Tres mujeres en la cúspide del poder – Clarinx

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Por Osvaldo Pepe BUENOS AIRES

Con su holgada victoria en la segunda vuelta, Michelle Bachelet llegó anoche por segunda vez a la presidencia de Chile.

Con ella, con Dilma Rousseff en Brasil y Cristina Kirchner en la Argentina, tres países de fuerte gravitación geopolítica en el cono sur de América, tienen a mujeres en el poder. Una coincidencia de género, bienvenida y acorde a los tiempos, que desde luego no suprime entre ellas diferencias de estilos ni de historias personales y hasta de miradas políticas sobre lo que significa conducir un país hacia una modernidad integrada, en el marco de una cultura democrática.

La Presidenta argentina encarna en cuerpo y alma la herencia peronista de la movilidad social ascendente. Hija de un colectivero y de una madre ama de casa, futbolera, y militante peronista, la instrucción pública le permitió desarrollar una carrera pródiga en logros políticos y acumulación de bienes personales. Bachelet es hija de una antropóloga y de un general que cruzaba sangre francesa y chilena. Dilma nació de una madre brasileña y un padre búlgaro, abogado y próspero empresario, típica clase media alta.

El compromiso político de Bachelet y Dilma las llevó a los arrabales de la lucha armada y aunque no fueron combatientes sufrieron cárcel, tortura y exilio en dictadura. El padre de Bachelet, jefe de la Fuerza Aérea chilena y leal a ultranza al presidente socialista Salvador Allende, murió en prisión de un infarto devastador, luego de una sesión de tormentos. Cristina tuvo menos zozobras en tiempos militares. Apenas registra un voluntario ostracismo en el sur, en donde no fue perseguida. Según se sabe de su propia boca en aquellos tiempos oía una sirena y se metía “debajo de la cama” , una metáfora para graficar el terror que habían implantado las bandas militares en el país.

Tanto Dilma como Bachelet llegaron al poder con experiencia en gestión.

Cristina hizo eje en su desempeño legislativo. Dilma fue ministra de Minas y Energía en Río Grande do Sur y luego jefa de Gabinete de Lula. Bachelet fue ministra de Salud y luego de Defensa de Ricardo Lagos. Rehusó a la tentación de la venganza y así honró aún más la memoria de su padre, muerto en las mazmorras del régimen de Pinochet.

Habla bajito, no se enoja y suele persuadir ant es que ordenar. Se fue de su primera presidencia con el 84,1% de aprobación. Dilma es más enérgica y severa con sus elencos políticos que con la sociedad. Echó a 8 ministros por la sola sospecha de corrupción. Y no dudó en reconocer en público la legitimidad de las recientes revueltas populares que estrujaron Brasil. Escuchó el mensaje de la gente, n o se hizo la distraída ni bailó con impronta frívola mientras una parte de su sociedad, que seguramente la había votado, sufría y se desangraba. Bachelet asumió en 2006 y vuelve ahora. Cristina en 2007 y fue reelecta en 2011, año en que Dilma llegó al Planalto. Todas tienen pendiente el desafío enorme de reducir la profunda desigualdad social de sus países. Acortar la brecha de ingresos, pero también de oportunidades y de alguna esperanza de futuro.

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