Las claves del rescate – Javier G. Gallego

Javier G. Gallego

El Gobierno español ha solicitado oficialmente a sus socios de la eurozona la asistencia financiera para culminar el proceso de recapitalización de los bancos. Esta guía pretende ayudar a entender de dónde sale el dinero, quién lo recibe, para qué sirve, y que condiciones se exigen a cambio.

¿En qué consiste el rescate?

El mecanismo actual de rescate de la eurozona, llamado Facilidad Europea de Estabilidad Financiera (FEEF), tiene capacidad para prestar ayuda a un país de cinco formas diferentes. Préstamo directo a la economía, línea de crédito preventivo, compra de deuda en las subastas del Tesoro, compra de deuda en el mercado secundario y préstamo para recapitalizar a la banca. España elegiría esta última opción.

¿De dónde sale el dinero?

La capacidad de préstamo que le queda a este fondo es de unos 240.000 millones. Los países del euro no lo desembolsan directamente, sino que el fondo emite deuda para obtener la cantidad que luego va a prestar.

¿Cuántos fondos van a prestar a España?

La cantidad final la decidirá el Gobierno una vez analizados los informes del FMI y los de los dos evaluadores independientes que ha contratado para que valoren los activos de todo el sistema financiero español. El Eurogrupo ofrece como tope máximo 100.000 millones.

¿Por qué muchos analistas y políticos recomiendan pedir ayuda a la eurozona?

Porque obtener esa cantidad a través de emisiones de deuda tendría un coste muy alto debido a los elevados intereses que nos exige el mercado. Sería añadir mucha más presión a las finanzas públicas sin la garantía de que fuéramos a ser capaz de obtener todos los recursos necesarios.

¿Quién va a recibir el dinero del rescate?

El Gobierno es quien tiene que pedirlo y quien responde a la obligación de devolverlo.

¿Cómo se inyectará en la banca?

El Gobierno aún no ha decidido la estrategia pero una opción que se baraja es hacerlo a través del Fondo de Reestructuración Ordenada de la Banca (Frob), el mecanismo creado por el anterior Ejecutivo para recapitalizar los bancos.

¿Cómo se produce el rescate?

Debe haber una petición formal del Ejecutivo al presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, especificando cuánto dinero se necesita y qué entidades van a recibirlo. Este organismo es quien decide si se concede o no el préstamo.

¿Cuánto tarda el dinero en llegar?

El préstamo no es inmediato porque antes la Comisión Europea y el BCE tienen que firmar con el Gobierno un documento -llamado Memorándum de Entendimiento- donde se fijan las condiciones del acuerdo.

¿Qué condiciones se impondrán?

A los bancos que reciban la ayuda se les obligará a hacer una profunda transformación, incluido el relevo en sus órganos de dirección si así lo consideran en la eurozona. También se hará posiblemente una nueva reforma del sector y el supervisor europeo ayudará al Banco de España en su tarea de control. Además, la Comisión Europea tendrá que verificar que el proceso de ayuda cumple con las normas comunitarias relativas a la ayuda de estado para que no se distorsione la competencia en el sector.

¿Se fijarán condiciones al Gobierno?

Ahí está la gran batalla. El Ejecutivo quiere que no haya un ajuste macroeconómico porque está demostrando que va en la línea de ajustes y reformas que pide Bruselas. Las pautas del programa de rescate dejan margen para que el Gobierno pueda salirse con la suya, aunque algunos países están reclamando unas condiciones más estrictas.

¿Tendrá coste para los españoles?

De un modo u otro, sí. Teóricamente el Gobierno reclamará a los bancos que reciban ayuda que costeen el préstamo cuando estén saneados, pero es posible que parte de esa ayuda sea a fondo perdido y por tanto los intereses se deberán devolver con financiación pública.

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Cómo anular a una persona – Ana Cristina Aristizabal Uribe

Ana Cristina Aristizabal Uribe

Regálele todo: la comida, la diversión y todo lo que pida. Así le evita usar todas las potencialidades que tiene, sacar recursos que desconocía y desplegar su creatividad. Quien vive de lo regalado se anula como persona, se vuelve perezosa, anquilosada y como un estanque de agua que por inactividad pudre el contenido.

Aquellos sistemas que por «amor» o demagogia sistemáticamente le regalan todo a la gente, la vuelven la más pobre entre las pobres. Es una de las caras de la miseria humana: carecer de iniciativa, desaprovechar los talentos, potencialidades y capacidades con que están dotados casi todos los seres humanos.

