Independencia o autogobierno – Patxi López Álvarez

Patxi López Álvarez

Es tanta la información económica que recibimos cada día, son tantos los indicadores que nos hemos acostumbrado a consultar que, en ocasiones, cuesta detenerse un momento, levantar la vista entre la maleza y mirar con perspectiva dónde nos encontramos.

Y lo cierto es que, dentro de la gravedad de la crisis, a pesar de lo mal que lo están pasando muchas familias y ciudadanos, creo que debemos afrontar con un mínimo optimismo el panorama que tenemos delante.

Frente a la inestabilidad general que nos rodea, estamos manteniendo la solvencia de nuestra economía. Tenemos un nivel de deuda sostenible, que nos da un amplio margen de gestión financiera. Daré un dato: a día de hoy, el Gobierno Vasco está pagando por los intereses de nuestra deuda una media del 3,53%, una cifra perfectamente asumible para una economía como la nuestra y que nos garantiza cierta estabilidad en el medio plazo.

Estamos manteniendo la solvencia de nuestra economía y así lo demuestran noticias como la recibida esta semana por parte del Banco Europeo de Inversiones, que nos ha concedido un crédito de 460 millones de euros, en unas condiciones muy ventajosas, tal como está el mercado de la deuda pública hoy.

Creo que hay motivos para tener confianza. Y, por eso mismo también, motivos para estar unidos.

El jueves, el presidente de Confebask, Miguel Ángel Lujua, reclamaba “un gran pacto de país” para salir de la crisis. Y estoy totalmente de acuerdo. En esa clave de unidad, hace dos semanas planteé un esfuerzo común a las fuerzas políticas y sociales y al conjunto de administraciones vascas, en torno a cuatro ejes sobre los que creo que deberíamos trabajar juntos.

• Defensa del autogobierno vasco.
• Defensa de los servicios públicos.
• Reactivación de la economía, con medidas de crecimiento y de creación de empleo.
• Y pacto fiscal.

Todos (instituciones, partidos, empresas, trabajadores, ciudadanía en general) debemos hacer un esfuerzo para avanzar en la senda del crecimiento económico.

Mi Gobierno lo está haciendo. Estamos ayudando a las empresas a invertir en innovación e inyectándoles liquidez para financiar sus proyectos. Esta semana también hemos conocido que somos el Gobierno que más dinero dedica en subvenciones a empresas. Otra buena noticia.

En Euskadi hay otros, por desgracia, que prefieren señalar siempre a la parte vacía de la botella, que prefieren seguir sembrando dudas sobre nuestra economía. No les importa recurrir a la mentira, dañando incluso la imagen y la credibilidad exterior del País Vasco, en su ansia por acceder a la Lehendakaritza.

Cada vez que oigo al señor Urkullu hablar de la preocupante situación de la economía vasca, me pregunto si se ha enterado de que se estamos en crisis. Si piensa, como el anterior Gobierno Vasco, que Euskadi es una isla, inmune a esta realidad global.

Sucede lo mismo con sus últimas manifestaciones, en las que reprocha a mi Gobierno de haber “fallado totalmente en la defensa del autogobierno” por el hecho de que el Tribunal Constitucional haya suspendido cautelarmente el decreto con el que estamos intentando que el copago farmacéutico no se aplique en nuestra comunidad autónoma.

Me gustaría saber cuál habría sido la estrategia del PNV para defender el autogobierno en este punto.

¿Nos subimos todos al monte? ¿Hacemos trincheras en los límites de Euskadi?

¿Qué habría hecho el PNV en esta situación? Una pista nos la dio la Diputación de Bizkaia en su actitud ante el copago. Ese PNV tan celoso de la foralidad cuando se trata de poner zancadillas al Gobierno de Euskadi a la hora establecer una lucha coordinada contra el fraude fiscal, se dio una prisa inusitada en entregar a la Administración central los datos del IRPF de los contribuyentes vizcaínos para que se les pudiera aplicar ese copago al que nos oponemos.

