LOS NIÑOS CANTORES DE … LA REPRESIÓN.-María Purificación Nogueira Domínguez

Recién nacidos los años sesenta…

A las niñas nos vistieron de rosa y a los niños de azul. Y nos educaron en la oscuridad de pupitres con carcoma y aulas que olían a naftalina, donde hacíamos preguntas que respondían en pizarras emborronadas de mentiras. Y nos enseñaron a cantarlas alto y fuerte… y a hincar la rodilla.

En la más tierna infancia…  nos cantaron que la cigüeña era el milagro de la vida… que los niños venían de París, y nos hicieron cantar aquella canción hasta, casi, la pubertad… ¡Ay, qué felicidad!: “¡Ya viene la ciguëña. Mírala, mírala cómo vuela. Está encima de la chimenea. Mírala, mírala, que el bebé ya llega!”… “¡Tralará tralará!”… Nos mintieron y nos ocultaron la ciencia de la ginecología. ¡Grandiosa hipocresía!… Después del pájaro parturiento nos cantaron otro cuento, que decía: “¡Eva fue la primera humana, y se quedó embarazada… al comerse una manzana!”… “¡Tralará tralará!”.

Al principio de los cantos… entrenaron nuestras gargantas y cuerdas vocales… y consonantes, que repetimos hasta la saciedad: “¡ La M con la A… MA!… ¡La P con la A… PA!… ¡ La S con la O… SO!”. Y, con nuestras infantiles voces, cantamos con lágrimas de impotencia: “¡SO… corro… MA…MÁ!… ¡SO… corro… PA… PÁ!… ¡Tralará tralará!”.

Cuando despegamos el vuelo hacia la lectura y la escritura… nos volvieron a enseñar canciones: “¡El río Miño nace en Fuentemiña, provincia de Lugo, pasa por Lugo, Orense y Tuy… y desemboca en La Guardia haciendo frontera entre España y Portugal!”… “¡El río Duero nace en… bla bla bla!”… “¡Tralará tralará!”. Acercaron la grandiosa esfera del planeta Tierra hasta nuestras casas, nuestros barrios, nuestras ciudades y pueblos, limitando a nuestro entorno más cercano su pequeña geografía… Y excluyeron de ella todo lo que estuviera fuera de su fronteriza portería, llamándolo, despectivamente, “ invasiva extranjería”.

Nos enseñaron a cantar números: “¡Uno y uno… dos!”… “¡Dos menos uno… uno!”… “¡Dos por uno… dos!”… “¡Dos entre uno… dos!”… “¡ Lo lolo lo lo lo lo!”. Y cantamos los quebrados… pero no nos enseñaron a sumar iniciativas, a restar hostilidades, a multiplicar el respeto por nuestras auténticas habilidades. Dividieron el género humano en dos bien diferenciados: Ellas y Ellos. Quebraron nuestra creatividad e hicieron de las ciencias exactas… las más indecentes y falsas. Y… sumaron represión, restaron libertades, multiplicaron el hambre, dividieron a los ciudadanos… hermano contra hermano. Y los derechos de los obreros los quebraron.

Poco tiempo después… cuando nos dejaban cruzar la calle, e ir al colegio solos, nos enseñaron a cantar el Rosa rosae, el vous parle, monsieur, el yes, sir, I am, you are, he is… y a cantar en latín… la misa… ¡ Ay, qué risa!… Pero no nos permitieron cantar en nuestra lengua materna. Decir Merda, Kaka, Cagayón… era una grosería. Decir Mierda… era una galantería: “¡No hables esa lengua cateta. Tienes que hablar la lengua castellana de la meseta!”. Todos los demás acentos eran revolucionarios y contrarios a la lengua reglada… con regla de madera o vara de bambú en las palmas de las manos : “¡Plas, plas, plas!”… “¡Aquí no se habla esa lengua paria. Calla!”.

También nos enseñaron a cantar con respeto al entra en el colegio: “¡Buenos días, profesora… Buenos días, profesor!”… “¡ Lo lolo lo lo  lo lo!”… Pero nuestro interior, en el silencio de la ira, repetía: “¡Ojalá que te parta un rayo… Ojalá que no te vuelva a ver en la vida!”. Y… seguíamos caminando en fila de borreguitos hasta llegar al enorme crucifijo, que separaba el abisal pasillo de las aulas, anclábamos la rodilla en el suelo y cantábamos: “¡Padre nuestro, que estás en el cielo!”… “¡Lo lolo lo lo lo lo!”… Y al que no cantaba con la debida entrega, la paliza que le esperaba era para llorar sin tregua… O una grandiosa bofetada lo llevaba directamente a la caja de la arena: dos horas con las rodillas en la arenilla. Y, dependiendo del grado de brutalidad del profesor, aquel día, con un poco de suerte, nos ponían a copiar doscientas veces: “¡Aquí se hace lo que yo diga!”. Las niñas castigadas a hacer costura y los niños con los brazos en cruz, y tres libros en cada mano, en estado contemplativo mirando cara a la pared… ¡Qué cruel pesadez!… Y con muy muy mala suerte, todos igualitarios, ni pared ni costura… un puñetazo en la cara y dos puntos de sutura. ¡Ay, cuánto dolía cantar las Sagradas Escrituras!

