DÑA.  CLARA CAMPOAMOR, FEMINISTA, MASONA Y REPUBLICANA.-Antonio Campos Romay*

Dña. Clara Campoamor, mujer de trayectoria tan apasionante como controvertida, injustamente ignorada, fue una brillante profesional del Derecho entregada a la causa de los derechos de la mujer. En  las  Cortes Constituyentes de la II República Española en 1931, obtendría acta de diputada por Madrid en la candidatura del Partido Radical liderado por D. Alejando Lerroux. Tras el golpe de estado de 1936 y la instauración de la dictadura del general Franco se vio obligada a exiliarse al estar procesada por su pertenencia a la Francmasonería y su filiación republicana. Dña. Clara Campoamor era miembro activo de la Logia Femenina o de Adopción, “Reivindicación” de Madrid. En esta Logia,  bajo la tutela de la Logia “Condorcet” del GOE (Gran Oriente Español), comienza sus trabajos masónicos.

La mujer tuvo que hacerse reconocer de siempre en circunstancias muy adversas. En el siglo XIX y principios del XX se acelera el debate acerca de cómo debe producirse su inclusión, tanto en este caso concreto, la Masonería, como en conjunto de la sociedad al adolecer de un trato igualitario social, cultural y jurídico. Algo que quebrantando los principios del estado de derechos, se produce todavía en algunos sectores o se manifiesta en la brecha salarial entre hombres y mujeres. Y desde luego en diversos aspectos de actividad colectiva, como es el caso de la Francmasonería conservadora, de dependencia anglosajona, donde su aceptación sigue sin ser resuelta.

Durante la II República Doña Clara Campoamor es referente  de las demandas feministas. Y serán precisamente mujeres vinculadas a Logias llamadas de Adopción, (donde se fomenta una intensa vocación en este sentido), las que sean vanguardia reivindicativa. Cabe entre muchos otras citar a Doña Rosario de Acuña, Doña Ángeles López de Ayala, Doña Teresa Claramunt, o Doña  Carmen de Burgos. Y a su lado,  una importante generación de librepensadoras, científicas  y literatas. Pese a las trabas propias de la estructura reacia del momento, hay constancia de mujeres aceptadas en Logias masónicas en lo que podrían ser los  inicios de lo que será la Masonería Mista, Liberal y Adogmática, que hoy representan Obediencias como la Gran Logia Simbólica Española. Estudiosos de la época señalan que en muchos casos, sus nombres no estaban incluidos en las Actas de dichas asociaciones, en ese  silencio intencional que veló la lucha de la mujer por su igualdad. A Dña. Clara Campoamor su pertenencia a la Masonería le valió la incoación de un expediente del Tribunal para la Represión de la Masonería y el Comunismo que le impidió regresar a España desde su exilio en Lausana, donde fallecerá en 1972.

Dña. Clara Campoamor  perteneció a la Liga Española de Derechos del Hombre  de la que fue Vicepresidenta durante 1933. Tanto su ejercicio de la abogacía como una gran parte de su actividad política  estuvieron consagrados a la defensa de los derechos de las mujeres. Tuvo una infancia muy modesta, agravada al quedar huérfana de padre en edad muy temprana. Las estrecheces domesticas derivadas de ello retrasaron mucho sus posibilidades de estudiar. Con 35 años  terminó la carrera de Derecho. En 1922 fundó la Sociedad Española de Abolicionismo. En 1928 crea en Madrid la Federación Internacional de Mujeres de Carreras Jurídicas, siendo una de las primeras mujeres que tendrá plaza en la Academia de Jurisprudencia.

Su batalla parlamentaria para incluir en la Constitución de la república el derecho al sufragio femenino la llevó a enfrentarse  con la también diputada Dña. Victoria Kent. Abogadas, políticas, feministas, dos mujeres que tenían mucho en común, en un momento clave sus posturas se confrontaron. El debate parlamentario del 1 de octubre de 1931, refleja con nitidez la posición de la Sra. Campoamor en favor de otorgar el derecho de voto a la mujer, y la de la Sra. Kent y sus razones para posponer su aprobación.

La Sra. Kent  argumentó su posición nada cómoda, manifestando: “Señores diputados, se discute en este momento el voto femenino y es significativo que una mujer como yo se levante en la tarde de hoy a decir a la Cámara sencillamente que creo que el voto femenino debe aplazarse.  Lo dice una mujer que en el momento crítico de decirlo, renuncia a un ideal. Por creer que con ello sirvo a la República…  Si las mujeres españolas fuesen todas obreras, si las mujeres españolas hubiesen atravesado ya un período universitario y estuvieran liberadas en su conciencia, yo me levantaría hoy frente a toda la Cámara para pedir el voto femenino. Pero en estas horas yo me levanto para decir lo contrario y decirlo con toda la valentía de mi espíritu, afrontando el juicio que de mí puedan formar las mujeres que no tengan este fervor y estos sentimientos republicanos que creo tener. … Hoy, señores diputados, es peligroso conceder el voto a la mujer (…)”.

Por su parte Doña Clara  Campoamor dirá en su alegato “Señores diputados, lejos yo de censurar ni atacar las manifestaciones de mi colega, señorita Kent; comprendo, por el  contrario, la tortura de su espíritu al haberse visto hoy en el trance de negar la capacidad inicial de la mujer…  ¿No recae sobre ellas toda la consecuencia de la legislación que se elabora aquí para los dos sexos, pero solamente dirigida y matizada por uno? ¿Cómo puede decirse que la mujer no ha luchado y que necesita una época, largos años de República, para demostrar su capacidad?   Yo, señores diputados, me siento ciudadana antes que mujer y considero que sería un error político dejar a la mujer al margen de ese derecho, a la mujer que espera y confía en vosotros. No cometáis, señores diputados, ese error político de gravísimas consecuencias.  La mujer española espera hoy de la República la redención. No cometáis un error histórico que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar al dejar al margen de la República a la mujer…

La votación fue favorable al postulado de la diputada Campoamor por 161 votos a favor y 121 en contra, si bien hubo  188  ausencias del hemiciclo a la hora de la votación. En las elecciones de 1933,  las mujeres acuden por primera vez  a las urnas. Curiosamente, tanto la abanderada del sufragio femenino, Doña Clara Campoamor, como su oponente ocasional, Doña Victoria Kent, no lograron renovar sus escaños en el Congreso de los Diputados.

La Sra. Campoamor y  la Sra. Kent, que la prensa satírica de la época calificaron de “La Clara y La Yema”,  eran mujeres de sólidos principios. De una gran honestidad, y con un claro compromiso feminista.  Volcadas ambas en los esfuerzos en pos del progreso social con lealtad y sabiduría en el marco de la república. Aunque su percepción las situaran en campos distintos en el debate sobre el momento oportuno del sufragio femenino

*Antonio Campos Romay ha sido diputado en el Parlamento de Galicia.

 

 

 

 

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