Quien ha recibido todo regalado se transforma en un indigente, porque asume la posición de la víctima que sólo se queja. Cree que los demás tienen obligación de ponerle todo en las manos, y considera una desgracia desarrollarse en un trabajo digno.

Es muy difícil que quien ha recibido todo regalado, algún día quiera convertirse en alguien útil para sí mismo. Le parece que todos a su alrededor son responsables de hacerle vivir bien, y cuando esa «ayuda» no llega, culpa a los demás de su «desgracia» (no por anularlo como persona, sino por no volverle a dar). Solo los sistemas más despóticos impiden que los seres humanos desarrollen toda su potencialidad para vivir. Creen estar haciendo bonito, pero en definitiva están empleando un arma para anular a las personas. (No quiere decir que la caridad de una ayuda temporal no sea necesaria en momentos especiales).

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España tiene una baza en las negociaciones del rescate bancario – Nicholas Kulish y Raphael Minder

Madrid, es una «víctima de la crisis.» Los líderes españoles quieren un acuerdo que sólo requiera un endurecimiento de la supervisión en el sector financiero. La negociación se ha iniciado sobre un acuerdo para rescatar a los bancos en problemas de España, poniendo a Europa frente a decisiones urgentes sobre si se debe tratar de imponer condiciones onerosas de rescate de Madrid, ó por el contrario como se evita que la crisis se extienda a las economías más grandes de la región.

La pregunta aparentemente se ha convertido en si ó no, los bancos españoles recibirán la ayuda de los países europeos, con los inversores el miércoles ante la predicción de un inminente rescate empujando hacia arriba las acciones y bonos a ambos lados del Atlántico.

España, la cuarta mayor economía  de la zona euro, es demasiado grande para quebrar y, posiblemente, demasiado grandes para ser avasallada, cambiando el equilibrio de poder en las negociaciones sobre un plan de rescate. Los líderes políticos en Madrid insisten en que la ayuda de emergencia a sus bancos debe evitar el estigma en los mercados de capital que ha afectado a países como Grecia, Portugal e Irlanda después de aceptar los términos difíciles de rescate. Al tiempo, también están luchando para frenar el ritmo de la austeridad y los cambios económicos que han empujado a los países más pequeños a  profundas recesiones.

España cuenta con la ventaja añadida de buscar ayuda en un nuevo entorno político en el que la llamada para el crecimiento ha comenzado a superar la insistencia alemana en la austeridad. A diferencia de Grecia, el gobierno de España no ha consumado un gran déficit presupuestario antes de la crisis, dando más fuerza para argumentar que la ayuda europea a sus bancos no deben venir cargada con una pérdida, políticamente delicada,  de poder de decisión sobre sus propias políticas económicas y fiscales.

Una carta de triunfo de Madrid en este último juego de póquer de la zona euro es que las consecuencias del incumplimiento de español y salida de la zona euro probablemente sería tan catastrófica que los responsables políticos de Berlín estarán dispuestos a modificar las reglas de rescate para España, y que están en a punto de hacer  precisamente.

Las autoridades alemanas han dicho que están preparados para afrontar una salida griega del euro, si es necesario, pero no hay tales afirmaciones sobre España. Como líderes que se sienten españoles, el gobierno de Madrid que ya ha hecho muchos cambios dolorosos y recortes de gastos, se está resistiendo frente a un acuerdo que sólo reclama un endurecimiento de la supervisión en el sector financiero y sin ataduras a los poderes presupuestarios del país.

España también parece estar forzando un ajuste de cuentas acerca de los difíciles pasos que los líderes políticos de Europa deben seguir si quieren mantener la zona euro en su conjunto. Las esperanzas de que el Banco Central Europeo podría llegar al rescate, como lo hizo con dos olas de generosos préstamos a los bancos de Europa en diciembre y marzo, o con las tasas de interés mínimo de corte, ahora en el 1%, se desvanecieron cuando el presidente del banco, Mario Draghi, dijo el miércoles «no creo que sería adecuado para la política monetaria cubrir la falta de acción de otras instituciones”  “Algunos de estos problemas en la zona del euro no tienen nada que ver con la política monetaria», dijo Draghi en una conferencia de prensa. Su mensaje a los líderes europeos reduce a: «Su problema no el mío.»

