Contradicción y dudas – Isidoro Gracia

Isidoro Gracia

He creído y creo en un proyecto Europa, como sociedad del bienestar y como sostenía Ortega y Gasset garantía de paz y libertad, y ahora me encuentro con una mayoría de gobiernos europeos dedicados a exprimir a la inmensa mayor parte de sus ciudadanos en beneficio de unos pocos, muy pocos. Especialmente unos dirigentes alemanes (no solo la Sra. Merkel) que al tiempo que expresan un discurso aparentemente pro-europeísta, aprovechan la crisis para obtener, por medios económicos, una preponderancia que intentaron obtener, y no consiguieron, por medio de la violencia en otras ocasiones. Mi duda se dirige al límite donde se situaría la difícilmente evitable pérdida de coherencia y solidaridad, para llegar al terreno en que la violencia entre clases y entre pueblos desató, durante siglos, los conflictos. La contradicción está en que algunos idearios, que me sirvieron de guía en el difícil camino de la práctica democrática, al hacer sus dirigentes mangas y capirotes de los intereses de la mayoría de los ciudadanos, me despiertan sentimientos ácratas, de difícil autocontrol.

He creído y creo en un proyecto España, dentro de Europa, en el que la solidaridad y el respeto entre todos los que habitamos en sus territorios habíamos conseguido una fórmula política, casi mágica, para de mutuo acuerdo descentralizar poder y, sin privilegios, atender administrativa y políticamente a los conciudadanos más próximos, aunque en vez de federal la fórmula se llamara autonómica, por aquello de no herir sensibilidades. Ahora me encuentro que algunos de aquellos a los que les ha ido mejor para autogobernarse en temas esenciales y básicos, quieren pagar la factura de sus errores obteniendo privilegios sobre los que habitan en otros territorios. La duda: hasta donde están dispuestos a llegar, ya que yo apoyaría llegar siempre un paso más allá en defensa de la cohesión y mantenimiento del proyecto. La contradicción llegaría si, siendo yo defensor de la actual legalidad, se me planteará el hecho de que los rupturistas la transgredieran.


He creído y creo en eso que se ha dado en llamar derechos individuales compatibles con derechos sociales, y por tanto colectivos. Eso ha funcionado razonablemente equilibrado hasta la profundización de una crisis que nos ha llevado a una situación en el que el derecho individual de propiedad, se ha situado por encima de la negociación colectiva en la empresa, sin más límite que la voluntad del dueño. Con muy pocos limites, por encima del derecho a la salud o la educación, transformando la sanidad y la enseñanza en negocio. Sin ningún límite en el derecho a una vivienda digna, y en este caso en puridad no existe un dueño, ya que quien detenta la propiedad es un ente financiero cuya única voluntad siempre es la de acumular. La duda: hasta donde puede aguantar un ciudadano del siglo XXI en el camino de retorno al XVIII y a la servidumbre. La contradicción, siendo consciente que es la relación de fuerzas entre clases la que está marcando la trayectoria, porqué seguir defendiendo la aplicación de una legalidad que se muestra tan injusta, o, siendo partidario de que los hijos salgan libres de pecados originales de los padres, porqué no poner en el mismo plano a los hijos de los políticos y banqueros presionados, que los que son hijos o familiares de los desahuciados.

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Así estalla una burbuja, la del oro por ejemplo – Kostka Fernández

Tras años de valor refugio y de continuas subidas en su valor en los mercados internacionales, el precio del oro toca techo. La burbuja característica del sistema capitalista, identificada por los economistas como cambio de ciclo, tras estallar en el sector inmobiliario y financiero, llega al oro.

La burbuja ha estallado. El oro está sufriendo una auténtica purga bajista que le ha llevado el 15 de abril de 2013 a perder los 1.400 dólares por onza en el mercado de Londres tras hundirse  un 6%. En dos sesiones, el desplome llegó al 10%.  Los motivos de que algo así suceda son múltiples y variados, unos fundados en causas estructurales, otros generados por lo que el mercado denomina instinto de falta de confianza y, otros, por decisión de unos pocos. El origen del estallido de una burbuja puede estar perfectamente en  algunos grandes poseedores del preciado metal, marcando, por ejemplo, estrategias de desinversión conjuntas que son, o pueden ser, las que en realidad pinchan las burbujas, en ocasiones precedidas de informes, siempre interesados, de los analistas financieros y de, en ocasiones, intereses políticos.

