La opción Repúblicana- Antonio Campos Romay

 

banderarepLA OPCIÓN REPUBLICANA

“Una figura excepcional entra en la Historia. El nombre de Francisco Franco será ya un jalón del acontecer español y un hito al que será imposible dejar de referirse para entender la clave de nuestra vida política contemporánea. Con respeto y gratitud quiero recordar la figura de quien durante tantos años asumió la pesada responsabilidad de conducir la gobernación del Estado. Es de pueblos grandes y nobles el saber recordar a quienes dedicaron su vida al servicio de un ideal. España no podrá olvidar a quien como Soldado y Estadista ha consagrado toda la existencia a su servicio”.  Párrafo del discurso de Juan Carlos de Borbón y Borbón el 22 de diciembre de 1975, al hacerse cargo de la Jefatura del Estado para la que fue designado por el “dedazo” (en terminología actual)  del general Franco.

Años antes, el 10 de julio de 1961, su padre, D. Juan de Borbón, en carta al “Soldado y Estadista” suscribía “el sistema político que hoy rige, me permite afirmar sin hacer violencia alguna a mi pensamiento, mi adhesión a los principios y leyes fundamentales del Movimiento implícitos en la doctrina tradicional española”.

Al término de la guerra civil, su abuelo, el ex – rey D. Alfonso de Borbón,  también por carta, se dirigía al “Soldado y Estadista”, “desde luego le repito que estoy a sus órdenes como siempre, para cooperar en lo que de mi dependa a esta difícil tarea, seguro de que triunfará y llevará a España hasta el final del camino de la gloria y de la grandeza que todos anhelamos”. Tras ello le ofrece la Real y Militar Orden de San Fernando (por haber sido jefe nato de ella)...” para que todos los buenos compatriotas viéramos sobre su pecho esa condecoración jamás mejor otorgada al Caudillo que brillantemente salvó a España y la llevó a la victoria”.

La Transición avanza con sonoras cesiones en atención a lo que se llamaba “rumor de sables”, omnipresente en el proceso. El jefe de estado nombrado por el dictador, intocable. La bandera bicolor anfitriona de cada sufrimiento infringido a los demócratas durante la guerra civil y la dictadura, ondeando a sus anchas. La “marcha de los granaderos” a cuyos sones la casa de borbón y la dictadura celebraron sus fastos, himno oficial. La monarquía del Movimiento instaurada por el general traidor, con salto incluido sobre el títere de Estoril, única forma de estado posible. “Atado y bien atado” dictaba el testamento del “Soldado y Estadista” glorificado por tres generaciones de borbones…

La Constitución nacida de ella, pese a su utilidad democratizadora, contiene incoherencias tan severas como la que contrapone uno de sus principios medulares, “todos los españoles son iguales ante la ley”, con  el artículo 56-3,  que consagra “la persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabili­dad”. Hace siglos Cicerón advertía: “El buen ciudadano es aquel que no puede tolerar en su patria un poder que pretenda hacerse superior a las leyes.”

El escenario actual reclama su revisión a fondo, pese a las reticencias de las dos grandes corrientes del sistema. Corrientes que manejan de forma oligopólica el poder bordeando actuaciones contiguas al despotismo ilustrado con pinceladas propias de la I Restauración. Por cierto, en España no hay restauración sin un borbón a la tajada. Contundente lo aprendió el general Prim asesinado a poco de pronunciar en el Congreso el famoso discurso de los tres jamases: «No debe aplicarse la palabra jamás, pero es tal la convicción que tengo de que la dinastía borbónica se ha hecho imposible para España, que no vacilo en decir que no volverá jamás, jamás, jamás»…

Los partidos mayoritarios, autistas ante la sociedad y ciegos ante la historia, se licuaron en el sistema asumiendo el libreto de paladines dinásticos. Sutilmente se parapetan en rancios mantras franquistas para presentar la opción republicana como espacio de desgobierno y anarquía. El “España necesita mano dura para ser gobernada”, trasladado al caso seria, “España solo puede gobernarse con monarquía”… La praxis descartó la mano dura y la historia refleja una imagen distinta de la etapa republicana, pese a las dramáticas vicisitudes que hubo de afrontar. Una ocurrente canción popular de la época, decía no sin razón:

“mucha gente sin trabajo, sin escuelas y sin pan,

es la herencia que los borbones nos dejaron al marchar”

Mal que bien pese a tales antecedentes la Republica pugnó por una profunda modernización social, un esfuerzo denodado en educación y cultura y en el impulso de valores y derechos.La monarquía actual, democrática en su ejercicio, como cualquier otra monarquía no deja de ser  un símbolo que transmite su poder por la herencia de la sangre lo que la aleja de cualquier principio de igualdad ante la ley y de igualdad de oportunidades. Son por naturaleza antidemocráticas, y por supervivencia, opacas.