No se lo voy a reprochar que lo hiciera. Pero tampoco voy a admitir que el PNV me dé lecciones de cómo hay que defender el autogobierno.

• Mi Gobierno defiende el autogobierno desde las instituciones, tomando medidas para defender a la ciudadanía vasca frente a los recortes de Rajoy

• Defendemos el autogobierno desde la legalidad, utilizando todos los medios que tenemos a nuestro alcance. Por eso hemos presentado los correspondientes recursos de inconstitucional. ¿Qué habría hecho Urkullu? ¿Mandar unos grupos de ertzainas a controlar el Congreso?

• Y defendemos el autogobierno desde la política. Yo no defiendo la independencia. Yo defiendo el autogobierno porque es la forma política para ser vascos libres que nos unimos para convivir juntos.

¿Qué defiende Urkullu? ¿La independencia o el autogobierno?

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Cómo se comportan y cómo son los súper ricos – Vicenç Navarro

Vicenç Navarro

Uno de los argumentos más utilizados para no aumentar los impuestos de las personas con mayores rentas es que tales impuestos desincentivan el ahorro y la inversión productiva de tal ahorro, una inversión productiva que crea empleo. Este argumento se reproduce constantemente, una y otra vez, en la mayoría de medios de información y persuasión del país, subrayando que no hay que penalizar a los productores de riqueza y puestos de trabajo.

El problema con este argumento es que, por mucho que se repita, no tiene evidencia que lo avale. Un estudio reciente de una empresa de análisis de mercados (Market Watch) analizó recientemente qué hacen los súper ricos con su dinero (“Where the Rich are Keeping their Money”). Y aunque no es fácil encontrar esta información, algo sí que se pudo ver. Pues bien, la enorme cantidad de dinero que tienen los súper ricos no se invierte en lo que se llama economía productiva, es decir, donde se producen puestos de trabajo. El 90% estaba en compra y venta de propiedad inmobiliaria, en bonos del Estado, en cuentas personales y en otras actividades de uso personal o actividad especulativa. Sólo un 1% se invertía en el establecimiento de nuevas empresas que produjeran empleo. Otros estudios han llegado a conclusiones semejantes. En la encuesta Mendelsohn Affluent Survey alcanza un porcentaje sólo ligeramente superior, un 2%. En realidad, en un sorprendente momento de franqueza del medio más cercano al mundo financiero, el Wall Street Journal, indicó que el gran impacto positivo para las rentas superiores que supuso el gran recorte de impuestos para los súper ricos que aprobó la administración Bush “condujo al peor periodo de creación de empleo en la reciente historia del país” (citado en “Three Big Lies of the Super-Rich”, de Paul Buchheit).

De estos datos debería deducirse que una mejor manera de crear empleo hubiera sido gravar a los súper ricos y con este dinero el Estado debería crear puestos de trabajo, propuesta que, a pesar de ser razonable y justa, nunca se verá en los medios de mayor información y persuasión del país que transmiten la imagen de que hay que mimar a los súper ricos para que no se vayan a otros lugares.

¿Hay que estimular la aparición de grandes empresarios?

Otro argumento que también se reproduce constantemente en la cultura neoliberal, ampliamente dominante en los medios de información y persuasión de mayor difusión, es la necesidad de estimular la creatividad individual empresarial, enfatizando la gran importancia que tal esfuerzo individual ha tenido en el progreso de un país. Constantemente se cita a grandes emprendedores, como Bill Gates, para señalar la importancia de tal creatividad empresarial individual. Paul Buchheit señala, sin embargo, que la historia real difiere considerablemente de la imagen idealizada de tal emprendedor. Bill Gates adaptó con gran oportunismo el conocimiento generado por muchos ingenieros que le precedieron, copiando a otros expertos, sin que estos otros nombres aparecieran en su biografía. Lo que se considera un acto individual fue una producción de conocimiento colectivo, que en otro tipo de sociedad se hubiera reconocido y presentado como un esfuerzo de equipo y no cómo personal. La historia del mundo empresarial está llena casos como éste. Lo que se presenta como una iniciativa individual empresarial está basado en un esfuerzo colectivo, utilizado, manipulado (y a veces explotado) sólo por un individuo cuyo conocimiento deriva y/o está expropiado de otros.

