Lágrimas de cocodrilo en las exequias de Mandela – La República

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Hago un paréntesis a la línea usual de mis artículos para considerar lo acontecido en Sudáfrica, donde una pléyade de mandatarios le dio el último adiós a Nelson Mandela, el extraordinario hombre que levantó las armas para defender los derechos de su pueblo.

Entre los que llegaron a Johannesburgo estaban aquellos que lo entregaron como fruto del esmerado trabajo planetario de la CIA. También los que levantaron la singular figura del prohombre, cuando ellos en sus países emulan un apartheid de larga data. Hablamos de Israel y la Franja de Gaza, considerada la mayor cárcel a cielo abierto del mundo.

Ahora resulta que don Bibi se siente inspirado por un líder que luchó por evitar la segregación al igual que hoy hacen los palestinos. Hasta hicieron acto de presencia los dos últimos presidentes de Francia, responsables del bombardeo a Libia, Mali y en estos días a la República Centroafricana.

A pesar de la larga pasarela, la nota no fue Madiba sino los celos de doña Michelle y los escarceos entre Obama con la primera ministro de Dinamarca. Incluso el inocuo saludo del siempre risueño Barack con Raúl Castro y la presidenta de Brasil.

En pocas palabras, las exequias de un gran hombre terminaron por ser un espectáculo donde nunca estuvo el Mandela que al salir de la cárcel pagó su deuda de honor con dos países a los que reconoció como verdaderos amigos de la Sudáfrica negra: Argelia y Cuba. En todo caso, estuvo ese otro Mandela, el que concilió con quienes hoy permiten una democracia formal, asegurándoles a los de siempre el control del poder económico que paradójicamente y de nueva cuenta, les concede el político.

Se erradicó el racismo en la Constitución que impulsó Madiba, pero sigue vivo de maneras diversas, mientras el gobierno poblado por integrantes de esa raza, bucea en una inocultable corrupción.

Fue tanto el ánimo conciliador del que se fue, que desnutrió la protesta de su pueblo, transmutándola en un pacifismo cuyo resultado está sobre la mesa: el 50 por ciento de la población permanece por debajo de la línea de pobreza. Es uno de los integrantes del eufórico Brics como consecuencia de las medidas neoliberales impuestas por Mandela, lo que promovió la competitividad de las exportaciones agraviando los salarios sin piedad.

Y es precisamente por el impulso a este fatídico modelo impuesto con el fin de proteger a la oligarquía -sobre todo la minera- que su envergadura como gran victorioso de la cárcel, hoy es usada por tirios y troyanos. Por un lado se alzó la voz de Raúl Castro, legitimada por los más de dos mil cubanos muertos en la batalla de Cuito Cuanavale a finales de los 80 del siglo pasado donde fue derrotado el ejército racista sudafricano al sur de Angola y por otro, el presidente de Estados Unidos, país que durante sus 27 años de prisión lo consideró un terrorista.

Por otra parte hizo uso de la palabra la ex guerrillera Dilma Rousseff, quien recordó la base social africana de Brasil, un país que puede ser gobernado por una mujer pero nunca por un negro.

Desde el portal Rebelión, José Antonio Gutiérrez D. escribió algo que me resulta esclarecedor: “Mandela hoy es un ícono polivalente, de muchas caras, con sus luces y sus sombras. Las luchas del pueblo sudafricano contra el apartheid son un patrimonio de la humanidad, un hito importante en el proceso de humanización de nuestra torturada especie.

Pero también estas luchas encapsulan las contradicciones de su tiempo: animadas por los valores de la izquierda, terminan entrampadas en el estrecho horizonte ideológico del neoliberalismo, donde la igualdad de todos fue entendida apenas como libertad ante el omnipotente mercado”.

No pretendo restar ni tan solo un poco el valor de Mandela como luchador social, pero es necio desaprender lo que el gran poder mundial hace con ellos cuando asumen el poder político. Asimismo, resulta poco lúcido pretender desconocer el marco mundial y nacional en el que Madiba asumió como presidente de Sudáfrica; imposible, incluso, desentender que no había muchos caminos a recorrer, aunque la “victoria” contra del apartheid y el racismo, así como la distensión de la política nacional, concluyó en la legitimación de un neoliberalismo que evidencia una inconfesable tragedia: la más brutal de las concentraciones de la riqueza nacional del planeta azul, con un coeficiente de Gini superior al 0.60.

Acerca de Contraposición

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