LA CIBERGUERRA, ¿EN UN SEGUNDO PLANO?.-G. Castro*

La industria armamentista ha visto el camino allanado con la guerra de Ucrania. “El mundo se rearma” (El País, 20-03-2022). En efecto, estamos viendo como los distintos países miembros de la UE, empezando por la poderosa Alemania, han dado un giro a sus políticas y presupuestos y expresan la voluntad inexorable de invertir en material de Defensa, no solo entendido este en el concepto convencional sino también mirando en algún caso hacia el potencial nuclear. La invasión de Ucrania y las amenazas de Putin han puesto las cartas boca arriba y lo que dábamos en llamar orden mundial, ya no es lo que era. Solo hicieron falta unas horas del día 24 de febrero de 2022, escuchar las primeras sirenas y percibir los primeros bombardeos. ¡Alea jacta est!

De un día para otro llega la guerra televisada, muerte y destrucción, y el lenguaje diario nos lleva a las bombas de racimo y termobáricas, carros blindados, misiles de varios tipos -incluido el hipersónico (novedad)- lanzacohetes múltiples…

Y ¿qué ocurre con la ciberguerra? Parece ocupar más bien un segundo plano, cuando hay expertos, como el rector de la Universidad de Tecnología de la Información y miembro de la Academia China de Ingeniería, el exmilitar Wu Xing Jiang, que ha manifestado que la guerra cibernética podía ser tan devastadora como la bomba atómica. A punto de alcanzar el mes, desde que Rusia desató la “intervención militar especial”, ya se han producido algunos incidentes. Precisamente, el día anterior al ataque a Ucrania, los rusos lanzaron una ofensiva cibernética, fundamentalmente sobre Kiev, dejando a miles de computadoras fuera de uso. Todavía ayer, algunas informaciones recogían que los ciberataques registrados en Ucrania desde el inicio de la invasión de Rusia se han disparado un 20 % hasta las 1.446 amenazas semanales.

Por otro lado, poco tiempo tardó Anonymous en declarar la guerra cibernética a Rusia. El mismo día 24 de febrero el colectivo de piratas anunció que lanzaría un ataque, como así hizo afectando a varias instituciones, bases de datos de Defensa y del instituto de energía nuclear, con resultado de anulación de servicios, neutralización de operadores telefónicos y colapso de grupos de comunicación, entre ellos el vocero oficial RT. A la hora de acceder a las páginas de algunos de estos medios aparecía un mensaje contra la intervención en Ucrania y llamaba a parar la locura de la guerra. Han llegado a pedir a Anonymous que actuara sobre los sistemas nucleares para evitar una guerra de estas características.

Rusia abrió marcha cuando invadió Georgia

Al margen de estos episodios, no se han producido más noticias, ni los medios han puesto el foco en la ciberguerra, cuyos antecedentes en el campo del conflicto real hay que fijarlos en el año 2008. La invasión de Georgia por parte de Rusia fue precedida por ataques cibernéticos coordinados con las operaciones terrestres.

En 2010 se produjo un ciberataque en la planta nuclear de Natanz, en Irán, donde el software malicioso llamado Stuxnet hizo su primera aparición pública, obligando a detener la operación de la planta nuclear. El gusano fue creado para dañar los motores que se usan comúnmente en las centrifugadoras para enriquecer uranio, les hizo perder el control y deshabilitó temporalmente mil centrifugadoras.

En diciembre de 2015, fue también Ucrania la que experimentó un ataque en su red eléctrica, causando cortes de electricidad generalizados, pues los hackers se infiltraron en tres compañías energéticas y cerraron temporalmente la generación de energía en tres regiones de Ucrania, dejando a casi un cuarto de millón de personas sin electricidad durante seis horas, en pleno invierno. Los atacantes utilizaron el programa malicioso BlackEnergy 3 para cerrar las tres subestaciones. Según algunas informaciones, el programa se distribuyó mediante correos electrónicos de phishing personalizado, oculto en archivos adjuntos falsos de Microsoft Office. Algo de uso común por muchísima gente en todo el mundo.

En 2017, los hackers asumieron el control remoto de una estación de trabajo ampliamente conocida en Arabia Saudita. El arma fue un nuevo tipo de programa malicioso, llamado Triton, cuyo objetivo era tomar el control del sistema de seguridad instrumentado (SIS, por sus siglas en inglés). El virus informático se desarrolló específicamente para apoderarse de sistemas de control industrial, también conocidos como tecnología operativa (TO).

En el mismo año, de nuevo sufre Ucrania los efectos del programa maligno NotPetya que repercutió en 65 países ocasionando pérdidas por valor de 10.000 millones de dólares.

Entre 2021 y lo que va de 2022 se han registrado más de cien incidentes.

Las inversiones en ciberseguridad

Esta situación ha llevado a que las inversiones en ciberseguridad se duplicarán entre 2019 y 2023, pasando de los 26.450 millones de euros a los 49.000 millones.

El Gobierno de Reino Unido tiene la intención de contratar a cientos de especialistas en informática para defender su infraestructura central contra las ciberamenazas, según manifestó ayer el secretario de Defensa, Philip Hammond. Este reveló que Reino Unido está dedicando recursos y fondos adicionales para la construcción de un sólido servicio de Inteligencia cibernética y redes de vigilancia, informa Reuters.

En su intervención en la conferencia anual del Partido Conservador, Hammond comentó: «El año pasado nuestras defensas cibernéticas bloquearon alrededor de 400.000 amenazas informáticas sólo contra la seguridad del Gobierno en Internet, por lo que la amenaza es real, pero la construcción de defensas cibernéticas sola no es suficiente. Como en otros ámbitos de la guerra, también tenemos que impedir las amenazas. Gran Bretaña construirá una capacidad específica para contraatacar, y en su caso atacar, en el ciberespacio».

Bruce Schneier, especialista en seguridad tecnológica, escribe que la carrera armamentista cibernética es un hecho que definirá el internet en el siglo XXI. «El ataque cibernético tiene el potencial de ser inmediato y devastador», sentencia.

Estaríamos hablando de que desde un ordenador los misiles son relevados por virus y legiones de soldados por expertos en informática, en fin, la computadora sería el buque insignia. Una guerra devastadora, mucho más barata que la convencional, química o nuclear.

*Germán Castro, periodista, coordinador de «Contraposición. República de las Ideas«.

Acerca de Contraposición

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