, pero si ya resulta complejo el estudio de los efectos más directos, para analizar las segundas influencias hace falta mucha más literatura.

Conclusión: Ningún sistema es perfecto desde el punto de vista democrático. Continuará.

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Ley D´Hondt ¿Una Ley Electoral justa? – E. Kostka Fernández

Con frecuencia se sostiene que la responsable de la sobrerrepresentación de los partidos nacionalistas es de la ley D´Hondt y que es ésta la que genera las distorsiones entre el número de votos emitidos y el número de diputados electos. Pero lo cierto es que tales distorsiones se deben al diseño y al reparto que se produce en las circunscripciones y no a la aplicación de esta ley electoral, elaborada por el jurista y matemático belga Victor d´Hondt.

En España tenemos un sistema proporcional corregido, producto de los pactos de la Moncloa, que trata de favorecer la gobernabilidad, beneficiando a los partidos más votados. El sistema electoral favorece a los partidos que tienen más votos en cada circunscripción y perjudica a los partidos minoritarios que se presentan en todas las circunscripciones, permitiendo que se conformen mayorías que garanticen la estabilidad del sistema político.

En el caso del País Vasco y de Cataluña, al ser los partidos nacionalistas los más votados, el sistema los sobrerrepresenta porque sólo se presentan en unas pocas circunscripciones, perjudicando de forma clara a los partidos minoritarios, que se presentan en todas las circunscripciones.

Si aplicáramos un sistema proporcional puro en cada circunscripción, lo cierto es que la variación en los resultados sería irrelevante, porque el efecto distorsionador no está en la ley D´Hondt, sino en la circunscripción, o mejor dicho en el número y tamaño de la circunscripciones.

¿Qué pasaría si aplicamos esta ley electoral a los resultados del 20N en una circunscripción única nacional?, como sucede en las elecciones al Parlamento Europeo. Las cosas serían muy distintas, especialmente si mantenemos la actual barrera electoral existente de un mínimo del 3% de los votos para entrar en el reparto de los escaños.

El resultado de aplicar la ley de D´Hondt en una circunscripción única con barrera electoral del 3% sería el siguiente: el PP obtendría 176 escaños, mayoría absoluta justa, el PSOE obtendría 113 escaños, IU alcanzaría 27 escaños, UPyD 18 escaños y CiU 16 escaños, quedando sin representación en el Congreso de los Diputados el resto de los partidos políticos, incluidos PNV, BNG o Amaiur, ya que ninguno de ellos lograría superar el listón del 3% de los votos en el territorio nacional.

Lo cierto es que este sistema de reparto sí sería un fiel reflejo, absolutamente proporcional, de los votos emitidos por los españoles. Pero ello no significa que sea un sistema más justo o mejor, puesto que dificultaría la gobernabilidad,  no se atendería al criterio de reparto en función de la población de cada provincia que exige la Constitución, no estarían representados partidos de ámbito regional y los representantes estarían muy alejados de su electorado, no representando a los territorios, sino a un solo territorio, el nacional.

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De símbolos e identidades- Isidoro Gracia Plaza

Aristóteles de Estagira

Mantenía Aristóteles que para estudiar y fijar una idea abstracta era necesaria una imagen. La ciencia social que Aristóteles desarrollo, hace 2.300 años, es aún hoy el útil mas avanzado del que disponemos para controlar las ciencias aplicadas del  siglo XXI, dicho esto con muchos matices, parece evidente que existe la necesidad de una evolución rápida que modernice el útil.

Desde el respeto hacia los que tienen necesidad para confirmar su identidad mediante vínculos convencionales, tan básicos como los símbolos (para las religiones y los nacionalismos son parte indispensable), yo me encuentro entre los que sostenemos que esa atadura atávica es algo a superar, desde la razón, ya que desde los sentimientos primarios que desatan no es posible.

Algunos no necesitamos para sentirnos, gallegos, españoles, europeos y ciudadanos del mundo, simultáneamente, más que nuestra voluntad y un modesto conocimiento de la historia. Es más, creemos que las banderas, escudos, signos y demás simbología son respetables, si sirven para unir voluntades y forjar convivencia, y absolutamente prescindible si se utilizan para la división y el enfrentamiento.

Quizá algo ingenuamente, entendemos que las lenguas, los idiomas, son instrumentos de comunicación, y que su uso como elemento de imposición de culturas es algo rechazable, tanto si los que así los utilizan lo hacen desde una mayoría, como si se hace desde una minoría, lo que aún es peor.