La salida de grandes inversores hace unas semanas es muestra de todo esto y mandó una poderosa señal de alerta bajista al resto de inversores. A ello hay que sumar una recomendación de venta que extendió el pasado 10 de abril el influyente banco estadounidense Goldman Sachs. En concreto, sus expertos rebajaron el precio objetivo del oro a doce meses hasta los 1.390 dólares por onza desde los 1.550 dólares anteriores. Antes de este consejo, el oro cotizaba en torno a 1.560 dólares por onza. Pero en cuanto se hizo público, sufrió un brusco descenso que le ha llevado a jugarse el nivel de los 1.400 dólares, el 15 de abril.

Tras la caída, el analista de la firma National Securities Donald Selkin  señaló que «cualquiera que comprara antes de esta gran caída probablemente estará experimentando un poco de dolor». Selkin cree que «existe la percepción de que el oro ya no es realmente un refugio seguro. 

Jim Rogers, uno de los gurús del metal oro, hizo público que hace falta una corrección y ha asegurado que empezará a comprar si la caída es lo suficientemente pronunciada aunque no dijo a qué precios compraría. Pero no todo el mundo cree que sólo es una corrección.

Por otro lado, los expertos de Serenity Markets comentan que otro motivo muy importante que explica el hundimiento del oro es la posibilidad de que los países con problemas en Europa vendan el oro que tienen en sus reservas para conseguir liquidez. Y eso es muchísimo oro colocado en el mercado.

También se ha pronunciado recientemente otra de las voces autorizadas, el millonario inversor George Soros. En una entrevista con el ‘South China Morning Post’ el pasado 8 de abril, dejó claro que el oro «ha dejado ya de ser un valor refugio». De hecho, en el cuarto trimestre del 2012 redujo a la mitad sus tenencias del fondo SPDR Gold Fund.

Otros, aquellos que han vendido estas semanas atrás, los que dejan que otros ganen el último 5 por ciento, como hiciera el empresario gallego Jove con la crisis inmobiliaria, el reducido grupo que deciden entre ellos, o no, que hasta aquí hemos llegado y que ha llegado la hora de vender, generan ellos mismos la desconfianza del mercado que provoca el estallido total de la burbuja.

¿Alguien cree que los grandes analistas financieros hacen públicas sus recomendaciones de vender oro, antes de comunicárselo a sus clientes institucionales y privados? Estos obtienen información privilegiada que provoca la reacción en conjunto y que explica las ventas de las últimas semanas. A partir de la cual, se produce la reacción en cadena que provoca la crisis en la que más pierden los que más tarde compraron y los que más tarden en vender.

El sistema evidentemente es así, es imperfecto. Con crisis, con ciclos y con burbujas que estallan y generan sufrimiento social. Las alternativas que se proponen pueden ser aún más imperfectas. Eso muestra indubitablemente la praxis política y la historia. El sistema hay que corregirlo, no destruirlo, porque ningún otro sistema económico-social-político ha generado tanto bienestar y tanta riqueza entre los ciudadanos. Indudablemente es injusto, pero los hemos conocido más injustos.

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Alternativas na batalla dos desafiuzamentos – Xosé A. Gaciño

Xosé A. Gaciño

A batalla dos desafiuzamentos podería dinamizar o debate político en España. Forzados polas protestas cidadás, os políticos empezan a intentar artellar medidas de emerxencia para os casos máis sangrantes e modificar unha lei hipotecaria que, segundo o Tribunal de Xustiza da Unión Europea, non garante os dereitos do consumidor e practicamente impide ao xuíz actuar contra as cláusulas abusivas que se permiten.
Por suposto, os políticos actúan tarde. Tanto este goberno como o anterior limitáronse a confiar na boa vontade dos banqueiros (aquel código de boas prácticas, que resultou máis que insuficiente), facendo honor ás acusacións de que parecen estar máis ao servizo dos poderes financeiros que dos cidadáns que os votan. De feito, as tímidas medidas nesta materia viñan condicionadas pola obsesión principal da banca: que calquera cesión nas esixencias de pago, por mínima que sexa, pode abrir a porta a unha catarata xeral de impagos.