La democracia española corre el riesgo de convertirse en una gran ficción que asoma por algunos flancos averiados. Difícilmente cabe caracterizar como el estado democrático que se reclama, “social y de derecho”, a esta monarquía que mantiene a seis millones de ciudadanos sin trabajo, a tres millones en estado de precariedad absoluta y es el segundo país de la UE en pobreza infantil. Y en el que por primera vez tras muchas décadas el futuro dejo de ser una promesa para convertirse en una amenaza.

La opción republicana ha dejado de ser utopía, para convertirse en  futuro. Sin ataduras con el pasado, pero menos todavía con un presente bochornoso y sus zafias complicidades. La ruptura democrática, rehuida medrosamente, debe poner fin a la orgia de corrupción, entreguismo, impunidad y desdibujo de ideologías que amenaza superar lo que predicaba D. Gonzalo de la Mora.El líder sindical Sr. Fernández Toxo afirma “laspróximas elecciones generales deberían ser a Cortes Constituyentes, porque  es la única manera de superar la crisis política, la crisis institucional, la crisis territorial y encarar de mejor forma la crisis económica y social que vive el país”.

La Republica va más allá de una forma de estado. Es un concepto ético y político. Que conjugan ideas de honestidad, integridad, honradez, lealtad y justicia en el gobierno de la cosa pública. Una bocanada de aire fresco en una sociedad desvalida moral y materialmente. Un nuevo modelo de organización política de la voluntad popular. Con la ciudadanía protagonista en lo cotidiano sin tutelas extemporáneas. Afrontando con sentido de estado los retos territoriales. Recuperando a las generaciones jóvenes para construir el futuro. Tejiendo un espacio de convivencia, laico, austero y cívico.  Y apostando con firmeza por la recuperación de una Europa de solidaridad y ciudadanía

Que de respuesta al monopolio del poder en manos privadas, erradicando a los que lo toleran o son cómplices necesarios. Poniendo en valor la supremacía de lo público. Lo contrario,- lo que padecemos-, es un estado rehén de grupos subordinados a intereses externos que colonizan el poder económico, político e incluso confesional. Paso previo a un nuevo modo de fascismo. La opción republicana, con una rigurosa mudanza del paisaje actual es la respuesta ética para afrontar una crisis donde el “establishment” se limita, sin pudor,  a administrar los intereses del capital especulativo.

El modelo republicano representa la supresión de una jefatura del estado aferrada por herencia a su status. Envuelta en escándalos que se comparecen muy poco con lo que cabe esperar de su papel moderador, ejemplar y transparente. Sustituyendo tal anacronismo por una ciudadana o ciudadano electo, respetable y revocable. Una catarsis de civilismo frente a las tropelías que quiebran los derechos ciudadanos, el bienestar colectivo y el futuro como país democrático.

Nuestra historia es el relato de un dominio ejercido  tanto por la ignorancia como por la fuerza. La II República se esforzó en hacer ciudadanos libres a través de un gigantesco esfuerzo educativo. Quizás por ello hoy se hace retroceder la socialización de la enseñanza pública para todo lo contrario. Exangüe y endogámico, al modelo actual ya no le quedan en la chistera más parches ni soluciones creíbles. La opción republicana es la alternativa en tanto de respuesta a las transformaciones profundas que urge el estado y sea el revulsivo moral que exige una sociedad que agoniza en la desesperanza y la impotencia, frenando el deslizamiento de España hacia un estado fallido socialmente.

La opción republicana es la respuesta cívica para restaurar la dignidad de la política y de los políticos. Y sobre todo, para restituir la dignidad que se le está usurpando con alevosía insolente a la sociedad la española.

 

Acerca de Contraposición

Un Foro de Estudios Políticos (FEP) que aspira a centrar el debate sobre los diversos temas que afectan a la sociedad desde la transversalidad, la tolerancia, la libertad de expresión y opinión. Desvinculado de corrientes políticas o ideologías organizadas, pero abierto a todas en general, desde su vocación de Librepensamiento, solo fija como límite de expresión, el respeto a las personas y a la convivencia democrática. El FEP se siente vinculado a los valores republicanos, laicos y civilistas como base de una sociedad de librepensadores sólidamente enraizada en los principios de Libertad, Igualdad, Fraternidad.
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