La España confusa- Antonio Campos Romay

83bab-antoniocamposromayEspaña está en una situación confusa. Que alcanza el territorio, la economía, la política, el modelo de estado, la honorabilidad y capacidad de sus dirigentes… Envuelta en querellas cruzadas. Víctima de una cultura politica superficial, con un motor diabólico que es la calumnia. No se calumnia a los mediocres. Se calumnia a todos aquellos que tienen una visión o un  proyecto que desde la utopía, son capaces de  sobrenadar la vulgaridad, la ineptitud o la infamia intentando apuntar futuro. Se calumnia a las Columnas de la Dignidad. A los estudiantes que claman por su presente y su futuro. A los pensionistas. A los usuarios y profesionales que denuncian el desmantelamiento de la sanidad, una de las columnas vertebrales del estado social y de derecho. A los desahuciados que se ven arrojados a la vía pública. A los que se percibe pueden construir una mayoría social distinta pivotada en parámetros de progreso y metamorfosis de un edificio que se desmorona en su propia miseria. Si Juan Pablo II decía que la democracia debe estar acompañada de virtud, Emilio Castelar calificaba de “demogresca” a la discrepancia que era apenas producto de la moral del resentimiento.  Esta democracia hace tiempo que dejo de estar ornada por la virtud y lo esconde cínicamente en la gresca tabernaria de los que se creen protagonista principales.

El proyecto económico y político que nos impone la Europa merkeliana y sus lacayos locales, imposible de pasar por un tribunal de buena praxis, termina siendo una colección de propuestas oportunista que persiguen subrogar el bien público por el interés privado con absoluta subordinación exterior. Es la deriva hacia la “democracia morbosa” que invocaba Ortega. De alguna forma la oleada conservadora que invade esta Europa adulterada, de la que España es penoso exponente, convirtió en su estrategia de cabecera  una expresión de Karl Marx, “El poder político es simplemente el poder organizado de una clase para oprimir a otra”. Y así lo ejerce cruel y sin el menor pudor.

Las mayorías absolutas, una ley electoral maliciosa, la corrupción y el miedo terminaron por cercenar la moralidad pública. La posterior crisis tras unos años de espejismo suicida nos regala un presente de pobreza generalizada y la nada ideológica. Los tres últimos años de la historia española para el espectador atónito, es el relato no de una acción de gobierno, sino la de una brigada de demolición de derechos y conquistas sociales logradas a lo largo de un siglo. Padecemos un gobierno con síndrome de Sísifo,  rey cruel  y tramposo que  hizo enfadar a los dioses. Sus desvaríos los paga en este caso no el, (Sísifo quedó ciego, este gobierno lleva así desde el principio),  sino un pueblo condenado a empujar perpetuamente  montaña arriba hasta la cima una roca sólo para que tras volver rodando hasta el valle, sea recogida y empujada nuevamente hasta la cumbre y así indefinidamente. La roca son los derechos y conquistas ciudadanas. Albert Camus presenta el mito de Sísifo como la metáfora del esfuerzo inútil e incesante en que consume su vida deshumanizada el hombre moderno..

Curiosamente, en un país asfixiado por nacionalcatolicismo que cabalga a lomos de un gobierno, penco llevado del ronzal por los sectores más integristas del Opus Dei, son esos mismos, los que enarbolan el Cristo como mazo agresor, los que practican una apostasía que arrumba a Dios en un oscuro sótano, para arrastrase babeantes e insaciables ante el Becerro de Oro.

Con impotencia se asiste a la perversión de la política en una práctica artera para impedir que la ciudadanía participe en lo que le afecta .Al elector se le convence de que goza de democracia por otorgarle el privilegio de votar por un candidato o candidata que eligieron otros. Se vive la orfandad de estadistas con altura de miras y capacidad de pensar en las próximas generaciones. El vacío se rellena con “políticos” cortoplacistas que solo vegetan en aras de las próximas elecciones. Políticos incapaces no solo de tener la decencia de dar un paso atrás si sobre ellos recae duda severa de su honestidad, sino de tener la ductilidad de aceptar una opinión razonada de la ciudadanía no coincidente con la suya. Gentes preñadas de soberbia inculta, incapaces de distinguir cuándo han cambiado las preguntas, aferrándose a sus respuestas predeterminadas.

La democracia si es algo, es confianza. Del elector en el elegido. Su utilidad es  ser garante de la administración de los intereses del común de forma equitativa, en cargas esfuerzos y redistribución. Avalando la identidad de un estado social y de derecho. Otra cosa…es lo que padecemos… Y lo que nos desvertebra como sociedad.

Acerca de Contraposición

Un Foro de Estudios Políticos (FEP) que aspira a centrar el debate sobre los diversos temas que afectan a la sociedad desde la transversalidad, la tolerancia, la libertad de expresión y opinión. Desvinculado de corrientes políticas o ideologías organizadas, pero abierto a todas en general, desde su vocación de Librepensamiento, solo fija como límite de expresión, el respeto a las personas y a la convivencia democrática. El FEP se siente vinculado a los valores republicanos, laicos y civilistas como base de una sociedad de librepensadores sólidamente enraizada en los principios de Libertad, Igualdad, Fraternidad.
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