Iso explica que sexan rexeitadas de oficio e mesmo cualificadas de radicais unhas propostas tan moderadas como as da iniciativa lexislativa popular, presentada pola Plataforma de Afectados polas Hipotecas: dación en pago, moratoria na execución de desafiuzamentos e parque de vivendas de aluguer social. Son tan moderadas que, nalgúns casos, os propios bancos as practican, como ven de demostrar o informe do Colexio de Rexistradores da Propiedade: no pasado 2012, admitiron máis de once mil dacións en pago, o que representou máis dun terzo das vivendas coas que finalmente se quedaron nese ano, como consecuencia dos desafiuzamentos. O que non queren os bancos é que se lles obrigue por lei. Amantes da desregulación, prefiren que sexa só unha opción que manexan libremente e, a ser posíbel, que non transcenda publicamente. E parece que o conseguen: por estraño que pareza, este informe do Colexio de Rexistradores achega os datos máis precisos e fiábeis sobre esta materia. Nin o Goberno, nin o Poder Xudicial nin moito menos os bancos foron quen de elaborar estatísticas claras.


Fronte ás iniciativas dos afectados, desprezadas desde o primeiro momento, o Goberno ofrece pouco máis que as “boas prácticas” aceptadas polos bancos, nunha mostra práctica de cál é a coacción máis efectiva. Nese proxecto de lei de protección de debedores hipotecarios, que o PP leva adiante na soidade parlamentaria da súa maioría absoluta, contémplase a posibilidade de quitas e de prolongación do prazo para saldar a débeda, ademais de limitar os intereses de demora, unha das cláusulas máis abusivas sinaladas na sentenza europea, á que tampouco se lle fai moito caso.


Pero hai outras alternativas. Mentres a Xunta de Galicia subscribía un acordo co Poder Xudicial para que os xuíces lle informen dos casos de desafiuzados especialmente vulnerábeis para poder atendelos, nunha sorte de complemento humanitario á ríxida defensa do non menos ríxido concepto da propiedade privada, a Junta de Andalucía lanzaba o seu xa famoso decreto que contempla a posibilidade da expropiación do uso, por tres anos, de vivendas embargadas, no caso de desafiuzados en grave risco de exclusión social. O goberno central amaga coa posibilidade de presentar un recurso de inconstitucionalidade, na súa liña recentralizadora de poñer límite ás competencias autonómicas, como xa fixo contra as poxas efectuadas pola consellería andaluza de Saúde entre as industrias farmacéuticas para abaratar o custe dos medicamentos.
En lugar de aproveitar a diversidade autonómica para probar a efectividade dunhas medidas ou outras, os centralistas prefiren uniformar decisións. Neste caso, ademais, está en xogo o principio de que se está a facer o que hai que facer, mesmo sacrificando as promesas electorais e ate as propias conviccións, porque non se pode facer outra cousa para saír da crise.


E non poden tolerar que aparezan outras opcións, a pesar de que a súa non nos saca da crise. Ou será precisamente por iso?

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Cadernos da viaxe – Xoán Antón Pérez-Lema L.

Xoán Antón Pérez-Lema L.

A LEXISLACIÓN ANTITERRORISTA.

Confésolles que nunca acreditei na utilidade nin na xustiza da lexislación antiterrorista. Son dos que creo que compre acusar, xulgar e, se é o caso, condenar  terroristas ao abeiro da mesma lei que rexe para os restantes delincuentes. Dez días de detención, no canto de tres, constitúen unha barbaridade xurídica. O mesmo ca o espallamento dos presos lonxe da súa contorna familiar e vital. Ou o mantemento dese Tribunal de excepción que é a Audiencia Nacional, que sucedeu ao Tribunal de Orde Pública franquista e vulnera, todos os días, o dereito constitucional ao xuiz ordinario legalmente presinalado.

O alto o fogo de ETA é unha realidade  obxectiva e a sociedade civil está preocupada por outra caste de problemas. Velaí unha boa oportunidade para derrogar esta lexislación excepcional que, nos últimos anos, foille aplicada  a varios mozos galegos. É evidente que calquera violencia política non pode xustificarse e  ha ser castigada penalmente. Mais o que resulta un grave exceso son as longuísimas penas impostas e a duración da prisión preventiva atendendo á natureza dos feitos,  a presunción automática da existencia dunha banda orgánicamente xerarquizada, o afastamento dos presos de Galicia ou a criminalización das entidades sociais ás que pertencen estas persoas. Porque o feito de que alguén cometa un delicto non autoriza para incriminar  automáticamente ás entidades sociais e políticas ás que o devandito individuo pertenza, como está a acontecer neste País.

