Personas, productos, mercados – Fernando Álvarez

 

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Personas, productos, mercados 

La pirámide está invertida: Mercados, productos, personas. Se mantiene así desde el origen de los tiempos; un equilibrio tan estable, que parece inconcebible que pueda disponerse el artilugio de otra manera. La fuerza bruta manda y la Democracia es un virtuosismo muy difícil de lograr, una perfecta armonía de derechos y obligaciones que, a poco que se sobrecargue por la izquierda o por la derecha, se rompe en mil pedazos. A pesar de los millones de crímenes y las incontables felonías que hemos ido dejando atrás a lo largo de unos cuantos miles de años (somos una criatura de reciente aparición), apenas hemos conseguido hacer girar el mecanismo unos cuantos grados. Siempre para mejor, eso es cierto, siempre hacia arriba; pero con un ángulo de desplazamiento muy débil, por mucho que los avances científicos se empeñen en decirnos que los progresos son descomunales. Lo son en las formas, pero no en lo substancial: la felicidad del ser humano.

Hay tantas definiciones de la felicidad, que necesitaríamos una enciclopedia de varios tomos para estudiar seriamente el asunto Como cada cual, tengo mi propia definición: la felicidad consiste en adueñarse del inmenso y breve tiempo de nuestras vidas para estar dónde queramos, cuando queramos, cómo queramos. Puse estas palabras en boca de uno de los personajes de mi última novela, Nuestro viejo faro, y no dispongo de otras mejores.

La Industrialización fue un avance indudable, que no voy a discutir; pero produjo una nueva forma de esclavitud que necesitamos afrontar y superar. Nadie es dueño de su tiempo, ni siquiera quienes creen serlo. Los Mercados mandan; ellos deciden qué productos debemos fabricar, también cuánto vale cada una de las personas que intervienen en el proceso: quienes los diseñan, quienes los elaboran con sus manos y quienes los comercializan. Todos tenemos un valor perfectamente cuantificable (en dólares, euros, yens o lo que fuere), son los Mercados quienes lo definen. También la Belleza lo tiene: la Literatura y el Arte cotizan en bolsa. Ni el hombre ni su obra tienen cabida fuera de esta nueva forma de esclavitud.

Quienes están en la parte superior de la pirámide, una parte soleada, inmensa y equipada con lujosas instalaciones, no tienen demasiado interés en corregir el funcionamiento del mecanismo. A su manera, son felices, o eso creen, ya que la forma en que hacen uso y disfrute de su tiempo es generalmente de una zafiedad propia de esclavos. Deberíamos decirles que quien no sabe amar al prójimo no sabe amarse a sí mismo y, cegado por la vanidad, se convierte inevitablemente en un sociópata. Es repugnante la educación en el odio de quienes defienden una sociedad de ganadores y perdedores, tan repugnante como la de los fanáticos educados en el odio a quienes profesan creencias religiosas distintas a las suyas. De la necesidad de educar a las gentes en el amor al prójimo hablaron Bertrand Russel y Aldous Huxley y Albert Camus y tantos otros intelectuales del pasado siglo, considerando que era la única forma de evitar las abominables guerras que padecimos y seguimos padeciendo. Los nacionalismos endogámicos, los populismos marxistas y los brotes sectarios, ya sean de origen cripto-religioso o racial o de mera especulación financiera, no ayudan; al contrario, nos alejan de la solución.

Porque soy europeo y me siento europeo, analizo el asunto desde una perspectiva europea y es en el grupo de los ciudadanos europeos donde debo inscribirme para afrontar la dura tarea de intentar invertir la pirámide: personas, productos, mercados. El “crash” del año ocho nos dio un golpe durísimo, especialmente a los países del sur, donde ha llegado a desaparecer hasta el treinta por ciento de sus clases medias, ésas que garantizan el correcto funcionamiento de las frágiles democracias. Lo sucedido durante el “crash” del 29 debiera servirnos de ejemplo para comprender y afrontar las medidas adecuadas. En aquel entonces, el señor Hoover y quienes lo subieron al poder se mantuvieron impávidos ante el desmoronamiento de unas clases medias americanas, que hasta aquel momento tenían una fe ciega en su sistema político; y no contento con tal descalabro, retiró los fondos de ayuda a una sociedad alemana que se estaba recuperando de los desastres de la Gran Guerra, provocando la hambruna y el descontento de la población, lo que, entre otras cosas, hizo brotar el Nacionalsocialismo del señor Hitler. Años más tarde, el señor Reagan y sus sucesores hicieron algo parecido, provocando el “crash” del año ocho. De aquellas lluvias, estos lodos.

¿Cómo invertir la pirámide? ¿Cómo consolidar la Democracia? ¿Cómo hacer una sociedad de hombres libres, dueños del inmenso y breve tiempo de sus vidas? Desde luego, no con las majaderías de los populismos marxistas, los nacionalismos endogámicos y los fanatismos religiosos, sino con la educación en el amor al prójimo, al distinto a nosotros, incluso a esos personajes oscuros que nos hacen tan difícil la convivencia diaria; también con un replanteamiento de nuestra vida social y familiar, con un rediseño más humano de la vida laboral, con una apuesta por las pequeñas y medianas empresas innovadoras (las grandes se arreglan solas, sin nuestra ayuda) y con una adecuación de la enseñanza, la elemental y la universitaria, al nuevo modelo de sociedad que necesitamos construir. Hay un paso inmediato: recuperar los valores éticos y estéticos que los Mercados nos han arrebatado. Mejoremos el mecanismo, hagamos más fácil su funcionamiento, garanticemos su giro constante hacia arriba: Personas, productos, mercados. Merece la pena luchar por ello, a pesar de las muchas dificultades que encontraremos en el camino.

Acerca de Contraposición

Un Foro de Estudios Políticos (FEP) que aspira a centrar el debate sobre los diversos temas que afectan a la sociedad desde la transversalidad, la tolerancia, la libertad de expresión y opinión. Desvinculado de corrientes políticas o ideologías organizadas, pero abierto a todas en general, desde su vocación de Librepensamiento, solo fija como límite de expresión, el respeto a las personas y a la convivencia democrática. El FEP se siente vinculado a los valores republicanos, laicos y civilistas como base de una sociedad de librepensadores sólidamente enraizada en los principios de Libertad, Igualdad, Fraternidad.
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