EL MUTISMO DE LOS INTELECTUALES.-Germán Castro (*)

Máis euEntró en crisis el tradicional concepto de intelectual? ¿En dónde están los intelectuales, que no se ven? Estas y otras preguntas surgen cuando la crisis abrió heridas profundas, priman los contravalores y el dinero, en fin, emerge como bien supremo para arrebatar el poder y la soberanía a los ciudadanos. Se echa en falta la palabra de los intelectuales, sobre todo cuando ya no se cree en el verbo político. Así como en la Transición, cuarenta años atrás, se mostraban muy activos, sin embargo en el transcurso de esta lacerante crisis no han comparecido.

Existen voces críticas que estiman que “solo se preocupan de si mismos, de su propio bienestar y sus prebendas”, sostiene Elena Poniatowska, escritora mexicana o, lo que casi viene a ser lo mismo, que no tienen ganas de comprometerse, como razona el catedrático de Historia Contemporánea Fernando García de Cortázar o que “la voz de los intelectuales es cada vez menos escuchada y desacreditada por el poder”, como señala Juan José Tamayo  en Cincuenta intelectuales para una conciencia crítica o, finalmente, atengámonos a lo que dice Santos Juliá que, al analizar El papel de los intelectuales del 98 a la crisis actual, concluye que se ha producido un cambio y los intelectuales ya no son aquellos profetas y sacerdotes como hasta hace poco eran considerados.

Al respecto me parece oportuno traer a colación un trabajo crítico Fingiendo no ver nada firmado por la escritora (Premio Nacional de Poesía 2003) Julia Uceda publicado en Revista de Occidente, números 302-303, en agosto de 2006, que tiene plena vigencia once años después. Uceda afirma “Temo que no sea posible disculpar la desorientación de intelectuales que nunca debieron estar desorientados” y frente a opiniones como las de Pérez-Reverte, Saramago, Gimferrer que entienden que la literatura comprometida es algo anacrónico y obsoleto, la escritora dice no estar de acuerdo. “Creo que los escritores deberíamos pronunciarnos sobre las cosas de esta época crispada y crítica”.

Es probable que la ausencia del pensamiento crítico haya quedado relevado por la propia voz de los ciudadanos que se hace oír en foros y debates de los medios audiovisuales, en las redes sociales y en la prensa escrita convencional. De hecho hay quien dice, como la filósofa Victoria Camps, que los intelectuales de hoy son los periodistas que intervienen en las tertulias televisivas, o como el guipuzcoano Atxaga que afirma que no hay espacio para los intelectuales como los de antaño y añade “vivimos en una selva con infinidad de voces en la que abunda el “microintelectual”. Yuri Herrera, escritor, sostiene que los intelectuales no son ya “esos profetas encerrados en claustros, hoy lo son escritores de libros y de blogs, autores de cómics, diseñadores de sitios de internet y activistas en favor de la libertad de información”.

No obstante, si se les pregunta, los intelectuales españoles se manifiestan, aunque lo hagan de diferente manera. Savater, por ejemplo, aboga por el consenso ante la grave crisis, Sampedro decía que “hay que darle la vuelta al barco” y García Montero que el pensamiento está fuera del sistema actual. Los intelectuales están ahí, como vemos si se les pregunta responden, por eso llama la atención su mutismo ante lo que está sucediendo. Además, el hecho que un número importante de ellos haya levantado su voz contra el proceso soberanista catalán parece fulminar las interrogantes sobre la revisión de su papel en la sociedad actual. Otra cosa es que no quieran dar la cara y en ese sentido García Montero apunta “no han desaparecido. Ese es un debate que generan los medios de comunicación al servicio de los poderes financiados, a los que solo les interesa el protagonismo de los intelectuales que reproduzcan el sistema actual”.

(*) Germán Castro, periodista, director de las publicaciones “Contraposición. República de Ideas” y “Criterios”

 

 

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