Nuestro voto, si vale- Antonio Campos Romay

belquicaNUESTRO VOTO,  SI VALE

Nuestro voto vale en primer lugar para impedir en el futuro  una salvajada como la que conmovió cualquier conciencia digna ante lo sucedido en Bélgica. Antes de ayer los nazis y hoy otros facinerosas con los mismo instintos inhumanos y xenófobos quieren reeditar uno de los mayores baldones de la Humanidad. El valor del voto europeo da su medida en la capacidad de  arbitrar frenos férreos a un acto que en la Europa culta y civilizada (por cierto, la Alemania de los años 30 lo era) no es un anécdota. Es una categoría intolerable  que no puede pasarse por alto ni mirar hacia otro lado ante ella.

Nuestro voto si vale. Aparentemente tras estas elecciones, nada cambie en principio. Seguirán mandando los mismos. En España y en Europa. Pero si indicia en España un camino, que posiblemente sea sin retorno.  En el voto del 25M está  en gran medida la respuesta de la indignación ante tanta tropelía. Ante la impunidad de tantos sinvergüenzas que saquearon Cajas de Ahorros y desde los bancos hicieron pingues negocios, con gran inmoralidad y beneplácito del poder. Ante la devaluación del país y proletarización de la clase media. Del deterioro intencionado de la sanidad pública para entregarla como suculento negocio sustitutivo de la fenecida burbuja inmobiliaria. Desmantelando  de forma calculada la enseñanza pública en sus diversos niveles para quebrar la socialización del conocimiento, reservando este  a elites formadas en centros privados, todos ellos gozando de  apoyos y subvenciones estatales  mientras el resto de la población es condenada a una formación  escasa, sumisa y sin criterio, útil como mano de obra precaria. El derecho a una pensión digna se vuelve negocio de ambiguo cumplimiento llegada la hora del cobro, de lo que más de un lamentable ejemplo existe.

Todo eso lo ha puesto en evidencia ese voto que dio auge a IU, Podemos, u otras alternativas de izquierda y derecha que recogieron los votos emigrados del PSOE y del PP, cinco millones largos. Votantes que se van asqueados de la cantinela de que todo va mejor cuando la situación es pésima. Incumplimientos de programas. Ahogo impositivo, no a las grandes empresas, por vía de ejemplo las de IBEX, sino al pequeño empresario, los autónomos o  gente del común. O las cada vez más escasas diferencias en las políticas de los partidos turnantes.

El voto del 25M ha puesto en entredicho muchas cosas en Europa. Francia, matrona de libertades,  asoma su expresión más hosca, la misma que en los años treinta traiciona a la República Española, maltrata ferozmente a nuestros exiliados, aplaude a Pétain, colabora con los nazis en la caza de los judíos… Marine Le Pen se hace con el voto mayoritario con las banderas fascistas de la Francia de Vichy…

Inglaterra reinventa en su anti-europeísmo a Sir Oswald  Mosley, el líder pro- fascista de los años 30 seguido con indisimulado entusiasmo por  muchos aristócratas británicos  encabezados por el efímero Eduardo VIII y su amante la Sra. Simpson. Eso por no citar al posterior cruzado contra los nazis, pero previamente devoto de Mussolini, Sir Winston Churchill.

Italia, Chequia, Holanda, Bélgica, Austria ven florecer el fascismo en versiones diversas con mayor o menor virulencia, que se acentúa en el caso de Amanecer Dorado en Grecia. Fenómeno al que no es ajena Alemania pese a sus severas (al menos sobre el papel), leyes antinazis. El gobierno de Ucrania, sustentado por bandas ultras se proclama fervoroso de la UE, que es solicita con él. Se enfrentará a un Putin cuyos actos tienen gran paralelismo con Adolf Hitler en su “apoyo” a los  sudetes (Moravia, Bohemia, Sajonia)  en su secesión de Checoeslovaquia…

El nuevo Parlamento Europeo tendrá  algo más de 100 diputados de los setecientos y picos dispuestos a dinamitar a Europa desde sus propias instituciones. Nacionalismo extremo, xenofobia, fascismo y escépticos de las bondades de la UE y el euro se van a dar la mano en tal tarea.

Europa, presunto espacio de democracia y solidaridad, vive  sometida a los dictados de una “troika” fantasmagórica e ilegítima, pero todopoderosa. Subordinada a postulados especulativos donde el BCE tiene más peso que el Parlamento. Con instituciones en estado de penuria democrática,  y donde la solidaridad ha dejado paso a la dictadura de los mercados. Para recuperar su vigencia, su credibilidad y el creciente desafecto viene obligada a realizar un ingente esfuerzo en orden a recuperar  su origen. Caso contrario, el declive será imparable. Y el riesgo de repetir un escenario similar  al de  los años treinta desintegrará definitivamente el proyecto diseñado por los padres fundadores que enamoró a varias generaciones.

Europa como conjunto y cada uno de los estados que la componen, en grados distintos, tienen temas muy severos sin resolver. España es el  paradigma: seis millones de parados, una economía enferma y una industria endeble, una reformulación territorial racional, la propia forma de estado y la manifiesta ineptitud para afrontar el tema catalán.

De la urgencia y acierto en abordarlos depende el futuro, la libertad, la igualdad y la fraternidad de la que en el siglo XVIII nos hablaba la Francia de rostro noble, la de la Carta de los Derechos del Hombre. El tiempo de Europa y de cada uno de los países que la componen es limitado…En nuestro caso más. Y es con él voto, como debemos afrontar los temas pendientes. Pues nuestro voto, ponderado y no cautivo, SI VALE.

Acerca de Contraposición

Un Foro de Estudios Políticos (FEP) que aspira a centrar el debate sobre los diversos temas que afectan a la sociedad desde la transversalidad, la tolerancia, la libertad de expresión y opinión. Desvinculado de corrientes políticas o ideologías organizadas, pero abierto a todas en general, desde su vocación de Librepensamiento, solo fija como límite de expresión, el respeto a las personas y a la convivencia democrática. El FEP se siente vinculado a los valores republicanos, laicos y civilistas como base de una sociedad de librepensadores sólidamente enraizada en los principios de Libertad, Igualdad, Fraternidad.
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