Buchheit también se refiere al caso del supuesto inventor del teléfono, Alexander Graham Bell, quien recibe todos los honores, cuando muchas otras personas habían contribuido y sabían como establecer el teléfono, pero no tenían el dinero para poder patentarlo antes que Bell.

La falsedad del concepto de capitalismo popular

Otro argumento que se ha estadopromoviendo en defensa del sistema económico actual es que hoy estamosviviendo en la época del capitalismo popular, como consecuencia de quela mayoría de la ciudadanía tiene acciones en la Bolsa. En esteargumento se asume que todo el mundo sigue con gran interés los vaivenesde la Bolsa, porque les afecta personalmente. Cuando la Bolsa se dispara se nos dice que todos nos beneficiamos.

De nuevo, la evidencia cuestiona tal argumento. La propiedad de las acciones está enormemente concentrada. Así, por ejemplo, en EEUU, sólo el 10% de propietarios de acciones tiene más del 80% de todas ellas. La gran mayoría de accionistas tiene un número muy menor de acciones. Es más, los grandescambios de la Bolsa afectan primordialmente al 5% de los accionistas que afectan mucho menos. Y últimamente, los cambios fiscales han beneficiado enormemente a estos grupos minoritarios. En general, pagan en impuestos sólo el 15% de su renta derivada de la propiedad de las acciones, lo cual ha facilitado que en sólo seis años (2001-2007) doblaran sus ingresos. Mientras, el trabajador promedio (que cobra 34.500 dólares al año) paga en impuestos un 32%. Una consecuencia de este hecho es que las desigualdades de renta se han disparado.

¿Son los súper ricos los mejores?

Todo ello lleva a otro argumento que los neoliberales sostienen: que aquellos que están en las cúspides superiores de poder –los súper ricos- están ahí porque son mejores que los demás. El mérito es lo que les ha llevado a donde están (ver mi artículo “El fin de la mal llamada meritocracia”, publicado en El Plural, 28.07.12, y colgado en mi blog www.vnavarro.org). Pues bien, la evidencia no avala tal postura. En realidad, la evidencia científica muestra que los súper ricos son gente menos ética, menos solidaria y menos considerada hacia otras personas, y más inclinada a sostener comportamientos incívicos que la mayoría de la ciudadanía. En lugar de la imagen que se promueve, de que las élites tienen mayor calidad y valor humano, la evidencia muestra claramente lo contrario.

En un artículo en Scientific American, Daisy Grewal cita los trabajos de dos psicólogos, Paul Piff y Dacher Keltner, que muestran que los súper ricos muestran comportamientos menos solidarios, menos compasivos, más egoístas y más propensos a saltarse las normas y reglas que las clases populares. Las clases populares han desarrollado unas culturas de solidaridad que se encuentran ausentes entre las élites ricas y súper ricas (Daisy Grewal, “How Wealth Reduces Compassion”, Scientific American, 10.04.12).