En democracia compre perseguirmos o delicto por medios proporcionais e compatíbeis cos dereitos humanos. Mais na persecución de determinados actos de violencia política en Galicia-non máis admisíbeis nin menos delictivos polo feito de non causar danos persoais- hai tempo que se sobardou toda medida e proporcionalidade.

A ARRINCADEIRA: ELVIRA VARELA BAO E ARTURO KRESS.

A Coruña homenaxeu,como republicana do ano, á profesora Elvira Varela Bao, que dedicou á súa vida a formar en valores de liberdade, galeguidade e responsabilidade varias xeracións de alunos, aló no seu San Roque de Afora. Os país de Elvira,  galeguistas e republicanos, sofriron a dura represión que caracterizou o trunfo franquista n’A Coruña.

Elvira é nai do grande músico Arturo Kress, autor, entre outras da banda sonora de “El bosque animado”

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Del 14 de abril a la III República – Antonio Campos Romay

 

Pese al ahínco de los afines a La Zarzuela en insistir en las analogías de nuestra monarquía con las escasas que van quedando en Europa, lo cierto es que poco o nada tienen en común. La monarquía española, históricamente, se apegó cerril al absolutismo, mientras las demás evolucionaban acorde con los tiempos.  La dinastía Borbón se implantó en el siglo XVIII tras asolar el país del que no sabían ni el idioma, en una guerra cruel. En justicia cabe afirmar que sus miembros quedaron siempre lejos de alcanzar el suficiente al evaluar sus servicios a los intereses del común. Sus disputas dinásticas generaron tres sangrientas guerras civiles que ahondaron nuestro atraso endémico mientras se liquidaba el imperio colonial. En el caldo de cultivo de esa violencia surgió una casta de espadones que dominaron toda la escena el siglo XIX y la mayor parte del XX.

Un salto dinástico instauró a un hijo dócil al dictador, en detrimento del padre, menos maleable. Padre que por cierto no paso por alto ninguna argucia: ofrecerse voluntario al bando golpista durante la guerra civil, bailarle el agua al dictador mendigando la corona, o enzarzarse con el para vestir galas de demócrata… La dictadura se salda con una Transición Política que el tiempo transcurrido permite más precisión histórica sobre sus luces y sombras y los condicionantes que enfrentó. La inflexión del 23 F, ni tras 33 años arroja otra luz que la que ilumina de forma hagiográfica a quien mejor rentabilizó la asonada acomodado en un machacón discurso por demás efectivo: “un rey salvador de la democracia que se ganó el puesto ese día”. Vigentes siguen puntos oscuros que abren otro tipo de relato en tan penoso suceso avivando suspicacias ante informaciones oficiales u oficiosas, de difícil verificación. Lo que no debilita la maestría de quienes rentaron tan agitada noche en favor del señor de La Zarzuela. Cuentan que la señorita Primo de Rivera, fundadora de la Sección Femenina, fue tan avispada que “de una camisa vieja se hizo un sostén para toda la vida”. Suspicacias que  repuntan al analizar, pese a la opacidad que envuelve lo que se relaciona con la Casa Real, una fortuna, que especialistas como Forbes y otras entidades que curiosamente han ido desapareciendo de circulación, fijan en torno  a los 1.700 millones de €, difíciles de casar con el salario del monarca.

Pese a reconocer la lógica democrática del modelo republicano, la inercia de una parte de la ciudadanía, aún asume la monarquía como factor necesario. Igual que en la Transición era un lugar común que los españoles “no estábamos preparados para la libertad” y era necesaria “una mano dura”. A ello se suma el brío en anular cualquier capacidad crítica relacionada con la monarquía, que sigue gozando de poderosos dispositivos y panegiristas mediáticos, alejando del debate las cuestiones incomodas. Aunque entre bambalinas en esos mismos medios se afirme de tan obsoleto modelo, que “si dieran a la luz lo que conocen durante un fin de semana, España se haría republicana el lunes”.

