Cuando las barbas de Sarkosy veas pelar…- Antonio Campos Romay

83bab-antoniocamposromayCUANDO LAS BARBAS DE SARKOSY VEAS PELAR…  

El divino impaciente en sus jardines zarzueleros huérfanos de púrpura se comía las uñas mientras esperaba noticias de sus oficiosos súbditos que esprintando por los pasillos del Congreso sacaban del fondo de armario de una mayoría dominante, una regia armadura a prueba de sobresaltos para crear, –visto no visto-, el aforado 10.001.

No le faltaba razón al 10.001 para el desasosiego. Desde la vecina republica , de donde otrora un Rey Sol mandó un nieto para que no existieran Pirineos y sobre el fundar la iglesia borbónica local, llegan vientos de fronda. Allí un jefe de estado que ya no lo es, y por lo tanto como cualquier otro mortal, -una manía republicana de hacer que, SI, todos los ciudadanos sean iguales ante la ley-, careciendo de confortables aforamientos, amaneció entre una pareja de gendarmes camino de una comisaría donde parece no había mucho entusiasmo en devolverlo a los brazos de su atractiva esposa. El ciudadano Sarkosy ha de explicar con todo lujo de detalles su curiosidad morbosa por las actuaciones del estamento judicial  que le investiga en orden a temas no menores.

La ciudadanía del común, que cándidamente vota a sus diputadas o diputados en la confianza de que contribuyan con su denodado esfuerzo próximo al heroísmo, a allanarles las dificultades cotidianas, generar empleo, garantizar el derechos a la educación o a la  sanidad, y otras minucias, anda un tanto mohína al ver las prioridades de sus señorías. Y estas se sienten agraviadas ante la incomprensión de la plebe ante los grandes temas de estado y sus arcanos. Solo el vulgo obtuso puede no concebir que no llega con mantener a mesa, mantel y genuflexión  al jefe del estado anterior, su esposa, sus hijas, nietos y demás familia y en  paralelo al jefe del estado siguiente y su progenie. Se trata de oficializar la vieja frase “la función hace al órgano”, completándola con “el órgano hace la función”. O sea si la función exigió el órgano aforado hasta la inmunidad, ahora el órgano es indispensable este previsoramente aforado para la función que pudiere avecinarse. Tienen sus señorías y quien sobre ellas gobierna, merito en cuidar tan valioso órgano para que no desafine con gemidos impropios o ronquidos oscuros que devalúen los armónicos sones previstos en la partitura.

España es diferente. Se acuña en un país, que como la monarquía instaurada, viene de un pasado más bien negro. El mismo, que tal que hoy, era pariente pobre del continente. Pero como contrapartida era “reserva espiritual de occidente”. No en vano el soberano del momento caminaba bajo palio. Seguramente en las meditaciones del eremita de la Zarzuela y el consorte de la cantante modelo, estará el lema muy presente…

Sarkosy afincado en unos zapatos con alza cuyo caminar tortuoso le llevó a una gendarmería, por una vez añorará no haber ejercido su altísima magistratura en la tierra del sur…Por su parte, el solitario aparcero zarzueril, abandonado por el mundanal ruido, da gracias a su Dios que según ilustra una canción, posiblemente chilena, “se demora en la casa del patrón, pero por la casa del peón no pasa tan importante señor”. Le agradece cada gota de sangre azul que corre por sus venas, aunque este  atenuada por los caldos del país. Son esa  gota de sangre capeta, la que anidada en el cerebro de nuestros próceres, la que ha servido para iluminarlos en pro del honor patrio, socorriendo al primer magistrado  emerito del reino, poniéndolo a cubierto de cualquier turbación. Turbación  de la  que nadie en sus cabales podría dar razón  en orden a su pulcra y ejemplar trayectoria, ensalzada por las más sesudas opiniones.  Solo las gentes de poca fe que  rodean al insigne cesante no parecen compartirlo y  se les hicieron los días cortos para aprestar la coraza.

Sarkosy recordará a otro bajito, como el tampoco francés de pura cerpa, pero con autentica grandeza, que cuando la pérfida Albión y todos los monarcas de la Europa rancia le hicieron morder el polvo en Waterloo y lo enviaron mar adelante camino de una isla fuera de circuitos turísticos, decia…”Francia, Francia, con algunos traidores menos que grande serias… Hoy  el pequeño ex-presidente de la gran republica podría parodiarlo diciendo…Francia, Francia, unos cuantos kilómetros más abajo… que bien me iría.

 

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