Cuando se terminaban las humillaciones, la enseñanza precaria…  y sonaba la salvadora campana, caminábamos ordenados en fila… a la puerta de salida. Allí nos esperaba el retrato de El Dictador, ante el que, con la cabeza muy erguida, la mirada muy alta y el brazo derecho extendido, cantábamos a su glorioso bigote: “¡Cara al sol con la camisa nueva, que tú bordaste en rojo ayer… !” “¡Le le le lelele le le!”. Y si no cantabas con alegría, te ibas para casa con más golpes en la mochila… ¡Ay, qué agonía!… “¡Hasta mañana, si Dios quiere!”, nos decían. No se te ocurriese apostillar: “¡ y si no quiere… también!”… que te marchabas con una alopecia de dos centímetros… en la cabeza.

Aquellos “maestros” arrancaron el saber libre de nuestros libros… y nos adiestraron como si fuésemos simios. Nos negaron la sabiduría    y nos enseñaron lo que ellos querían. Nos dijeron que tenían la verdad en propiedad exclusiva, y… el que no la acataba y cantaba era un rebelde, un inmoral, un ladrón, un asesino… mala gente, condenado al exilio… o a ser presa de la procesión despiadada de la Santa Compaña, que los llevaría, arrastrados por los pelos, a los cementerios ateos. Y… bla, bla, bla. Decían que Lorca, por estar con el culo al aire todo el día… murió de una pulmonía. Que los negros eran monos sin evolucionar, adiestrados para hablar y levantar las patas delanteras del suelo. Que los judíos eran ratas. Que los gitanos eran cerdos. Que los obreros… burros de carga. Que las mujeres emancipadas… perras infectadas, hijas de… María Magdalena, resucitada. Que la tierra era de los ricos y los nobles… y de sus obedientes seguidores. Que el cielo era para los sacerdotes y las procesiones… y el averno para los pordioseros obreros, las frígidas lesbianas y los sucios maricones.

¡Cuánto nos enseñaron del racismo, el machismo, la xenofobia, la homofobia, el abuso y el oscurantismo!… ¡Cuánto cantamos aquellas canciones… sin entender la letra, y cuánto daño le hicieron a nuestras cabezas!

Fuera de las aulas… nos enseñaron más cantos… de televisión en blanco y negro. Tardes de toros: “¡Olé olé olé, Maestro, sangre y oreja!”. Noches de boxeo: “¡Campeón, dale un gancho de derecha… y arráncale la cabeza!”. Domingos de fútbol agrediendo al “señor de negro”, unidos en un solo grito: “¡ trágate el pito!”. Películas de vaqueros, donde los indios pieles rojas (invadidos, saqueados, sometidos, asesinados) eran los malos. Y los colonos rostros pálidos (invasores, saqueadores, opresores, asesinos, buitres carroñeros) eran los buenos. Reportajes veraniegos de suecas en bikini… y nosotras con bañador cuello cisne. Ellas disfrutando del masculino patrimonio… y nosotras vírgenes hasta el matrimonio… ¡Decoro del demonio! Y… norteamericanos con bermudas y sandalias con calcetines, quemándose al sol por la tarde y por la noche aliviándose en los prostíbulos… y nuestros chicos mercadeando con revistas pronográficas, que escondían bajo la almohada, y “ojeaban” con colirio y gafas ahumadas, por aquello que decían los mayores: “¡Cuidado, no te toques… que te quedas ciego!” “¡ Ay, qué miedo!”. Luto y procesiones de Semana Santa, nosotras desfilando con mantillas y ellos con botas militares hasta la rodilla… y todos ¡hasta la coronilla!… Imágenes y canciones… tortilla española de patatas con cebolla, arena, sol y playa. Turismo de Una, Grande y Libre… España… ¡Qué mentirosa pantalla!

En nuestra inocencia infantil y adolescente… nunca perdimos la esperanza de encontrar en las miradas de aquellos “ maestros de canto”… un mínimo atisbo de humanidad, pero era más fácil encontrar rosas en el mar:

 

“Voy pidiendo Libertad

Y no quieren oír

Es una necesidad

Para poder vivir

 

La Libertad, la libertad

Derecho de la Humanidad

Es más fácil encontrar

Rosas en el mar…

La la lala lalara

Rosas en el mar…”

(L.E. Aute)

 

 

Y… crecimos y superamos aquellas tristes canciones. Aprendimos a ser libres… pero nunca olvidaremos lo que sufrimos.

Y… ahora, cumplidos los sesenta…

Dicen por ahí que los “maestro de canto” quieren enseñar a nuestros nietos… a cantar mentiras:

 

“¡ Por el mar corre la liebre…

Por el mar corre la liebre…

Por el  monte la sardina… tralará

Por el monte la sardina… tralará

Por el monte la sardina!”.

¡Vade retro, Satanestros. Apartaos de nuestros niños!… Pues la única canción que van a entonar es: “¡ Libertad  libertad…Tralará tralará!”.

Fachestros, maestros del fascismo… ¿Estáis sordos o no queréis oír?… Acaso no os habéis enterado que un Dios bondadoso, racional, democrático e ilustrado, ha convertido a un libro en humano, que os ha dicho con voz sutil: “¡Dejad que los niños se acerquen a mí!”.

María Purificación Nogueira Domínguez.

 

 

 

 

 

Acerca de Contraposición

Un Foro de Estudios Políticos (FEP) que aspira a centrar el debate sobre los diversos temas que afectan a la sociedad desde la transversalidad, la tolerancia, la libertad de expresión y opinión. Desvinculado de corrientes políticas o ideologías organizadas, pero abierto a todas en general, desde su vocación de Librepensamiento, solo fija como límite de expresión, el respeto a las personas y a la convivencia democrática. El FEP se siente vinculado a los valores republicanos, laicos y civilistas como base de una sociedad de librepensadores sólidamente enraizada en los principios de Libertad, Igualdad, Fraternidad.
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