Una conclusión semejante se ha publicado por la Asociación para la Psicología Científica (Press Release, 08.02.12) en la que señala la cultura egocéntrica existente entre las personas de rentas superiores y su menor capacidad emotiva hacia otras personas con  necesidad de apoyo o solidaridad. La famosa frase de “nobleza obliga”, simplificando que los de arriba sienten la necesidad de cuidar de los otros no existe ya (en caso de que hubiera existido). Es cierto que personas muy ricas dan mecenazgo, pero son siempre las excepciones. A resultados parecidos han llegado estudiosos de la cultura empresarial, como la famosa Bloomberg Newsletter. Así, tal revista publica los hallazgos del citado Paul Piff, de la Universidad de California, publicados también en la Academia de Ciencias de EEUU, que muestra como los ricos y súper ricos obedecen menos las leyes de tráfico y las normas de conducta aprobadas por la sociedad, son más egoístas y piensan menos en otras personas, son menos capaces de  expresar solidaridad o compasión y se saltan otros tipos de leyes con mayor frecuencia. Por cierto, tales comportamientos poco solidarios aparecen también con mayor frecuencia entre estudiantes de Economía y Empresariales en EEUU, los cuales indican que el egoísmo y egocentrismo son atributos favorables para la eficiencia económica, observación que ha motivado una demanda de cursos de ética y comportamiento cívico en las facultades de Economía. Sería interesante que estudios y análisis de esta naturaleza se hicieran también en España, pero hasta ahora no se han hecho. Teniendo en cuenta el enorme fraude fiscal de los súper ricos y su continua oposición a reformas que facilitaran el bienestar social de la ciudadanía y muy en especial de las clases populares, es casi seguro que los súper ricos españoles están entre los menos solidarios y más incívicos entre los súper ricos de los países semejantes por el nivel de desarrollo económico a España.

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España, unha ‘autonomía’ dun Estado federal en construción – José Luís Gómez

José Luís Gómez

Sexa ou non certo, nunha franxa crecente da cidadanía vaise instalando a idea de que o PSOE xestionou mal o estalido da burbulla inmobiliaria e o seu propio desenvolvemento, que herdou dos tempos de Aznar, e de que o PP non sabe manexar unha economía en recesión. E ante a falta de alternativas, por moito que UPyD e EU se vaian abrindo paso, van collendo corpo a abstención ou a indiferenza pero tamén unha certa axitación social. Polo menos é o que se desprende, en grandes liñas, do barómetro de verán de Metroscopia que publicou o diario El País, cuxo editorial respecto diso ofrece poucas dúbidas: «unha vítima desta crise podería ser a propia organización da democracia, se os dous grandes partidos, que se alternaron na maioría das institucións, quedasen deslexitimados aos ollos dos cidadáns».

Desde a esquerda do PSOE e ata na súa á máis radical pregúntanse por que determinados medios e intelectuais progresistas insisten tanto no pacto entre PP e PSOE, no canto de avogar por un pacto das esquerdas. Parten da base de que se a resposta ao desgaste do PP e ao estancamento PSOE é un consenso á grega, ambos os partidos seguirán multiplicando o seu desgaste. Por iso non falta quen rexeita frontalmente eventuais acordos entre os chamados líderes do desprestixio, tendo en conta que os cidadáns desaproban masivamente tanto ao conservador Rajoy (69%) como ao socialista Rubalcaba (76%). A solución, seica a única realista, é un gran pacto social e político -non só entre partidos-, de maneira que os custos da crise se repartan do mellor xeito posible, como sucedera nos xa históricos Pactos da Moncloa, que fixeron posible asentar a democracia no medio dunha crise económica. En calquera caso, o que parece evidente é que Rajoy ten difícil saír adiante en solitario -de feito, insinuouno el mesmo no Congreso-, a pesar da súa indiscutible maioría absoluta.

España, mentres tanto, profunda na súa nova condición de ser unha autonomía dun Estado federal que aínda non existe, a Unión Europea, pero que xa dá instrucións a través de Alemaña e dos seus delegados na Comisión Europea e no Banco Central Europeo. Incapaz de sanearse por si soa, a España de Rajoy precisa axuda para recuperar a súa economía e intentar producir a mellores prezos, para exportar máis e, en definitiva, mellorar a balanza por conta corrente. A súa única vantaxe talvez sexa agora mesmo que é o suficientemente grande como para que os seus socios non a deixen caer do todo, xa que con España tamén caería o euro, pero esa teoría tan estendida non deixa de ser un pobre consolo. De entrada, a saída probable oriéntase a que o BCE reactive a compra de débeda no mercado secundario e a que o novo fondo de rescate compre débeda no primario. O resultado previsible: un financiamento a custo máis baixo para España. Veremos.