Lo que sirve para identificarnos y distinguirnos de los demás tiene que estar supeditado al bien común; los derechos individuales y colectivos deben de aplicarse a las personas, antes que  a los territorios, y para diferenciarse es preferible, antes que un signo físico, una condición humana, como por ejemplo la condición de quien vive de su trabajo diferencia a la mayoría de los humanos, de la condición de la minoría que vive de explotar y manipular a los otros.

Con la misma autoridad, como mínimo, con que algunos confrontan en base a haber nacido (siempre casualmente) en un territorio, se puede afirmar que no es más gallego, catalán, alemán o guineano quien nace, que aquel que voluntariamente quiere serlo.

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Ideas y liderazgos – Antonio Campos Romay

Francisco Largo Caballero

Ideas más bien pocas. Tan escasas como el entusiasmo por debatirlas. Como siempre lo que aflora es la puja de los nombres. Una penosa macula en una organización que se presume de izquierdas y cuya seña de identidad debiera ser el debate de las ideas como instrumento para afrontar el encuentro con la sociedad y ser herramienta de esta para mejorar sus condiciones de vida. Lo único que salta, como pelotas de billar empujadas por billaristas torpes, son lindezas de mil especies, que alguno pretende disfrazar de ideas.

Hay quien reclama la E de las siglas de D. Pablo Iglesias, no la del plan E, sino la de “egpaña” como si esta estuviera en riesgo. España adoleció ya en otros momentos históricos de españolismos trasnochados que en su exceso llegó a la ocurrencia de acuñar la expresión Una, Grande, y Libre. Una, la  gran prisión de los sentimientos y las ideas. Unidad de Españas rotas. Dividas. Una aherrojada en el temor y la derrota. La otra en la opresión y el odio al vencido. Grande, en miseria y penuria intelectual. Libre. Cuando la libertad del país era una entelequia que comenzó títere del nazismo y terminó rehén del Tío Sam como comparsas de tercer orden en la interminable guerra fría que tan útil coartada fue a déspotas de diverso pelaje. Quien hace hincapié en  “egpaña” ignora la “O” de obrero con la soberbia altiva de quien no tiene apreturas a fin de mes en un país con varios millones de parados.

Hay quien hace didactismo con cantos a la democracia interna y repudia la toma de decisiones en petit comité. Casualmente su practica habitual en momentos de poder. Y dueño de  una de las  frases más…sutiles…de la Transición: “El que se mueva no sale en la foto”. Y cierto es, no hablaba a humo de pajas. También pontifica desde la autoridad de los años de servicio que no se puede cambiar el programa gratuitamente… (OTAN, de entrada no)…”La tacha de la Chacón es venir del PSC”…Ni los afines del PP que recogían firmas contra el Estatut y Cataluña lo dirían mejor…”Jovencitos al poder y primero las chicas”…Completando la idea, es momento de dar entrada a la gerontocracia que no se resigna y a las damas, con el criterio que maneja el Vaticano, limpiando el ornamento…

Un cabeza de cartel que derrochó pundonor y valentía en una lid de cuyo resultado era consciente y en las circunstancias más adversas. Que asumió ser sparring a los errores acumulados tanto por temas exógenos como endógenos. Pero hoy  lastrado por la más cruenta derrota sufrida por el socialismo español en toda su historia. Ni siquiera es alivio el pensamiento de Esquines de que en la guerra, la derrota no es el peor de los males, cuando la inflinge un enemigo indigno, pues seria estupidez e injusticia dar tal calificativo a D. Mariano y a su partido que representa cerca del 40 % de los que se aproximan a las urnas en este país. Sin restar un ápice a la deuda de gratitud de la organización a quien la llevó al resultado más pésimo de su historia, magra oferta parece de una formación política a una sociedad necesitada de creer en la catarsis  de uno de los partidos más significativos de la izquierda española. Y confiar a su escaso rédito la oferta de un proyecto sustantivo para una travesía del desierto árida y en tiempos procelosos.

Si algo le sobra al socialismo hoy es tiempo. Especialmente cuando lo abandonen aquellos que  como decía D. Francisco Largo Caballero “llegaron al movimiento político de la clase obrera a mesa puesta”. Tiempo para revisar sus miserias, no escasas. Y también su grandeza, en todo caso muy superior. Y en la que no es menor galardón en su hoja de servicios, consolidar la democratización de España, modernizarla y hacerla más solidaria. Cambiarle la faz y devolverla al concierto universal y no precisamente “como reserva espiritual de Occidente”.

