Europa Europa… Antonio Campos Romay

83bab-antoniocamposromayEUROPA EUROPA…  

Cada cinco años la ciudadanía europea es convocada a las urnas para elegir unos seres privilegiados –depositarios de cuantiosos privilegios-, que se supone la representan en un lejano cónclave del que escasas noticias llegan a la periferia. La impresión que hay es que cada vez concurre con mayor desgana o simplemente declina la invitación. El reparto de escaños según fuentes del Euro-parlamento oscila entre los seis de Malta Luxemburgo, Chipre ó Estonia hasta los 99 que envía Alemania, mientras España aporta 50 en una Cámara de 786. Los países tienen autonomía para fijar aspectos concretos del proceso electoral. Unos estados lo realizan por circunscripciones territoriales mientras otros, el caso español, lo hacen en circunscripción única. Teóricamente las elecciones europeas son una de las escasas oportunidades de la ciudadana de  influir en un Parlamento que tras el Tratado de Lisboa se ha convertido en un colegislador con peso reforzado en las decisiones, y en la elección de la presidencia de la Comunidad.

Entre las dos grandes familias políticas europeas, conservadores y socialdemócratas suman en la actual legislatura en torno al 61% de la cámara, 265 diputados los unos y 184 los otros. Desde sus bancadas han surgido prácticamente las más de 900 directivas comunitarias que en estos 5 años que si en ocasiones nos fustigaron en muchas otras tuvieron un efecto balsámico o positivo para nuestros intereses.

Durante los próximos días será permanente la tormenta de soflamas, pero casi seguro, muy pocas ideas útiles. Se desnaturalizan estas elecciones reduciéndolas a un debate en clave local, donde unos partidos emergentes, con clara bisoñez y escaso recorrido en algunos casos y en otros cementerios de elefantes de políticas caducas y extremistas, muestran un único objetivo: poner en jaque el bipartidismo. Algo que sigue desangrándose de forma lenta en orden a sus responsabilidades en el caso de la actual mayoría y más preocupante para una oposición que no recupera el pulso. Y con ello debilitándose la percepción en cada encuesta de su capacidad interlocutora con el país. No parece extraño el rumor que apunta a que en sus agobiado estados mayores llegue incluso a barajarse como última salida para frenar la hemorragia de credibilidad del sistema, la “Grosse Koalition” tan válida para el interior como para una Europa coyunturalmente sin más hoja de ruta que las pulsiones de la Sra. Merkel y los dictados especulativos de los poderes económicos.

Unos sectores que temen como a un nublado un día de picnic, la quiebra de su obsoleta apuesta, usurera y mercaderil, tan lejana del proyecto solidario e ilusionante que en su día preconizaran Konrad Adenauer,   Alcide de Gasperi,Robert Schuman o  Paul-Henri Spaak entre otros padres del Tratado de Roma. Un proyecto que ponía en valor el discurso de Europa como espacio ciudadanía, bienestar, cultura y solidaridad. Algo que los buitres que clavan sus garras en la U. E. ponen en entredicho al amparo de una estafa colosal que llaman crisis, sin importarles lo más mínimo que para ello quede resentida severamente la idea de Europa proyecto común.

Otro daño colateral a aquella idea de Europa es el auge de una poderosa corriente de extrema derecha que no parece descabellado se vea representada en la nueva Cámara por un conglomerado de formaciones como  el Frente Nacional de Le Pen, el partido holandés para la Libertad de GeertWilder, los ultranacionalista Partido de la Libertad de Austria, el flamenco Vlaams Belang, los demócratas de Suecia y la Liga Norte de Italia, a los que alguna encuesta atribuye cerca de 40 escaños. Y todo en base a utilizar su populismo neofascista para agrandar el distanciamiento ciudadano con el proyecto europeo común.

En tanto en España, cuando tan necesaria sería una pedagogía política europeísta, esta  brilla por su ausencia. Lo que debiera ser una exposición de intenciones en orden a la recuperación del espíritu europeo que encandiló a dos generaciones, es apenas un episodio más de gresca doméstica. La endeblez democrática asoma cuando las dos formaciones mayoritarias se permiten rehuir un debate entre sus líderes con argumentos tan mendaces que insultan la inteligencia ciudadana. Se buscan debates rígidos, a imagen y semejanza de los candidatos. Lejanos de un formato abierto que permita apreciar su idoneidad por la ciudadanía. Se trata de buscar la fórmula más inocua para pasar un mal trago o si se puede evitarlo. Sin perder la careta de demócratas y de acatar, al menos de boquilla, una demanda democrática que nadie cuestionaría en una democracia contrastada. A partir de ello se tiene la sensación, por la lejanía no casual en que se mantiene al Parlamento Europeo y por la composición de las listas, de estar ante una elección para una especie de Senado ampliado, sobre el que existe escaso control, menor rendición de cuentas por parte de sus protagonistas, y ambigua utilidad.

Circunstancias que no son precisamente acicate a una participación que se presume raquítica. Y de la que se deduce que el mayor interés para los grandes directores de la escena política se centra en el recuento de bajas y en qué medida repercute esto en su deterioro en el ámbito local, quedando la contribución al proyecto europeo tan limitado en su interés, como la capacidad de incidencia a medio plazo como país en su desarrollo. Pese a ello es necesario votar. Romper una inercia como mínimo peligrosa y hacerse presentes. Sino el espacio que se deje siempre será ocupado por aquellos que finalmente será penoso lo sojuzguen.

Acerca de Contraposición

Un Foro de Estudios Políticos (FEP) que aspira a centrar el debate sobre los diversos temas que afectan a la sociedad desde la transversalidad, la tolerancia, la libertad de expresión y opinión. Desvinculado de corrientes políticas o ideologías organizadas, pero abierto a todas en general, desde su vocación de Librepensamiento, solo fija como límite de expresión, el respeto a las personas y a la convivencia democrática. El FEP se siente vinculado a los valores republicanos, laicos y civilistas como base de una sociedad de librepensadores sólidamente enraizada en los principios de Libertad, Igualdad, Fraternidad.
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