Ética, política, corrupción, justicia. ¿De que estamos hablando? III- Jesús Penedo Pallas

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ÉTICA, POLÍTICA, CORRUPCIÓN, JUSTICIA. ¿DE QUE ESTAMOS HABLANDO? (III)

Y aquí llegamos, al desagradable asunto de la corrupción, definida por la RAE, como “4. f. Der. En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores.”

En términos penales, la corrupción puede manifestarse en la comisión de multiplicidad de delitos, pero de modo singular en los delitos de prevaricación (toma de decisiones injustas o ilegales a sabiendas) y el cohecho, consistente en retribuir o percibir una remuneración por la decisión tomada.

Estamos por tanto de nuevo frente a los valores éticos que inevitablemente condicionan nuestras relaciones sociales y políticas. Y aquí el valor determinante, sigue siendo el sagrado derecho al lucro cuanto mas amplio mejor, con algunas particularidades que ahora veremos.

Desde hace ya años, pero de modo muy intenso y particular, con la caída del muro de Berlín y la llamada “revolución neocon”, se produce una eclosión desvergonzada, arrogante y despiadada, de la defensa a ultranza de un liberalismo económico crudo e inhumano, caracterizado por el rechazo de toda regulación, el culto (solo aparente) a la libre competencia el desprecio supino de cualquier política socializante de base humanística.

Pero la particularidad de todo ello, es que se argumenta la libertad de mercado, la libre competencia y el respeto a la ley como pretextos pseudoliberales con el objetivo de primar a los mejores, a los mas trabajadores y eficientes, y con ello racionalizando la asignación de recursos y la obtención del justo beneficio.

La realidad cruda es que la supuesta libre competencia vino acompañada de concentraciones oligopolísticas transnacionales, capaces de imponer de hecho sus precios, sus condiciones de trabajo bajo la amenaza de deslocalizarse e incluso sus condiciones medioambientales o fiscales, con la bendición sinó comunión de algunos que ahora ocupan importantes magistraturas en el gobierno de la Europa libre.

Pero no solo es eso. Este período, se caracterizó en España, por un ataque despiadado a los servicios públicos, tachándolos de ineficaces, ineficientes y superfluos y esto por parte de los máximos responsables de su gestión. El mundo al revés. ¡Alguien alardeando de, que mal lo hago, que irresponsable soy!

Parece que la privatización de servicios, en realidad nada tenía que ver ni con la eficiencia ni con la necesidad. Parece que es la forma mas directa y descarada-visto lo visto-de facilitar directamente negocio a los amiguetes. El sacrosanto derecho al lucro.

Y así, todo muy democrático, “hacemos lo que hay que hacer”, “la única política posible”; para cuando las cosas no van bién, echamos a loa sufridos ciudadanos la culpa por haber estado por encima de sus posibilidades. Por supuesto, a los siempre respetables señores de la banca, no podemos dejarlos caer, porque lo suyo es sistémico.

Y ahí tenemos la corrupción. Connivencia del poder económico con el poder político, para vulnerar de consuno las leyes, los principios de libre concurrencia; todo ello por el bien superior del enriquecimiento.

Cualquiera diría por tanto, que si se comete delito, que la justicia actúe y ya está. Pero no es tan sencillo. Por fortuna no estamos en un estado inquisitorial y por lo tanto, todo delincuente tiene derecho a un proceso penal contradictorio con garantías. Pero hay algo mas. Antes de llegar al largo y tedioso proceso del que luego hablaremos, alguien tiene que promoverlo (ciudadanos o policías) y deberá hacerlo con pruebas, no siempre fáciles de obtener en estos casos.

Para colmo, corruptos y corruptores, suelen ser poderosos y ello les permite disponer de  defensores caros y eficaces, capaces de dilatar los procesos al máximo y siempre con la mira puesta la prescripción o en la vulneración de garantías, para garantizar a sus poderosos clientes la práctica impunidad. ¿Justicia igual para todos?. De eso hablaremos a continuación.

Ahora un pequeño apunte para finalizar. Los delitos de cohecho y prevaricación, son delitos complejos y de complicada prueba. Pero pudiera darse el caso de actividad política que sin alcanzar la ilicitud penal, merecería severa reprobación, cual sería aquella en la que aprovechando el cargo, se produce algún tipo de favor, aunque fuere sin contraprestación lucrativa. El mas elemental deber de neutralidad de un cargo político, le obliga a tratar por igual a todos los ciudadanos y la ruptura de tal principio, solo podría romperse en los casos en que la discriminación positiva estuviese garantizada por normas imperativas.

En las circunstancias actuales de desprestigio de la actividad política y con la relevancia mediática de los múltiples casos de corrupción; no se puede vincular prescripción, inocencia penal o nulidad por vulneración de garantías, con permanencia en la actividad pública durante largos procesos. Es tiempo de grandes medidas para grandes males. Es políticamente injustificable la presencia en cargos y listas, de personas imputadas.

Acerca de Contraposición

Un Foro de Estudios Políticos (FEP) que aspira a centrar el debate sobre los diversos temas que afectan a la sociedad desde la transversalidad, la tolerancia, la libertad de expresión y opinión. Desvinculado de corrientes políticas o ideologías organizadas, pero abierto a todas en general, desde su vocación de Librepensamiento, solo fija como límite de expresión, el respeto a las personas y a la convivencia democrática. El FEP se siente vinculado a los valores republicanos, laicos y civilistas como base de una sociedad de librepensadores sólidamente enraizada en los principios de Libertad, Igualdad, Fraternidad.
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