Ética, política, corrupción, justicia. ¿De que estamos hablando? (IV)- Jesus Penedo Pallas

contrÉTICA, POLÍTICA, CORRUPCIÓN, JUSTICIA. ¿DE QUÉ ESTAMOS HABLANDO? (IV) 

Hace ya unos años, un ilustre y longevo político que recientemente anunció su jubilación, declaró el fallecimiento legal de Montesquieu y con ello, la lamentable desaparición de uno de sus legados a la construcción teórica de la democracia, cuál era la separación de poderes.

Si los pseudoempresarios, no creen el la libre competencia, porque encuentran vericuetos más asequibles para acceder al enriquecimiento fácil, (da igual que sea justo o no)  los pseudopolíticos consideran que lo de la democracia está muy bien, para arrojarla al adversario, pero si es preciso alterarla para que el propio poder sea lo menos perturbable posible, pues matamos a Montesquieu cada vez que sea preciso. Al fin y al cabo, matar a un muerto, es un delito imposible.

Viene esto a cuento, porque el poder judicial independiente es el último reducto en el que puede buscarse  satisfacción ante el desmán de los otros poderes. Otro dia hablaremos de la prensa libre, pero hoy nos quedaremos en el ámbito estricto de la justicia.

En primer lugar, el ideal de justicia independiente e imparcial, gratuita y en consecuencia igual para todo el mundo, tiene en estos momentos importantes lagunas que hacen cada día mas difícil creer en ella más allá de la fe que cada uno sostenga por necesidad de equilibrio.

La complejidad de los delitos relacionados con la corrupción, requiere de una leal colaboración entre el poder judicial y las administraciones tributaria y  policial, estas últimas bajo el gobierno del poder ejecutivo. Dejamos el legislativo aparte, por la convicción de que no es básicamente un problema de leyes, sino de profundas y arraigadas convicciones democráticas. Nadie es superior a nadie, ni tiene mas derecho a apropiarse de lo ajeno bien en versión privada o colectiva. Los atajos para ser más ricos, son manifiestamente injustos y si se utilizan medios públicos para ello, son especialmente execrables.

Pero sigamos con la colaboración y la independencia. El poder ejecutivo, tiene fórmulas varias para dificultar la labor del poder judicial. Escasez de medios, movilidad de mandos policiales o de la Agencia tributaria, influencia en el Ministerio fiscal en su labor de acusación, son medidas que nos resultan lamentablemente familiares. Pero a todo esto, hemos de sumar algunas consideraciones no menores, sobre el propio poder judicial. El compadreo en el nombramiento de magistrados, particularmente del Tribunal Supremo, la jurisprudencia sobre la invalidez de la acusación particular en ciertos casos si no va acompañada de idéntica posición por parte del Ministerio Fiscal, crean una sensación de connivencia potencial entre poderes, que inspira poca confianza.

Nada que objetar a las sagradas garantías del proceso penal; pero solo dos leves puntualizaciones. Cuando las garantías son la “cobertura” para la utilización fraudulenta del proceso-caso del abogado cómplice y cooperador-sorprende al vulgo que lleven a la inhabilitación del Magistrado mientras el delincuente “presunto” sigue libre hasta la siguiente estación. ¿Aviso a navegantes? Cuando las garantías juegan con el hecho real de la escasez de medios-táctica dilatoria-se convierten en un manifiesto fraude de ley, al alcance de unos pocos privilegiados, con acceso fácil a peritos especialistas en promover impunidades ¿Justicia igual para todos?

No estaría de más, legislar la imprescriptibilidad de algunos delitos, para que este tipo de situaciones no fuesen posibles. ¡Ah! Y tal vez en vez del peligroso juego del perdón y la penitencia, tan útil para el borrón y cuenta nueva, no estaría nada de mas, profundizar desde la escuela en la tan denostada “educación para ser ciudadanos de bien”. Laica por supuesto.

Acerca de Contraposición

Un Foro de Estudios Políticos (FEP) que aspira a centrar el debate sobre los diversos temas que afectan a la sociedad desde la transversalidad, la tolerancia, la libertad de expresión y opinión. Desvinculado de corrientes políticas o ideologías organizadas, pero abierto a todas en general, desde su vocación de Librepensamiento, solo fija como límite de expresión, el respeto a las personas y a la convivencia democrática. El FEP se siente vinculado a los valores republicanos, laicos y civilistas como base de una sociedad de librepensadores sólidamente enraizada en los principios de Libertad, Igualdad, Fraternidad.
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