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¿Abandonará España el Euro? – Vicente Martín Egaña

Vicente Martín Egaña

En estos tiempos que vivimos en Europa y en España, confusos y acelerados, es bueno que de vez en cuando nos paremos, reflexionemos y tratemos de extraer conclusiones. Constantemente, escuchamos y leemos que nuestro amado país es un quebradero de cabeza para las naciones que integran el núcleo duro de la zona euro, con Alemania y Holanda a la cabeza de tan selecto grupo. Incluso se habla de que volveremos a la peseta, también llamada “neopeseta” o “euro2”.

La pregunta que nos hemos hecho todos es: ¿es esto posible? El mensaje común, jaleado y aplaudido por la generalidad de la prensa, analistas financieros privados (y alguno público) e incluso miembros del colectivo universitario apunta a que sí. “Próximamente nos echarán de la moneda única, nos aplicarán un corralito, no podremos sacar nuestro dinero del banco y seremos más pobres en términos relativos porque nuestra moneda se devaluará”. Realmente este escenario suena lógico y apunta a un nuevo apocalipsis financiero/europeo.

En este contexto, donde todos estamos tomando medidas para que no nos coja el corralito (nos llevamos el dinero a casa, abrimos cuentas en Luxemburgo, o en Francia, Holanda, etc.), me hice el propósito de hacer las cuentas de que pasaría si se produce el mencionado Apocalipsis.

Para ello indagué en el funcionamiento del sistema financiero de la zona euro y en el Tratado del Euro. En primer lugar, ¿Cómo se mueven los flujos de fondos entre los diferentes países que usamos la moneda única? Estas masas de dinero utilizan el llamado “Target-2”, que es el  sistema europeo de Liquidación Bruta en Tiempo Real (SLBTR), puesto en marcha el 19 de noviembre de 2007, sustituyendo al anterior TARGET. Ustedes se preguntarán y esto ¿qué es? Pues bien, Target-2 son las líneas de financiación que utiliza el BCE con todos los bancos centrales nacionales. Estas líneas permiten cubrir la necesidad de liquidez de aquellas naciones con déficit por cuenta corriente, o por razones de carácter coyuntural. Cada uno de los países miembros tiene asignada una línea de tal forma que si el saldo es positivo, el país es prestamista neto del sistema europeo, mientras que si es negativo significa que es deudor del mismo.

Target-2 permite que las entidades financieras tengan posiciones deudoras en el sistema, mientras sigan teniendo garantías que ofrecer, es decir: deuda pública u otros activos financieros de elevada calidad (los llamados colaterales). Solamente el dinero físico y los depósitos de las entidades en el banco central son transferidos vía Target-2. El dinero en cuenta corriente y el que crean las entidades cuando conceden préstamos (no han sido creados por los bancos centrales) no se transfiere mediante Target-2.

Ahora que ya conocemos como se mueve el dinero, veamos la situación española. El pasado junio, España mantenía una posición deudora neta en el Eurosistema de 371.000 millones de euros, lo que viene a ser aproximadamente el 50% de la posición acreedora de Alemania, siendo la primera vez que se alcanza este nivel en Target2. Es evidente que estas cifras son de tal magnitud que hay que alarmarse.

Este dato cobraría importancia en un hipotético contexto de ruptura del euro. Si la moneda única se rompe o un país o varios abandonan la eurozona, el superávit alemán en Target2 se traduciría en una deuda pendiente de cobro por la misma cuantía con los bancos centrales afectados. En su conjunto, la posición alemana supera el 25% de su PIB en el presente año.

