PSdeG: Entre todos lo mataron… – José Luís Martín Palacín

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José Luís Martín Palacín

En ningún momento de su historia el PSdeG había sacado un porcentaje tan escaso de votos. El momento más bajo estuvo hasta ahora en 1997, cuando precisamente Abel Caballero no superó el 19,46%. Ahora, con 1,5 puntos porcentuales por debajo de aquella cota, muchos van a tener que explicar muchas cosas, y asumir responsabilidades.

En 2009, Emilio Pérez Touriño, con un 31% y manteniendo 524.000 votos y 25 diputados, se vio obligado a dimitir por la presión interna de su organización. Ahora, con menos de la mitad de apoyos y con 14 escaños (11 menos que en aquella ocasión), y habiendo perdido 4 diputados y 50.000 votos respecto a 2012, el candidato Fernández Leiceaga tendrá que ser consecuente con su fracaso. Y la Comisión Gestora –convertida en Comisión Ejecutiva de facto- y su presidenta Pilar Cancela, tendrán que ceder las riendas de un PSdeG que han puesto a la deriva, para que se establezca un proceso de renovación y regeneración.

El problema es que haya quienes quieran pasar al mero ajuste de cuentas. Después del espectáculo que dieron diversos dirigentes en el proceso de elaboración de listas –y aunque haya diferentes cuotas de responsabilidad- lo que se impone es un periodo de reflexión y de debate para definir un modelo de partido y un proyecto coherente que proponer a la Sociedad. Nadie de quienes protagonizaron y hasta escenificaron las disensiones puede –con los resultados electorales en la mano- mostrarse orgulloso de haber realizado bien sus deberes. Todos han perdido votos en sus respectivos ámbitos. Incluso los que argumentaron que deberían ser más tenidos en cuenta por su elevado apoyo electoral. Sí: me refiero a Abel Caballero que ha perdido casi dos puntos de porcentaje de voto respecto a 2012, y se ha quedado muy por debajo de lo que logró en las municipales e incluso en las legislativas.

Ésa que me atrevo a hacer hoy es una reflexión que los diferentes responsables del socialismo gallego deberían haberse planteado hace tiempo. Y en lugar de haber estado de espaldas a la sociedad peleando por los espacios de poder internos, deberían haber analizado por qué desde 2009 han ido perdiendo por el camino más de un cuarto de millón de votos. Y haber intentado construir un proyecto para Galicia y un modelo de partido cercano a la gente, y capaz de aglutinar a la sociedad en la dirección de la socialdemocracia y el galleguismo.

El 25-S el PSdeG ha perdido la hegemonía para liderar la izquierda en Galicia. Si analizamos las propuestas de En Marea y del PSdeG encontraremos una amplia coincidencia en un planteamiento socialdemócrata y galleguista. Y el PSdeG no ha sabido aprovechar el momento en el que Anova –inmersa en la Marea- ha pasado del nacionalismo al galleguismo: aunque no lo confiesen es así. Y de ese modo han perdido la ocasión para tratar de establecer un proyecto aglutinante. Una buena parte de los votantes de En Marea, no sólo el 25-S sino también en las legislativas y en las municipales, constituyen una base social objetivamente socialista. Pero rechazan la imagen anticuada, burocrática, alejada de la sociedad y hasta cainita, que quienes han venido dirigiendo el PSdeG han ido transmitiendo a los ciudadanos.

Por desgracia, los resultados de las autonómicas no son una sorpresa. Y cualquier reacción defensiva de enroque ante la crítica constructiva, cualquier regreso a la bronca para ver quién se queda con los restos del naufragio no serán más que un subterfugio para no asumir la responsabilidad de reconducir y regenerar el proyecto socialdemócrata para Galicia.

El socialismo gallego ha de afrontar de manera inmediata el camino hacia un congreso que reconstruya su propio proyecto. Con cabeza. Con flexibilidad y diálogo. Con generosidad. Por desgracia, hay quienes, dentro del propio socialismo, se muestran escépticos respecto a los resultados posibles de ese proceso.

Acerca de Contraposición

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