¿Transición-reforma o nuevo periodo constituyente? Sosiéguense por favor- Jesús Penedo Palla

contr¿Transición-reforma o nuevo periodo constituyente? Sosiéguense por favor.

Una Constitución, es una cosa muy seria. Al menos creía yo, hasta que una mañana me desperté y me la habían cambiado, para establecer que los acreedores de mi país tenían un derecho preferente sobre mi pensión o sobre mis derechos varios.

Pero yo soy persona de convicciones profundas y pienso-sigo pensando-que una Constitución es una cosa muy seria. Tan seria, como que es la fuente de inspiración de leyes que regulan la convivencia en el ámbito de mi país. Tan seria, como que debe de ser la garantía de mi libertad y de mi dignidad. Tan seria, como que merece un respeto de ciudadanos y legisladores. Por lo tanto, yo lo tengo claro. El problema son ellos, los que quieren utilizarla artera pero groseramente como camisa de fuerza, los que dicen que no se puede modificar, pero lo hacen de noche a oscuras cuando la ciudadanía está dormida; los que no quieren que se toque, porque entienden que ya se han adueñado de ella para ponerla al servicio de sus intereses.

Pero no nos engañemos. Cualquiera que sea o que fuese la constitución, quienes así actúan, lo harían lo mismo. Entre otras cosas, porque siempre hallarán en cualquier constitución el modo de interpretarla de forma artera para arrimar el ascua a su sardina. En definitiva, la paradoja de quienes la defienden numantinamente, para seguir violentando sus principios, sabedores ellos de que “su” Tribunal Constitucional acabará convalidando sus fechorías.

Rematar con la algo mas que anacronía monárquica, constituir un estado de base autenticamente federal y en consecuencia, convertir el senado en una cámara de representación territorial, con competencias legislativas tasadas, establecer el carácter radicalmente laico de las instituciones, o garantizar la educación pública y la provisión pública de servicios básicos; se me antojan expectativas bastante razonables para cualquier ciudadano normal.

Sin embargo, “la tendencia” parece que no va por ahí. Antes bien los vientos que nos azotan, parecen amenazar con la destrucción de los estados-nación, para imponer el poder superior de las empresas transnacionales, bajo la bandera de la libertad, eso si, de mercado.

Como dicen que no hay mal que cien años dure ni nadie que pueda contarlo, entra dentro de lo previsible, que el actual estado de cosas cambie algún dia y la “sagrada e intocable” constitución, deba ser reformada o sustituida.

Pero esperar sentados a que eso suceda, no solo puede resultar tedioso sino irresponsable, porque aquí nada cambia si no hay razones poderosas y quienes ahora se afanan en la actividad “extractiva”, no abrirán fácilmente la mandíbula para soltar la presa, sino que requerirán grandes esfuerzos para arrebatársela.

El juicio de algunos sobre la transición en torno a la cual se gestó la Constitución de 1978, radicalmente condenatorio; es probable que  tenga tanto de proclama, como tantas otras recetas posteriormente tachadas por el propio  galeno por su nula probabilidad de ejecución. Lease la negativa al pago de la deuda, las nacionalizaciones varias y algunas mas.

Es cierto que tanto si se acometen las reformas necesarias, como si se pretende una nueva redacción, deberíamos darle tratamiento de etapa constituyente, en la medida en que es preciso un período de debate sereno, prudente, sosegado y de altura, alejado de los tumultos parlamentarios poco edificantes a los que lamentablemente estamos habituados.

Concluyo por tanto que si el objetivo es llegar a una etapa constituyente, es preciso empezar a crear el ambiente que conduzca a la madurez de ese periodo, porque una amplia mayoría de la población esté convencida de su necesidad. De lo contrario, seguiremos en la turbamulta habitual, confundiendo la noble actividad política, con las tertulias televisivas tan poco edificantes. En esto hay una cierta coincidencia entre los defensores de que nada se toque y los partidarios de que todo se destruya para construirlo de nuevo. Los unos porque les va bien asi y los otros con la esperanza de poder controlar la situación y tomar el cielo por asalto.

El juicio sobre la Transición, lo realizará la historia; de momento, lo que podemos hacer sin temor a equivocarnos, es el juicio inmediato a los actuales gestores del legado de la transición y ahí sin ningún temor ni ninguna duda, podemos concluir que la gestión ha sido no solo lamentable, sino que en las últimas etapas tiene tintes altamente delictivos.

Tal vez pueden cambiarse los actores directos, los caraduras que se lucraron a cuenta de la actividad política, dejando detrás de si un erial yermo y carente de expectativas; Pero es preciso que la gran mayoría de la ciudadanía recobre conciencia de su protagonismo, para alcanzar un espíritu reformador y regenaracionista, que nos permita afrontar con garantías ese periodo constituyente. Sin revolución violenta o pronunciamiento militar  mediante, cosa servidor a sus años no considera ni probable ni conveniente, la actual Constitución, habrá de cambiarse desde su propia previsión y tal vez a ello es a lo que hay que dirigir los esfuerzos. Lo demás, pueden ser apenas  pronunciamientos mas o menos parroquiales

En tiempos pretéritos, nuestro país tuvo alguna que otra “constitución otorgada”. Quiero pensar que aquellos tiempos ya no es posible que regresen y que la constitución que sea, vendrá de la mano del diálogo, del debate y del refrendo de la ciudadanía. La diligencia mesiánica, capaz de ofrecer recetas unilaterales y mágicas, no despierta mi entusiasmo.

Acerca de Contraposición

Un Foro de Estudios Políticos (FEP) que aspira a centrar el debate sobre los diversos temas que afectan a la sociedad desde la transversalidad, la tolerancia, la libertad de expresión y opinión. Desvinculado de corrientes políticas o ideologías organizadas, pero abierto a todas en general, desde su vocación de Librepensamiento, solo fija como límite de expresión, el respeto a las personas y a la convivencia democrática. El FEP se siente vinculado a los valores republicanos, laicos y civilistas como base de una sociedad de librepensadores sólidamente enraizada en los principios de Libertad, Igualdad, Fraternidad.
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