Se requieren cambios más profundos en la socialdemocracia que los que se están proponiendo – Vicenç Navarro

Vicent Navarro

Aunque parezca difícil es importante recordar que hace aproximadamente doce años la socialdemocracia gobernaba en la mayoría de los países de la Unión Europea de los Quince (el grupo de países más desarrollados económicamente de la Unión Europea) y dentro de los países de la Eurozona. Hoy apenas existen gobiernos socialdemócratas en la UE-15 y en la Eurozona.

Mucho se ha escrito sobre las causas de este hecho. Pero todo indica que una de las causas más importantes de este declive fue la adopción por parte de tales gobiernos socialdemócratas de políticas de claro corte neoliberal que incluían políticas de austeridad de gasto público (incluyendo gasto público social), políticas fiscales regresivas (reducción de impuestos y aumento de su regresividad), desregulación de los mercados financieros (facilitando la especulación) y laborales (facilitando el despido) y otras intervenciones, que fueron todas ellas altamente impopulares entre sus bases electorales. La evidencia de ello es robusta y no da lugar a dudas. La captación de los equipos económicos de los gobiernos socialdemócratas por parte del pensamiento neoliberal fue una causa determinante de su declive político, declive que se mostró, no sólo en un descenso muy marcado de su apoyo electoral, sino también en una reducción muy significativa del número de militantes y simpatizantes de tales partidos. El desencanto de las bases de los partidos socialdemócratas hacia tales políticas y hacia los dirigentes que las llevaban a cabo, alcanzó unas dimensiones nunca vistas antes en su historia.

Su caída electoral en picado fue la causa de que las derechas recuperaran el poder. Una vez en el gobierno, estos partidos conservadores y liberales (en realidad neoliberales) han extendido todavía más estas políticas que han profundizado la recesión, aprovechándose de ésta para poder conseguir lo que siempre desearon, es decir, el debilitamiento del mundo del trabajo y del Estado del Bienestar. La gran impopularidad de tales políticas ha aumentado las posibilidades de que los partidos socialdemócratas puedan recuperar el poder político y gobernar de nuevo.

Lo auténticamente preocupante, sin embargo, es que la gran mayoría de tales partidos no han hecho los cambios necesarios en sus políticas económicas, sociales y fiscales (ni tampoco en su personal directivo) que puedan abrir un capítulo nuevo de esperanza para poder salir de lo que va en vía de convertirse en la II Gran Depresión. Tales partidos no han roto con el pensamiento neoliberal que continúa dominando las mayores instituciones que gobiernan la UE-15 y la Eurozona, ni tampoco han presentado una alternativa, claramente expansionista, que permita resolver la situación económica y social de la Unión Europea. Como bien escribe George Irvin, profesor de Economía de la Universidad de Londres, en su último artículo “Have Social Democrats Surrendered?” en (Social Europe Journal), es enormemente decepcionante ver el continuismo entre la “nueva” y la “anterior” socialdemocracia. El supuestamente nuevo PD italiano, el Partido Demócrata de izquierdas (continuador del que fue en su día poderoso Partido Comunista italiano) apoya las políticas neoliberales del mal llamado “gobierno tecnócrata” del Sr. Monti (un banquero ultraliberal). El candidato socialista francés, François Hollande, hace gala de su rectitud fiscal como manera de mantener su credibilidad (entendiendo credibilidad como austeridad). Ed Balls, el portavoz de temas económicos del Partido Laborista, indica que el futuro gobierno laborista mantendrá los recortes del Sr. David Cameron, en caso de que gane las próximas elecciones. Los dos candidatos a la Secretaría General del Partido socialdemócrata español no han hecho ni críticas de las políticas económicas neoliberales del gobierno Zapatero (del cual formaron parte), ni han hecho propuestas claramente expansivas de gasto público para crear empleo, remarcando, en cambio, que los recortes debieran ser menos acentuados (recortes que inició el gobierno Zapatero) de los que realiza el gobierno conservador-neoliberal del PP y la reducción del déficit público debería ser más lenta que lo programado, pero, por lo demás, no hay ninguna apuesta por una gran inversión y aumento notable del gasto público.

