El proyecto es Europa – Fernando Álvarez

fab.010316Asíntotas

El proyecto es Europa

Fernando Álvarez

Tras una crisis profunda, suele llegar la perplejidad y, sólo después de dolorosos intentos fallidos, logra consolidarse un nuevo proyecto de futuro; es cuestión de tiempo, a veces demasiado. Quienes creíamos en una Europa unida y capaz de esquivar los conflictos de siglos pasados estamos desconcertados. Aunque previsible, el Brexit fue un golpe duro, que vino a sumarse a otros reveses no menos graves. Desde España, es difícil ver con objetividad el campo de juego; nuestra realidad es tan compleja, que nos exige plena atención.

Como ya comentamos en anteriores artículos, la apertura arbitraria de los diques de contención (financieros y comerciales, pero también éticos) produjo la debacle del 2008. Europa fue la perdedora. Nunca sabremos lo que hubo de planificada estrategia o desdichado azar en el asunto. Tenemos una moneda única, pero no tenemos un verdadero Banco Regulador; tenemos capacidad tecnológica, pero no tenemos una común política de educación e investigación; tenemos la OTAN, pero el potencial militar corresponde a nuestro socio americano (no podemos defender nuestras fronteras sin pedirles permiso); tenemos una inmensa riqueza cultural, pero hemos sido incapaces de articularla en un cuerpo único. Aunque se hizo mucho, lo esencial está aún por hacer y, mientras no se aborde seriamente el asunto, la crisis que conocimos y las que aún estamos por conocer nos sorprenderán en la cama, fantaseando con realidades que nunca fueron ni serán.

Los partidos conservadores ya dijeron lo que tenían que decir; consecuentes con sus principios y previsibles en sus actuaciones, dejaron que los Mercados marcaran los tiempos políticos. Según ellos, se pueden hacer muchas cosas; pero nunca poner en cuestión las reglas del juego. Con tales planteamientos, la brutal deuda externa española tiene muy mala solución, por poner un ejemplo. Sólo desde una concepción progresista de la realidad, son posibles las dudas. Porque una persona progresista debe ser esencialmente esto: alguien que pone en duda los principios indiscutibles y los dogmas de fe. Pero los partidos progresistas al uso quedaron gravemente dañados por la dogmática fanfarria comunista, que produjo cataclismos sociales tan atroces como los que originó el fascismo. Es precisamente la laxitud con anacrónicos y  disparatados movimientos populistas, lo que los países centroeuropeos nos echan en cara a los mediterráneos. En mi heterodoxa opinión, la Democracia es un complejo artificio que se sustenta esencialmente en las clases medias, gentes trabajadoras y cualificadas profesionalmente, que poseen una pequeña capacidad de ahorro y, sobre todo, pueden decidir el rumbo de su vida con libertad. Las Plutocracias y los Populismos, sin embargo, se nutren de gente sometida y odian a las clases medias precisamente por eso, porque están libres de firmes ataduras.

Analicemos los discursos cotidianos de nuestros políticos y reflexionemos. Están muy equivocados quienes afirman que las clases medias son consecuencia de proyectos burgueses y decadentes; por el contrario, ellas son la verdadera máquina propulsora de la Democracia y, cuando se desvanecen, se desvanecen igualmente las libertades. Europa necesita unos partidos progresistas que pongan freno al despropósito de los tiempos de especulación que estamos viviendo y se erijan en firmes defensoras de las clases medias y, en consecuencia, de la Democracia que hemos tardado muchos siglos en consolidar. Éste es el proyecto que un desarbolado partido socialista español debería afrontar con serenidad, sin prisas, con convicción, un proyecto en el que no tienen cabida esos “ismos” estridentes que propiciaron el siglo más cruel y devastador de la historia de la humanidad.

Acerca de Contraposición

Un Foro de Estudios Políticos (FEP) que aspira a centrar el debate sobre los diversos temas que afectan a la sociedad desde la transversalidad, la tolerancia, la libertad de expresión y opinión. Desvinculado de corrientes políticas o ideologías organizadas, pero abierto a todas en general, desde su vocación de Librepensamiento, solo fija como límite de expresión, el respeto a las personas y a la convivencia democrática. El FEP se siente vinculado a los valores republicanos, laicos y civilistas como base de una sociedad de librepensadores sólidamente enraizada en los principios de Libertad, Igualdad, Fraternidad.
Esta entrada fue publicada en AUTORES, Fernando Álvarez. Guarda el enlace permanente.