Ante las reiteradas anomalías en algo tan serio como la Jefatura del Estado no cabe la coartada de que hay prioridades, o que lo importante es lo cotidiano. Todo es prioritario y todo incide en lo cotidiano. Es falacia interesada sostener que da igual la forma de estado. Como lo es afirmar que todos los políticos son indecentes. O que se comportan igual. Una monarquía anacrónica, poco transparente, nada edificante en lo que trasluce y con un liderazgo moral alicaído, es lo menos adecuado en una situación tan escabrosa como la actual. Presentada la corona como solución taumatúrgica es hoy parte del problema. Es inadmisible que en su particular interés quepa la sospecha de que se pueda mediatizar, más o menos veladamente, la comunicación o la independencia del poder judicial. Es absurdo que el jefe del estado, pasada la primera década del siglo XXI, sea impune ante la ley, ni esté sometido a ningún control. Máxime si tiene la osadía de decirle a la ciudadanía que todos somos iguales ante esta. Y como poco, es deprimente que quien ostenta la jefatura del estado, sea en origen, la expresión de la última voluntad del fallecido dictador.

La opción republicana no solo es legítima. Es necesaria. Durante el franquismo y en estas últimas décadas los sectores más integristas y acomodaticios, achacaron al modelo republicano una leyenda negra centrada en la II Republica. Olvidan citar en su soniquete, que desde su proclamación fue boicoteada de forma inmisericorde por grupos ultramontanos, el caciquismo endémico y una parte del ejército. Que con una economía depauperada, recién nacida se le exigió reparar urgencias sociales seculares en medio de un nivel cultural muy escaso, fomentado adrede para sojuzgar al pueblo. Con un entorno geopolítico substancialmente adverso. Pese a ello, incapaces de derrotarla en las urnas optaron por un golpe de estado que ante la adhesión popular al régimen derivó en una sangrienta guerra civil.

Olvida esa leyenda negra  que la II República, más allá de sus errores, que  los tuvo y no menores, en su descargo cabe señalar, que no fueron ajenas a ellos las dramáticas situaciones sociales traducidas en carencias absolutas de la población y las presiones a que se vio sometida desde el primer día por la impaciencia de esta. Pese a ello,  apostó por la libertad, la justicia social, el progreso, la extensión de la enseñanza y la promoción de la cultura. El laicismo, la igualdad, el voto femenino y la defensa de los derechos de la mujer, el autogobierno de las comunidades históricas o el pacifismo como política exterior. Inicio la reforma agraria, generalizó la jornada laboral de 8 horas, reguló el derecho de huelga, potenció los convenios colectivos, legalizó el divorcio… Todo en apenas un lustro en el que la sociedad española fue más libre y más dinámica que en ninguna otra etapa. Algo  intolerable para los poderes fácticos de la época,  de ningún modo dispuestos a permitir que fructificase.

Esta segunda restauración, que agoniza por una patología similar a la que consumió a la primera, muestra una metástasis que afecta el cuerpo institucional y administrativo, agravando de forma alarmante una desafección ciudadana, que socava la confianza en el sistema. La democracia pierde calidad y entra en riesgo. Es ineludible una vigorosa catarsis acompañada de respuestas categóricas a los grandes retos pendientes. Frenar un sistema injusto y voraz que genera miseria, precariza a las personas, lamina derechos, aviva la insolidaridad y la desigualdad. Que permite la impunidad de los poderosos y tolera que especuladores y mercaderes asfixien al pueblo mientras acepta comportamientos lamentables en las máximas magistraturas del estado.

Es hora de dar restituir a la ciudadanía la voz y el referéndum que se le escamoteo hace varias décadas y la apertura de un proceso democrático que revigorice la soberanía ciudadana. El grado de indignación que late en la sociedad no cederá por mucho tiempo a maniobras dilatorias. Es menester superar el compromiso, fruto de una circunstancia histórica, amparado en un texto constitucional cerrado (1978) que imponía la monarquía como condición inapelable para poder acceder a la libertad. Desenmascarando a los agoreros que intentan amedrentar al país si osa tomar el futuro en sus manos. Es útil la cita del presidente Franklin D. Roosvelt, parafraseando a Epicteto, “De lo único que tenemos que tener miedo es del propio miedo”. El mismo Roosvelt aconseja: “En la vida hay algo peor que el fracaso: el no haber intentado nada”.