Como indica George Irvin, no ha habido un cambio suficiente en la socialdemocracia europea que permita albergar esperanzas para el futuro. Después de todo no es tan difícil ver qué es lo que debiera hacerse en estos momentos de crisis. Es necesaria una inversión masiva en creación de empleo, como ocurrió con el New Deal en EEUU a principios del siglo XX o en los años cuarenta y cincuenta en Europa, en la reconstrucción que siguió a la II guerra Mundial, facilitada por el Plan Marshall. La socialdemocracia europea, por mucho que diga lo contrario, todavía no considera que el mayor problema económico en la UE sea el desempleo y la escasa capacidad adquisitiva de la población, en lugar de la deuda y el déficit público. Parecen no ser conscientes de que estos últimos se resolverán cuando se resuelva el primero, no al revés, como la sabiduría convencional neoliberal predica.

¿Es posible el New Deal en la Unión Europea y en España?

La respuesta a esta pregunta es un rotundo sí. La Unión Europea tiene los recursos para hacer esta expansión masiva del gasto público con el objetivo de crear empleo en los sectores deficitarios que van desde el Estado del Bienestar a los sectores energéticos y economía alternativa. (Por cierto, la crítica a la socialdemocracia podría también aplicarse a la mayoría de los partidos verdes mayoritarios que no han hecho propuestas de inversión pública masiva a nivel europeo). En realidad, la gran paradoja es que, a pesar del aumento de la productividad que ha estado ocurriendo en todos los países de la UE-15, las rentas del trabajo han disminuido como porcentaje de la renta nacional, y los ingresos al Estado también han estado bajando en la gran mayoría de países de la Eurozona y de a UE-15, incluyendo España. Las rentas del capital, sin embargo, han subido enormemente. Esta realidad, ampliamente documentada en muchos escritos (véase el libro Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España, de Juan Torres, Alberto Garzón y Vicenç Navarro), muestra que sí que hay recursos. El problema es que están mal distribuidos, con excesiva concentración de las rentas en los sectores más pudientes de la sociedad. Y ahí está la raíz del problema, tanto en la UE como en España. No puede haber una inversión masiva encaminada a estimular la economía sin una reforma fiscal redistributiva de gran calado que permita un aumento muy notable de la inversión pública. Tal como he señalado en otro artículo (“El abandono de las políticas redistributivas por las izquierdas gobernantes”. Sistema Digital. 06.01.12), el abandono de las políticas redistributivas por parte de la socialdemocracia (y de los partidos verdes) ha llevado a la crisis actual. A no ser que cambien y recuperen su compromiso con la redistribución, no habrá salida de la crisis. El principio de “a cada uno según su necesidad, de cada uno según su habilidad y capacidad” es tan relevante ahora como en la historia de tal movimiento.

La mala distribución de los recursos ha significado un enorme empobrecimiento del Estado. El fraude fiscal, predominantemente de las rentas superiores, ha alcanzado unos niveles sin precedentes, tanto en la UE como en España. Las cifras estimadas a nivel de la UE consideran que el fraude fiscal representa como promedio el 13% del PIB de la Unión Europea, porcentaje que aumenta mucho más en los países de la periferia. En España es un 23%. Y hay que repetir que este fraude se concentra sobre todo en las rentas superiores, tal como el caso español muestra claramente. Según los técnicos de la Agencia Tributaria del Estado español, el 72% de todo el fraude fiscal en España lo realizan las grandes fortunas, las grandes empresas que facturan más de 150 millones de euros al año (que representan un 0,01% de todas las empresas) y la banca. Este 72% representa 64.000 millones de euros, cantidad equivalente a todos los recortes que está realizando el Estado español. ¿Se atreverán los partidos socialdemócratas a enfrentarse con los grandes evasores fiscales? La experiencia hasta ahora ha sido deprimente.

Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario digital EL PLURAL, 30 de enero de 2011.

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Dan susto al miedo – Carlos Etchevarría

Un silente Rajoy cae torpemente en la trampa del micrófono abierto, y ríe en Europa la gracia de vaticinar una huelga general como respuesta a las políticas de austeridad que preconiza desde hace tiempo.

Cada ministro va desgranando lo que el presidente calla, y como los apocalípticos siervos de Satanás, se apresuran a destruir los derechos sociales en la tierra hispana.

Todo ello con la complacencia de esos señores de ridícula indumentaria y métodos inquisitoriales que han saludado, como buena noticia, la irrupción en las aulas del catecismo del P. Astete en sustitución de Educación para la Ciudadanía. Wert, ínclito ministro de educación a quien debemos la idea, también asoma el plumero racista al atribuir el fracaso escolar en Ceuta y Melilla a la avalancha marroquí.