Tiene tiempo para revisar si quiere ser simplemente una oficina electoral y ventanilla de prebendas, asimilándose casi sin solución de continuidad a la derecha más rancia y caciquil. Si su vocación es ser apenas los “liberales” de la primera Restauración traídos en el túnel del tiempo a esta segunda agonizante. Tiene tiempo para recuperar lo que Largo Caballero, considerado como el concejal más honrado y puntilloso en el Ayuntamiento de Madrid por sus rivales políticos, decía, “la firma de los concejales socialistas llegó a ser el mejor control de calidad que podía llevar un expediente y la prueba fehaciente de que no contenía nada irregular o deshonesto”. Tiempo hay para reflexionar por vía de ejemplo, que si el socialismo no se resume en el materialismo histórico de Marx, y de eso dio buena cuenta Felipe González, si es importante como mecanismo para entender el funcionamiento del capitalismo y descubrir la forma superarlo, o al menos frenarlo. Pero sobre todo está la dimensión ética, de servicio al común, de la lucha por la dignidad de las personas y de la emancipación social y moral de los más desfavorecidos. Recuperar valores y ejercerlos. Algo que no está reñido con el pragmatismo de las respuestas urgentes que requiere una sociedad compleja, cambiante, en medio de un mundo urgente y a la vez complejo y cambiante.

Tiempo hay para hacer un alto en el camino. Para escrutar en las raíces y la historia. En el bagaje tantas veces olvidado, y que es el mayor activo de la organización. Y desde la ética reencontrarse con la sociedad. Quizás también con el poder. Pero, para hacerlo herramienta y no un fin en si mismo.

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Historia basada en pechos reales – Carlos Etchevarría

A Iñaki Urdangarín, miembro de la familia real, le han pillado en una maniobra inconfesable, pero no sorprendente si examinamos su espectacular currículo vital, que refleja un deseo ardiente de conseguir riqueza al amparo de la corona, a la que de momento pertenece, aunque extrañado en Nueva York.

El pintoresquismo de los borbones, afines o consanguíneos, es una constante genética irremediable, no en vano lleva esta monarquía siglos en la Corte de Madrid, sin apenas interrupción. Indecorosas lapas aferradas a la roca hispánica, han sorteado vendavales desde el primer día de su presencia en nuestro país, allá por el año 1701.

Nada más poner pie en España la primera joya de esta corona, Felipe V,  nieto del rey sol e introductor de la ley sálica que excluía del trono a las hembras, tuvo que competir por el trono con la dinastía austriaca anterior, dando comienzo la infausta guerra de sucesión en la que España perdió vastos territorios que pasaron a manos de ingleses y austriacos. Los catalanes bautizaron a sus partidarios como fanfarrones, recibiendo a cambio terrible castigo en 1714 (11 septiembre: díada ) y la pérdida de sus fueros.

A lo largo del tiempo y hasta nuestros días, los borbones recibieron del pueblo burlas y sátiras por su incompetencia y conducta viciosa. Fueron especialmente denostados Fernando VII e Isabel II, que junto con Alfonso XIII tuvieron que exiliarse.

Su actual representante, Juan Carlos I, debe su dignidad al favor de Franco, que no por la gracia de Dios como correspondía a los anteriores, incluido el dictador. Y al no tener que dar cuentas al altísimo ni al pueblo, carece de freno para reprimir impulsos atávicos heredados de sus mayores. La reserva constitucional hacia su persona y familia, permite que sus acciones no sean diáfanas sino opacas. No rinde cuentas a nadie ni siquiera al Parlamento, estando sujeto solamente a su conciencia y al juicio histórico.

Y pues su conocimiento del bien y del mal es manifiestamente escaso, lo único que nos queda es la valoración histórica de sus 36 años al frente de la nación. Para ello es obligado conocer los hechos ocultos y desvanecer los mitos ensalzadores, lo que hasta el presente no es posible por el hermetismo derivado de la especial protección de que goza. Esa posición da pie a que circulen toda suerte de rumores y habladurías en torno a su vida privada o supuestos negocios y comisiones millonarias nunca desmentidos.

El agujero de la Zarzuela por donde asoma el hociquillo el ratón Urdangarín, no tardará en taparse sin mayores consecuencias. Mientras tanto, la Casa Real permanece callada.

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"Hasta pronto, hasta siempre…" – Antonio Campos Romay

José Luis R. Zapatero

Unas de las pocas palabras amables que le serán dadas escuchar estos días al presidente Rodríguez Zapatero proceden de la cantautora Ana Belén. «Me gustaría que las cosas fuesen de otra manera, que tanta gente no estuviera pasándolo tan mal, pero no oirás decir de mi boca que estoy desengañada o desencantada»,

En su tierra natal al calor de los suyos se despidió de la política en la que puede ser una de sus últimas presencias públicas. Quizás mientras hablaba, en su mente aleteasen Breno y su vae victis ó el alegato de Castro al ser enjuiciado por el asalto al Cuartel de Moncada, “la historia me absolverá”. Con una sonrisa tal vez nublada de melancolía, hizo gala de modestia y dignidad y terminó  su palabras con un, hasta pronto, hasta siempre, que es una forma de decir adiós sin acritud.

