La indignación y el futuro despojado- Alberto Vila Porto

FOTO AVPLa indignación es la emoción predominante en las calles de España, como respuesta ciudadana a los excesos de la clase política y empresarial. No consideran sus ciudadanos que la carga de resolver los desequilibrios del déficit se repartan de manera equitativa. Esto haría prever para las próximas elecciones la aparición de nuevas opciones políticas, y la activación de las movilizaciones como expresión de las emociones que acumulan los indignados. El barrio burgalés de Gamonal es sólo un caso que sirve de ejemplo y motivación para enfrentar el despotismo democrático que este gobierno pone delante de los ciudadanos, cuando adopta medidas que superan los límites de la razonabilidad. Una vecina de ese barrio declaró en un canal nacional que: “Nos han quitado tanto que nos han quitado hasta el miedo”. 

Recordemos que todo comenzó con la manifestación que Democracia Real Ya!, convocó en Madrid el domingo 15 de mayo de 2011 a las 18 horas. Una marcha que transcurrió desde la plaza de Cibeles hasta la Puerta del Sol, pero que finalizó con violentos altercados entre manifestantes y policía por las calles del centro de la capital. Como respuesta a la actuación de las Fuerzas de Seguridad un puñado de jóvenes decidió agruparse, ya por la noche, en Sol y expresar con una sentada su malestar. Un acto que la Policía no permitió desalojándolos de manera brusca. Ahí surgió la chispa. El movimiento de los Indignados. La leña llevaba acumulándose meses con noticias de recortes sociales, despilfarros económicos y promesas incumplidas, y el viento que avivó la llama fueron Facebook y Twitter. De hecho cabe preguntarse si hubiera alcanzado semejante tirón y notoriedad de no ser por la actuación policial.

Los episodios que se han producido en las plazas céntricas de Madrid y Barcelona, son una secuencia más de lo que ya se manifestó en el 15M, bajo el gobierno de Zapatero. La movilización se ha constituido ahora, en todas las ocasiones en la que se echó a las calles, como una respuesta discrepante a la aplicación de un modelo antagónico con sus intereses. Además de poner de manifiesto las barreras que esta clase política pretende poner al descontento.

La debilidad de lo que fue el 15M, era que constituía sólo una respuesta… no una propuesta. Allí residía su talón de Aquiles. Ahora, luego de un proceso de maduración democrática, de base, parece que toma forma la expresión orgánica de esas energías desarrolladas. El gobierno le teme a esa forma de expresión política de base. No la controla. La pretende reprimir, pero sólo consigue acrecentar su energía en forma de movilizaciones. La oposición tampoco.

La manipulación de la información, otrora canalizada casi con exclusividad por los medios de comunicación masivos, con el cambio de paradigma tecnológico, ahora permiten la información en red. También la organización en red. El potencial de esa forma de comunicación neuronal ha hecho, por ejemplo que, una propuesta política para una candidatura en las próximas elecciones al Parlamento Europeo, liderada por el politicólogo Pablo Iglesias, obtuviese más de 60000 apoyos en poco más de 24hs. Desde su  cuenta en Twitter este joven político informó que, la cuenta de @ahorapodemos se bloqueo en varias ocasiones.

El gobierno actual, por su parte, en el afán de demostrar su capacidad para controlar la situación lo único que ha conseguido es enviar un mensaje claro a los mercados de que está comenzando a perderlo. Otra vez, la acción policial desmedida ha sido un claro error, aún cuando hayan existido grupos minoritarios violentos. La represión de pequeños grupos, en algunos casos con infiltrados profesionales, en lugar de desmerecer el movimiento de protesta, tal y como surgieron voces desde los medios afines al gobierno, no han hecho más que consolidar la creencia de que “se puede”.

Uno de los mensajes más reiterados, en los carteles y pancartas de las movilizaciones, ha sido la referencia a la corrupción en todos los niveles de la gestión política y dirigencial española.

El esfuerzo que se le está exigiendo al conjunto de la sociedad española no se acompaña con el que deberían realizar los miembros de la clase política y sus estructuras operativas. Ese es el combustible que alimenta el descontento. La judicialización de la gestión no ha librado ni siquiera a la monarquía.

En este sentido es menester recordar que en el caso español, esta institución, se ha mantenido hasta los últimos episodios borbónicos, sin mayores máculas. Pero, sería bueno recordar que, más que una institución consolidada, resultó de capitalizar los valores más significativos de todo el proceso de la transición. Incluido, claro está, el intento golpista del 23F. Desde entonces, los pasos de la Casa Real van siendo acordes con el vacilante caminar de su Majestad. Su implicación en el tema de su hija fue el penúltimo tropezón que, desde la Moncloa, le hicieron cometer a Juan Carlos I, a través de las declaraciones del responsable de la Casa Real.

Con la ira en la calle, en los países más afectados por los ajustes, Grecia, Italia, España y Portugal, el nivel de participación en las movilizaciones se va incrementando. Además, la desautorización ética, basada en los casos de corrupción, que se ha ganado a pulso la clase política, está siendo analizada desde la calle de manera directa a medida que los umbrales de la pobreza acosan a un porcentaje mayor de españoles.

Puede que parezca una cursilería, pero cuando se le roba la ilusión por su futuro a una persona, y si es joven más aún, se está en el principio del fin del poder que se le ha otorgado a través del voto. Los jóvenes españoles han perdido su futuro como consecuencia de la actuación irresponsable de una clase dirigente que no está a la altura de los tiempos. En resumen, recordemos que Montesquieu afirmaba que: “La descomposición de todo gobierno comienza por la decadencia de los principios sobre los cuales fue fundado.”

 

Acerca de Contraposición

Un Foro de Estudios Políticos (FEP) que aspira a centrar el debate sobre los diversos temas que afectan a la sociedad desde la transversalidad, la tolerancia, la libertad de expresión y opinión. Desvinculado de corrientes políticas o ideologías organizadas, pero abierto a todas en general, desde su vocación de Librepensamiento, solo fija como límite de expresión, el respeto a las personas y a la convivencia democrática. El FEP se siente vinculado a los valores republicanos, laicos y civilistas como base de una sociedad de librepensadores sólidamente enraizada en los principios de Libertad, Igualdad, Fraternidad.
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