Gallardón es un ser aparente, como lo era Fraga. Parece y no es. Siempre tiene un guiño progresista para ocultar el cacumen cavernícola. Erigido en desatascador de juzgados, promueve a los notarios para celebrar bodas, divorcios y quien sabe si entierros. Toda una acción progresista en el camino del laicismo que ejercita en la intimidad, pues elimina de estos menesteres a los sotanosaurios, al tiempo que engorda las arcas notariales con cargo a las parejas.

Advertencia: como no le gustan los matrimonios homosexuales, algo hará para remediar esa infamante y antinatural coyunda.

Su incursión en el aborto le hace retroceder al pasado, si bien advierte que no meterá en la cárcel a las que lo realicen (respiren). Sin ese elemento coactivo, no le queda otra que sacar de la sanidad pública la prestación y cerrar las clínicas privadas, volviendo al tradicional turismo interruptor de embarazos.

Como en tiempos pasados, el pueblo gritará: vivan las cadenas, viva la inquisición. O a lo mejor no, y se organiza un poyo de armas tomar. ¡Ay la España de Machado!

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África, tan cerca y tan lejos – Kostka Fernández

Atrás quedan, salvo excepciones, las escenas que de niños veíamos sobre África. El continente negro está despertando a pasos agigantados y los europeos que sólo la tenemos a 14 kilómetros ni nos enteramos, otros sí.

África es ya un continente con un enorme potencial económico que algunos están descubriendo, pero los europeos le damos la espalda; no así los chinos que literalmente están comprando el continente. África posee una población que supera los 1.000 millones de habitantes y en la última década su PIB ha crecido el doble que la media del mundo occidental, si bien es cierto que su posición de partida es muy inferior. Su PIB total, que es de 1,26 billones de euros, supera al de India o Rusia y se espera en la próxima década crecimientos superiores al 6% anual. El consumo se incrementa a un ritmo dos veces superior al de los países que forman la OCDE y todo indica que África está saliendo del letargo.

Los africanos empiezan a tener acceso a bienes de consumo que hace sólo unos años eran impensables y los productos chinos se ajustan al todavía escaso poder adquisitivo de la mayoría de los africanos, especialmente los derivados del plástico y el textil. Se están empezando a construir infraestructuras de comunicación y el acceso a internet empieza a ser ya una realidad en algunos lugares. Parece que hay futuro.

Pero el futuro sólo existirá si existen sólidas y democráticas instituciones políticas nacionales y supranacionales. En el norte, la primavera árabe parece hacer brotar incipientes luces de democracia, al menos en algún grado. En Senegal, en el occidente,  por ejemplo, estos días se están produciendo protestas de tinte pre-democrático  después de que el Consejo Constitucional validase la candidatura del presidente Wade a las elecciones generales del próximo 26 de febrero, e inhabilitase la del cantante Youssou Ndour y otros dos candidatos independientes. Las manifestaciones rechazan la candidatura de Wade, de 85 años de edad y que aspira a un tercer mandato consecutivo, considerado por la  oposición inconstitucional. El pueblo está en la calle y grita democracia.

En cuanto a la construcción de una organización supranacional estamos asistiendo al cuarto intento en los últimos 55 años. Los intentos previos de unir políticamente al continente como la Unión de Estados Africanos creada por Kwame Nkrumah en 1958, o la Organización para la Unidad Africana de 1963, o la Comunidad Económica Africana fundada en 1981 han sido un rotundo fracaso.  El cuarto proyecto es la Unión Africana, de clara inspiración europea, que pretende incrementar la integración económica y política, así como reforzar la cooperación entre sus estados miembros. La organización nació a partir de la Declaración de Sirte en la ciudad homónima de Libia el 9 de septiembre de 1999, a la que siguieron una serie de cumbres en Lomé en el año 2000,  donde se redactó el acta constitutiva de la U.A., en la que se hacía un llamamiento a la diáspora africana a implicarse activamente en el desarrollo de la Unión, o la celebrada en Lusaka en el año 2001, donde se aprobó el plan para la instauración de la Unión.

El camino que queda es largo y precisa de la ayuda internacional, política y económica. Sin la primera no habrá forma de derrocar las todavía salvajes dictaduras que perviven en el hermoso continente africano, pero sin la segunda no habrá desarrollo y crecimiento sostenido. Son imprescindibles también instituciones económicas que permitan a consumidores, empresas y estados acceder a la financiación y generar inversión, so pena que sean terceros países, como ocurre en la actualidad, quienes no sólo financien sino exploten para su propio beneficio las ingentes materias primas de que goza el continente.