Una sociedad cainita como la nuestra se toma su tiempo en denigrar una persona antes de devolverla a su justo termino. Su miseria moral la caracterizan los que abucheaban al presidente cuando ejercía su derecho constitucional al voto, o usan el toque de oración en un desfile para destilar bilis. Lejos está el tiempo en que se le reconozca como el presidente de los derechos civiles y sociales. De nuevas fronteras de libertad. De la solidaridad y de la reparación de lo que se tapó con  manto injusto. De los derechos de la mujer. Sus esfuerzos en favor de la paz en Euzkadi, legando a su marcha la derrota de la banda criminal. De esforzarse para que la crisis no golpease con toda su brutalidad a los más débiles…

Si se subrayan sus errores de cálculo. Que no fueron menores  en algunos aspectos. Pero no más que los de muchos de sus colegas europeos y americanos.  O el poco acierto en la elección de algunos de los miembros de sus gobiernos. Lo que lamentablemente no deja de ser cierto. En cambio, tardará en aceptarse su gallardía al no rehuir por intereses personales ni de partido su compromiso con los intereses de  España sabiendo que el caería en el empeño irremisiblemente.

Con un entusiasmo legitimo, pero no enteramente comprensible, en orden al liderazgo mostrado y a la exposición de sus compromisos, una gran parte de la ciudadanía poniéndose el mundo por montera otorgó plenos poderes al Sr. Rajoy. Lo hizo con tal afán que casi recuerda el “vivan las cadenas” decimonónico, aquel grito de un pueblo enervado que recibió al menos recomendables de los Borbones Fernando VII, que llegaba de un placentero exilio.

Haría bien el Sr. Rajoy no olvidar la veleidad de los afectos y desafectos de este país. Vale al caso la frase del chulapo que vitoreaba infatigable la entrada en Madrid  de otro Borbón, Alfonso XII, tras el golpe militar de Martínez Campos. Decía el tal chulapo cuando el rey de espadas Alfonso le agradecía el entusiasmo, “pues no vea Su Majestad como gritábamos cuando echamos a la p…de su madre.”

Al Sr. Rajoy hay que felicitarlo por su triunfo. Rotundo y abrumador. Conseguido en un ejemplo de economía del esfuerzo. Capaz de captar, con más mutismo que transparencia, tal depósito de confianza. Y sin pagar factura por algunas deslealtades institucionales notorias más allá de lo que es el marco de una de una resuelta oposición, hasta poner en riesgo no al gobierno, sino los intereses del país. Mayo de 2011 no será el más honorable recuerdo para el Sr. Rajoy y su formación política, con un comportamiento que permitía colegir la subordinación de los intereses de España ante la prioridad de obtener cuanto antes el poder, a cualquier precio. Incluso a coste de que el país fuese intervenido.

Don Mariano acumula el poder más absoluto que ningún líder democrático tuvo nunca. Estado, comunidades,  ayuntamientos, diputaciones, la inmensa mayoría de los medios de comunicación, el afecto de la banca, la bendición de la patronal y el beneplácito de la Conferencia Episcopal. Y la muletilla inestimable, de “la herencia recibida”. En estos momentos, con la magnitud del poder acumulado en sus manos no puede ya seguir apelando al recurso del silencio o la vaguedad. Es la hora de mostrar su merito y solvencia. Y de exigirle respuestas sin excusas ni paliativos. Múltiples y muy graves fueron sus descalificaciones y las de sus aláteres sobre la administración saliente y las palabras siguen vivas  en las hemerotecas. Las soluciones taumatúrgicas del PP ante la crisis y el devenir de España tantas veces vendidas y ponderadas es hora de  confrontarlos en la realidad cotidiana.

Por el bien común, el Sr. Rajoy merece un voto de confianza y lealtad institucional. Las que el negó sistemáticamente al presidente saliente y por las que ahora seguramente clamaran él y sus colegas desde el primer día. Sus cien días deben ser generosamente amplios. Con una generosidad que el PP jamás tuvo en estos años, y menos sus conmilitones de los lobbys mediáticos. Da igual. Lo que está en juego, es nuestro futuro. Si este hombre fracasa…y para su desgracia y la nuestra, el tiempo está tasado, alguien nos enviará un Van Rompuy con la alternativa bajo el brazo…

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