Una crisis poliédrica de calado inédito como la actual, pone en cuestión a la vez aspectos económicos, sociales, políticos, administrativos, territoriales ó éticos. Por ello exige una respuesta acorde. Capaz de convocar ilusiones dormidas y recuperar la autoestima como país. Mostrando la madurez democrática alcanzada, con la renuncia a tutelas anómalas con la plenitud democrática.

La República no es un patrimonio ni de la izquierda ni de la derecha. Ni de la melancolía de los derrotados de ayer ni la pesadilla de los fundamentalistas del nacional catolicismo del pasado y de hoy… Capaz de armonizar, frente al uniformismo a ultranza de los teóricos del concepto de una cierta unidad nacional que pretenden en fundamentos historicistas, el reconocimiento de las raíces plurales.

Algo que se tenia presente hasta el siglo XVII, “España monarquía plural madre de naciones”. Palafox y Mendoza, Obispo de Osma a mediados del siglo XVII y beatificado el 5 de junio de 2011, reclama “Dios creo las tierras diferentes” y luego ejemplariza de forma campechana,  “en toda Vizcaya no se hallará una naranja ni en toda Valencia una castaña”. En similar línea de pensamiento está el humanista Pedro Mártir de Anglería, Consejero de Indias (1520/1526), que afirmaba: “Cada provincia tiene su manera de ver las cosas y ha de acomodarse el príncipe a las opiniones de unos y otros”. El pensamiento de los heterodoxos, liberales, ilustrados, humanistas ó  agnósticos, en gran medida los albaceas del capital moral de los derrotados de la Historia de España es esencial contribución para construir el futuro desde la categoría dejando la anécdota en las veredas polvorientas del pasado.

Una República anfitriona de una sociedad dinámica, integradora, con capacidad de pasar pagina de los lastres ideológicos que la larga sombra de los complejos del franquismo aún imbuye en numerosas conciencias, debe auspiciar ese estado plural, que sin renunciar a las viejas glorias comunes ponga en valor la deuda con el sacrificio y el dolor de los derrotados en las luchas de siglos para construir el puente hacia el futuro.

La República, es simplemente un sistema más ecuánime. Que no debe obedecer su germinación al dogmatismo, sino al sentido común. Fundamentada en el derecho y la ley. En valores laicos y civilistas donde prime en exclusiva la expresión de la voluntad soberana del pueblo. Un modelo de estado que engarce en su frontispicio la trilogía, Libertad, Igualdad, Fraternidad. Que plantee el transito de un escenario agónico, aderezado de nostalgias, vasallaje y súbditos, al civilismo de una República nutrida de ciudadanos.

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Foise José Luís Sampedro – Contraposición

Entre o balbordo doutras mortes aireadas abondo, unha cupletista, dama de tronío, e unha británica, dama de ferro, ficou a mantenta agochado o pasamento de José Luís Sampedro. El mesmo tamén o desexaba. Foise en silencio, con discreción e modestia. Tal como era quen fixo bandeira unha frase moi súa,: “Hai dous tipos de economistas; os que traballan para facer máis ricos aos ricos, e os que traballamos para facer menos pobres aos pobres”.

Tivéronos pendentes da Saritísima, muller esplendorosa que  regalounos cunha xeitosa andaina profesional, sendo quen de romper os moldes dunha España cincenta e pacata. Tamén afogáronos co botafumeiro a prol dá ex – premier inglesa manexado por aqueles  que na morte do Estado de Benestar achan ou seu benestar. Entre mentres case se nos furta ou adeus a un home de ben. Quizais porque foi aldrabón permanente nas conciencias das que dela carecen. Desprazado a un recuncho nos telexornais, Unhas liñas cativas, unhas verbas pequechas para un grande home. Pode que quedase pouco espazo cando este adicase ao lixo que abafa a sociedade ou aos desacougos dun xefe de estado cúa inquietude e andar colgado dun telefono en conversas cun sátrapa do “Golfo”, para para atopar un «paraíso laboral» con que agasallar a un xenro presuntamente cleptómano nun sultanato sen tratado de extradición….