Europa no puede ni debe permanecer al margen del desarrollo político y económico de África, aunque sólo sea por las posibilidades que ofrece un mercado potencial casi tan grande como el chino, pero a sólo 14 kilómetros de distancia.

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Tamén róubannos a utopía – Antonio Campos Romay

Tomas Moro

A utopía, motor de progreso e esbozo de horizontes distintos, antecedenos desde que Tomás Moro reclamase a nosa atención cara a ela nunha das súas mellores obras. Relátanos como debera ser un mundo perfecto no que as inxustizas ou non existisen ou fosen manexables. Algo que en parte probablemente bebeu en “A República” de Platón. Utopía, un “non lugar”, unha localización inexistente ou imposible de atopar, aínda que os seus soños aportan sentido á nosa existencia cando a realidade móstrase insuficiente.  A Academia Española define “utopía” como “aquel plan, proxecto, doutrina ou sistema óptimo que aparece como quimérico no instante da súa enunciación”. Pero como Martín Buber,  equiparaa a “a visión do xusto nun tempo perfecto”.  

As utopías, verificables especialmente desde o século XVIII ata hoxe na súa conversión paulatina en realidades de uso corrente. Dinos Eduardo Galeano que a utopía está no horizonte. “Camiño dous pasos, ela afástase dous pasos e o horizonte córrese dez pasos máis aló. Entón para que serve a utopía? Para iso, serve para camiñar”.  Certamente así viña sendo. Na utopía de onte, tramouse a realidade de hoxe, e cabria esperar que na utopía de hoxe mañá palpitasen novas realidades. Pero o presente móstranos que non é así. Máis ben ao contrario. Hoxe, o lavado de cerebro colectivo orquestrado desde os ángulos escuros, procura inducirnos á conversión nunha sociedade que renuncia ao seu dereito á utopía. Unha sociedade amedrentada. Que dimite de si mesma afundida nun escenario groseiro no que non quede lugar para os soños, a dignidade nin o respecto aos proxectos de vida. Unha sociedade que se fai fráxil enlamada no individualismo e sometida aos intereses inconfesables dos etéreos, incorpóreos, pero omnipresentes secuestradores do futuro.

Fai apenas trinta e cinco anos tiñamos grandes esperanzas. Fermosos soños. Quizais excesivos por próximos  á utopía da sociedade perfecta. Pero cada día que pasa, alguén, – sempre alguén-, -sempre os mesmos-, patexan os soños e as esperanzas. Hoxe utopía e melancolía parecen a face e o envés dunha mesma moeda. É Jano, dual e moi distinta:  a dos cidadáns, (xa súbditos por partida dobre: política e económica),  que dificilmente verana realizada e a do capitalismo globalizado e os seus profetas, tafures que xogan cartas marcadas e  levan xa o triunfo no peto.

O drama da sociedade actual é a convicción que cernese entre asalariados e subordinados de que é unha utopía inalcanzable  pensar e anhelar algo digno, coherente coa súa condición de seres humanos. Cabe preguntarse con Andrés Rivera, convertido de obreiro téxtil en Premio Nacional de Literatura en Arxentina, Que nos faltou para que a utopía vencese á realidade? Que derrotou á utopía? A resposta podería estar no que nos auguran as novelas distopicas clásicas, “1984”, “Un mundo feliz, “A rebelión na granxa” ou máis recentes “As leis do mercado” ou “A Longa Marcha”. Manipulación e  adoutrinamento masivo. Algo que pode exercer tanto un estado autoritario como a mano posuidora dos medios de transmisión e alienación que desde un control absoluto, condicionan a vida e existencia baixo unha fachada de benevolencia

Un home que se fixo famoso no cine polos seus calzóns caídos pero tamén polo seu corazón xeneroso, Mario Moreno dicía “quero máis unha liberdade perigosa que unha servidume tranquila”. O seu compatriota Emiliano Zapata noutro momento histórico afirmaba “quero morrer sendo escravo dos principios, non dos homes”. Ambos compartían unha utopía rota por unha distopía perversa onde a realidade, a que  hoxe vemos, transcorre por unha senda oposta á sociedade próxima á  ideal. Unha sociedade na que como di Jacques Prévert “o ministerio de economía debería chamarse ministerio da miseria xa que o ministerio da guerra non se chama nunca o ministerio da paz”.