Así pues, lo que tendremos que ver es que pasa si algún país abandona el euro. Según el Tratado del Euro, si uno o varios países dejaran la moneda única, inmediatamente tendrían que redenominarse sus activos y pasivos a su nueva moneda, justamente el proceso inverso a lo que hicimos en 1999. Muchas deudas no se podrían pagar, por lo que se activarían las garantías y los países que permanecieran en el euro (Alemania, Holanda, etc.) recibirían los activos valorados en la nueva moneda, perdiendo así el valor de la devaluación. Es decir, si España, Grecia, Portugal e Irlanda abandonaran el euro y sus nuevas monedas se devaluaran una media del 30%, ¿qué le pasaría a Alemania? Supongamos que los 4 países mencionados significaran el 70% (en realidad puede ser más) del señalado saldo positivo alemán en el Target 2 (más de 500.000 millones de euros) y que el conjunto de sus monedas se devaluaran un 30% con respecto al euro. Las cuentas son fáciles de hacer, ya que el sistema germano perdería más de 150.000 millones de euros, algo así como el 5,5% del PIB de Alemania. ¿Se imaginan que en 2012 el PIB alemán decreciera un 5%? Es evidente que esta cuestión no es baladí y explica el profundo interés de Alemania por este tema.

Según Hans Werner Sinn, Presidente del muy reputado instituto económico alemán IFO, estamos ante un rescate encubierto a la banca de los países periféricos por parte de la banca alemana. Esta tesis genera pánico entre la clase económica y dirigente germana, por lo que muchos economistas del establishment tratan de desmontarla, pero siempre bajo una premisa: que el euro sobrevive, ya que las pérdidas solo se materializarían si algún país lo abandona.

A la vista de estos datos, y de estos modestos cálculos, es fácil de entender a las agencias de rating que recientemente han comenzado a amenazar a Alemania con recortar las perspectivas de sus emisiones públicas y privadas de deuda. Es decir, si España se va del euro, es evidente que las economías alemana, holandesa, austríaca, belga, francesa, etc. sufrirían sobremanera. ¿Y qué pasaría si Italia sigue nuestro camino? Todo apunta a que el agujero sería muchísimo mayor y el impacto sobre sus economías catastrófico.

Después de estas consideraciones, creo que no sería ilógico pensar que Europa no va a permitir que España e Italia se vayan del euro. Es más, creo que no sería temerario creer que nos van ayudar de forma extraordinaria. ¿Cómo? No lo sé, aunque se me ocurren muchas ideas. No obstante, esa es una tarea de los políticos europeos en general. En el actual contexto, creo que ya les toca comenzar a trabajar en serio.

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Sueldo de Presidente, responsabilidad de conserje – Javier González Méndez

Julio Fdez. Gayoso

Parece ser que ha comparecido ante sus señorías, «los comisionados de la cosa», un tal Julio Fernández Gayoso: supuestamente máximo responsable de Caixanova hasta hace dos años, presumiblemente «muñidor» de las obscenas indemnizaciones de sus colaboradores, con claros indicios de haber diseñado, con nocturnidad y alevosía, la estrategia de las Participaciones Preferentes, habiendo dejado tras de sí una estela de legendario poder ilimitado, absolutista, inmune en el ámbito financiero del sur de Galicia.

Pero tras dirigirse a los diligentes Diputados y responder a continuación a sus incisivas preguntas, ha sembrado la duda metódica de si había sido Director General, Presidente de Caixanova y Copresidente de Novacaixgalicia, o en realidad llevaba veinte años de conserje. ¡Qué calladito se lo tenía usted, Sr Gayoso!

Todo estaba bien, todo se había hecho bien, Caixanova iba como una moto, la exposición al ladrillo era anecdótica, no influyó en absoluto en la política de indemnizaciones, no ha cobrado un solo euro desde 2006 y ha puesto en varias ocasiones, cuando simulaba que daba una respuesta, una inocente expresión de estar preguntándose a sí mismo: ¿qué hace un chico como yo en un sitio como éste?