La disputa sobre España subraya la forma en la Unión Europea tropieza con las soluciones para cada problema que se plantea. La frustración ha crecido a lo largo de la incertidumbre que afecta a la economía mundial como consecuencia de la inestabilidad de Europa y el peaje que cobra una tasa de crecimiento que ya se esta desacelerando.

«La estrategia de taponamiento de los agujeros sólo funciona durante un tiempo», dijo Friedrich Mostböck, economista jefe y director de investigación del Grupo Erste en Viena. «Con el tiempo, se llega al punto en que alcanzar una zona común del euro requiere una política fiscal común».

El primer ministro de España, Mariano Rajoy ha dejado claro que tiene la intención de establecer una distinción en el caso de España, que tiene un menor nivel de deuda como porcentaje del producto interno bruto, incluso que la de Alemania, y Grecia,  y que ha renunciado a una gran cantidad de su año fiscal y la soberanía a cambio de la asistencia de los  prestamistas.

Para España, un plan de rescate es más que una cuestión de orgullo y de la soberanía. «La experiencia de Irlanda, Portugal y Grecia es que disminuye su acceso a los mercados comerciales,» dijo John Chambers, director general y presidente del comité de calificación de riesgo soberano de Standard & Poor ‘s. «España no quiere ir por ese camino.» El ministro de Economía español, Luis de Guindos, hizo una visita sorpresa a Bruselas el miércoles para reunirse con el comisario europeo a cargo de la competencia, Joaquín Almunia, un compatriota suyo, seguido por un viaje a París para reunirse con Pierre Moscovici, ministro de las finanzas de Francia.. Eso alimentó las especulaciones de que el Madrid estaba preparando el terreno para solicitar formalmente la ayuda más pronto que tarde.

Debido a que España ya ha hecho muchos cambios dolorosos y recortes de gastos, los funcionarios de Bruselas y Berlín son mucho más abiertos a un rescate que en su mayoría impone condiciones y la supervisión en el sector financiero en España. El Sr. Moscovici, dijo el miércoles que Europa está dispuesta a ayudar a España. «Si los deseos de España son esos, la zona euro pueden movilizarse rápidamente», dijo el Sr. Moscovici, en una conferencia de prensa en París. Pero el señor de Guindos, reiteró que en la actualidad no hay planes para buscar un rescate.

Sin embargo, en fecha tan reciente como el martes, el ministro de España dijo a la radio española que el  presupuesto de los mercados financieros estaba cerrado a España. Las señales mixtas procedentes de las autoridades españolas parecían reflejar un acto de equilibrio extraño: tratando de aprovechar las ventajas de hacer sonar alarma, pero al tiempo expresar que la situación  no es tan desesperada como para que se vea una voluntad de dejar que los funcionarios europeos dicten términos y condiciones duras.

El señor de Guindos ha pasado esta semana viajando entre las capitales europeas para asegurar algún tipo de paquete de rescate para los bancos con problemas de España. La lista comienza con Bankia, que fue nacionalizada a principios de mayo y necesita $ 24 mil millones de fondos adicionales después de la reformulación de sus cuentas, con  una pérdida en 2011 de casi $ 3750 millones más que el presunto beneficio de 388.000.000 dólares que había informado en febrero.

Las autoridades alemanas han visto frenadas presiones sobre los españoles para someterlos a un plan de rescate. El martes, Volker Kauder, el jefe de los democratacristianos de la canciller Angela Merkel en el Parlamento, dijo que España «tiene que buscar un rescate.» Pero mientras Bruselas y Berlín creen que la ayuda es necesaria, España conserva el poder de negociación, -la posibilidad de que se autodestruya implícitamente- conserva como rehenes al resto de Europa hasta que se acepten los términos.

Una cuestión crucial es si los préstamos de emergencia se harán directamente a los bancos españoles. Esa es una línea en la arena de las autoridades alemanas, que argumentan que bajo una estructura híbrida de Europa, los bancos son responsabilidad de sus gobiernos soberanos, no del colectivo europeo.

Sin embargo, la concesión de préstamos de emergencia para el gobierno español para rescatar sus propios bancos, lo que ya los prestamistas europeos hicieron con Irlanda,  presenta otros problemas, ya que aumentaría la deuda pública española  y pondria en peligro la capacidad de España para vender bonos. El periódico alemán Süddeutsche Zeitung informó el miércoles que los funcionarios estaban examinando un posible compromiso en virtud del cual los fondos de rescate se pagarían directamente al Fondo de España de Reestructuración Ordenada Bancaria, conocido como FROB. En este  caso  Berlín plantearía un acuerdo con un paquete de rescate con condiciones limitadas, que permitirían al señor Rajoy salvar la cara, después de sus repetidas promesas de que España no pediría un rescate al estilo griego.

