La Iglesia, obligada a rectificar- Carlos Díaz Suáre

52752c7be744c_cropLA IGLESIA, OBLIGADA A RECTIFICAR

El pasado día 26 de junio, el Papa Francisco presentó en el Vaticano un documento de 77 folios conteniendo una encuesta realizada a la comunidad católica (cardenales, arzobispos, obispos, sacerdotes y fieles de a pie), a nivel mundial. Dicha encuesta tiene por objeto ilustrar al Santo Padre sobre las opiniones de sus fieles acerca de cuestiones de rabiosa actualidad, tales como el divorcio, las parejas de hecho, el matrimonio civil, el matrimonio homosexual, la homosexualidad, las relaciones prematrimoniales, el aborto, etc. etc… La intención del Papa Francisco es conocer la opinión de sus fieles sobre estos temas antes de acometer una serie de reformas que tiene previsto realizar en un futuro próximo.

Ya era hora de que la Iglesia Católica, Apostólica y Romana tomara conciencia de sus propios errores. Esto es un hecho excepcional en la historia de la Iglesia. En el pasado, dos papas han tenido la valentía y el arrojo de hacer reformas en el corpus doctrinal de la Iglesia. Tal es el caso del Papa Pío XII, que proclamó el carácter mítico, (¡ ahí es nada !) de los relatos contenidos en el Génesis del Antiguo Testamento (creación de Adán y Eva, El Diluvio Universal, etc.). Este revolucionario giro ideológico lo dió a conocer Pío XII en su encíclica “Divino Aflante Spiritu”, promulgada en el año 1943, hecho que parecen ignorar muchos creyentes en la actualidad.

Otro papa excepcional fue Juan Pablo II que negó la existencia del Infierno, con sus llamas eternas (¡ nada menos! ), en la Asamblea General celebrada en el Vaticano el 28 de julio de 1999. Dejó claro, por primera vez en el Historia de la Iglesia, que el Infierno no era un lugar físico, sino un estado de ánimo y que el único sufrimiento que había era por estar alejados de Dios. También este hecho ha pasado desapercibido, por lo que se ve, para algunos fieles y autoridades eclesiásticas.

Para los no-creyentes, todo lo anteriormente reseñado está muy claro. No tenían otra salida. Pío XII se convenció de que la creación de Adàn y Eva y el Diluvio Universal son mitos ancestrales copiados de otras religiones más antiguas y que, además, están en abierta contradicción con lo que dice la Ciencia. En el caso de Juan Pablo II, que suprimió las llamas del Infierno, tiene mucho que ver la promulgación por la ONU, de la Declaración Universal de Derechos Humanos que condena la tortura en todas sus formas, y que ya ha asumido todo el mundo civilizado.

Todavía no sabemos el alcance que van a tener las reformas del Papa Francisco, pero, por los gestos que ha tenido hasta el momento, podemos confiar en que sean de gran calado.
Respecto al tema candente de la homosexualidad, habrá que tener en cuenta la frase la frase que pronunció a su regreso de Río de Janeiro: ¿”Quién soy yo para juzgar a los gays”?. Este tema toca a la Iglesia muy de lleno, pues la homosexualidad fue siempre condenada por la Iglesia. Ya en el relato del Génesis (19,24) se mata a los homosexuales con una lluvia de fuego y azufre. La Santa Inquisición, durante siglos, los quemaba vivos. Durante el franquismo se les condenaba a la cárcel. Ahora, que estamos más ¿“civilizados”?, se les insulta, se les hace objeto de mofa desde su más tierna infancia, en cuanto se pone de manifiesto su orientación sexual, y, por si fuera poco, en demasiados casos son víctimas de agresiones.

Volviendo al tema del comienzo de este artículo, diremos que resulta muy extraño que el Papa Francisco, representante de Dios en la Tierra, consulte a sus fieles en lugar de ponerse en contacto con el Espíritu Santo, que es el mentor de la Iglesia en estas cuestiones. También es muy extraño que en el larguísimo período de 20 siglos, el Vaticano no haya recibido ningún mensaje del Cielo. ¿Será por “falta de cobertura”?.

Acerca de Contraposición

Un Foro de Estudios Políticos (FEP) que aspira a centrar el debate sobre los diversos temas que afectan a la sociedad desde la transversalidad, la tolerancia, la libertad de expresión y opinión. Desvinculado de corrientes políticas o ideologías organizadas, pero abierto a todas en general, desde su vocación de Librepensamiento, solo fija como límite de expresión, el respeto a las personas y a la convivencia democrática. El FEP se siente vinculado a los valores republicanos, laicos y civilistas como base de una sociedad de librepensadores sólidamente enraizada en los principios de Libertad, Igualdad, Fraternidad.
Esta entrada fue publicada en AUTORES, Carlos Díaz Suárez. Guarda el enlace permanente.