Corrupción en España – Contraposición

Pancarta exhibida el 18 de enero en las puertas de la sede nacional del Partido Popular

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En vías de subdesarrollo – Iñaki Martínez

De vez en cuando escuchamos en boca de diferentes personajes, como invitación al optimismo, que saldremos de la crisis. Y es cierto, sin duda saldremos de la crisis, la cuestión es si saldremos de ella como país desarrollado o como país subdesarrollado porque, tal y como van las cosas, cuando el PIB vuelva a crecer y los indicadores económicos den signos favorables, podemos encontrarnos con ese país que crece es un país arrasado con grandes masas de población depauperadas y excluidas de ese crecimiento, una sociedad con enormes desigualdades sociales y grandes bolsas de marginalidad abocadas a la desesperanza, o sea, que crezcamos económicamente al modo de Angola o Guatemala.

Es que puede que esta crisis no sea realmente una crisis, un proceso son entrada y salida tras el cual las cosas volverán a ser más o menos como antes, si no que puede ser un cambio irreversible en la situación económica y social del Estado Español, la conversión de un país industrial y desarrollado en un país subdesarrollado.

Parece haber un consenso general en que la crisis económica empezó en 2008 con el doble golpe de la crisis de los créditos subprime y el estallido de las burbujas inmobiliarias, incluida la española. Sin embargo cabe otra interpretación que situaría el inicio de la crisis bastante antes e identificaría la variante española de la crisis como un fenómeno de desindustrialización y pérdida de capacidad productiva a largo plazo. Los efectos combinados de la convergencia económica con la Unión Europea, las “reconversiones” industriales, la incorporación a un euro fuerte, la privatización de sectores económicos básicos, el debilitamiento del mercado interno por la moderación salarial, los bajos aranceles que favorecen a las exportaciones de maquinaria alemana y a las importaciones de productos de consumo asiáticos, fueron dejando fuera de juego a la industria española que precisamente destacaba en producir una tipología de productos (textil, calzado, juguetes, etc.) que fueron masivamente sustituidos por productos de importación.

Sin embargo parecía que esa pérdida de fuerza industrial era intrascendente pues la reducción de actividad económica que supuso fue compensada y enmascarada por la actividad derivada de la burbuja inmobiliaria. Ahora todos sabemos que la burbuja no era una fuente de riqueza sostenible, que era pan para ayer y hambre para hoy, pero en aquellos tiempos de burbujeante apariencia de prosperidad no faltaban análisis de que nos habíamos convertido en una sociedad post-industrial en la que ya no era tan necesaria esa antigualla de la industria y que estábamos en un nuevo paradigma económico en el que una economía volcada en el sector terciario era tan saludable como una economía industrial, ya no era necesario producir. El devenir histórico ha demostrado que tales argumentos eran meros sofismas, no sabemos si simplemente equivocados o si tendenciosamente sesgados. La economía española era como una gruesa viga de madera que parecía robusta y hermosa. Un día rompió y descubrimos que por dentro estaba totalmente carcomida.

También es cierto que ya antes del 2008, en plena burbuja, ya había ciertas disfunciones que presagiaban la crisis, ciertos fenómenos emergentes de malestar social que desde la actual perspectiva pueden verse como avanzadillas de la crisis generalizada por venir. Acordémonos de la dificultad de los jóvenes para acceder a la vivienda, el “mileurismo”, el sub-empleo y desempleo de muchos jóvenes licenciados, la creciente precariedad laboral de los jóvenes con generalización de los contratos temporales… “problemillas” que se veían como secundarios cuando no como enojosas quejas de aguafiestas, que no alteraban la visión generalmente aceptada de que vivíamos tiempos de prosperidad. Sin embargo hoy podemos ver esos fenómenos como precedentes de la crisis, en los tiempos de prosperidad inmobiliaria ya había grupos sociales, ajenos al negocio del ladrillo, que habían empezado a vivir fenómenos que hoy se han extendido a oros segmentos sociales y que ahora se consideran característicos de la crisis. Podríamos decir que muchos españoles, en general jóvenes, ya vivían antes del 2008 una situación que podríamos llamar de pre-crisis.

