Reprobación de Martin Schulz – Jose Luis Martin Palacin

27987-martinpalacinReprobación de Martin Schulz

El presidente del Parlamento Europeo, en lugar de ser la voz de los socialdemócratas frente a las políticas neoliberales, se ha limitado a ejercer de nacionalista alemán en la crisis griega; una especie de cobrador del frac para recuperar la deuda endosada a los helenos-

Días antes de las elecciones europeas, un buen amigo, veterano socialista gallego, me preguntó con cierta socarronería: “¿Y vas a votar a Blanquito?” (por José Blanco, que estaba en las listas socialistas). Mi respuesta fue: voy a votar a Martin Schulz. Con mi voto pretendía dar un respaldo a la socialdemocracia en Europa en el camino de reconducir las políticas hacia la Europa Social.

Después de ver el comportamiento de Schulz en relación con el referéndum de Grecia, el haberle votado me da derecho a manifestar públicamente una reprobación hacia él, porque ha rebasado los límites de la decencia.

La campaña de acoso e intimidación en la que se embarcó Martin Schulz ha superado todo pudor y ha quebrantado los principios socialdemócratas de solidaridad.

En la candidatura del Partido Socialista Europeo él aparecía como candidato de toda la socialdemocracia, con alternativas –se suponía- a la política neoliberal del Partido Popular Europeo. Y de cara al referéndum griego, en lugar de coordinar y proponer de forma nítida y concreta una política encaminada a superar el fracaso de esas políticas neoliberales y a reconducirnos hacia la Europa Social, se ha limitado a ejercer de nacionalista alemán. Una especie de cobrador del frac a favor de que los bancos alemanes recuperen, a cualquier precio, la deuda endosada a los ciudadanos de Grecia. Y a favor de que el sistema financiero internacional –sin escatimar el sacrificio de los griegos- se salga con la suya.

La campaña de acoso e intimidación en la que se embarcó Martin Schulz ha superado todo pudor y ha quebrantado los principios socialdemócratas de solidaridad. Pocas horas antes de abrirse las urnas en Grecia, aún estaba amenazando con la vuelta al dracma si ganaba el ‘no’. Y pocas horas después de conocerse el triunfo del ‘no’ seguía desafiando, en unas primeras declaraciones, al gobierno heleno; y en una segunda intervención, casi cayendo en el ridículo, propugnando un “fondo humanitario” para los griegos -que no es más que el reconocimiento de la devastación generada por las políticas que tan fiel y  ardientemente ha defendido-.

Ferviente nacionalista alemán

Pero no solo ha sido ese su error, que bastaría para la reprobación. Su ferviente nacionalismo alemán le ha hecho olvidar que es presidente del Parlamento Europeo. Y con sus intervenciones ha quebrantado la ineludible ecuanimidad y neutralidad a la que, como tal, está obligado. Ni una sola propuesta eficiente de mediación y de diálogo. Se ha alineado, sin recato alguno -al igual que su paisano y correligionario Sigmar Gabriel-, como un gregario del equipo de Merkel, defendiendo no otra cosa que los intereses de la banca alemana y la política hegemónica del Partido Popular Europeo.

Alguien tenía que decirlo y –perdonen que me lance de espontáneo- me he sentido con la necesidad de hacerlo. Con estas actitudes, y con las ambiguas posiciones de otros líderes socialdemócratas y socialistas, que no han sido capaces de presentar alternativas coherentes frente a la debacle de las antisociales políticas conservadoras, flaco favor se le hace a la socialdemocracia en Europa. Una ambigüedad “institucionalista” que revela una carencia de ideas y una terrible insensibilidad social.

Los líderes europeos se han comportado como lamentables aprendices de brujo, como patéticos servidores de intereses ajenos a los derechos sociales del pueblo europeo

Juncker, Merkel, Schäuble y los miembros del Eurogrupo han quebrantado todo decoro dedicándose a criticar que un gobierno consulte a sus ciudadanos, y a intervenir en un proceso democrático y soberano de un país, haciendo no ya campaña, sino intimidación al anunciar falsas consecuencias y al tergiversar el sentido del propio referéndum. Y tratando de que el FMI no publicara un informe en el que –en último extremo- daba la razón al gobierno griego sobre las posibles soluciones a la crisis financiera del país.

Todos estos mandatarios han desvirtuado la soberanía europea, y han demostrado una falta de capacidad para liderar Europa, obsesionados con una defectuosa visión unidimensional, con las gafas prestadas de “los mercados”. Ha tenido que ser Obama el que se empeñara en que el FMI diera a conocer su informe. Porque Obama ha experimentado otras formas políticas de afrontar la crisis. Y porque él sí mira el problema con una visión en al menos tres dimensiones, y valora las consecuencias no solo sociales sino también geopolíticas de una expulsión de Grecia de la patria europea.

Lamentables aprendices de brujo. O –peor aún- patéticos servidores de intereses ajenos a los derechos sociales del pueblo europeo.

Acerca de Contraposición

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