¿Que hemos votado? ¿En manos de quién estamos? – Jesús Penedo Pallas

contr¿Que hemos votado? ¿En manos de quién estamos?

El día 20 de diciembre, los ciudadanos españoles hemos votado lo que hemos votado. Pasado ya un largo mes desde la votación, la “incertidumbre” sigue esgrimiéndole como arma amenazadora, para que los diversos partidos “afinen” sus posiciones y “por el bien de España”, adopten posturas sensatas y conformen un gobierno “bueno para España”.

A juicio de este humilde ciudadano, dado que ninguno de los contendientes ha obtenido mayoría absoluta, pero si han obtenido minorías de bloqueo una parte importante de los contendientes; no es posible lograr formar gobierno, si no se acomete una NEGOCIACIÓN multipartidista que permita la conformación de una mayoría plural suficiente para acometer las tareas de gobierno.

Por tanto, cabe concluir sin mentir ni manipular, que los ciudadanos hemos votado negativamente la aspiración de mayorías absolutas y en consecuencia lo que hemos votado es justo la necesidad de entenderse y de dialogar para poder ejercer el poder ejecutivo. El mensaje puede parecer simple, pero no lo es. En primer lugar es la expresión de un hartazgo y derivado de esto es el clamor por el diálogo y el sentido común. Hasta aquí lo que hemos votado. El resultado, es una expresión palmaria de la pluralidad de visiones tanto ideológicas, como espaciales de lo que es, de como lo vemos los ciudadanos y  de lo que sucede en nuestro país.

No parece que sea ni gratuito ni excesivamente pretencioso, pensar a priori, que los resultados electorales sugieren la necesidad de diálogo, de negociación y de búsqueda de entendimiento y por ende de sentido común, de responsabilidad, de poner por encima del interés personal o partidista el interés general; en fin de ser un país “normal”.

Pero hablando de normalidad, en un país normal, en un mundo normal, los gobiernos, depositarios del poder público, estarían obligados a trabajar en favor del interés general, en favor de la mayoría de la población. Rechazarían radicalmente la corrupción, perseguirían la erradicación de la desigualdad, trabajarían para la igualdad de oportunidades de todos los ciudadanos, propiciarían unos servicios públicos universales y aplicarían la ley a todos los ciudadanos por igual.

Acaso este no es un país del todo normal, cuando el conspicuo representante del partido con mayor número de votos (que a la sazón coincide con el partido de la corrupción  y la política de desigualdad por excelencia) y presidente del gobierno en funciones, rechaza alegremente el encargo del Rey de intentar formar gobierno, bajo el inapelable pretexto de que no tiene mayoría suficiente y además tiene suficiente mayoría en contra. Todo esto sin despeinarse ni ruborizarse.

Cuatro años de mayoría absoluta, cuatro años de absolutismo en los que el diálogo fue convenientemente suprimido y suplantado  por el rodillo parlamentario, cuatro años de medidas en favor de las grandes corporaciones económico financieras y en perjuicio de la mayoría de ciudadanos, cuatro años que han concluido con la mayor crisis institucional tanto desde el punto de vista de la cohesión territorial, como de instrumentalización descarada de las instituciones del Estado; en definitiva cuatro años de desprecio explícito del pluralismo y de los valores constitucionales, que han dejado maltrecho el entramado democrático.

No debería sorprenderse el personaje, de que su desprecio sostenido a lo largo de cuatro años, genere ahora el nulo interés por sus ambiguas ofertas de diálogo, máxime cuando se ratifica sin ruborizarse, en lo correcto de su acción de gobierno, despreciando ahora también la opinión de la mayoría de los ciudadanos que han decidido apostar por opciones distintas a la gobernante.

No hay esperanza pues en el grupo gobernante, por mucho que predique las bondades de su acción, porque las obras nada tienen que ver con sus promesas y porque quién de modo sostenido ha ignorado de modo sistemático a todos los demás, no puede esperar de su indulgencia.

La esperanza de la mayoría de los ciudadanos, está en una mayoría alternativa que sea capaz de articular un proyecto de gobierno que haga posible revertir parte del desastre perpetrado por este gobierno inclemente e instaurar nuevos modos de ejercer la responsabilidad pública, más acordes con los valores democráticos y con los intereses de la mayoría.

Pero la esperanza no perdura sobre la retórica vacía, o sobre el marketing más o menos planificado. La esperanza requiere expectativas razonables y personas serias y juiciosas que sean capaces de canalizarlas.

Lamentablemente, el mimetismo entre los llamados “reality shows” y la expresión pública de la actividad política, amenaza con matar la esperanza.

Si tenemos en cuenta que dialogar y negociar, es algo más que hacer declaraciones públicas, las cosas no parece que vayan demasiado bien.

Para empezar, para negociar, es preciso instaurar un espacio de confianza entre las partes, que requiere buena fe y un elevado grado de discreción. Públicos y claros, han de ser los acuerdos, pero los procesos para alcanzarlos han de ser necesariamente discretos, a menos que lo que se persiga, no tenga nada que ver con el objeto de la negociación.

Me indigna escuchar a tertulianos opinadores sobre la necesidad de luz y taquígrafos en las negociaciones, ignorantes ellos (o no) de que el buen fin de las negociaciones requiere sinceridad, discreción, buena fe y flexibilidad, valores que es imposible mantener en un contexto de negociación-escaparate. Pero también me indignan pretendidos negociadores que se autopromocionan haciendo públicas propuestas efectistas, con el único objetivo de situar a las contrapartes en situaciones incómodas. Y mas me indignan todavía los que pretenden desde la grada y en tribuna de autoridades, marcar públicamente a sus negociadores límites o líneas no sé de qué color, con el objeto de malograr cualquier probabilidad de llegar a buen puerto.

¿A quién le interesan los ciudadanos? ¿A quién le interesa el resultado electoral? Pareciera que los ciudadanos rechazan claramente las mayorías absolutas, pero ajenos al mensaje, los destinatarios del mensaje, quisieran ejercer desde su minoría por exigua que sea, los abominables vicios de las mayorías absolutas.

Negocien de buena fe, dialoguen con el objetivo de reconducir la acción pública y ponerla al servicio de la mayoría de ciudadanos, conténganse y hagan las propuestas en la mesa de diálogo, en vez de hacerlo a través de los medios de comunicación, establezcan objetivos comunes y muy importante; piensen que las próximas elecciones pueden ser dentro de cuatro años. Háganme caso.

 

Acerca de Contraposición

Un Foro de Estudios Políticos (FEP) que aspira a centrar el debate sobre los diversos temas que afectan a la sociedad desde la transversalidad, la tolerancia, la libertad de expresión y opinión. Desvinculado de corrientes políticas o ideologías organizadas, pero abierto a todas en general, desde su vocación de Librepensamiento, solo fija como límite de expresión, el respeto a las personas y a la convivencia democrática. El FEP se siente vinculado a los valores republicanos, laicos y civilistas como base de una sociedad de librepensadores sólidamente enraizada en los principios de Libertad, Igualdad, Fraternidad.
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