Ahora el debate político sobre la crisis económica parece ser si la austeridad es buena y es mala, pero parece un debate insuficiente porque no responde a la gran pregunta ¿En que vamos a trabajar los españoles dentro de cinco, diez o quince años? Si seguimos el camino de las medidas señaladas desde esta Unión Europea dominada por el eje Berlín – Frankfurt, medidas que parece que tienen mucho más en cuenta los intereses de otros que los de los españoles, todo indica que las actividades económicas reservadas para España son el turismo, la producción de ciertos productos agropecuarios que al norte de Europa le interese que le suministremos y la actividad de alguna que otra maquila que se podrá instalar una vez las condiciones laborales del sur de Europa queden equiparadas a las chinas. El problema es que para ese panorama económico podrían sobrar como treinta millones de españoles, no parece una opción que desde España podamos aceptar, por más que en Galicia ya parezca que nos hemos adelantado al problema con nuestra fuerte tendencia al suicidio demográfico.

Las autoridades españolas mantienen una pasividad escalofriante, como animalitos del bosque deslumbrados por los faros de un coche y que se quedan paralizados mientras el vehículo se les viene encima. Parecen incapaces de reaccionar ante las circunstancias y entregan el país dócilmente a lo que la ciega dinámica del mercado y los intereses financieros y las no tan ciegas estrategias geopolíticas de países septentrionales tengan a bien disponer. Someten a España a reglas hechas para beneficiar a otros, aceptan que España sea lo que otros quieran que seamos, renunciando a nuestros propios fines colectivos. Quizá sea que han perdido la costumbre de hacer política económica en estos años de cómoda cesión de competencias económicas a la Unión Europea, pero los partidos políticos españoles deberían hacer memoria, recordar que en otros tiempos si que dirigían la política económica, recuperar capacidades, conocimientos y habilidades de comprensión y acción política con las que tener algo que decir ante la Troika, exigir, mejor si es en unión de los otros estados de la Europa greco-latina, acciones que proporcionen un futuro económico viable para España, y si tales medidas no nos son graciosamente concedidas no resignarse, si no adoptar las iniciativas que sean necesarias para poner la economía española de nuevo en funcionamiento, en producción.

Señoras y señores representantes políticos miembros del Partido Popular, que en los últimos años han hecho ejercicio de memoria recuperando algunos comportamientos y actitudes de sus predecesores ideológicos pre-constitucionales. Recuerden que en aquellos tiempos también había instrumentos de política económica como los llamados “planes de desarrollo”, que funcionaron bastante bien (por lo menos mejor que el suicida laissez faire actual) para recuperar la actividad industrial de un país destrozado por la guerra. Seguramente ya no quedará vivo ningún funcionario de los que diseñaban y gestionaban los planes de desarrollo, puede que en España ya no sepamos hacer esas cosas pero, rebuscando por archivos polvorientos de los ministerios seguramente aparezca documentación de aquellos planes de desarrollo con la que volver a aprender como se reindustrializa un país. Es algo que ya se ha hecho.

Señoras y señores representantes políticos pertenecientes a partidos de izquierda ¿No les da vergüenza asumir las instrucciones de los mercados y los oligopolios como si fueran insoslayables leyes de la naturaleza? ¿Los años de relativo bienestar han acabado con la combatividad y la capacidad de construir otras realidades que tenía la izquierda? Recuerden como la socialdemocracia se enfrentó a los problemas de una Europa destruida por la guerra metiendo las manos del estado hasta los codos en la economía, aprendan de como las izquierdas latinoamericanas están rehaciendo sus sociedades sin amilanarse ante la contrariedad de las oligarquías, recuerden incluso (¡que caramba!) como la Unión Soviética fue destruida en dos guerras pero fue reconstruida por el comunismo en sendas ocasiones, recuerden que no es necesario tener el amor de la banca para gobernar.

