Cambio climático, verdades plenas y medias verdades – Isidoro Gracia

57454-isidoroLa cumbre de Paris sobre el cambio climático genera discursos e información en la que abundan muchas consignas y pocos datos, resultado: medias verdades
 
Tal y como hemos venido comentando desde hace años , los informes para la ONU del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, que sirven de base para la Conferencia, cuando entran en datos, califican su certeza como de confianza  baja, media o alta, en función de lo que los científicos han podido, primero verificar con distintos métodos, y segundo el grado de aceptación por la comunidad científica de las interpretaciones de su análisis.
Dos hechos parecen estar acreditados: el aumento paulatino de la temperatura de la atmósfera del planeta y el aumento acelerado en esa atmósfera del contenido del carbono, tanto como dióxido de carbono (CO2) como en forma de metano (CH4), así como otros gases como los óxidos de nitrógeno (NOx); también parece acreditada la existencia de alguna relación entre los dos hechos. A pesar de los esfuerzos del Panel de Expertos  por cuantificar el papel de los océanos, o de la variación de la radiación solar, el papel de ambos y decisivos parámetros está, según su lenguaje: en un nivel de confianza bajo, incluso el atemperamiento producido por las erupciones volcánicas se sitúa en el corto plazo, después de las erupciones. No está acreditado que la actividad humana sea la causa única, ni siquiera la principal, del aumento de la temperatura. No puede ser de otra manera ya que toda la actividad humana impacta en una pequeña fracción de un ciclo en el que está implicado menos del 5% del carbono total existente en el planeta, por ello, y a pesar de que los Organismos que les pagan lo sitúan en primer plano,  los expertos solo lo colocan en  un nivel de confianza medio.
A pesar de las posibles dudas, las respuestas para evitar la contribución de los humanos, a lo que el informe del Panel califica de “radiamento positivo global”, van en una dirección que la lógica reclamaría al margen de que existiera, o no, lo que los ciudadanos de a pie llamamos simplemente “calentamiento global”.
Desde hace ya tres décadas (Informe a la ONU, Nuestro Futuro Común, 1987) sabemos y aceptamos que con la mejor tecnología posible, y el uso de todas las fuentes de energía no renovables disponibles, incluso con el apoyo de algunas energías “renovables” (las comillas vienen al caso porque una de uso más importante es la leña) no es posible cubrir las necesidades humanas para toda la población, con un grado mínimo no solo de bienestar, sino incluso de garantía de supervivencia, y no hablamos solo de las generaciones futuras sino de las que hoy estamos sobre el planeta.

Así pues hace tiempo que los distintos gobiernos saben bien cuál es el camino a seguir, la evolución radical del modelo energético: mejora de la eficiencia energética (en especial con ahorro), sustitución paulatina de combustibles fósiles (con reservas limitadas en el tiempo) por fuentes renovables (inagotables) e incremento radical de las reservas de  agua potable, y en último término cambio de la cultura del consumo por otra de uso solo de lo sostenible. Respecto de las fuentes nucleares, la de fisión tiene unas reservas mucho (muchísimo) más limitadas que los hidrocarburos y la tecnología de fusión está aún en pañales.
Pero claro, las experiencias habidas indican que por muy concienciados medioambientalmente que parezcan sus ciudadanos, no aguantan los apagones, ni es posible alimentarlos sin el uso de tecnologías duras e intensivas en energía, abonos y pesticidas; de que prescindan de los más de 700 millones de coches particulares ni hablamos, y lo del coche eléctrico hoy es una tecnología con una huella ecológica muy similar a la de sus primos a hidrocarburos.
Lo que nos lleva a que para lograr convencer a una mayoría para hacer lo que hay que hacer, hace falta un argumento muy simple y de gran peso, aquí vienen más que bien las consignas que se emiten desde la Conferencia de París sobre el Cambio Climático, que existiendo como verdad plena, es más que dudoso se pueda evitar con las medidas propuestas, desde premisas, informes y datos que los propios científicos que las emiten califican en un nivel de confianza bajo y como mucho en un nivel de confianza medio.
A modo de conclusión. La sociología y la historia nos muestran que para convencer a la masa, egoísta por naturaleza hasta el límite de la estupidez que la sitúa al borde de la extinción, para que acepte sacrificios, es necesario amenazar con apocalipsis y penas infernales, las distintas religiones llevan haciéndolo desde la prehistoria, o paraísos para elegidos, aquí a las religiones se suelen sumar los distintos tribalismos e imperios (hoy las multinacionales son buenos ejemplos, aun cuando alguno de sus paraísos son solo virtuales). Los dirigentes mundiales parece que han encontrado, en el tema cambio climático, el mix apocalipsis / futuro de bienestar, adecuado para convencernos a todos de la necesidad de los sacrificios que nos van a exigir, para seguir viviendo, unos más confortablemente que otros.

 

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