La solución definitiva dependerá de Alemania y de la medida en que sus líderes estén dispuestos a ceder. Berlín tiene un incentivo, situar el problema español bajo control antes de las elecciones parlamentarias griegas del 17 de junio, al objeto de contener el contagio en caso de inestabilidad después de la votación, dijo Holger Schmieding, economista jefe de Berenberg Bank.

«Soy optimista pensando quizás ingenuamente, que sería bueno tener el problema español resuelto antes de la elección griega», dijo, «y tengo la impresión de que los responsables de las políticas pertinentes piensan lo mismo.»

*Nicholas Kulish es corresponsal en Berlín y Raphael Minder en París, del diario “The New Yor Times”.

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La milonga de la herencia socialista – Javier Carrasco

Javier Carrasco

En mi casa somos de derechas desde los Reyes Godos, como mínimo. Hemos sido muy de Carlos V, Felipe II, Narváez, la CEDA y hasta del Generalísimo Franco. No nos ha faltado cintura para adaptarnos a las circunstancias. Hasta hemos votado al PP en distintas elecciones, bien es verdad que con desgana porque no es un partido arrebatador. Más bien todo lo contrario. De sus líderes poco se puede decir, salvo subrayar su ausencia de carisma y la virtud de la paciencia para que sus adversarios -González y Zapatero- se consumieran en la hoguera de sus errores, sin mayor mérito que el de esperar a que la fruta madura cayera del árbol.

Hablo, pues, con la autoridad que me confiere el haber pertenecido a una familia conservadora desde tiempos inmemoriales. No somos sospechosos de bolchevismo, pero tampoco tenemos una venda en los ojos. En suma, no somos gilipollas. Observamos, escuchamos, leemos y tenemos memoria. Por eso me extraña que aún haya gente de derechas que se crea los argumentos de Rajoy y su tropa. La candidez de esas personas me conmueve. Por suerte, son muchos más los votantes del PP que se sienten engañados con este Gobierno porque ha hecho todo lo contrario de lo que prometió en las pasadas elecciones. Actúa como un ejército de pollos sin cabeza. ¡Qué crédito puede tener un Ejecutivo que sube los impuestos, abarata el despido, nacionaliza bancos y se comporta como si nada hubiera ocurrido!

Claro que siempre les queda a mano al desdichado Zapatero. ¡Es la maldita herencia!, nos dicen. ¡Nos engañaron con el déficit!, proclaman a quienes les quieren oír. Pero esa patraña, de tantas veces escuchada, ya no cuela. Si los elegimos es porque sabíamos que los socialistas, además de pésimos gobernantes, eran mentirosos. ¿A qué cuento viene sorprenderse? ¿Acaso no sabían que heredaban un erial? ¿Tiene ZP la culpa del agujero de Bankia o de la bancarrota de las comunidades del PP? Los españoles les dieron una mayoría absoluta no para buscar excusas sino para aportar soluciones. Cierto es que ha pasado poco tiempo para ver los frutos, que se necesita al menos un año para percibirlos, pero no deja de ser preocupante que hoy la situación del país sea mucho peor que hace seis meses.

Si en este junio trágico España es sometida a alguna clase de intervención, aunque el Gobierno la disimule con un vocabulario interesado, la responsabilidad principal habrá sido de Rajoy, el hombre que sabía lo que tenía que hacer para sacarnos de la crisis, pero que ahora anda perdido en su laberinto. De momento, del presidente sólo nos llegan sus dudas y sus zozobras. No es, desde luego, la mejor manera de tranquilizarnos. Creíamos haber encontrado un líder y vemos que sólo es un político vacilante, ambiguo y muy superado por los acontecimientos.

Javier Carrasco es redactor de economía del diario EL MUNDO.

