¿Quién quiere romper España? Una añagaza de mediocres – Jesús Penedo Pallas

contr¿QUIÉN QUIERE ROMPER ESPAÑA? UNA AÑAGAZA DE MEDIOCRES

En los estertores de la dictadura de Franco, etapa que recuerdo, la España metafísica “unidad de destino en lo universal”, era la coartada  perfecta para deslegitimar opositores clandestinos o simples divergentes oficiales, para fusilar disidentes o para disponer de la libertad y la vida de cualquier ciudadano, relegándolo a la condición de súbdito subalterno.

Esa idea de una nación “espiritual”, con sus características intrínsecas de unidad y en consecuencia indivisibilidad, era una construcción intelectual conveniente y muy adaptada a la concepción religiosa inspiradora. Ni siquiera es patrimonio de la dictadura, solo heredera de lo más oscuro de los periodos previos y eso si entusiasta y encarnizada defensora de esencias inmateriales insisto, muy convenientes a determinados intereses.

Así, masones, comunistas, separatistas eran también los calificativos más convenientes-no necesitaban prueba-para justificar juicios sumarísimos y condenas tan ejemplares como injustas. Los conceptos se usaban indistintamente. Al fin y al cabo, cualquiera podía ser acusado de los tres delitos sin necesidad de más.

La transición y en particular la etapa constituyente, fue prolija en debates en los que los defensores de la “unidad de la patria” hicieron acopio de sus más sofisticadas y encendidas armas retóricas, para dejar en el texto constitucional la impronta de aquel modelo de España, más próximo al concepto de Estado absolutista, que a un Estado moderno, inspirado en la razón y en el diálogo.

El llamado Estado autonómico, fue el fruto de un intenso proceso de diálogo no exento de tensiones, cuyas principales características, fueron su condición abierta e inconcreta y el uso de un lenguaje equívoco y esquivo, que dio lugar a no pocos contenciosos y a un proceso de casi cuarenta años, que alumbró un Estado altamente federalizante, con un poder bastante descentralizado; pero con el grave problema de no tener contentos ni a los más acendrados centralistas ni a los abigarrados defensores de la atomización.

Después de casi cuarenta años de ejercicio democrático, las espadas siguen en alto; con la particularidad de que para algunos las esencias de la nación inmaterial, son utilizadas como señuelo para afirmar su poder absoluto sobre su feudo territorial, en tanto que los del otro lado, necesitan del manejo del “separatismo” como espantajo para incautos y como motivo para defender sin más argumentos, la “indisolubilidad” de la nación española, en la que por fortuna nace y se pone el sol todos los días.

Ya en 1922, Ortega en La España invertebrada, aludía a la <<la desarticulación del proyecto sugestivo de vida en común>>, concepto este que desde mi modesto punto de vista, podríamos decir que sigue en cierto modo vigente.

Quienes detentan el poder en el Estado, ven desde la comodidad lo fácil que resulta el manejo de los conceptos metafísicos, sin necesidad de esforzarse para nada en argumentos ni razones que persuadan a unos de la importancia de la convivencia y disuadan a otros de aventuras también metafísicas de resultado incierto y de catástrofe segura para la causa común. Desde la orilla soberanista, tres cuartos de lo mismo. Resulta más fácil ofrecer una Arcadia cuanto más espiritual mejor, que hacerse cargo del debate de intereses entrelazados, que sean conciliables con un Estado de derecho y unos derechos de ciudadanía colectivos.

En este estado de cosas, parafraseando a Ortega pero en positivo, se echa en falta el esfuerzo por articular un proyecto sugestivo de vida en común desplazando la retórica metafísica, el inmovilismo , cuando no la incapacidad para tener una visión racional, ambiciosa y solvente; que ofrezca un escenario de vida en común atractiva para el conjunto de la ciudadanía.

Lamentablemente, la situación no inspira grandes alborozos. Con el partido del gobierno en funciones (PP) instalado en el inmovilismo recalcitrante, con el segundo partido no solo copiando peligrosamente sus tics de mediocridad sino haciendo de ellos causa fundamental (PSOE) y con el tercero únicamente pendiente de certificar y asegurar la proximidad de una elecciones que le den de nuevo la oportunidad de pescar en rio revuelto; (PODEMOS) no parece que las actitudes vayan a reconducirse.

Una cosa parece cierta: O superamos la mediocridad y el cortoplacismo y sustituimos las soflamas de retórica vacía, por debates racionales y propuestas prácticas que conduzcan a hacer atractivo el proyecto común; o los problemas no solo no se resolverán, sinó que el empecinamiento de ambas partes,  llevará inevitablemente a una situación catastrófica para todos.

El Estado, unitario, compuesto, federal, confederal o del tipo que se quiera, es una construcción de la razón humana. Su viabilidad, su efectividad como instrumento para el conjunto de los ciudadanos. Si estamos en un estado democrático y de derecho, es sobre los derechos humanos, sobre los derechos básicos de los ciudadanos que lo componen, donde tenemos que construir su carácter atractivo y sugerente. Sobre esta base común, sobre el diálogo como fundamento de la convivencia y sobre la inteligencia para buscar soluciones desde el interés compartido, tenemos que construir el futuro.

Sobre proclamas más o menos metafísicas y retórica vacía, podemos exaltar a las masas, para conducir al desastre colectivo. ¡Por favor, que las voces inteligentes se alcen y desenmascares tanta mediocridad! Estoy seguro de que las hay.

Acerca de Contraposición

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