Si las autoridades españolas no saben, no quieren o no se atreven a molestar a los poderes financieros domésticos e internacionales, el Estado Español parece abocado al subdesarrollo. O se adoptan políticas económicas reindustrializadoras que proporcionen un futuro a los españoles, para que al menos en España se produzca tanto como se consume, o solo nos queda potenciar un poco la enseñanza de idiomas para que nuestros hijos estén capacitados para preguntar “que desea el señor” en todas las lenguas germánicas.

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Geografía y códigos en los billetes – José Mª Barja

José Mª Barja

Fue una observación casual: en el reverso de los billetes de euros aparece un mapa de Europa y una inscripción repetida dos veces, una letra seguida por once dígitos. Abajo en el centro, justo al lado de las letras griegas para EURO, aparecen representados unos pequeños territorios. Reconocemos facilmente el archipíelago canario pero a su izquierda, enmarcadas en tres bandas horizontales, hay tres islas y más a su izquierda, algo que parece una cabeza de toro 1. Una consulta al ciberespacio, con algo de paciencia, permite conocer que son los Departamentos de Ultramar de Francia: Guyana, Guadalupe, Martinica e Isla Reunión 2.

Y también en la telaraña se aprende que la letra de la inscripción duplicada identifica al país emisor del billete 3 (V en el caso de España) y que la “reducción a una cifra” 4, de la formada por los once dígitos y el número de orden de la letra (22 en el caso español), está prefijada en 8. Nos han contado los motivos arquitectónicos dibujados en los billetes; pero nadie suele referirse ni a códigos de control, ni a geografía. Lástima, una vez más el arte se entiende como cultura, pero no la ciencia.

1.- También las Regiones Autónomas portuguesas, Azores y Madeira, aparecen representadas en el Atlántico, al lado de alguna de la media docena de las estrellas blancas de cinco puntos; pero nos sorprenden por su latitud tan alta, aunque Azores está en latitud inferior a Madrid y Madeira, aunque por bajo de la latitud de Tarifa, está por encima del archipiélago canario.

2.- Un Departamento de Ultramar es una colectividad territorial francesa, con competencias iguales a las regiones metropolitanas, creadas por la Constitución del 27/octubre/1946 y mantenidas en la del 4/octubre/1958. Actualmente son Guayana francesa (capital Cayena, entre Brasil y Surinam, cuyos bordes marítimos en el dibujo de los billetes aparentan los cuernos de un toro; no confundir con Guyana británica) y las islas caribeñas Guadalupe (Basse-Terre) y Martinica (Fort-de-France) y la del Índico, Reunión (Saint-Denis); y, a partir de 1/enero/ 2014, lo será Mayotte (Mamoudzou) también del Índico. Además Francia tiene “colectividades de ultramar”: en el Pacífico, Nueva Caledonia (Numea), Polinesia Francesa (Papeete) y Wallis y Futuna (Mata-Utu); en el Atlántico Norte, Saint-Pierre-et-Miquelon (Saint-Pierre); y las caribeñas, San Martín (Marigot) y San Bartolomé (Gustavia).

3.- Las letras asignadas a los paises son: Z, Bélgica; Y, Grecia ; X, Alemania; V, España; U, Francia; T, Irlanda; S, Italia; P, Holanda; N, Austria; M, Portugal; L, Finlandia; H, Eslovenia; G, Chipre; F, Malta; E, Eslovaquia; D, Estonia [además están reservadas: W, Dinamarca; R, Luxemburgo; K, Suecia; J, Reino Unido]. No se usarán I, O, Q para evitar que se confundan con 1 y 0.

