Resulta patético que toda la iniciativa ultra-conservadora pivote en enlodar la vida política. Cuando gobernaban nos sorprendían cada día con un indecente rosario de corrupciones que avergonzaban a la ciudadanía al tiempo que la despojaban de sus derechos y dineros. Ahora acumulan despropósitos y bilis al verse desplazados de los que consideran su hábitat por derecho divino.
En los cien días del gobierno surgido de la indignación general ante la degradante deriva de la coalición de facto entre Rajoy y Rivera, y desde el mismo momento que M punto Rajoy disipó los vapores de la larga tarde de vino y rosas en que se votaba su destitución, comenzaron los ataques al nuevo ejecutivo.