Eso deben estar preguntándose los pacientes españoles que hayan seguido su comparecencia atentos a la pantalla. ¿A qué ha ido este señor a la Comisión y por qué los comisionados no le dijeron, a los cinco minutos de vergonzoso autobombo, indigestos silencios e intolerables mentiras: no nos haga usted perder el tiempo, por favor?

Desde luego ha estado allí, a la derecha de Elvira Rodríguez, frente a los Diputados de la Comisión de Economía, no se sabe si en cuerpo presente o en cuerpo ausente. Ha estado a la gallega, por mucho que nos molesten esos tópicos a sus paisanos, mareando a sus alucinadas señorías sin pronunciar ni un sí, ni un no, ni todo lo contrario, en la mayor tomadura de pelo que se recuerda en el templo de la representación de los ciudadanos, sito en la Carrera de San Jerónimo.

¡Este Congreso es una ruina!, podría ser el título de una serie de éxito en algún canal de televisión de España. Gayoso ha dejado al descubierto la decadencia prematura del parlamentarismo carpetovetónico. Ha humillado a sus señorías y, por extensión, a sus representados.

Se ha tomado a chufla a los españoles y ha dado un recital de frivolidad y desprecio a una sala que lleva el nombre de Ernest Lluch, que debe estar removiéndose en su tumba.

O ha mentido como un bellaco cuando aseguró que no se había llevado un euro desde 2006, o es que está compitiendo en paciencia con el Santo Job ante los medios de comunicación, que han descrito con pelos y señales sus recientes ingresos: 396.000 euros en concepto de miembro del Consejo de Administración (ahora ya es ex miembro) de Novagalicia Banco y 650.00 euros en concepto de pensión que ya había sido dotada por Caixanova.

Pregunta: ¿Se considera delito, está tipificado de alguna forma una mentira en una comparecencia ante una Comisión del Congreso?

Sobre las Preferentes, que mantienen la angustia en 43 mil hogares gallegos, dejó a sus señorías in albis, más confusos de lo que estaban, escudándose en su condición de imputado en un caso sub judice. Sobre las indemnizaciones, ídem, asunto que demuestra que la imputación es un estado con dos caras: te hace vulnerable ante el poder mediático, pero te convierte en inexpugnable ante el poder legislativo.

En definitiva. Que ha pasado por la Comisión de la Cosa Julio Fernández Gayoso, ex Director General y Presidente de Caixanova, Copresidente de Novacaixagalicia, «muñidor» de obscenas indemnizaciones, cerebro de las Participaciones Preferentes, sátrapa financiero en casi todas las acepciones de la palabra y maestro o discípulo, ¡vaya usted a saber!, de Abel Caballero, el alcalde más mentiroso de España, y ha salido de allí aceptando menos responsabilidad, en la gran chapuza financiera galaica, que si hubiese comparecido un simple conserje de las entidades de ahorro de Galicia.

El pájaro ha volado. La Comisión es una jaula de cartón piedra, de cara a la galería y compuesta por «cazafantasmas», que deja en evidencia los agujeros negros del sistema parlamentario español.

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El independentismo fundamentalista del Banco Central Europeo – Vicenç Navarro

Vicenç Navarro

Uno de los dogmas del neoliberalismo ha sido el de que los Bancos Centrales deben ser independientes del poder político. Según este dogma, tales Bancos Centrales deben ser gestionados y dirigidos por expertos (es decir, banqueros) que deben resistir cualquier tipo de presión por parte de los políticos, centrándose única y exclusivamente en controlar la inflación, que es –de nuevo, según dicho dogma- el único objetivo de un Banco Central. La máxima expresión de este pensamiento la vemos en el Banco Central Europeo (BCE), el Banco Central más independiente de todos los bancos centrales existentes. Como bien dijo el Presidente de tal Banco en unas recientes declaraciones a Le Monde (21.07.12), “no es función del Banco Central ayudar a resolver los problemas financieros que tengan los Estados”. Y al final de su mandato, el anterior Presidente del BCE, el Sr. Jean-Claude Trichet, indicó que el gran éxito de tal institución era haber mantenido la inflación por debajo de un 2%, protestando porque no se le hubiera agradecido suficientemente esta labor.