4.- La llamada “reducción a una cifra”, la reiterada suma de las cifras hasta que quede una sola, es la descripción algorítmica del cálculo del resto de dividir por 9 una cifra dada. El número del billete reproducido abajo es P03200281138, que corresponde a Paises Bajos; como P es la 16ª letra el 1603200281138 se “reduce” a 44, que a su vez da 8. En términos matematicos, 1603200281138 ! 8 (mod 9), esto es, 8 es el resto de dividir por 9 ese número de trece cifras. La “prueba del nueve” aplicada para verificar la corrección de operaciones aritméticas se basa en ese traslado de las cuentas a la aritmética modulo nueve; también se usa en el pasatiempo Murpyx que aparecía en la revista de Iberia y ahora es un juego en la red (www.murphyx.com), que por cierto tiene una solución aritmética muy sencilla. Pero la “prueba” no es tal pues, por seguir el ejemplo recogido en la página de instrucciones de ese juego, como 21 x 38 = 798 la comprobación sería 3 x 2 ! 6 (mod 9); pero la “prueba” también daría por correcta la operación si el resultado obtenido fuese 708, 807 o 816. En la preparación para el examen de ingreso al Bachillerato (años 60 del siglo pasado), era básica la división entera por “números de tres cifras”; tras la esforzada tarea del niño, el maestro verificaba si era correcto el resultado mediante un misterioso procedimiento: en los cuatro huecos de un aspa, escribía unos dígitos menores que 10 y tras unas operaciones sentenciaba “correcto” o “incorrecto”. Aquella “prueba del nueve”, usualmente no explicada a los alumnos, consistía en verificar, módulo nueve, que el dividendo es igual al divisor por el cociente más el resto. La única venganza que queda es aventurar que en más de una ocasión la “prueba” daba como bueno un mal resultado.

5.- 14/enero/2013: hoy es Año Nuevo en la iglesia ortodoxa oriental (que sigue el calendario juliano) y la Circuncisión del Señor en la iglesia copta (en los años bisiestos se celebra el 15/enero, por el desfase de un día antes del 29/febrero entre el calendario etíope y el gregoriano). Según la ley japonesa apodada “lunes feliz”, hoy segundo lunes de enero, se celebra Seijin no Hi («Día del Adulto») en el que los japoneses que cumplen los 20 años (entre el 2 de abril del año anterior y el 1 de abril del presente) celebran su mayoría de edad. Los jóvenes son convocados a una ceremonia en que el alcalde les informa de las responsabilidades que deberán afrontar a lo largo de su vida como adultos y después rezan en los templos cercanos a su ciudad. Para la ocasión, visten sus mejores kimonos y trajes tradicionales; pero entre la baja natalidad e incidentes “de botellón”, el número de participantes en las ceremonias fue en 2012 de 1,22 millones, tras un continuo descenso en los últimos años desde los 2,76 millones de 1976.

En esta semana se cumplen 220 años de un hecho histórico de la Revolución Francesa, con mucha trascendencia en toda la historia mundial. Los días 16-17/enero/1793, durante 36 horas seguidas, se produjo en la Convención Nacional una votación nominal, con posibilidad de justificar el voto, sobre la sentencia del juicio al rey Luis XVI. El primero en votar, Jean Mailhe, del departamento del Alto Garona, vota pena de muerte, pero sobreseida (lo van a secundar 26). Cambacérès, de la plaine, y los girondins Brissot, Louvat y Gorsas votan en contra de la pena de muerte y a favor del encarcelamiento (334 diputados también). De los 721 votantes (28 ausentes o que no votaron), hubo 387 votos de pena de muerte (entre ellos Robespierre, Danton, Marat, Desmoulins, Saint-Just y el primo del rey Louis Philipe, duque de Orleans, apodado Philipe Egalité); el aplazamiento pedido, fue también rechazado en otra votación. La ejecución en la guillotina, instalada en la plaza de la Révolution (antes place Louis Quinze, hoy Concorde) y manejada por el verdugo Charles-Henri Sanson, ocurrió el 21/enero/1793 a las 10 horas y 15 minutos. Uno de los diputados que habia votado pena de muerte, Louis-Michel Lepeletier de Saint-Fargeau, había sido asesinado el día antes.

