La campaña interminable – Luis J. Novoa (Jim Alegrías)

DSCN0128 - copia (1)LA NOTA AZUL 

Escribía J. K. Galbraith en su clásico ensayo La sociedad opulenta que “el individuo se encuentra siempre en pugna entre lo que es correcto y lo que es agradable”.

Y la realidad es que, por regla general, aunque casi todos tratamos en un principio de hacer lo correcto, casi siempre acabamos abrazando lo agradable, ya que esta acción nos demanda menos energía, coherencia y firmeza y, en cambio, sus resultados nos suelen beneficiar de forma más inmediata.

¿Qué es, pues, lo correcto y qué es lo agradable?

Ya que estamos en período preelectoral- con todo lo que ello conlleva de representación artificiosa y absurda, de escenario bufo y chirigotero para solaz y entretenimiento de los ciudadanos menos exigentes o de aquellos ya convencidos de antemano- pues vamos a tratar de aclarar las diferencias(un poco a la manera de Barrio Sésamo) entre ambos conceptos dentro de esta especie de ideal Brigadoon político que siempre son los tiempos preelectorales.

Lo correcto, en consecuencia, sería que todos los actores políticos hubiesen hecho durante sus mandatos de gobierno/oposición lo que solamente hacen dos meses antes de unas elecciones. O sea, trabajar con la mirada puesta en la mejora del bienestar de la ciudadanía y no únicamente en pos del alquiler cuatrienal de sus votos.

Así que imaginemos una gobernanza municipal en donde la planificación y diseño de las obras/proyectos se hiciesen de forma equitativa durante los cuatro años que dura ese mandato, y en el cual las inauguraciones y gestiones de los proyectos estrella y el montante de los presupuestos se fuesen repartiendo equilibradamente desde los seis meses posteriores a unos resultados electorales.

Imaginemos que toda esta intensidad política que concentran nuestros representantes públicos en el último mes y medio durase, aproximadamente, los cuatro años que deberían, que tampoco es mucho exigir, que diría alguien que lleva cuarenta picando en la mina o poniendo ladrillos nueve horas al día/seis días a la semana.

Imaginemos, ingenuos que somos, que durante estos idealizados cuatro años nuestros flamantes actores y actrices políticas(¡pocas veces una definición ha tenido tanta precisión evocadora!) hablasen de participación social, de presupuestos participativos, de concejales extra para representar a la ciudadanía, de mejoras sociales y urbanas que no fuesen las de la última hora para sacar la pertinente tajada electoral.

Imaginemos, puestos ya a extralimitarnos en términos fantásticos, que nuestros concejales y sus asesores escribiesen jugosos artículos con contenido político dirigidos a la ciudadanía y participasen en todo tipo de foros y encuentros con sus vecinos y representados de forma periódica, mostrando ininterrumpidamente su compromiso social y político a pie de calle, evitando el sainete final de todas esas propuestas y obligaciones que firman apresuradamente en los cinco últimos minutos previos a alguna votación y postergan siempre para el futuro más o menos inmediato.

Eso sería lo correcto: que nuestros políticos hiciesen su trabajo sin pensar solamente en el calendario electoral, en la conservación o pérdida del poder institucional, lo que sería la señal inequívoca de una democracia viva, transparente, dinámica y de un gran valor añadido.

En cambio, como ya mencionaba en el breve encabezamiento inicial, lo que sucede en la desolada realidad es que nuestros insignes animales, en el sentido menos peyorativo del término, políticos optan por la vía fácil, efectista y cómoda de lo agradable.

Durante los tres años y medio previos a una elecciones- pongamos en este caso municipales- básicamente se dedican a apesebrarse en los plenos de los que disfrutan una vez al mes(el primer lunes del mes, por ejemplo); a trabajar mientras en esas sus estrategias internas- entre cafés y churros por las mañanas y cenas por las noches, ya que disponen de mucho tiempo libre entre el pleno de marzo y el pleno de abril- que les permitan continuar manteniendo el control de sus agrupaciones para garantizarse otro mandato y el cobro de su placentera soldada mensual. Lo que se conoce como democracia autorrepresentativa.

Resumiendo, que nuestros Ilustres economizan sus energías durante la mayor parte de su tiempo político, aletargados en el interior de sus tradicionales maniobras personales orgánicas para garantizarse la subrogación de la hucha pública otros cuatro añazos, relegando de forma táctica y calculadora, pues, sus movimientos, voluntades y esfuerzos solamente para el período de campaña electoral que, en los tiempos de los mass media, el Facebook y otras redes sociales, viene a significar lo de aparecer en todas las portadas de la prensa local estrenando algo, o lo de sacarse miles de fotos sonriendo en plazas y jardines, besando bebés, haciendo que hablan de tú a tú con la señora en la plaza( ¡y que además les interesa lo que les dice!), o quejándose de todo tipo de cosos y cosas junto a sus palmeros y soltando cientos de propuestas y compromisos que juran por los dioses primigenios que llevarán a cabo algún día si ellos gobiernan(después, como siempre, incumplirán alrededor de un 87% de estas promesas).

O sea, que se limitan a hacer lo agradable, ya que lo correcto es más incómodo y menos gratificante, y así reservan todas sus fuerzas para este mes y medio de campaña, en el que concentran esfuerzos, visibilidad, publicidades de todo tipo, abriendo webs que duran dos meses, blogs que no llegan al mes, fichando independientes desideologizados para las financiaciones pertinentes y los gastos de campaña… en definitiva, que se limitan a jugar en el nivel mínimo exigido de la supervivencia política alimenticia, por eso igual es que nuestra democracia no va bien del todo, pues toda gestión de lo público se orienta a este mes y medio de acelerada intensidad surrealista y mediática, sin apenas actividad productiva el resto de la duración del mandato de su acción de gobierno u oposición, cosa que para ellos acaba convirtiendo el rostro del ciudadano en el de un mero voto o papeleta a exprimir cada cuatro años.

Por eso yo defiendo, ya que gozamos de esta Democracia de Campaña Electoral, de una sobrerrepresentatividad de período de elecciones de mes y medio, que las elecciones tengan lugar todos los años o cada seis meses, así por lo menos podremos estar todo el año inaugurando cosos y artefactos, haciéndonos fotos con banderitas y selfies en manifas, hablando de lo público, articulando propuestas, rumiando promesas, saliendo en los periódicos con todo tipo de ocurrencias…

Es esta la única forma, con elecciones cada año o menos, que se me ocurre ahora mismo para tratar de relacionar verdad, productividad y conveniencia en nuestro desolado presente político… vivir permanente instalados en un perpetuo período electoral.

Por favor, por nuestro bien… ¡que nunca pare la campaña!

el-roto-1

Acerca de Contraposición

Un Foro de Estudios Políticos (FEP) que aspira a centrar el debate sobre los diversos temas que afectan a la sociedad desde la transversalidad, la tolerancia, la libertad de expresión y opinión. Desvinculado de corrientes políticas o ideologías organizadas, pero abierto a todas en general, desde su vocación de Librepensamiento, solo fija como límite de expresión, el respeto a las personas y a la convivencia democrática. El FEP se siente vinculado a los valores republicanos, laicos y civilistas como base de una sociedad de librepensadores sólidamente enraizada en los principios de Libertad, Igualdad, Fraternidad.
Esta entrada fue publicada en AUTORES, Luis J. Novoa(Jim Alegrías). Guarda el enlace permanente.