Sampedro, nado en Barcelona no ano 17 do pasado seculo foi humanista e escritor prolífico cunha ampla traxectoria literaria. Compre citar por vía de exemplo, “Octubre, octubre” “La sonrrisa etrusca” “La vieja sirena” ou “El amante lesbiano”. A súa vocación e convicción recollese na ampla bibliografia encamiñada a divulgar unha economía  mais humana e mais solidaria. Capaz de contribuir a desenvolver a dignidade dos pobos.  Nos seus ensaios e volumes de economía, destacan: “Realidad económica y análisis estructural”, “Las fuerzas económicas de nuestro tiempo”, “Conciencia del subdesarrollo”, “Inflación: una versión completa”,”El mercado y la globalización, sobre  política, mercado y convivencia”  ou   “Economía humanista. Algo más que cifras”

Estaba en posesión da Orde das Artes e as Letras de España. Tamén foi recoñecido entre outras distincións co Premio Nacional das Letras Españolas. As súas frases adquiren hoxe unha valiosa importancia e poñen de relieve  a súa preocupación e compromiso social.

«El déficit democrático es grande, no hay democracia. Democracia quiere decir gobierno del pueblo y por el pueblo. Aquí solo hay voto una vez cada cuatro años, más condicionado por la manipulación mediática que por la educación. Votamos a políticos y mandan los financieros».

«Nuestro tiempo es para mí, esencialmente, un tiempo de barbarie. Y no me refiero solo a violencia, sino a una civilización que ha degradado los valores que integraban su naturaleza. Un valor era la justicia».


«Hay una cosa que me preocupa: hasta qué punto se están destruyendo valores básicos. No hablo ya de derechos humanos, sino de la justicia, la dignidad, la libertad, que son constitutivas de la civilización».


«Los hombres pensamos que dirigimos los acontecimientos y la historia […], pero hay unos límites enormes, porque no somos autores sino protagonistas de un guión que escribe la vida».
«La enseñanza religiosa crea un pensamiento dogmático, se establece un dogma y ya no se puede discutir, se acaba con el pensamiento libre. Sin él no hay ni ciudadanía, ni democracia».
«Lo monstruoso es que no hay duda de que la crisis empezó por el abuso de los financieros. Se pillaron los dedos y ahora quieren recapitalizar la banca estrujando a la gente. No les importa privar a los pueblos de dinero que podrían aplicar para sus obras, o perjudicar a la educación pública que da oportunidades a la gente. No les importa que se privaticen bienes nacionales para que les paguen a ellos, no. Ellos quieren cobrar».


“El mercado está en manos de los poderosos. Dicen que el mercado es la libertad, pero a mí me gustaría saber qué libertad tiene en el mercado quien va sin un céntimo. Cuando se habla de la libertad hay que preguntarse inmediatamente: ¿la libertad de quién?»
No ano 2011,  José Luis Sampedro escribeu o prologo  en “¡Indignaos!” de Stéphane Hessel publicado en España pola Editorial Destino 2011. Un texto cheo de valor e vixencia:
“Yo también nací en 1917. Yo también estoy indignado. También viví una guerra. También soporté una dictadura. Al igual que a Stéphane Hessel, me escandaliza e indigna la situación de Palestina y la bárbara invasión de Irak. Podría aportar más detalles, pero la edad y la época bastan para mostrar que nuestras vivencias han sucedido en el mismo mundo. Hablamos en la misma onda. Comparto sus ideas y me hace feliz poder presentar en España el llamamiento de este brillante héroe de la Resistencia francesa, posteriormente diplomático en activo en muchas misiones de interés, siempre a favor de la paz y la justicia.


¡INDIGNAOS! Un grito, un toque de clarín que interrumpe el tráfico callejero y obliga a levantar la vista a los reunidos en la plaza. Como la sirena que anunciaba la cercanía de aquellos bombarderos: una alerta para no bajar la guardia. Al principio sorprende. ¿Qué pasa? ¿De qué nos alertan? El mundo gira como cada día. Vivimos en democracia, en el estado de bienestar de nuestra maravillosa civilización occidental. Aquí no hay guerra, no hay ocupación. Esto es Europa, cuna de culturas. Sí, ése es el escenario y su decorado. Pero ¿de verdad estamos en una democracia? ¿De verdad bajo ese nombre gobiernan los pueblos de muchos países? ¿O hace tiempo que se ha evolucionado de otro modo?