[Luis XVI tenía 38 años y era rey desde hacia 18, mientras la República había sido proclamada 3 meses y 30 días antes; el 16/octubre, 8 meses y 26 días más tarde, la reina Marie-Antoinette de Habsburgo y Lorena, también de 38 años, será también guillotinada.]

José Mª Barja es Catedrático de Matemáticas y ha sido Rector de la Universidad de A Coruña hasta 2012.

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Cadernos da Viaxe – Xoán Antón Pérez-Lema

Xoán Antón Pérez-Lema

CORRUPCIÓN E BIPARTIDISMO.

A corrupción dalgúns políticos e, nomeadamente, do sistema, é unha das preocupacións fulcrais da cidadanía. E a súa gravidade ten unha das súas razóns sobranceiras na colonización institucional que os dous principais partidos levaron adiante dende a consolidación do esquema bipartidista (1982). Na Constitución do 1978 os partidos definíronse como as principais ferramentas para lle dar canle o dereito dos cidadáns á participación política, por mór da demonización que a ditadura franquista fixo das estruturas partidarias. Mais o que tiñan que ser uns veículos de participación democrática foron, de paseniño,converténdose en buroracias dirixidas por unhas elites cada vez máis reducidas e omnipotentes, convertendo a carreira política nun tránsito só reservado aos fieis e silentes, no canto dos mellores ou máis comprometidos.

E velaí algunhas das graves chatas do noso sistema. Estruturas absurdas e duplicadas (Deputacións, Delegados e Subdelegados do Goberno, entes instrumentais) que só serven para lles dar cómoda ocupación aos seareiros e chegan a se transformar en monstros inoperantes que nin PP nin PSOE queren limitar ou suprimir. Burocracias partidarias que elixen e condicionan ao Consello do Poder Xudicial, ao Tribunal Constitucional ou ao Tribunal Supremo. Recursos detraídos para manter estas estruturas ineficientes e anular ou, polo menos, mancar substancialmente os instrumentos de control e fiscalización do sistema.


E que dicir dos esgrevios “ex” populares e socialistas. O capital oligopolista e, sobre todo, os beneficiarios das privatizacións de empresas públicas dos anos 80 e 90 do século pasado agasallan aos seus benefactores con boas retribucións sen responsabilidades coñecidas. Velaí os casos de Aznar e Elena Salgado (Endesa), Rato -considerado polo Business Week como un dos peores executivos internacionais-(Telefónica), Felipe González (Gas Natural) ou  Acebes (Iberdrola ).


 Outro día cumprirá falarmos da ineficiente xestión destas privatizadas.


A ARRINCADEIRA: DAVID REBOREDO OU UN INDULTO DE XUSTIZA.


David Reboredo foi un de tantos do noso tempo afogado no inferno da droga. Soubo reaxir, reinventarse e ser un home útil á súa familia e á súa sociedade, até traballar incansábelmente contra as drogadicións. PP e PSOE indultaron a corruptos e banqueiros. Ninguén entendería non indultar a un cidadán que soubo erguerse logo de caer.

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El reto de la Socialdemocracia – Antonio Campos Romay

Antonio Campos Romay

El socialismo de Pablo Iglesias, a quien por cierto le seria difícil reconocer el partido que fundó en el bar Casa Labra en la calle Tetuán de Madrid hace casi 140 años, tiene una biografía compleja. Duros inicios, persecuciones, actos revolucionarios, exilio, éxitos electorales, gobierno en diversas ocasiones…Siempre transcendente en la historia democrática. Y con notoria capacidad de supervivencia. En sus momentos más críticos contó con el amparo solidario de los socialdemócratas europeos, que hoy andan muy debilitados. Lo refieren las estadísticas con los datos menos favorables desde los años cincuenta del pasado siglo. Lo que da una percepción de que estamos, no ante un escenario cíclico, sino ante un cuadro severo en el que sufre de lleno el rebufo de una crisis atípica, poliédrica, que azota a la ciudadanía en lo económico, lo político, lo social, lo ideológico afectando la credibilidad institucional y el valor de la política como mecanismo de convivencia.