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Audacia – Vicente Giret

Vicente Giret

No es una conjetura vana  por su importancia afirmar que el destino de Europa se juega de nuevo en Madrid, como en 1936. En un contexto diferente y en un campo completamente diferente, pero incluso con una agudeza dramática similar.  El presidente del gobierno español lanzaba ayer un grito de “¡socorro!” apenas disimulado a sus socios europeos.  La “prima de riesgo” exigido por los mercados ha alcanzado tales niveles que España ya no sabe cómo refinanciarla. Las bases de la UE habían temblado hasta los cimientos cuando la modesta economía griega – apenas 3% del PIB europeo – se desplomó. Si el incendio de la crisis alcanza a la cuarta potencia de la zona euro, entonces la amenaza deviene en sistémica.

No es ya la hora del pequeño compromiso arrancado en la noche y presentado como una gran victoria en la mañana, sino de la  audacia colectiva, y de una visión  federal.  Ninguna otra solución que no pase una solidaridad plena y total entre los estados del euro no será útil para  salvar una unión monetaria demasiado barroca para resistir en los vientos malos Una solidaridad que sólo se puede rimar con la responsabilidad: como se dijo, con un toque de cinismo por  un ministro alemán, «no es razonable dejar para pagar tu tarjeta de crédito a alguien que no controla el gasto»..

Se podría en efecto replicarle que ciertamente España ofrece una prueba, si fuera necesario, una política que es, básicamente, la austeridad sólo conduce al desastre. Pero la polémica tiene mayor alcance: Se trata de que Europa, que ha fortalecido la democracia y el despegue económico de España en los años 80, sigue siendo esa misma  Europa, que hoy puede ayudarla a cambiar su destino. Sabiendo que esta vez, ella también se juega el suyo.

Editorial  publicado en el diario francés Liberation el 5 de junio 2012.

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Juntos, mejor – Jordi Sevilla y Josep Piqué

España atraviesa un momento especialmente difícil. Y no sólo en el ámbito económico (paro, reconversión bancaria), sino también institucional (reforma de la Justicia y del Estado autonómico), social (revisión de políticas sociales) y político (baja valoración ciudadana de los políticos). El presidente del Gobierno llegó a decir en el Parlamento que “estamos en un pozo”, del que no será fácil salir.

Nosotros queremos contribuir a ello. A encontrar una salida. Y lo hacemos, a título personal, desde la distancia con nuestra propia experiencia política previa, pero desde el conocimiento, también, de que una de las fortalezas de nuestra democracia ha sido la capacidad de encontrar puntos de encuentro, consensos, cuando ha sido necesario como durante la transición, con los Pactos de la Moncloa.

Los años de crecimiento económico estuvieron, en España, cargados de endeudamiento privado. El estallido de la burbuja inmobiliaria, a la par que la crisis financiera internacional, significó un parón en seco de nuestra actividad económica golpeada por el aumento brusco del paro, las dificultades que nuestros activos tóxicos representaban para las entidades financieras y un significativo incremento del déficit y de la deuda pública en todas las administraciones. El análisis exhaustivo de la crisis y las respuestas ante la misma, no son objeto de este artículo, que sí quiere constatar, sin embargo, las tremendas dificultades que tenemos para conseguir la necesaria financiación externa (lo muestra la prima de riesgo en niveles máximos) como resumen de un entrecruzado de problemas relacionados con bajas perspectivas de crecimiento, dudas sobre las cuentas públicas y bancarias, así como escasa confianza, por parte de los mercados, respecto a nuestra realidad y perspectivas.

Una de las fortalezas de nuestra democracia ha sido la capacidad de encontrar puntos de encuentro, consensos

España no tiene un problema de solvencia. Nuestras capacidades para crear riqueza siguen intactas en un país que ha evolucionado hasta exportar conocimiento empresarial (nuestras empresas internacionalizadas) e, incluso, científico (los investigadores y universitarios españoles son demandados en otros países europeos). Muchas empresas y familias españolas ya han hecho sus deberes, han ajustado sus cuentas, se han esforzado por formarse e innovar. En ese sentido, estamos mejor de lo que se dice, como ha reconocido recientemente el Consejo Empresarial para la Competitividad, ya que una parte significativa de nuestra economía está preparada para crecer en cuanto se den las circunstancias adecuadas.

Entre otras, superar el serio problema de liquidez que sí tenemos y que se extiende por toda la sociedad en forma de escasez de crédito necesario para relanzar actividad productiva. Generar confianza en los mercados financieros internacionales es fundamental para ello y elaborar un Plan Estratégico de país, uniendo en torno al mismo al mayor número de “accionistas” posible, puede ser parte de la solución.