Actualmente en Europa y fuera de ella, los financieros, culpables indiscutibles de la crisis, han salvado ya el bache y prosiguen su vida como siempre sin grandes pérdidas. En cambio, sus víctimas no han recuperado el trabajo ni su nivel de ingresos. El autor de este libro recuerda cómo los primeros programas económicos de Francia después de la segunda guerra mundial incluían la nacionalización de la banca, aunque después, en épocas de bonanza, se fue rectificando. En cambio ahora, la culpabilidad del sector financiero en esta gran crisis no sólo no ha conducido a ello; ni siquiera se ha planteado la supresión de mecanismos y operaciones de alto riesgo. No se eliminan los paraísos fiscales ni se acometen reformas importantes del sistema. Los financieros apenas han soportado las consecuencias de sus desafueros. Es decir, el dinero y sus dueños tienen más poder que los gobiernos. Como dice Hessel, «el poder del dinero nunca había sido tan grande, insolente, egoísta con todos, desde sus propios siervos hasta las más altas esferas del Estado. Los bancos, privatizados, se preocupan en primer lugar de sus dividendos, y de los altísimos sueldos de sus dirigentes, pero no del interés general».


¡INDIGNAOS!, les dice Hessel a los jóvenes, porque de la indignación nace la voluntad de compromiso con la historia. De la indignación nació la Resistencia contra el nazismo y de la indignación tiene que salir hoy la resistencia contra la dictadura de los mercados. Debemos resistirnos a que la carrera por el dinero domine nuestras vidas. Hessel reconoce que para un joven de su época indignarse y resistirse fue más claro, aunque no más fácil, porque la invasión del país por tropas fascistas es más evidente que la dictadura del entramado financiero internacional. El nazismo fue vencido por la indignación de muchos, pero el peligro totalitario en sus múltiples variantes no ha desaparecido. Ni en aspectos tan burdos como los campos de concentración (Guantánamo, Abu Ghraib), muros, vallas, ataques preventivos y «lucha contra el terrorismo» en lugares geoestratégicos, ni en otros mucho más sofisticados y tecnificados como la mal llamada globalización financiera.


¡INDIGNAOS!, repite Hessel a los jóvenes. Les recuerda los logros de la segunda mitad del siglo XX en el terreno de los derechos humanos, la implantación de la Seguridad Social, los avances del estado de bienestar, al tiempo que les señala los actuales retrocesos. Los brutales atentados del 11S en Nueva York y las desastrosas acciones emprendidas por Estados Unidos como respuesta a los mismos, están marcando el camino inverso. Un camino que en la primera década de este siglo XXI se está recorriendo a una velocidad alarmante. De ahí la alerta de Hessel a los jóvenes. Con su grito les está diciendo: «Chicos, cuidado, hemos luchado por conseguir lo que tenéis, ahora os toca a vosotros defenderlo, mantenerlo y mejorarlo; no permitáis que os lo arrebaten».
¡INDIGNAOS! Luchad, para salvar los logros democráticos basados en valores éticos, de justicia y libertad prometidos tras la dolorosa lección de la segunda guerra mundial. Para distinguir entre opinión pública y opinión mediática, para no sucumbir al engaño propagandístico. «Los medios de comunicación están en manos de la gente pudiente», señala Hessel. Y yo añado: ¿quién es la gente pudiente? Los que se han apoderado de lo que es de todos. Y como es de todos, es nuestro derecho y nuestro deber recuperarlo al servicio de nuestra libertad.


No siempre es fácil saber quién manda en realidad, ni cómo defendernos del atropello. Ahora no se trata de empuñar las armas contra el invasor ni de hacer descarrilar un tren. El terrorismo no es la vía adecuada contra el totalitarismo actual, más sofisticado que el de los bombarderos nazis. Hoy se trata de no sucumbir bajo el huracán destructor del «siempre más», del consumismo voraz y de la distracción mediática mientras nos aplican los recortes.


¡INDIGNAOS!, sin violencia. Hessel nos incita a la insurrección pacífica evocando figuras como Mandela o Martin Luther Kingo. Yo añadiría el ejemplo de Gandhi, asesinado precisamente en 1948, año de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de cuya redacción fue partícipe el propio Hessel. Como cantara Raimon contra la dictadura: Digamos NO. Negaos. Actuad. Para empezar, ¡INDIGNAOS!

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