La derecha, la clásica y la de nuevo cuño, cabalga cómoda sobre la crisis. Lo hace golpeando cruelmente a la sociedad desde la impunidad de tener enfrente una oposición desmoralizada y en estado catatónico. Menguada de  credibilidad o  ilusión para afrontar el tsunami que la golpea. Que reacciona  torpe y fatigada frente a la rudeza de unas medidas sádicas en lo social, que buscan lo inmediato a costa de desangrar a la ciudadanía y que aplica recetas cocinadas en los fogones de un capitalismo desalmado.

Se acrecienta un sectarismo ideológico que intenta aplastar lo que representa la cultura y el librepensamiento. Se maltrata todo lo que concita un debate liberado de dogmatismo. Se desprecia aquello que ponga en valor el respeto a la persona humana, al pensamiento crítico, al mundo del conocimiento y la investigación, a la discrepancia y, en definitiva, a la ampliación y el fortalecimiento de espacios de civilidad. Y se propicia que los sectores más extremos del conservadurismo impongan su preponderancia ideológica sobre su formación política en principio y por extensión en la sociedad. Algo para lo que cuentan con una frondosa trama de intereses privados y amplia cobertura mediática.

Para sus teóricos, los valores que florecieron desde el siglo XVIII, son apenas formalismo, y cada vez alcanzan más peso, no solo en España, sino en el territorio europeo. Partidarios  de soluciones no dialogadas, abanderados de la preeminencia del mercado y del choque de civilizaciones, en última instancia su fundamentalismo afecta también a la libertad de conciencia, principal patrimonio del ser humano.

Frente a ello la socialdemocracia tarda en reaccionar. Se aferra a una agotada política convencional sosteniendo unos actores que la ciudadanía ve ajenos a sus necesidades. La esclerosis del sistema erosiona la confianza en la capacidad de decisión de la ciudadanía. Hay temor al lema de Willy Brandt en 1969: “atrevámonos a más democracia”. A ello cabe añadir el escaso castigo a la corrupción y a la pervivencia impune de sujetos poco dignos recurrentes en los procesos electorales y en el pillaje del poder. La seria crisis de identidad que se diagnostica en la socialdemocracia asoma en las citas electorales donde sus opciones se difuminan ante plataformas más allá de la izquierda clásica integradas por indignados, ecologistas, nacionalistas, o plataformas cívicas. Es una encrucijada donde  la sociedad civil divorciada  de la vieja política, procura reunir lo que está disperso para unificar los frentes de lucha.  Es la repuesta a la incapacidad de la socialdemocracia  para recuperar el apoyo mayoritario de la sociedad. Galicia es un claro ejemplo.

La socialdemocracia viene obligada por su historia y su carga ideológica a articular una respuesta frente a la subordinación del poder público a los mercados financieros. Especialmente en unos momentos  en que la crisis económica ha afectado de forma profunda a la redistribución de la renta. Es indispensable su liderazgo para recuperar un clima de bienestar que concilie sostenibilidad y solidaridad en el marco de un proceso regulado, transparente y responsable. La socialdemocracia habrá de ser baluarte frente a una derecha que en su obcecación, ignora el sufrimiento causado  por un equilibrio fiscal que descansa solamente en un histérico ajuste del gasto. Y desde luego apartarse de las tentaciones que la desarmaron ideológicamente al compartir las recetas clásicas liberales como forma de salir de la crisis.