Sería iluso pensar que una crisis económica como la que vivimos, sin duda la más intensa y extensa desde hace décadas, podría no afectar a las costuras institucionales. Una parte de los problemas de diseño y funcionamiento que viene arrastrando nuestro Estado Autonómico, se ha puesto en evidencia cuando ha sido imprescindible aunar esfuerzos de ajuste financiero entorno a objetivos inexcusables de austeridad presupuestaria, comprometidos con la Unión Europea. El carácter de las relaciones entre las distintas partes del Estado (Gobierno central y comunidades autónomas), las diferencias en el sistema de financiación autonómico e, incluso, entre unas autonomías y otras, se han puesto de relieve con evidencia, demandando una revisión tranquila, pero profunda, del modelo actual.

Tan profunda, tal vez, como la que debemos hacer de las políticas sociales que han caracterizado nuestro incipiente Estado del bienestar, para hacerlas sostenibles en un contexto financiero muy diferente a aquel en que fueron diseñadas. No es suficiente con ajustar el gasto presupuestario en sanidad, pensiones, educación o administraciones públicas, para que quepa en los estrechos escenarios de consolidación presupuestaria europea. Necesitamos reformas que sitúen el gasto futuro no solo sobre una senda de mayor sostenibilidad, sino también, de mayor eficiencia y equidad.

Vivimos horas difíciles en las que es prioritario esforzarnos por buscar soluciones. Y todos deben estar llamados a arrimar el hombro, pero todos deben tener la posibilidad efectiva de hacerlo. El cuerpo social, pero, ante todo, los partidos políticos parlamentarios que representan la voluntad expresada por los ciudadanos en las elecciones.

Las circunstancias nos han situado ante la necesidad de rediseñar, en buena medida, varias líneas maestras de lo que ha sido España desde la proclamación de la democracia. El momento no tiene la envergadura de los constituyentes, pero no le falta características que, por su trascendencia y amplitud, lo asimilan a aquellos, hasta hacerlo un momento que puede ser reconstituyente, en la medida en que los cambios y transformaciones a realizar en España, para salir cuanto antes y con bien de la difícil situación por la que atravesamos, son muchos y de gran importancia.

El Gobierno tiene mayoría parlamentaria suficiente para hacerlo en solitario, si ese es su deseo, o buscando solo unos aliados frente a otros. Sería legal y legítimo. Pero pensamos que, en situaciones excepcionales, incorporar al proceso de rediseño del modelo a los millones de ciudadanos que se sienten representados por opciones distintas a la gubernamental, daría grandeza política a quien gobierna, haciendo que el resultado fuese más solido, eficaz y asumido. Al menos, eso fue lo que sucedió en esa transición desde la dictadura a la democracia plena, que hicimos en España hace años y que ha sido considerada modélica en todo el mundo, dando relieve práctico a la expresión  «consenso».

Ante un llamamiento del presidente del Gobierno, todos los partidos políticos parlamentarios deben sentirse obligados a aportar sus soluciones. Pero sabiendo que el resultado final, además de tener en cuenta el peso democrático de los votos, solo podrá alcanzarse desde la voluntad de negociar, argumentar, debatir y transar, para llegar a acuerdos que deberán ser explicados luego a los ciudadanos, para que valoren, el conjunto del Plan y no solo tal o cual medida aislada.

Diferentes encuestas señalan que una amplia mayoría de ciudadanos parecen preferir, ante la gravedad del momento, que los partidos políticos, en lugar de confrontar de manera sistemática, de “pelearse” por casi todo, participen juntos en la búsqueda de soluciones para los graves problemas por los que atraviesa España.

Somos conscientes de las dosis de esfuerzo y generosidad que requeriría una solución en el marco de unos Pactos de Estado que no admiten contratos de adhesión por la mayoría, ni derechos de veto por la minoría. Tanto el presidente del Gobierno, en su discurso de investidura, como diferentes líderes de la oposición en recientes debates parlamentarios, han manifestado su voluntad de participar en conversaciones conducentes a grandes pactos de ese tipo. Tal vez, juntos, salgamos antes y mejor del pozo. Tal vez es hora de que la sociedad civil lo reclame, todavía más alto, a los políticos. Tal vez, este artículo, por su simbolismo, ayuda a ello. Esa sería nuestra única y mayor recompensa.

Jordi Sevilla ha sido ministro de un Gobierno del PSOE y Josep Piqué ha sido ministro de un Gobierno del Partido Popular. Ambos publican este artículo conjunto en el diario El País el 6 de junio de 2012.

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