La calidad democrático española – Antonio Campos Romay

83bab-antoniocamposromayLA CALIDAD DEMOCRÁTICO ESPAÑOLA

En un sistema democrático como el nuestro, los partidos políticos son los mecanismos previstos para articular la dirección de los asuntos públicos desde la legitimidad  obtenida en el proceso electoral. Por ello las cuadernas de la democracia chirrían si la desconfianza crece respeto a la clase política y se arbitra un descontento permanente en la mayor parte de la opinión pública. Dispara las alarmas, que la confianza de la ciudadanía en los partidos políticos tradicionales haya disminuido progresivamente, e incluso en distinto grado en todos los que forman la escena política.  Lo que de alguna forma se proyecta sobre sus dirigentes, en tanto estos, non son sino la expresión visible de los mismos. Por extensión y de forma absolutamente injusta se extiende la sospecha de forma indiscriminada de corruptos o susceptibles de serlo, sobre la mayoría quienes desempeñan funciones públicas. A lo que no es ajeno, que desde algunas posiciones con autentica ligereza o inmadurez democrática, se le cuelgue la etiqueta de casta a cualquier servidor publico, por el simple hecho de serlo, y sostener  una visión política distinta.

La circunstancia más perversa que depara el escenario, es que muchos acaban asociando negativamente la democracia al identificar a los políticos con el sistema…No existe nada más demoledor para la ciudadanía, que la política en un sistema democrático, sea convertida en un trampolín de enriquecimiento rápido, con la anuencia de impunidad para los corruptos. Un panorama que se agrava por la percepción que subyace en orden a una presunta escasez de virtud del sistema legal y jurisprudencial que sirve de basamento al imperio de la ley y al estado de derecho. Las que debieran ser, piedras angulares del sistema democrático…No contribuye a ello la impresión cada vez más amplia de que el Poder Judicial,  ni se muestra independiente ante el ejecutivo, ni equidistante entre este y los administrados. Y que frente a culpables de determinados tipos de delitos, fundamentalmente económicos y contra la administración publica, es liviano o venal. La igualdad ante la ley no es una garantía que se perciba con nitidez. Lo que llevaría a una delicada reflexión: que el funcionamiento democrático se resiente cuando las leyes se cumplen aleatoriamente estando su nivel de rigor en atención a quien o quienes hayan de aplicarse.

Tampoco se afirma la convicción en una democracia de calidad, cuando la política impositiva anda escasa de la confianza del administrado en cuanto al uso que se da a los impuestos recaudados. Es grave que la ciudadanía dude de la correcta administración de los fondos del común. Se parte de una deficiente estructura fiscal en cuanto a eficacia, justicia y universalidad, no perfeccionada hasta la fecha. Lo que augura gran suspicacia en que los administradores se apliquen a ejercer la obligación primaria de un estado, propiciar la función redistribuidora de la renta. Algo que se escenificó por vía de ejemplo en los casi cuatro años de administración conservadora, que ensanchó hasta limites insoportables la brecha social en España.

Combatir la corrupción para salvar la democracia, es proponer algo que debiera ser apenas un lugar común de comportamiento cotidiano. La legitimidad de origen no habilita en el ejercicio de la política, nada más que a ejercer la tarea encomendada y por el tiempo tasado. La comunidad debe recuperar la plena certeza de que el dinero que aporta es empleado exclusivamente en gobernabilidad, mejora de la calidad de la vida comunitaria, del bienestar colectivo, etc.…Y que los mecanismos correctores, operan con eficacia para yugular fantoches o pestilentes que desvíen el dinero publico en sus paranoias y caprichos personales, cochecitos blindados y de alta gama, aeropuertos sin aviones, autopistas sin trafico, polideportivos sin usuarios, políticas portuarias estrafalarias y ruinosas, y un largo rosario de disparates con el dinero del contribuyente, cuyo colofón es el  desvío de fondos a su peculios particulares y de compinches. Y esa certeza se obtiene participando en el día a día. Vigilando con celo la actividad de aquellos a quien se a comisionado para la gestión. Y participando en la misma activamente de forma que el dueño de la soberanía, no termine siendo rehén del representante.

La escasas solvencia de los políticos y de los partidos clásicos  para salir al paso de los brutales problemas sociales y económicos derivados de la monumental estafa disfrazada como crisis, el mal uso de la democracia, la incapacidad de construir consensos con fuerzas ideológicas afines, y otros errores acaecidos tras varias décadas de una democracia que urge importantes revoques, hace florecer algunos remedios que en el fondo no son novedosos. El impulso populista y caudillista ha estado presente  desde el siglo pasado en ocasiones en diversos puntos del planeta…Acompañando en muchas ocasiones la reacción lógica, entendible, de los sectores desfavorecidos por la brutal brecha social impuesta por un capitalismo desalmado, de ciega avaricia y sus lacayos locales. Los electores indignados y maltratados, transversales socialmente en tanto la estafa fue especialmente virulenta con las clases medias, reacciona airada en una de las formas que les es posible. Votando opciones heterodoxas y ajenas al sistema democrático tradicional. Quizás sin valorar el riesgo implícito, de que ante un previsible fiasco de estos posicionamientos, surgir posibles soluciones autoritarias, que no pocos  aplaudirían  como naturales.

Es  una demanda insoslayable acometer, desde la responsabilidad cívica, la tarea de la regeneración interna de los partidos. Con actitudes transparentes y sin restricciones. Que venzan la decepción instalada en el electorado. Una catarsis,-proceso en el que la socialdemocracia debe ser avanzada-, que los convierta en instrumentos de representatividad eficaz de los anhelos ciudadanos. Y garantía de las libertades civiles y democráticas. Con capacidad de interpretar los diferentes estadios por las que discurre la sociedad en su evolución.

Acerca de Contraposición

Un Foro de Estudios Políticos (FEP) que aspira a centrar el debate sobre los diversos temas que afectan a la sociedad desde la transversalidad, la tolerancia, la libertad de expresión y opinión. Desvinculado de corrientes políticas o ideologías organizadas, pero abierto a todas en general, desde su vocación de Librepensamiento, solo fija como límite de expresión, el respeto a las personas y a la convivencia democrática. El FEP se siente vinculado a los valores republicanos, laicos y civilistas como base de una sociedad de librepensadores sólidamente enraizada en los principios de Libertad, Igualdad, Fraternidad.
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