“SIN IDENTIDAD NACIONAL CARECEMOS DE UN PROYECTO COMÚN”.-Carlos Raya de Blas (*)

Ya, ya sé que me dirán que el concepto de nación está caduco, que construir un futuro sobre conceptos decimonónicos no es sensato, que las multinacionales son poderes conglobados y nos llevan varios cuerpos de ventaja. Bien. Dejemos que corran. En España aún estamos atrancados en eso de pasar de la nación operativa a la conciencia de nación. Quiero decir que damos el pego, parecemos un país, como Alemania o la República Francesa. Hasta que pisas las calles de cualquier pueblo español y comprendes que la única disparidad en chulesca independencia entre un paisano entrando al bar y un pistolero del lejano Oeste es que no nos dejan llevar pistolas. Si nos dejaran, calculo que el problema de los españoles sobre La Tierra se acabaría en un par de meses. Somos cuarenta y cinco millones de individuos que viven cerca unos de otros, no una comunidad con conciencia de sí.

Además en España somos pobres de solemnidad en capital social, y me refiero al concepto del sociólogo Putnam: ese complejo entramado de confianza, normas no escritas, redes de cooperación y compromiso cívico que generan comunidades cohesionadas, con mayores posibilidades de desarrollo y capacidad de alcanzar una identidad propia. Esta carencia empeora el panorama: ni identidad ni capital social para encontrarla. Mal vamos. Además nadie pone en duda que la actual crisis material agrava la situación: las normas son para los que pueden pagarlas, pensamos.

Eso no quiere decir que los españoles no seamos buena gente. El español es hospitalario, solidario a su manera y se vuelca en causas honestas cuando tiene el día. En general es generoso con el necesitado y sobre todo es generoso porque le da la gana, sobre todo porque le da la gana. Sufrimos una grave esquizofrenia: Quijotes capaces de morir libre y heroicamente por el débil y lo contrario: canallas capaces de rematarlo en el suelo si alguien osa exigirnos su defensa. Creo que es el orgullo. Nos creemos mejor que todos. Ese complejo no es de superioridad, sino de inferioridad. Es fruto de esa misma carencia de identidad y orgullo de pertenencia grupal. No somos nadie en el mundo y encontramos la yoidad machacando al cercano durante nuestras crisis explosivas. Envidio a los americanos en esto. Su amor por su Unión, el valor de su bandera, la veneración por su sacrosanta Constitución y Estado de Derecho, el respeto por su Ejército como garante final de su libertad unido, sin duda, a la entrega ciega de sus militares por la Constitución y la libertad de sus conciudadanos… Nosotros no usamos la bandera ni para tapar nuestro ataúd. Sería de broma. Nos reímos de alguien si para su desgracia sale a la calle combinando rojo y gualda, nos inventamos letras obscenas para el Himno y nos cachondeamos hasta de los leones del Congreso. Después de todo, que narices, España es una gran nación y los españoles muy españoles y mucho españoles.

Nada que decir de nuestra Constitución. No tenemos nada que decir porque no la conocemos ni por el forro. Nuestra Ley Superior, la Norma de todas las normas. ¿Será que no tiene importancia para nuestras vidas? Eso sí, hay que cambiarla. ¿Por qué? Porque me sale de los cojones. Ahí se acabó España y comienza el español. Digo yo que si tuviéramos que memorizarla en el cole, ya veríamos si luego nos venía alguien a cambiar la versión. Aunque fuera ya no por el respeto ganado a su espíritu que daría su detenido estudio, sino a su pura letra.

Es la ignorancia de nosotros la que lastra nuestro devenir. Un barco donde la tripulación no sabe que es la tripulación y niega estar embarcada es difícil llevarlo a buen puerto. En la división y nuestra ignorancia del otro encuentran los poderes trasnacionales la vía de agua que nos hunde. Ellos saltan las naciones para saquearlas, nosotros destrozamos la nuestra para que nos saqueen a gusto. Todos hidalgos y soberbios solipsistas, islas en un mar de islas, capaces de matar por una linde, incapaces de sacrificarnos por los nuestros. ¿Qué nuestros? No hay nuestros que valga. No somos españoles por España, somos españoles contra alguien. Ahora contra los catalanes. Los catalanes lo mismo: son catalanes contra los españoles. Los vascos calladitos, haciendo caja. Los gallegos ni existimos desde que perdió cinco a cero el Dépor. Madrid contra todos y todos contra el inglés, sea quien sea, a muerte contra él. ¡Santiago y cierra España!

Y no quiero entrar en la cuestión política, solo decir que los de un lado murieron por España. Los del otro también. Ya hay que ser brutos. Los vencedores, dirigidos por un ser sanguinario, obedecieron ciegamente y aniquilaron durante años a todos los diferentes. Nunca España estuvo tan unida como cuando se dedicó a asesinar a los españoles. Esa verborrea en la que se mueve la ultraderecha es el néctar maldito de nuestra raza: ¿José Antonio, qué es España? Yo, yo soy España. ¿Y los demás? Los demás son el enemigo común. ¿Común a quién? A mí, que soy España.

En fin, en común, lo que se dice en común, creemos que solo nos quedan las cuentas de la venganza. Lloraba Antonio Machado: “En España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa. Y la que pensaba, Unamuno, preso en su casa, le escribía a Giner de los Ríos: “No creo en la acción externa, legislativa, lo mismo que no creo en la revolución. Y por eso nunca he querido hacer política, sino espíritu“. Quizá Don Miguel, uno de los más grandes sabios que vio nacer nuestra Patria, llevase razón y tengamos que preocuparnos por nuestro espíritu, por el propio y el común. ¿Y cómo se puede conseguir eso? Pues no es tarea fácil, pero se pueden tomar muchas y buenas medidas para conseguir que lentamente crezca en nosotros la conciencia de ciudadanía, el sentimiento de pertenencia a España, el orgullo por la República y su Rey, el respeto por la Bandera como símbolo de nuestra identidad común, el reconocimiento de nuestras Fuerza Armadas unida, sin duda, a la entrega ciega de los militares por la Constitución y la libertad de todos sus conciudadanos…

(*) Carlos Raya de Blas, empresario, sociólogo especializado en propiedad intelectual y en Islamismo

 

 

 

 

 

Acerca de Contraposición

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