Tal postura de “independentismo” de los Bancos Centrales se inició con el mandato del Presidente Reagan  en EEUU y la Sra. Thatcher en Gran Bretaña. Y fue un indicador del enorme poder del capital financiero (predominantemente Wall Street en EEUU y la City en Gran Bretaña) que se aceptara tal independentismo, y que su único objetivo fuera el control de la inflación, pues para la banca, la inflación es el enemigo número uno. Los que derivan su poder de la propiedad de dinero ven tal poder mermado por la inflación. Si una persona tiene 100 euros y la inflación anual es del 10% al final del año la capacidad adquisitiva de aquellos 100 euros será sólo de 90 euros. Y viceversa, si usted debe 100 euros al banco y la inflación anual es un 10% el próximo año usted deberá 90 euros (aún cuando la moneda sea de 100 euros, el valor real será de sólo 90 euros). De ahí que si la inflación fuera mayor que la existente, digamos un 4% por año, la deuda del Estado español descendería en realidad tal porcentaje. De ahí que la banca no quiera ni oír hablar de inflación. Y para evitar que exista inflación el Banco Central “independiente” imprime muy poco dinero a fin de que no haya mucha moneda circulando que –según el dogma neoliberal- crearía inflación.

El problema con tal “independentismo” es que asume que los banqueros, supuestos expertos, conocen los temas financieros mejor que nadie. Hoy, después del desastre creado por la banca, es difícil sostener tal postura. Pero lo que es peor es que los supuestos sobre los que se basa tal teoría de independentismo son erróneos.

En primer lugar, la inflación se debe a muchas otras causas, y no sólo a la cantidad de dinero circulando. Por ejemplo, si un país depende del petróleo importado y el precio del petróleo aumenta, la inflación crecerá, independientemente de la cantidad de dinero circulando. Lo mismo en cuanto a problemas internos en el sistema de producción: la escasez de ciertos productos puede determinar crecimiento de los precios. Y así un largo etcétera. Asumir que imprimir dinero lleva automáticamente a la inflación es erróneo, como lo muestra que el BCE inyectara un billón de euros desde diciembre de 2011, sin que ello haya repercutido en la inflación.

Es más, controlar la cantidad de dinero en circulación beneficia a la banca, pero no a la economía. Pues este control dificulta el desarrollo económico. La economía puede necesitar mayores recursos financieros y, si no los tiene, la economía crece menos y crea menos empleo. Y esto es lo que ha ocurrido en Europa, donde el independentismo del BCE ha sido una de las causas de que el crecimiento económico haya sido menor y el desempleo mayor, en promedio, en los países de la Eurozona después del establecimiento del BCE.

Es más, el independentismo extremo del BCE, completamente capturado por la banca y muy en especial por la banca alemana, hace que ni siquiera sea un Banco Central, convirtiéndose en un lobby de la banca alemana (véase mi artículo “El BCE, el lobby de la banca”). Lo que se necesita es obvio. Aunque nadie lo cite. Antes de que existiera el neoliberalismo, los Bancos Centrales eran parte del Estado y estaban sujetos al control político, teniendo la responsabilidad de no sólo controlar la inflación, sino también estimular la economía. Y el crecimiento económico y creación de empleo del periodo 1945-1980 fue mayor que en el periodo 1980-2000. Es más, en los países donde ha habido mayor crecimiento, tales como Corea del Sur, Taiwán, China e India, su Banco Central no ha sido independiente. El desastre actual en la Eurozona debería ser motivo de cambio profundo del BCE, haciéndolo sensible a las necesidades de las economías de la Eurozona, y no a las de los bancos.

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital SISTEMA, 27 de julio de 2012.

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