Su tarea es ser garante del concepto humanista y solidario de la convivencia y de la pervivencia de las prestaciones que definen los derechos de ciudadanía. Educación, sanidad, servicios sociales, dependencia, protección frente al desempleo, jubilación y amparo ante las turbulencias sociales. Esto es una parte sustancial del proceso de recuperación de la socialdemocracia y de su papel de eje articulador de la izquierda. Sus titubeos  para asumirlo se reflejan en el desplome de confianza que sufre. Y lo que es más grave, en la política como mecanismo.

No seria aventurado considerar el futuro de la socialdemocracia más cerca de de la marginalidad política, que de la recuperación como partido referente, si no abandona sus escarceos con los poderes económicos y recupera sus esencias y su relación con  la sociedad civil. La misma que hoy está sufriendo. PASOK, PSI, y PSP son botones de muestra. Un ejemplo a considerar seria la socialdemocracia holandesa cuya recuperación avanza de la mano de una profunda depuración interna.

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Enquisas para o escepticismo – Xosé A. Gaciño

Xosé A. Gaciño

Entre as profesións, institucións e figuras varias que son sometidas á valoración dos cidadáns nas enquisas e sondaxes de opinión, non figuran as propias enquisas. Quedámonos así sen saber cál é o grao de fiabilidade que teñen entre a cidadanía (imaxinen a contradición de que unha enquisa mostrase que unha maioría de cidadáns non cren nesa sorte de medición da opinión pública: cómo interpretaríamos ese resultado dunha consulta na que non se cre?). En calquera caso, parece bastante xeneralizada unha certa postura de escepticismo ante os resultados de calquera enquisa, sobre todo cando non nos gustan.

No que non parece que haxa discrepancias de apreciación é con respecto á valoración moi negativa dos políticos que soen ofrecer. No último barómetro semestral, de decembro do 2012, que elabora Metroscopia para El País, os políticos en xeral ocupan o último posto na valoración (só o 9 por cento aproba a súa xestión), os partidos políticos o posto inmediatamente anterior (un 10 por cento de aprobación) e o parlamento (16 por cento) e o goberno (20 por cento) só algúns puntos máis, entre bancos (11 por cento) e bispos (16 por cento).

Contrastan estas valoracións negativas sobre políticos, parlamento e goberno –que os cidadáns poden cambiar cos seus votos–, coas valoracións positivas do rei (58 por cento de aceptación) e do príncipe (66 por cento), cargos hereditarios de pura representación, en momentos ademais nos que empezan a coñecerse na Casa Real algúns comportamentos nada exemplares (por empregar a terminoloxía do monarca). Parece como se os propios cidadáns (ou a maioría deles) non se fiasen dos seus criterios á hora de votar por uns ou outros políticos e preferisen unha autoridade fixa, fora do control democrático.

Ou –nunha lectura máis maliciosa– como se aos cidadáns lles caese mellor o gran figurante que non toma decisións e menosprezase aos que a propia cidadanía elixe para traballar na lexislación e goberno dos asuntos comúns. Certo que, con moita frecuencia, eses políticos elixidos decepcionan –mesmo traizoan– a confianza que os electores depositan neles, pero esa decepción, que parecen transmitir fielmente as enquisas, non se reflexa na mesma proporción nas votacións, que, para responder a ese estado de opinión, deberían rexistrar índices astronómicos de abstención.

Pode que, en realidade, as enquisas sexan menos fiábeis do que pensamos. O grupo máis valorado nese barómetro de Metroscopia é o dos científicos (94 por cento de aprobación). Se temos en conta os recursos que o goberno destina a salvar aos bancos (cuxa xestión aproba só o 11 por cento dos enquisados) e os recortes que aplica ao traballo dos científicos, non parece que as valoracións da opinión pública lle preocupen demasiado ao goberno, do que forma parte, como ministro de Educación e Cultura, un experto en enquisas, audiencias e estudos de mercado. El debe de saber os límites entre a fiabilidade e a manipulación neste negocio.

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