Utopía é crer nas liberdades políticas que tanto gustan verbalizar os detentadores do poder cando son apenas frustracións mentres non se conquiste a liberdade económica dos débiles. De nada vale renegar da existencia da loita de clases  e descoñecer a subsistencia de intereses antagónicos na sociedade cando a explotación dos mercados con man de ferro e hipócrisia de colo branco rebenta aos pequenos e medianos empresarios e aos asalariados. Ou cando o sistema xurídico e institucional pon os seus mecanismos ao servizo dunha clase e intereses determinados, cuxo epicentro, en moitas ocasións radica a miles de quilómetros de distancia.

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Equilibrio presupuestario y déficit democrático – Francisco Bastida Freijedo

La sorpresa política del pasado verano fue la propuesta del presidente Zapatero de reformar la Constitución para imponer un límite en el gasto público en función de los ingresos. Llama la atención que algo que ya existe en una ley se quiera llevar al texto constitucional y que el PP, reacio a cualquier acuerdo con el Gobierno, se haya prestado con diligencia al pacto.

En efecto, la exigencia de equilibrio financiero ya existe desde 2001 en una ley General de Estabilidad Presupuestaria, cuyo texto, tras diversas reformas, se refundió en 2007 y está vigente. Su incumplimiento reiterado no se soluciona poniendo una cláusula general en la Constitución; primero, porque podría incumplirse también y, segundo, porque su enunciado será tan genérico que su concreción se remitirá a una ley orgánica, tal como se prevé en el acuerdo alcanzado por el Gobierno, el PSOE y el PP. Si lo que se pretende es adecuar los márgenes del déficit estructural público a los que establezca la Unión Europea, para eso no hace falta reformar la Constitución, y según cómo se disponga en la UE, ni siquiera una transposición en una ley estatal.

Se argumenta que poner en la Constitución la exigencia de limitar el déficit público es un mensaje de seriedad que se envía a los mercados, pero esto no pasa de ser un operación de imagen, de fuegos artificiales. Lo que da tranquilidad a los mercados es la credibilidad en el cumplimiento de la ley de Estabilidad, venga o no obligada por la Unión Europea y no una cláusula inscrita en la Constitución. Además, mal se van a calmar los mercados con este maquillaje constitucional si, como se prevé, la limitación presupuestaria sólo será efectiva en el año 2020.

Merkel ha instado a Zapatero a esta reforma, pero España no es un país federal, como Alemania. Si uno de los problemas del déficit es el endeudamiento de las comunidades autónomas, no es necesario que la Constitución establezca un techo al gasto público para que sea de obligado cumplimiento por éstas. El Estado tiene, según la Constitución, competencia exclusiva para regular las bases y para coordinar la planificación general de la actividad económica (art. 149.1.13) y puede adoptar las medidas necesarias para forzar a aquéllas al cumplimiento forzoso de sus obligaciones (dispuestas ya en la vigente ley General de Estabilidad Presupuestaria) o para la protección del interés general de España (art. 155.1).

La cláusula que se introduzca en la Constitución acabará siendo una obviedad, porque no fijará el porcentaje de desviación del déficit y además contará con excepciones. Quedará no como una regla que cumplir, sino como un principio de equilibrio presupuestario que ha de tenerse en cuenta. El meollo de la cuestión estará en la ley orgánica que la concrete. Si esto es así, no habría que ponerse en pie de guerra, como si se tratase del fin del Estado social, tal como gesticulan los sindicatos. El miedo es que la cláusula sirva de excusa para recortar el gasto social, pero eso es engañarse tanto como pensar que los mercados quedan tranquilizados por la reforma constitucional. El gasto social se reducirá si no se quiere equilibrar el presupuesto con un aumento de ingresos o si se orienta el gasto hacia medidas que desatiendan las políticas sociales. El PP presume de ser el adalid del déficit cero, pero ahí están las comunidades autónomas gobernadas por sus dirigentes o el Ayuntamiento de Madrid, para demostrar lo contrario. El despilfarro no es de los gobiernos socialistas ni todo déficit se debe al despilfarro, pero la derecha y la propia izquierda han ayudado a cultivar la imagen de que el equilibrio presupuestario es de derechas y el endeudamiento público es de izquierdas. Por eso el PP se ha apuntado presto a esta reforma constitucional que le sirve de propaganda de su ideología liberal, a la vez que de descrédito de un Gobierno que entra en el redil de la ortodoxia económica de los mercados.

Lo que indigna no es el contenido de la reforma constitucional  Es la forma de hacerla. Una improvisación del presidente Zapatero y una frivolidad del Gobierno y del PP, a la que se suma el PSOE. En cuatro años Gobierno y oposición han sido incapaces de revisar la Constitución en asuntos en los que aparentemente estaban de acuerdo, y al final de la legislatura, poniéndole voz a los deseos de Merkel, el Presidente sorprendió con una propuesta que nunca estuvo encima de la mesa. La ocurrencia asombra incluso a su propio partido, teniendo que aceptar el candidato Rubalcaba la idea de la reforma, una vez que ya habían llegado a un acuerdo Zapatero y Rajoy. El asunto es grave porque refleja el desprecio hacia las formas democráticas y a lo que representa la Constitución, que es tratada como si fuese un decreto-ley que hay que despachar en dos días, sin apenas debate. Todo ello en una legislatura ya conclusa y con unas elecciones a tres meses, que es el escenario adecuado para que democráticamente los partidos propongan y debatan con la ciudadanía sus proyectos de reforma constitucional.

El referéndum no tendría que convocarse para pronunciarse sobre una reforma cuyo contenido podría ser de general aceptación. Pero, dadas las circunstancias, sí es conveniente, pese al gasto que supone, para rechazar el procedimiento seguido, un apaño en la oscuridad entre dos líderes políticos para una reforma innecesaria. Puede que los diputados del PSOE y del PP se comporten como súbditos de sus partidos y apoyen la reforma, pero los ciudadanos tienen derecho a afirmar su condición de tales.

Zapatero remató la soga con la que colgar a Rubalcaba y a su partido. Este arrebato de última hora es una de sus más grandes equivocaciones, pero parece que no quiso irse sin dejar constancia de que es un hombre de Estado. Lamentablemente, ha sucumbido a la tentación de hacerse una estatua para la historia con la Constitución como pedestal. Que las palomas hagan su trabajo.

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El desastre del concurso eólico de la Xunta – Isidoro Gracia Plaza

En octubre de 2009,  a raíz de la decisión de la actual Xunta de la anulación del concurso eólico aprobado por la del bipartido, escribí un artículo que se titulaba: LA SUSPESIÓN DEL CONCURSO EÓLICO, UNA MALA NOTICIA, en él sostenía que, con todos los errores cometidos por la Consellería en manos del BNG,  “la mala solución dada al concurso era mucho mejor que la “no solución”, a la que nos llevan las decisiones de la actual XUNTA y el auto judicial (provisional) que paraliza el avance en la ejecución de las inversiones derivadas del concurso”.

También auguraba que la decisión traería numerosas dificultades, y de cierta gravedad, para las iniciativas que se tomaran sobre el parque eólico futuro: me quedé muy corto. La decisión del gobierno de la nación de paralizar indefinidamente la instalación de nueva potencia en energías renovables, ha devenido en un verdadero desastre, para el conjunto España, pero también y muy especialmente para Galicia, a quien se le paralizan las inversiones en unos 2.000 megavatios eólicos, (potencia equivalente a la de dos grandes centrales nucleares) y lo que es peor las inversiones complementarías en proyectos industriales y de desarrollo comprometidas por los nuevos adjudicatarios. Al tiempo que la misma existencia de la industria gallega de fabricación de componentes de  generadores se ve seriamente comprometida, en un momento en que la crisis socaba las bases de todo el, no muy potente, sector industrial gallego.

Es el momento de recordar que tal y como indicaba en el artículo de 2009 “solo un 30% de la energía primaria consumida en Galicia procede de un origen autóctono, y que sin embargo existen excedentes de producción en electricidad, además que en esta área los recursos propios son capaces de cubrir “casi” el 100% del consumo interno con fuentes primarias autóctonas, cualquier avance en la implantación de renovables es bueno para Galicia y para el conjunto de España”.

Pero lo que resulta más sorprendente, negativo y catastrófico, es que el sujeto obligado a defender los intereses más próximos de los ciudadanos gallegos, la Xunta, no solo se inhiba en el problema, haciendo caso omiso del cumplimiento sus obligaciones, sino que sea un factor de apoyo a una decisión que va en contra de las propias tomadas en su Consello Oficial y publicadas en el DOGA ( Diario Oficial de Galicia), traicionando, sin ningún tipo de duda, lo que juraron o prometieron ante la Biblia y el Estatuto.

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